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Por una industria de dimensión
europea.
Diagnosis y propuestas.
Enrique Balmaseda |
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Frente a la fragmentación de los mercados,
de la comercialización y explotación de su industria audiovisual,
Europa tiene posibilidad de desempeñar un papel destacado en las
grandes audiencias internacionales. A condición de desarrollar
una política coordinada, con acciones estratégicas y objetivos
claros.
El año 94 pasará a la pequeña historia de la industria
audiovisual europea por la fuerte promoción de la misma en los
medios de comunicación y por la reflexión pública
a la que ha sido sometida toda la filosofía sobre este tema. Del
modo más resumido posible, debido a las limitaciones de espacio,
voy a reflejar en este trabajo un resumen de mis puntos de vista sobre
un tema en el que he tenido la oportunidad de colaborar con otros colegas
europeos en la Célula de Reflexión creada al efecto.
La producción cinematográfica europea es escasamente rentable,
muy dependiente de las ayudas públicas y en su mayor parte inadecuada
para captar audiencias mayoritarias fuera de sus países de origen
y menos aún entre los públicos juveniles e infantiles. Su
debilidad queda patente a la hora de competir con la producción
de origen extraeuropeo, fundamentalmente norteamericana, que por el contrario
es extraordinariamente rentable, y especialmente diseñada para
captar grandes audiencias.
La producción europea ha sufrido a lo largo de las dos últimas
décadas una progresiva pérdida de su mercado interior, fundamentalmente
en el área transnacional y su lugar ha sido ocupado por la producción
americana. Las cifras son claras: los productos europeos sólo ocupan
el 7 por ciento en el mercado de salas transnacionales de la Unión
Europea, el 5 por ciento del mercado del vídeo doméstico,
y el 15 por ciento en las horas de gran audiencia de las televisiones.
A esta situación de minoría hay que añadir la fragmentación
de su mercado interior producido por las barreras lingüísticas,
la hegemonía de las televisiones generalistas de ámbito
nacional, el insuficiente desarrollo del cable y el vídeo, el déficit
comercial del conjunto de la industria y la apertura de su mercado interior
a las producciones de origen extraeuropeo. Esta fragmentación también
se extiende a las redes de comercialización y explotación.
Es de sobra conocido, y no me voy a extender aquí, que los principales
indicadores de la industria americana señalan las tendencias en
sentido contrario a las que señalan los indicadores europeos.
Algunas razones para esta situación tan delicada de la industria
europea hay que buscarlas en diferentes frentes. Uno de ellos está
relacionado con el hecho de que en Europa las políticas de protección
y fomento del sector audiovisual son muy intensas en el sector de la televisión
pública, con especial vocación de ámbito nacional
y con escasa atención a las acciones de escala transnacional y
menos aún a las de ámbito europeo. Otro factor a tener en
cuenta es que en Europa no se ha desarrollado una política activa
de defensa de la competencia, de tal modo que no ha existido ni existe
todavía hoy una clara separación entre actividades de difusión
y producción televisiva.
Si a esto añadimos la fragmentación generalizada, que se
extiende a la dispersión de los catálogos y derechos de
explotación, a la débil estructura de formación y
al escaso número de empresas operando en la comercialización,
se llega a una dura realidad que nos indica una progresiva pérdida
de competitividad, una destrucción de las redes de comercialización
transnacional, un fuerte desajuste entre la oferta y la demanda de las
audiencias, y una creciente dependencia de las ayudas públicas.
Todo esto nos da un diagnóstico de excepcional gravedad desde una
perspectiva de futuro.
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1. APUESTA POR LAS GRANDES AUDIENCIAS
A este respecto, lo más importante es que
lejos de todo voluntarismo, Europa asuma algunas realidades incuestionables,
como es que la conquista universal del público por la industria
americana no es fruto de la mera casualidad sino consecuencia de un formidable
esfuerzo colectivo que se extiende a todas las fases del proceso. Por
otra parte, hay que tener en cuenta la diversidad cultural europea que
históricamente ha sido fruto del equilibrio entre el libre juego
del mercado y las acciones de protección y fomento de los poderes
públicos, del equilibrio e interacción entre las culturas
locales y las internacionales, entre lo elitista y lo popular.
Por este motivo, el futuro de la industria audiovisual europea se debe
afrontar sin renunciar a lo que forma parte de los valores superiores
de la identidad europea, esto es, sin renunciar a una concepción
de los medios audiovisuales como servicios, en los que el mercado desempeña
una función de la mayor importancia, pero también como instrumentos
esenciales de difusión de la cultura y el conocimiento.
En suma, Europa se enfrenta a una alternativa de crucial transcendencia:
participar significativamente en los mercados y audiencias mayoritarias
internacionales o como sucede en la actualidad, limitar su ámbito
de actuación a los márgenes de las grandes corrientes, esto
es, a las audiencias locales y a las elites minoritarias internacionales.
