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La radio autonómica, con
credibilidad y audiencias
En medio de viejas polémicas
Pere Artigas
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La financiación de la radio pú-
blica en España no es distinta a la de los otros países
de la Unión Europea. Un canon, la publicidad y la subvención
con cargo al presupuesto son las fórmulas -en algunos casos combinadas
entre sí- que habitualmente se utilizan (1).
La aparición de las radios autonómicas en el panorama radiofónico
español resucitó una vieja polémica por parte de
sectores vinculados a las emisoras comerciales consistente en denunciar
una presunta competencia desleal basada en que parte de la financiación
de las citadas radios públicas provenía de los ingresos
publicitarios.
He calificado de vieja la controversia porque hace años ya se levantaban
voces en el mismo sentido contra Radio Peninsular y Radiocadena Española.
Se argumenta que las radios privadas no cuestan un duro al ciudadano,
mientras que las públicas, además de recibir una subvención
con cargo al presupuesto autonómico, también se financian
con la emisión de publicidad. Considero que se trata de una simple
argucia dialéctica; si bien es cierto que tenemos una doble financiación,
no es menos cierto que a más ingresos en concepto de publicidad,
menos subvención y, por tanto, más ahorro público.
Por otra parte el concepto "no cuesta un duro" no deja de ser
un sofisma: el dinero que los anunciantes destinan a la publicidad de
sus productos repercute directamente en el coste de los mismos.
En el caso concreto de Catalunya Ràdio, la facturación por
publicidad representa un 35 por ciento del presupuesto de explotación.
De las siete emisoras autonómicas sólo una -Canal Sur- no
emite publicidad, al igual que Radio Nacional, aunque cada vez más
esta privilegiada situación está en peligro por cuanto los
presupuestos, tanto estatales como autonómicos, devienen más
restrictivos. Recuerdo que cuando formé parte del Consejo de Administración
de RTVE (1983-1986) ya se estudió en diversas ocasiones la posibilidad
de que RNE se financiase también por la vía de la publicidad.
Admito que la fórmula de la doble financiación es susceptible
de mejora. En este sentido cabe apuntar que algunas emisoras autonómicas
ya hemos firmado un contrato-programa con los respectivos gobiernos para
establecer la definición de un marco estable de financiación
para los próximos ejercicios, así como la optimización
del equilibrio financiero y los resultados de las empresas.
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Creo, sin embargo, que hoy por hoy es impensable
el renunciar a parte de la tarta publicitaria. El duro y necesario recorte
presupuestario que se autoimponen los gobiernos hace prácticamente
inviable que las emisoras autonómicas podamos ofrecer la actual
programación contando únicamente con la vía de la
subvención. De llegarse a esta situación, es indudable que
nos veríamos abocados a ser una mera radio testimonial. Y entonces,
claro está, no faltaría quien clamara por el cierre argumentando
lo cara que resulta la radio de las autonomías a los contribuyentes
y la escasa atención que merece.
Quisiera, por un momento, dejar el tema específico de la financiación
para subrayar el importante protagonismo que hemos conseguido las radios
autonómicas en cada territorio. Sin apartarnos de nuestra obligación
de servicio público, que algunos interesadamente pretenden reducir
a un simple papel subsidiario, se están alcanzando unas elevadas
cotas de credibilidad y audiencia basadas en una programación totalmente
competitiva realizada por excelentes profesionales. Catalunya Ràdio,
por ejemplo, lidera desde hace tres temporadas las audiencias y actualmente,
según Dympanel, cifra su audiencia en casi 600 mil oyentes.
Estimo necesario, también, llamar la atención sobre el importantísimo
trabajo que estamos desarrollando las radios autonómicas que operamos
en territorios de lengua distinta al castellano, al constituirnos en eficaz
vehículo de recuperación de nuestra identidad como pueblo,
de nuestro idioma, de nuestra cultura. Finalmente, no resisto la tentación
de manifestar mi total discrepancia de quienes afirman que la programación
de una radio pública y una privada son como dos gotas de agua.
Creo sinceramente que la primera suena de manera muy diferente; basta
comparar los informativos y las tertulias....
Retomo el tema de la financiación con dos apuntes. En primer lugar
creo que no es correcto hablar indistintamente de radio y televisión
públicas a la hora de buscar nuevas soluciones a su financiación;
se trata de dos medios muy distintos y por tanto su problemática
hay que analizarla de manera diferente. Sirva como ejemplo el hecho de
que en la radio todo es producción propia, mientras que en televisión
un porcentaje muy elevado de programas proviene de adquisiciones. Finalmente
quisiera concluir mi intervención haciendo mía una propuesta
que Claude Martí (publicitario y consejero de comunicación
francés) publicó en el periódico Liberation bajo
el título de "Cruzada por una televisión pública
sin publicidad" y donde puede substituirse perfectamente la palabra
TV por la de radio.
Propone Martí que "para tener una televisión pública
que cumpla sus objetivos de servicio público y calidad hay que
modificar su sistema de financiación y liberarla de las contingencias
de los ingresos publicitarios (...) y ante las dificultades de recibir
una subvención suficiente, propongo que sean los propios medios
privados de comunicación, todos, los que sufraguen este servicio..."
Mucho me temo, sin embargo, que esta propuesta tampoco sería del
agrado de muchos de los presentes en las Jornadas sobre la Radio.
(1) Este artículo es una síntesis
redactada por el propio autor de su intervención en las Jornadas
sobre la Radio.
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