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Los caminos de la radio.
Orientaciones del medio en Europa.
Angel Faus Belau
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Ante los problemas y lagunas de la ordenación
de la radio en España, es preciso recordar su misión histórica
como institución socio-cultural. Algunos ejemplos europeos muestran
el camino a seguir.
La radio española actual de alcance nacional es, a mi modo de ver,
de una gran calidad. En efecto, las cadenas, tanto privadas como pú-
blicas, ofrecen una radio excepcionalmente atractiva. Sin embargo, se
detecta una cierta arritmia en la programación: es el latir descompensado
entre los bloques de mañana y noche, muy bien resueltos, los dubitativos
pálpitos de las tardes y los, al parecer, irremediables desmayos
del fin de semana, salvo en los informativos de alguna cadena.
La bondad de la situación tiene su reflejo en una audiencia creciente
que cada día sigue con mayor interés la programación,
según indican los enjutos y menguados estudios de medios que padecemos.
Bien es verdad que no son los únicos responsables de esta situación.
Personalmente estoy convencido de que la audiencia de radio hoy en España
está próxima a los 23 millones de oyentes, cifra muy superior
a las que tradicionalmente ofrece el jurásico EGM. La propia radio,
presa de las cautelas raquíticas de las cuentas de la vieja, parece
no desear invertir en una investigación que, con toda seguridad,
le situaría un 35 por ciento por encima de las cifras actuales
con todo lo que ello implica desde el punto de vista de un mayor beneficio
económico, aunque también de revisión de los planteamientos
actuales a todos los niveles.
Con todo, el resultado es muy favorable para la radio resurgida con la
democracia. La programación nacional por contenido y calidad expresiva
es excelente. Los resultados apoyan estas afirmaciones: la radio española
es hoy la institución social con mayor credibilidad, a gran distancia
de todas las demás (1). La radio actual es elemento decisivo en
la creación de la opinión pública, algo impensable
hace sólo quince años.
Este cambio ha sido posible gracias al esfuerzo colosal realizado por
profesionales y empresas para servir la actualidad al minuto. La información
es la gran constante radiofónica de los últimos veinte años.
Prácticamente es el único argumento de una programación
que ofrece a lo largo del día distintas aproximaciones al fenómeno
singular del pulso político y social. En esta dinámica,
los problemas son más de todos -por tanto, todos tenemos más
problemas: los nuestros y los de los demás- mientras las soluciones
se confían a unos pocos presuntos taumaturgos polivalentes que
subliman su complejo de acoso y derribo innovando el modo de acabar con
el mensajero.
El accidentado devenir democrático en el que los dossiers de infarto
aparecen con doce años de retraso sobre el horario anunciado, contribuye
de forma innegable al interés de la sociedad por la información
y, con él, al éxito actual de la radio, auténtico
segundero de la historia, que detecta, cuenta,analiza y denuncia en directo,
mientras sucede. El ruedo informativo es tan apasionante y apasionado,
nos jugamos tanto en cada lance, los acontecimientos nos implican de tal
modo que es imposible sustraerse a ellos.
LA RUINA DEMOCRATICA
Esta situación, sin duda, cambiará
el día en que la vida española llegue a la normalidad democrática
tal como hoy la viven los franceses, alemanes o ingleses. Esa mutación
política implica, necesariamente, las habituales rutinas políticas
de un sistema establecido, la consiguiente disminución de las tensiones,
la supresión de los sobresaltos, el reposo de los miocardios informativos.
Desde nuestra atalaya actual es casi imposible otear semejante signo en
el horizonte informativo; ni siquiera imaginarlo como escenario de discusión
o entretenimiento intelectual. Sin embargo, ese momento llegará
e incluso es deseable que advenga cuanto antes.
¿Qué sucederá en ese momento? ¿Qué
será entonces de nuestra radio? La experiencia de la normalidad
política que viven las naciones de la Unión Europea indica
claramente que un informativo principal no supera los diez-quince minutos,
con un máximo de tres ediciones diarias.
