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Lagunas en la convivencia radiofónica
Por unas reglas de juego coherentes
Santiago Galván Domínguez
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Hace años que se viene debatiendo sobre
las líneas de intervención de lo público y lo privado;
las posiciones al respecto van evolucionando a medida que el tiempo y
los cambios de situación introducen nuevos elementos de discusión.
Así, la dualidad público/privado, privado/público,
está constituida por dos expresiones de la vida cotidiana, dos
visiones complementarias y alternativas, dos realidades dentro de un mismo
contexto, como se observa en el contexto radiofónico.
El desarrollo de la radio en nuestro país, con relación
al resto del mundo, ha llevado caminos paralelos, pero de muy diferente
trazado. Mientras desde sus inicios la radio en Europa estuvo dominada
por el control gubernamental, en España es la iniciativa privada
(amparada y estimulada por los diferentes Gobiernos) quien inicia el desarrollo
de las primeras emisiones y empresas de radio; hasta entrada la guerra
civil no se inaugura la primera emisora pública, la actual RNE
en Salamanca.
Estos comienzos han marcado la evolución de la radiodifusión
en nuestro país a lo largo de toda su historia, pudiéndose
afirmar que ésta es eminentemente privada, si bien, con diferentes
niveles de participación e intervención gubernamental durante
el anterior régimen político. Como contraste con el resto
de Europa, hasta finales de los años 50 no comienza la ruptura
del monopolio público.
La radio pública europea se financiaba con fondos estatales, o
de forma mixta en algún caso. En España, la radio privada
se financiaba, básicamente, a través de la publicidad, por
cierto, no sin serias dificultades.
Actualmente la radio pública europea concentra sus esfuerzos en
dimensionar correctamente unas estructuras obsoletas y poco competitivas,
debido, entre otras cosas, a las limitaciones de financiación que
está imponiendo la propia reglamentación europea, en la
búsqueda de una correcta solución de progreso. El reciente
desarrollo de la radio privada en Europa ha hecho que países como
Alemania o Inglaterra estén viviendo este proceso liberalizador
con especial intensidad.
Centrándonos en los comienzos actuales de la radio en España,
hay que decir ante todo que a pesar de la tradición de nuestro
escenario de coexistencia, siguen vigentes lagunas que impiden aclarar
la convivencia entre empresas de radio, y, sobre todo, entre radio pública
y radio privada.
La empresa de Radio en España no opera en condiciones de libre
competencia, puesto que el nivel de crecimiento de cada empresa viene
determinado por su capacidad de distribución, y ésta queda
en manos de los legisladores, siendo los Gobiernos los que definen las
líneas maestras por las que van a transcurrir las diferentes iniciativas
empresariales.
La situación en el mercado y el escenario de futuro dependen de
la normativa sobre concesiones administrativas de emisión.
Posteriormente, las empresas podrán tener más o menos acierto,
más o menos capacidad para la elaboración del producto radiofónico
(y esto determinará sus resultados), pero, queda claro que quien
cuente con una mejor red de distribución operará desde una
posición de fuerza.
La Ley de Ordenación de las Telecomunicaciones considera la actividad
radiofónica como servicio esencial de titularidad estatal.
La Ley Orgánica 9/92,de 23 de diciembre,
ha igualado, prácticamente, el marco competencial de las comunidades
autónomas, en radiodifusión en FM, por lo que aquellas que
han asumido la explotación directa de emisoras de FM, han creado
sus propios entes públicos de radio y televisión, semejantes
al Ente Público de Radiotelevisión Española, habiendo
constituido sociedades mercantiles de capital enteramente público
para la gestión de las emisoras. El régimen de financiación
de estas entidades es mixto: con cargo a los presupuestos generales de
la comunidad autónoma, y, mediante los ingresos y rendimientos
de las actividades que realicen. (Subvención más publicidad).
Los servicios de radiodifusión sonora en FM pueden ser explotados
indirectamente mediante concesión administrativa por las corporaciones
locales, bien a través de sus propios agentes o funcionarios, bien
por organismo local autónomo creado al efecto, bien por sociedad
mercantil con capital social íntegramente perteneciente a la entidad
local.
