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La Función de la radio pública.
Una dinámica diferente.
Salvador Barber Font
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A lo largo de las intervenciones que me han
precedido se han vertido opiniones, las menos, que cuestionaban abiertamente
la necesidad de la existencia de una radio pública, y otras que
consideraban inexistente la diferencia entre las parrillas de programación
de la radiodifusión pública con respecto a la privada.
Comenzaremos por lo segundo. La respuesta es tajantemente afirmativa:
existen dos modos bien diferentes de programar, en función del
carácter de la titularidad del medio.
Empíricamente cualquier programador que se enfrente a la tarea
de poner en pie una parrilla creará un producto diferente si su
radio es pública que si es privada.
Para empezar, los objetivos son distintos. Una programación de
emisora pública debe tener fundamentalmente los temas de interés
público, mientras que la radio privada programará en función
de aquello que interesa al público.
Ambos conceptos, "interés público y "lo que interesa
al público", sabemos bien que no siempre son coincidentes.
Incluso en la mayoría de los casos son absolutamente dispares.
A partir de esa premisa los contenidos o los tratamientos de esos contenidos
ya no serán los mismos si programamos desde una pública
o lo hacemos desde una privada.
Ello no obstante, en los dos casos operamos sobre medios de comunicación
de masas, que para nada servirían, nada serían, si no contaran
con masas de oyentes, con cifras importantes de audiencia a las que hacer
llegar sus mensajes, por lo que también las programaciones de la
radio pública,atendiendo al interés público deben
esforzarse por interesar al público, y permítaseme este
aparente juego de palabras.
Es claro, pese a todo, que para la radio pública la captación
de cuotas importantes de audiencia es un segundo objetivo, no estando
su futuro directamente ligado al número de oyentes como en el caso
de las radios privadas, cuyos ingresos dependen fundamentalmente de la
publicidad, y la eficacia de esta en función del ratio coste/ impacto.
Las programaciones de los distintos canales de Radio Nacional obedecen
fielmente a los fundamentos de la radio pública. Para empezar las
líneas generales de su programación son sometidas al criterio
y aprobación de un consejo de administración que emana del
Parlamento.
No se cuestiona, pienso, el interés público que supone una
difusión cultural específica de música clásica
como la que supone el cien por cien de la programación de nuestra
Radio Clásica, y ahí estamos atendiendo una necesidad del
ciudadano de nuestros días de tener información permanente,
a través de nuestra Radio 5-Todo Noticias.
Radio-3 tiene una programación de música actual bien diferente
de otras ofertas legítimamente más comerciales. Nosotros
nos ocupamos de músicas étnicas, géneros minoritarios,
etc., además de salpicar esa oferta musical de breves informaciones
de carácter cultural, de interés público para el
segmento de audiencia fundamentalmente joven al que nos dirigimos.
Dejé para el final la primera de nuestras ofertas: Radio-1.
Su primer servicio es el de ofrecer en onda media una cobertura total
del territorio nacional. Llega hasta donde no lo hace la programación
de otras emisoras, a esos puntos de intrincada orografía, dificultosa
transmisión y escasa densidad de población que no son apetecibles
ni rentables para la radiodifusión privada.
Además su programación ofrece franjas horarias íntegramente
dedicadas a la información pura deslindada y desligada de la opinión,
o a la divulgación cultural, atendiendo a lo largo de todo su tiempo
a los asuntos de interés público. Claro está que,
por razones que exponíamos antes, cuidando también del entretenimiento
y la amenidad.
1. LA CALIDAD POR LA COMPETENCIA
Hoy, aquí mismo, el representante de una cadena
privada exponía que, también ellos, disponían en
su programación de espacios de servicio público. Esto es
así y es natural, porque en principio toda radio es una empresa
de servicios y porque además, parte de la radio privada española
tiene unas características peculiares que la hacen no ser estrictamente
privada. Y voy a explicarlo: la COPE, aunque acogida a la normativa de
las empresas radiodifusoras privadas tiene en su origen y en su actual
composición empresarial un fuerte componente de tipo institucional:
la Conferencia Episcopal. Esto hace que sus objetivos vayan mucho más
allá de los estrictamente comerciales.