Nuestra radio de hoy, esencialmente informativa, tiene difícil
encaje en la nueva situación hacia la que nos dirigimos. Por otra
parte, hace ya muchos años que nadie se ocupa de ningún
otro contenido ni de ningún otro modo de expresión radiofónica:
la democratización de los bienes culturales de cualquier índole,
el relato, la vida de cada día, la ficción, la investigación,
la creación, el ensueño, la cultura, etc. han sido secuestradas
en las idas y venidas de la radio privada a la pública; no habitan
siquiera en los arrabales de la imaginación radiofónica.
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Hoy nos jugamos el futuro del medio. Desde hace años
vivimos una crisis incuestionable del concepto de servicio público
que ha terminado con el monopolio de radiodifusión en todos los
países de la Unión Europea. España no es ajena a
este proceso. Son necesarios nuevos soportes teóricos para el servicio
público de radiodifusión, según apuntaba el profesor
Díaz Mancisidor (2).
No se puede vivir en el siglo XXI con unos estatutos medievales de foso,
puente levadizo, almena y vasallaje. Ni propagar la falacia de que el
proceso que lleva a una gran concentración de la radio española
es necesario para defendernos de la colonización extranjera e incluso
invertir su sentido imponiendo nuestra ley en el mercado europeo. La radio
no es universalizable como la televisión.
La completa inteligibilidad de la imagen y la conceptualización
irreversible de la televisión como espectáculo, han propiciado
la construcción de una única televisión universal,
idéntica en más del 80 por ciento de la programación
en todas las naciones.
Con escasas diferencias temporales, con cambios mínimos en la parrilla
de programación, la televisión es la misma en todas partes.
La radio no. La radio es y será siempre nacional porque toma su
vida y su expresión de la palabra y ésta de la lengua que
le es propia y esta, a su vez, de una determinada evolución, de
una cultura, una historia, unos condicionamientos sociales, económicos,
religiosos, artísticos, etc. La radio de comunicación no
puede ser colonizada. Caso distinto es la fórmula musical. La concentración
empresarial de emisoras no defiende la radio: la pone en peligro, porque
es más sencillo segar una garganta que callar muchas voces. En
efecto, nos jugamos el futuro de la radio. Para la radio privada mañana
no será hoy. Los tiempos licenciosos de la desregulación
están siendo sustituidos por los amurallados austeros de la re-regulación.
A partir de aquí caben otras matizaciones: la radio regional española,
siempre con las excepciones de rigor, es mediocre. La local es una especie
radiofónica en vías de extinción, vampirizada por
la cadena nacional que obtiene de ella más del 50 por ciento de
sus ingresos publicitarios, incluso más. El último escalón
lo ocupa una miserable radio municipal que utiliza el precepto constitucional
para obtener una licencia que alquila o vende -sobre 40 millones, cotización
de mercado al día de hoy- colocándose por montera la Constitución
que le da vida.
LAS OTRAS REGLAS DEL JUEGO
Los debates en torno a la radio pública y
privada despiertan intereses contrapuestos que suelen reducir la discusión
a posturas estereotipadas y, con frecuencia, irreconciliables; lógicamente
aquellas que más preocupan a cada una de las partes.
La radio pública pide garantías de una financiación
-abundante y frecuentemente doble-, mientras la privada le exige que salga
del mercado publicitario. En su empeño por conseguirlo llega, en
ocasiones, a admitir -incluso apoyar- la financiación de la radio
pública con cargo a los presupuestos generales del Estado. Esta,
por su parte, tacha de chabacana y mercantilista la programación
privada, que, a su vez, delega en su competidora pública la función
cultural de la programación. Ruego disculpen estos trazos gruesos,
pero representativos.
Interesa la financiación -porque de ella depende la subsistencia
pública y privada- y la programación como producto que fabrica
la Radio, condicionada,a su vez, por la propia financiación. La
discusión suele centrarse en estos dos vectores.