El desarrollo de estas y otras normas ha contribuido notablemente a enturbiar
la situación, con una multiplicación de la oferta de radio
pública, promovida por los entes municipales y autonómicos.
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Estas emisoras, en su mayor parte, están
concebidas como un órgano más de difusión y comunicación
con los ciudadanos, y no suelen responder a una demanda objetiva. El resultado
es que se convierten en una fuente de endeudamiento, y, en muchos casos,
de una competencia fuera de toda lógica de mercado, en la búsqueda
de ingresos que faciliten su financiación. Las dificultades de
subsistencia obligan a apariciones y cierres, carencia de medios, funcionamiento
precario, emisión en condiciones de baja calidad, actuación
comercial perjudicial para todos, y un fenómeno reciente: la subrogación
que algunos municipios hacen de sus emisoras, dejándolas en manos
de particulares, que las explotan comercialmente, a cambio de unas horas
para uso del Ayuntamiento.
Por ello, cabría preguntarse: ¿deben asumirse desde lo público
aquellos servicios que pueden ser asumidos desde la iniciativa privada?
Desde otro punto de vista: ¿tienen capacidad
las empresas privadas de radio para mantenerse en el mercado en el que
actúan, como agentes, obteniendo beneficios suficientes?; es más,
se trataría de que el papel en el mercado fuese lo suficientemente
relevante como para atraer a nuevos inversores dispuestos a asumir riesgos;
aunque en este sentido, no está de más recordar que la transmisión
de acciones está limitada por una autorización administrativa.
CONCLUSIONES
Resulta necesario en el momento actual aclarar las
condiciones de coexistencia en el mercado radiofónico, de las radios
públicas y de las radios privadas.
El modelo español de radio consagra la convivencia en el mercado
de ambos tipos de radios, comprendiendo, Onda Cero, la utilidad para los
ciudadanos en general, y para los oyentes radiofónicos en particular,
de la existencia de una radio pública con implantación,
cobertura y alcance nacional suficientes, siempre que se realice una política
empresarial coherente, tal y como lo viene haciendo RNE en los últimos
tiempos, en aspectos tan importantes como: financiación, programación
y redimensionamiento.
Sin embargo, entendemos que en los últimos años, la oferta
radiofónica pública se ha multiplicado en los niveles de
las Administraciones Autonómica y Municipal sin justificación
suficiente, en cuanto que responda a una demanda social evidente; esto
se ha traducido en tasas de aceptación de muchas emisoras públicas
bastante bajas en términos de audiencia, y, como consecuencia de
ello, en déficits económicos importantes, teniendo en cuenta,
además, que se trata de dinero público, que debe ser destinado
a cubrir necesidades y servicios de amplia aceptación social, antes
que aumentar una oferta radiofónica que creemos está ya
suficientemente cubierta.
Asimismo, inmersas en diaria competitividad con sus colegas de la radiodifusión
privada, en el deseo de atraer audiencia suficiente, que justifique su
existencia, sus gastos de explotación, sus correlativas necesidades
financieras, algunas de dichas emisoras han llegado a establecer programaciones
que poca coherencia tienen con su carácter público, y que
en muchos casos, hacen difícil distinguirlas de sus colegas de
naturaleza privada, haciéndose difícil para todos la coexistencia
en el dial.
Todo ello exige el establecimiento de unas reglas de juego, que deben
tener en cuenta el carácter específico de cada tipo de radio,
en todos los componentes del quehacer radiofónico:
- El cuantitativo, al ser las frecuencias un bien
escaso.
- El programático.
Y sobre todo:
- El de la financiación de las emisoras, para
que no haya malentendidos, ni situaciones confusas sobre situaciones de
competencia desleal.
La radio tiene ante sí un reto importantísimo
de impulso tecnológico, al que todos estamos obligados.
Esta transformación necesita grandes desembolsos económicos,
y por lo tanto, empresas sólidas y saneadas. Y no sólo por
la evolución de la propia radio, sino además por el cambio
que se anuncia en otros medios competidores.
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