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Onda Cero, por su parte, pertenece a otra institución,
benemérita por cierto, cuyos fines van mucho más allá
de los del simple lucro.
Así pues, mientras los límites de la radio privada no son
estrictamente nítidos en los dos ejemplos citados, es lógico
que también a la hora de programar las dos cadenas citadas se planteen
preocupaciones sectoriales de radio pública de acuerdo con sus
respectivas titularidades.
Al margen de estas consideraciones permítanme recordarles algo
que todos sabemos. En este país se está haciendo una buena
radio. Las radios privadas hacen una programación excelente con
unas estructuras de parrilla que llaman la atención a los observadores
extranjeros. Eso es cierto, pero no lo es menos que este fenómeno
se debe, en parte, a la existencia de una también excelente radio
pública que ha sido igualmente elogiada desde el exterior y que
sirve -y ayer lo reconocía aquí un representante del sector
privado-, como referente, como listón de calidad para la radio
comercial.
La actual forma de programar de la radio generalista privada española,
la programación de grandes bloques abiertos fue introducida y consolidada
en España por Radio Nacional. Y ese papel de innovación
e investigación es otra de las funciones fundamentales de la radio
pública que puede buscar nuevos horizontes sin tanto riesgo ni
urgencia como las privadas y ofrecer a estas sus aciertos o sus fracasos
ya probados.
"Invento" de Radio Nacional es Radio Clásica, cuya fórmula
debidamente adaptada a sus necesidades ha adoptado recientemente una privada.
Y de otra pública, Catalunya Radio, es el mérito de haber
importado la fórmula all news que ahora Radio Nacional ha adaptado
a la difusión de cobertura nacional a través de Radio-5.
Si la fórmula se ve rentable a nivel comercial, probablemente la
radiodifusión privada la incorpore a sus ofertas, y otros campos
serán investigados por la pública, como ha venido haciendo
a lo largo de los años.
2. LA JUSTIFICACIÓN DE
LAS RADIOS MUNICIPALES
Por último quería romper una lanza
en favor de otro tipo de radio pública, la municipal, que ha sido
duramente cuestionada a través de estas jornadas.
Es cierto que en muchos casos, la inexperiencia, o la dejadez en su gestión
les hace ejemplos de absolutamente nada; pero no lo es menos que, como
idea, y en algunos contados casos en praxis, son necesarias en determinados
lugares del país cuya demografía, sociología y economía
las constituye en los únicos medios posibles de comunicación
del entorno próximo.
Es posible que en los grandes municipios estén dando un bocado
más o menos substancioso a la tarta publicitaria; es posible. Pero
no lo es menos que, en otros, ninguna empresa privada podría asumir
su coste, por mínimo que fuera, sin generar déficits que
no tiene por qué soportar una empresa privada.
También es cierto que sus programaciones responden a objetivos
que no parecen de interés comercial ni son medios de captación
de grandes audiencias. Pienso en programas para pequeños colectivos
de carácter local que constituyen un buen porcentaje de las programaciones
municipales que conozco.
En cuanto a la publicidad, yo quisiera preguntarles qué otro medio
tiene de anunciarse el comercio, o el cine local, o el negocio familiar
de un pequeño municipio, a veces rodeado de caseríos, pedanías
o parroquias igualmente minúsculas y distantes algunos kilómetros
entre sí.
¿No están cumpliendo ahí, con unas tarifas absolutamente
simbólicas, traslación de las cuotas que hasta hace unos
años cobrara el pregonero de la trompetilla, un servicio, y un
cierto papel de dinamización del comercio local?
Quizá la base de este conflicto que parece
preocupar a la radio privada se encuentra en la aplicación del
principio "café para todos", cuando en muchos lugares
ni siquiera hay café sino pura achicoria.
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