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Pero hay otros parámetros que configuran decisivamente
las reglas del juego hoy en España: la justicia de los planes técnicos;
la limpieza de las concesiones; la compensación de las potencias
otorgadas; el equilibrio numérico de emisoras del sector público
y privado; la aplicación de la normativa comunitaria y de nuestra
propia legislación, constantemente transgredida; la ampliación
del sector público a los ámbitos regionales y local en unas
condiciones inadmisibles; la revisión profunda de sus estatutos;
la tolerancia -incluso la complicidad- de y en los establecimientos ilegales,
libres y piratas; la ausencia de una legislación anti-trust, la
urgencia de unos estudios de audiencia libres y correctos, etc. Estos
y otros muchos temas completan el marco de estudio de las reglas del juego
que afectan a la esencia del régimen mixto de radiodifusión
y, consecuentemente, de la programación.
El enredo queda repetidamente inconcluso porque en España -después
de 70 años de servicios regulares- están por fijar los temas
esenciales previos: una política radiofónica que defina
qué es la radio; qué entendemos por radio pública
y qué por radio privada; las exigencias derivadas de esos conceptos;
quién controla la calidad del servicio de una y otra; qué
consecuencias se derivan del incumplimiento -privado o público-
de la función social del medio.
No pretendo despejar aquí estas incógnitas.
Simplemente me interesa llamar la atención sobre la urgencia de
esas definiciones porque la sociedad actual vive una evolución
acelerada. En efecto: en los últimos años
- hemos visto desaparecer los monopolios radifónicos
estatales del Este europeo. Hoy, Radio Moscú retransmite los programas
de La Voz de América: hasta hace unos días, estas emisoras
invertían 2.000 millones de dólares sólo en interferirse
mutuamente;
- hemos asistido al estrangulamiento de cadenas privadas, víctimas
de los excesos de la Democratura; se han esfumado, también, los
monopolios radiofónicos de todas las democracias europeas occidentales.
En nuestro viejo solar no queda un solo servicio público en régimen
de monopolio. En los surcos abiertos por el arado de la historia más
reciente, han florecido millares de pimpantes emisoras privadas.
Insisto: no pretendo despejar aquí estas incógnitas.
Pero me permito recordar algunos rasgos de la programación que
responde al concepto europeo de radio pública y privada, porque
no estamos solos en Europa y bueno será ver qué ocurre fuera
de España.
LA PROGRAMACIÓN EN LA RADIO
PÚBLICA EUROPEA
Frente a las dudas y vacilaciones actuales, los servicios
públicos europeos de radiodifusión han mantenido a lo largo
de su historia una unidad de criterio respecto de su función; unidad
de criterio imprescindible para construir la programación y detectable
en unas constantes comunes de actuación.
En primer lugar, la radio es una institución publicística
sujeta a la libertad, normas y límites reconocidas a la propia
publicística, entendida ésta en el sentido que hoy damos
a la libertad de información y expresión.
Intimamente relacionado con el concepto anterior, pero ampliándolo,
la radio es considerada, todavía hoy, en algunas naciones una institución
socio-cultural que persigue la creación artística propia,
la promoción y el mecenazgo del mundo cultural, como metas en el
cumplimiento de la función social de la radio, así como
la democratización efectiva de los bienes culturales.
Esta preocupación europea por lo cultural
comenzó poco después de la regularización de los
servicios radiofónicos, tanto por lo que se refiere a la literatura
como a la música y la promoción de las artes en general.
La literatura radiofónica es abundantísima en el conjunto
de la radiodifusión europea. Como es conocido, en ella hicieron
sus primeras armas autores hoy clásicos de la novela, la poesía,
el teatro y la narración en general. George Bernard Shaw, Bertold
Bretch, Paul Claudel, J.B. Priestley, Günter Eich,H.G. Wells, Paul
Eluard, Friedrich Dürrematt, Heinrich Böll, Marc Orlan, Aldous
Huxley, Orson Wells, Samuel Beckett, o George Orwell son sólo algunos
de los nombres de creadores cuya obra radiofónica es importante
(en ocasiones decisiva) para su carrera, para la propia radio y para las
vanguardias del siglo XX.