Dicho lo anterior, hay que señalar que ante las dos alternativas
la UE reúne sin la menor duda las condiciones objetivas de carácter
económico, industrial y sociocultural, para jugar en el concierto
mundial un destacado papel, no sólo en los márgenes señalados,
sino en el campo de las grandes audiencias internacionales.
En consecuencia, los objetivos de interés común pueden estructurarse
en torno a dos ejes fundamentales: mantener las estructuras de producción
y difusión que permitan la supervivencia y el progreso de las culturas
nacionales y regionales y, en otro orden de cosas, impulsar un desarrollo
industrial y cultural duradero, es decir, un sector audiovisual europeo
con capacidad de afrontar la competencia exterior y de satisfacer las
demandas de las diversas audiencias nacionales y supranacionales, así
como beneficiarse del impacto de los nuevos mercados abiertos por las
nuevas tecnologías.
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A este respecto, sería preciso incrementar
sustancialmente la producción de obras europeas con capacidad de
satisfacer los intereses de las audiencias mayoritarias transnacionales,
potenciar el desarrollo de redes de distribución y comercialización
y fomentar la adaptación entre los ritmos de la oferta y la demanda.
Hasta la fecha, las medidas adoptadas a escala nacional se han concentrado
principalmente alrededor de las organizaciones de TV y alrededor de la
cinematografía. La primera de ellas se puede valorar en una cifra
del orden de 10.000 millones de ECU en 1992 para el conjunto de las organizaciones
de TV, de carácter nacional y regional y en el campo cinematográfico
se puede valorar el conjunto de las ayudas en 500 millones de ECU, de
los que sólo la mitad corresponden a Francia. Las medidas a escala
comunitaria se resumen en la Directiva de la TV sin Fronteras, las acciones
del Programa MEDIA con un presupuesto anual de 50 millones de ECU y el
Programa Euroimages con un fondo de 23 millones de ECU aportado por 23
Estados miembros del Consejo de Europa.
Es indudable que existe un desequilibrio entre los recursos asignados
al sostenimiento de los sistemas de producción y difusión
de ámbito nacional o regional, un total para 1992 de 10.500 millones
de ECU, que son a fondo perdido, y 70 millones de ECU, que son reintegrables,
para el ámbito europeo.
Aunque es indudable que los fines de los organismos de TV van más
allá de la promoción y desarrollo de la industria audiovisual
europea, las diferencias en las cifras señaladas son de tal magnitud
que inducen a la siguiente reflexión: desde una perspectiva global,
las medidas de protección y fomento actualmente vigentes en la
Unión Europea promueven una producción extraordinariamente
rica y extensa a nivel local, pero extraordinariamente frágil en
los aspectos transnacionales. Es decir, fomenta una industria cada vez
más vulnerable a la competencia extraeuropea, cada vez más
dependiente de los mecanismos de protección estatal y con menos
posibilidades de sobrevivir de seguir por esta senda.
Es indudable que las acciones
que se decida llevar a cabo no pueden restringir ni el mercado, ni la
libre competencia, ni los derechos de los usuarios o consumidores, sino
por el contrario potenciar y enriquecer la diversidad de la oferta, la
libertad de creación y de competir, y promover de forma concreta
y real el ejercicio del derecho de los ciudadanos de acceder a una cultura
abierta y pluralista. En una palabra, que los poderes públicos
actúen al servicio de los ciudadanos y no al revés.
2. ACTUACIONES ESTRATÉGICAS
Para ello concebimos las líneas básicas
de una acción estratégica para la industria audiovisual
europea, en torno a cinco puntos.
1. Articular políticas y acciones estratégicas
concertadas a escala de la UE. Entre ellas se debe destacar la constitución
de un Consejo de Política Audiovisual en el seno de la Comisión
y la creación de una Agencia Europea de cooperación audiovisual.
Estas acciones deben estar destinadas a incrementar
significativamente la cooperación entre los Estados miembros y
la UE, así como a promover la complementariedad entre las medidas
de escala nacional y europea.
2. Incrementar sustancialmente la producción de obras europeas
con capacidad de satisfacer los intereses de las audiencias mayoritarias
transnacionales. Entre ellas se debe contemplar la revisión de
los sistemas de ayudas nacionales para mejorar su impacto sobre el incremento
de este tipo de producciones, equilibrar la asignación de recursos
públicos para el fomento de la producción de obras destinadas
a los mercados nacionales y a las transnacionales y crear un fondo de
garantía de créditos e incentivos económicos específicamente
destinados a las producciones con capacidad de competir en los mercados
exteriores.