A Brecht, su amplia experiencia radiofónica le lleva a formular
su Teoría de la Radio e incluso a poner letra a muchas canciones,
entre ellas al popularísimo Mack the Kniefe. Casi un 70 por ciento
de la obra de Heinrich Böll fue escrita expresamente para el medio.
Orwell salió de la BBC en noviembre de 1943 e inmediatamente comenzó
a escribir Rebelión en la granja; en ella se detecta la influencia
de un estilo narrativo netamente radiofónico. Sam Beckett intervino
decisivamente en la creación del Taller de Sonidos de la BBC, en
1957, tras la emisión de su obra All that fall.
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Todos ellos y muchos más sentaron las bases
de la dramatización radiofónica, de los dramáticos
como parte siempre importante de la radio pública europea.
Esta función de mecenazgo cultural, que continúa hoy en
la promoción de nuevos valores en todos los campos de la literatura
radiofónica, no se limita sólo al campo de la narrativa.
En el terreno musical la labor desarrollada por los servicios públicos
europeos es incomparable. La ejecución de la música en vivo
en los estudios nace con la radio. Hoy son muy pocos los compositores,
solistas o directores relevantes del siglo XX que no hayan actuado como
titulares o colaboradores estables de la radiodifusión pública:
Arthur Rubinstein, Pablo Casals, Ernest Ansermet, José Iturbi,
Igor Stravinsky, Leonard Bernstein, Claudio Abbado,Herbert von Karajan,
Elihu Imbal, Lorin Maazel, Dimitri Kitachenko, Leopoldo Stockovsky, Mijail
Rostropovich, Gary Bertini, Colin Davis, Gianlugi Gelmetti, Hans Vonk,
Zubin Metta, Georg Solti, etc., por citar sólo algunos (3).
Una nueva faceta del mecenazgo y promoción culturales se encuentra
ligada con el surgimiento de la música culta actual. Se puede decir
con propiedad que prácticamente toda ella ha nacido al amparo de
los servicios de investigación musical de la radio pública:
las composiciones de Pierre Henry, Pierre Schaeffer, Karkheinz Stockhausen,
John Cage, etc. fueron iniciadas en centros radiofónicos europeos
y también norteamericanos. Todo ello sin olvidar la promoción
y mecenazgo de representaciones operísticas y de ballet, como es
bien conocido.
Algunos datos pueden dar idea de la magnitud del fenómeno musical
en la radio pública europea. Sólo la radiodifusión
alemana cuenta con un total de siete grandes coros y 21 orquestas sinfónicas
integradas por algo más de 2.000 músicos. Con esos efectivos,
en 1993, se cubrieron casi nueve millones de minutos de programación
de música clásica, equivalentes casi al 40 por ciento del
conjunto de la programación. A esta cantidad hay que sumar la música
ligera, la promoción de la música de cámara, la nueva
música, la popular, la antigua, el jazz, la coral, Big Band, etc.
con lo que el bloque musical en la radiodifusión alemana supera
el 55 por ciento del total de la programación.
La programación de este conjunto de actividades encierra una gran
complejidad dadas las implicaciones de obras, intérpretes y directores
en los circuitos internacionales. Ello obliga a cerrar programaciones
y contratos con dos, tres y hasta cuatro años de antelación
según el nivel de cada artista. Simultáneamente, se precisa
un minucioso estudio basado en el análisis detenido no sólo
de los condicionamientos propios de la empresa radiofónica, sino
de las tendencias culturales, científicas y artísticas dominantes;
análisis que realizan los propios departamentos de investigación
social.
Así se puede determinar una parte importante del contenido programático
a corto y medio plazo de modo que la producción del mismo pueda
realizarse en las mejores condiciones posibles de calidad, economía
y tiempo. Esta planificación afecta al conjunto de la programación,
excepción hecha de los informativos, programas de opinión
y actualidades. En este momento, diciembre de 1994, está producida
al completo la programación cultural de la próxima temporada
y en producción la del segundo semestre de 1996.
En definitiva, puede decirse que la radio pública europea ha influido
de forma decisiva sobre el conjunto de los movimientos culturales y estéticos
de vanguardia del siglo XX, a la vez que ha desarrollado una ingente labor
de promoción del patrimonio cultural común.
Por tanto, en ningún caso la política cultural de la radio
pública europea ha sido un ingrediente programático, sino
el reflejo de una actitud profunda de servicio cultural a la sociedad.
Por otra parte, la independencia de los servicios públicos europeos
con respecto del poder político está garantizada en todo
momento, aunque su instrumentación varía de unas organizaciones
a otras.
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Así, según la letra, pocos textos legales
son más intervencionistas que las cartas de la BBC. Sin embargo,
en la práctica, pocos organismos de radiodifusión gozan
de la independencia fáctica que disfruta la BBC desde su fundación
en 1927. Quizás las más próximas sean las actuales
corporaciones públicas alemanas.
Así, en el Consejo de Administración de la Bayerischer Rundfunk
(BR), cuya capacidad decisoria sobre el conjunto de la gestión
está fuera de toda duda, sólo un 33 por ciento son representantes
políticos. El resto está integrado por miembros de organizaciones
socialmente representativas. Este tipo de control social junto con la
libertad de estas corporaciones para designar al intendente -director
general- configuran estas corporaciones públicas como auténticas
instituciones sociales independientes (4).
Pese a todo ello, hoy los servicios públicos europeos -una vez
perdida su situación de monopolio histórico- ven amenazada
su propia existencia. Esta es una situación difícil de entender.
Para cientos de millones de oyentes en todo el mundo (sumidos en la mediocridad,
cuando no en la miseria de unas programaciones paupérrimas en contenido
y forma), ese es el único horizonte de acción de una radiodifusión
consciente de su servicio a la sociedad.
¿QUE OCURRE EN LA RADIO
PRIVADA EUROPEA HOY?
Hoy los hechos son rotundos y, los hechos, de cara
al futuro, dicen:
1. La radio local en Europa domina la audiencia.
2. La radio local en Europa y en Estados Unidos no se ve afectada, sustancialmente,
por la introducción de los llamados nuevos medios, que para algunas
nacionales son el futuro, pero que para las citadas serán pronto
el pasado.
Los documentos oficiales dan fe de que -en el caso
alemán- el lanzamiento de cada emisora privada ha sido precedido
de estudios de viabilidad auténticamente modélicos en el
mundo de la radiodifusión. Cabe destacar entre ellos los de la
FFN, el de Radio Hamburg o de Radio Schleswig-Holstein (RSH). Sus proyectos
superan ampliamente los 250 millones de pesetas de inversión inicial
por emisora, cifra impensable en otras naciones. La claridad de objetivos
y los desarrollos minuciosos han hecho de estos proyectos tres de las
empresas radiofónicas mejor situadas en la actualidad.
Junto a la seguridad de los proyectos, la empresa privada de radio en
Alemania ha creado -en 10 años- un total de 10.220 nuevos puestos
fijos de trabajo, de los cuales algo más de la mitad son periodistas
(5).
De estos datos merecen destacarse los aspectos siguientes: 1) la radio
es radicalmente local y regional, según la estructura del empleo.
2) En la creación de empleo, la radio supera a la TV en un 21 por
ciento. 3) La radio es esencialmente informativa; ocupa más del
200 por ciento de periodistas que la TV. 4) Esa información es
fundamentalmente local, según muestra la estructura del empleo
en radio.
En su mayor parte se trata de emisoras locales ciudadanas; es decir, emisoras
para las que la ciudad -su ciudad- es el argumento único, exclusivo
y excluyente, en un servicio constante a la comunidad en la que están
inmersas.
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Esto explica, por ejemplo, el elevado número
de periodistas que ocupa la radio local alemana, así como los elevados
costes de instalación de las emisoras locales citadas. Son emisoras
que se distancian de los planteamientos habituales de la radio-tocadiscos.
Para una FM exclusivamente musical son suficientes un pequeño recinto
-sin especiales condiciones acústicas-, un equipo automatizado
y agentes de ventas; ningún locutor, nadie más porque la
técnica actual puede facilitar estos. Para una FM local que pretenda
-como indica el ex director general de la BBC Ian Trethovan- "servir
a la comunidad siendo no simplemente portavoz de las decisiones que se
toman, sino parte de ese proceso decisorio; que ayude a la comunidad a
formar sus propias opiniones", o para una emisora local que "los
habitantes de una ciudad como Manchester tengan la sensación de
que les pertenece", o para una emisora -Radio Basilisk- cuyo lema
sea "Basilea es para nosotros la capital del mundo", para esas
emisoras locales, los planteamientos son bien distintos.
Con planteamientos similares a estos, en Alemania las emisoras locales
han conseguido en 1993 unos beneficios netos conjuntos de 35.868 millones
de pesetas, frente a los 50.820 millones de la red pública de radiodifusión
con cobertura nacional total y casi 50 años de actuación
en monopolio.
¿Cuál es el secreto de estas emisoras?: "Nuestro concepto
es facilitar la vida de nuestros oyentes; servirles". "Servicio
en lugar de sexo" dicen desde la emisora SDR de Berlín, que
acaba de crear un club de oyentes para atender mejor a su audiencia. Y
es que en la radiodifusión alemana -y en la de otras naciones-
se detecta una elevación del nivel de los programas conseguida
a través de una mayor exigencia en la formación de los informadores
para el presente y el futuro inmediato, tal como recoge el Bayerischer
Landesmedienzentrale (BLM), o los informes publicados en Die Zeitung,
el órgano de los editores de prensa alemana; o como tendencia también
detectable en Suecia.
LAS CLAVES DEL FUTURO
Ante este panorama cabe preguntarse qué es
lo que ha hecho mejor la empresa privada de radiodifusión, si es
que ha hecho algo, metida como está en una lucha sin cuartel por
la publicidad y la audiencia. Esa es una pregunta equivocada. Esa es una
pregunta del siglo XIX. En este siglo XXI interesa saber,
1. qué empresa es más libre,
2. cuál tiene mayor mentalidad del servicio a la sociedad,
3. y quién cumple mejor las expectativas sociales de comunicación,
para así poder cubrir mejor su programación.
Si la respuesta a estas tres cuestiones es difícil;
si la respuesta es negativa, tanto para la empresa pública como
para la privada, entonces es que estamos en el umbral de una quiebra total
de la radiodifusión por no conocer el mundo en que vive. Porque
la Radio es -sigue siendo- servicio y espejo de la sociedad. Hemos pasado
del concepto administrativo y estatista de servicio público al
concepto social de servicio al público.
El concepto decimonónico de servicio público aplicado a
la radiodifusión ha entrado en quiebra. En el mundo del siglo XXI,
con el muro de Berlín vendido en pedazos plastificados en las tiendas
de souvenirs, y el telón de acero despachado como chatarra, la
sociedad exige libertad, participación y futuro en todos los órdenes.
Y en el mundo de la comunicación, el mejor servicio. Quien cumpla
esas demandas, logrará el reconocimiento de la sociedad, sea empresa
pública o privada: sirve mejor quien sirve; no quien manipula y
engaña; tampoco quien compite deslealmente. Únicamente sirve
quien de verdad, sirve.
El 5 de febrero de 1975 anuncié ante la reunión de la UER
Rencontres de Tenerife, organizada por RNE, el inevitable final del monopolio
de todos los servicios públicos europeos que hace sólo diez
años era aún impensable.
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"Las audiencias -decía- han comenzado
un rechazo sistemático... de los monopolios audiovisuales nacionales.
La sociedad que urgió al Estado, en muchos países, al establecimiento
del servicio radiofónico formula ahora críticas cada vez
más duras, acusaciones cada vez más graves, no sólo
al medio, sino a la propia base sobre la que se sustentan las estructuras
radiofónicas estatales o paraestatales. No se trata de crear nuevos
sistemas de control por parte de la sociedad sobre estos organismos; se
trata de instituir un nuevo sistema de reparto de las posibilidades de
emisión.
De adquirir una auténtica libertad responsable en las tareas de
la radiodifusión; libertad responsable que, evidentemente, no puede
ser el ofrecimiento de simulacros, sino de auténtica participación
y convivencia que difícilmente puede ser realizada de otra manera
que mediante el establecimiento de regímenes mixtos de explotación
radiofónica en los que el Estado, la sociedad y los particulares
tengan derecho a la voz de sus propias gargantas y a sus propias palabras.
En otro caso -concluía- los días de los monopolios de los
servicios públicos de radiodifusión en Europa están
contados".
Hoy, veinte años más tarde, en 1995, la clave de la supervivencia
de la radio pública y la privada en los próximos años
radica en la aceptación de las exigencias sociales, de las reglas
del juego, señaladas inmediatamente arriba: libertad y servicio
a la sociedad, a una sociedad cansada de sufrir todas las manipulaciones
posibles sin obtener ninguna satisfacción a sus demandas más
profundas.
La programación no sólo es la expresión máxima
del arte de equilibrar recursos humanos, técnicos y económicos,
para ofrecer un relato perpetuamente presente. El arte de la programación
descansa, sobre todo, en la auscultación permanente de la vida
y la sociedad.
Ambas sufren hoy mutaciones a un ritmo constantemente acelerado hasta
el punto de imponerse al de la propia tecnología.
En efecto, algunas de sus empresas punteras han
reducido sus presupuestos de investigación en casi un 80 por ciento
porque el mercado -la sociedad- no admite el ritmo de las innovaciones
propuestas; es decir, tiene otras prioridades: la emigración africana
hacia Europa -España por medio- y los que se quedan en las pateras;
la corriente humana del Este europeo que busca alimentos y vida entre
nosotros; la solidaridad con todos sin que ello suponga la quiebra del
Estado del bienestar; la insumisión; el trabajo y el empleo; librarse
de la civilización de la muerte y cruzar el umbral con esperanza.
Todo ello sin olvidar, como apuntamos al principio, los otros parámetros
que configuran las reglas del juego: la justicia de los planes técnicos;
la limpieza de las concesiones; la compensación de las potencias
otorgadas; el equilibrio numérico de emisoras del sector público
y el privado; la aplicación de la normativa comunitaria -y nuestra
propia legislación, constantemente transgredida-; la ampliación
del sector público a los ámbitos regional y local en unas
condiciones inadmisibles y la revisión profunda de sus estatutos;
la tolerancia -incluso la complicidad- de y en los establecimientos ilegales,
libres y piratas; la ausencia de una legislación anti-trust, la
urgencia de unos estudios de audiencia correctos y completos, etc., etc.
Siempre he sido partidario del régimen mixto de radiodifusión
en España y he dejado constancia de ello en muchas de mis intervenciones
y escritos. Sigo siendo partidario del régimen mixto de radiodifusión
en España: radio privada-privada y radio pública-pública
en convivencia. No radio oficial y radio oficiosa. Tampoco la radio de
los mercaderes.
Conviene no olvidar que la esencia del cambio que se ha producido en la
radiodifusión europea radica en la tendencia a considerar la radiodifusión
bajo un punto de vista sólo político, o exclusivamente económico
y de las leyes del mercado, antes que como un elemento central del proceso
de desarrollo de la propia identidad cultural nacional e incluso, en algunos
aspectos, europea (6).
(1) Vid. Amando DE MIGUEL, La sociedad española
1993-1994.
(2) Vid. DIAZ MANCISIDOR, Alberto: "La financiación de la
radio en España", en Radio pública, radio privada,
Fundesco, Madrid, 14 de diciembre de 1994.
(3) Vid. FAUS BELAU, A. La era audiovisual, EIUNSA, Barcelona, 1995, cap.
V.
(4) Ibid.
(5) Vid. FAUS BELAU, A., op. cit., 146.
(6) Ibid., 180.
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