Además, sería conveniente aplicar incentivos complementarios
para producciones destinadas a públicos infantiles y juveniles,
a producciones de interés cultural, e intensificar los programas
de formación profesional y los trabajos para jóvenes en
prácticas. En el campo de la TV habría que redefinir el
papel de la televisión pública a efectos de mejorar su impacto
sobre el logro de los objetivos de interés común a nivel
europeo, fomentar y favorecer los acuerdos de cooperación entre
cadenas para producción de programas de escala transnacional y
mantener la directiva sobre TV transfronteras además de promover
los programas de conservación del patrimonio audiovisual europeo.
En ningún caso deben beneficiarse de estas medidas las producciones
audiovisuales que inciten a la violencia o la discriminación racial
o que supongan un tratamiento denigratorio de la mujer.
3. Potenciar el desarrollo de redes de comercialización y distribución
capaces de competir en mercados internacionales. Aquí se debe destacar
el fomento de las alianzas entre las empresas europeas, el apoyo a la
creación de catálogos y explotación conjunta de fondos
audiovisuales y el incremento a las ayudas a la distribución supranacional.
Se debe aplicar de modo estricto la normativa para evitar las prácticas
restrictivas de la competencia, así como promover y aplicar las
condiciones más beneficiosas para el fomento a la exportación.
Se deben desarrollar programas específicos de cooperación
y fomento de la difusión de la producción europea en los
mercados extracomunitarios, se debe fomentar una marca de calidad para
los productos europeos, así como incentivos para el doblaje o producción
en diversas lenguas. Se debe fomentar la creación de salas de programación
alternativa y el desarrollo de una política activa de promoción
de la cinematografía y su exhibición en salas.
4. Fomentar la adaptación entre ritmos de evolución de la
oferta y la demanda. Para ello hay que desarrollar programas para mejorar
la información entre productores y consumidores y crear un centro
de documentación e información sobre evolución y
tendencias de los mercados. Uno de los temas fundamentales en este campo
es la creación de incentivos económicos a la explotación
de obras cinematográficas, fijados en función de la recaudación
en taquilla obtenida en el conjunto de la UE.
5. Hacer compatible una eficaz protección de los derechos reconocidos
por los ordenamientos jurídicos europeos e internacionales, con
los retos derivados de la internacionalización de los mercados
y la explotación a través de las nuevas tecnologías.
Para ello se hace necesario fomentar los acuerdos entre asociaciones profesionales
y entidades de gestión colectiva de derechos de propiedad intelectual,
y revisar la legislación de los Estados miembros para favorecer
su adaptación a la explotación de las obras en espacios
internacionales. Promover una política de armonización de
legislaciones en la UE y la creación de centros de información
interconectados sobre titularidad intelectual de las producciones europeas,
completaría el conjunto de medidas en este punto.
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3. LOS RETOS DEL SIGLO XXI
Los problemas que en la actualidad afectan
al sector audiovisual europeo son fundamentalmente de orden estructural
y están directamente vinculados a la construcción del espacio
sin fronteras interiores.
Hoy, a seis años de fin de siglo, el mapa audiovisual europeo se
asemeja mucho más al de mediados de siglo, al de la etapa previa
al inicio del proceso de construcción europea, que sería
el adecuado para afrontar los retos del ya inmediato siglo XXI. En realidad,
las fronteras nacionales, e incluso regionales, siguen siendo auténticas
barreras y no debemos olvidar que de la inmensa mayoría de los
recursos públicos asignados al sector audiovisual, el 99 por ciento
son para acciones en esos ámbitos.
Sin duda, la transformación de las estructuras audiovisuales a
escala de la UE no podrá acometerse de un día para otro;
requerirá un proceso de no menos de 10 años y un esfuerzo
firme, solidario y sostenido en el tiempo, que sólo podrá
llegar a término si el conjunto de los Estados miembros comprenden
que también en el sector audiovisual, la mejor defensa de los intereses
nacionales pasa por su integración en el marco de la UE, marco
que en modo alguno es incompatible con el respeto al pluralismo y a nuestra
diversidad cultural y lingüística y, en consecuencia, al respeto
de la soberanía estatal para la adopción de medidas que
contribuyan al florecimiento de sus respectivas lenguas y culturas.
Para el establecimiento de medidas políticas de fomento de la industria
audiovisual europea es preciso establecer prioridades y desde mi punto
de vista hay dos objetivos prioritarios. El primero es el de dar un impulso
decidido a la creación de catálogos y de alianzas estratégicas
de las empresas o entidades públicas que faciliten la explotación
conjunta de los fondos audiovisuales europeos. Esta es una de las actitudes
que permitirán a nuestra industria hacer frente al impacto de las
nuevas tecnologías, de forma que la industria europea se beneficie
de los nuevos mercados que estas tecnologías están abriendo.
En la dura contienda que se avecina, el que controle el software será
el vencedor. Nuestra fragmentación empresarial y la fragmentación
de los catálogos no es la situación más favorable
para hacer frente a las necesidades de programas y productos, en general
de los nuevos medios.
El segundo objetivo prioritario es el de promover en el ámbito
de la UE la difusión transnacional de cinematografía y las
producciones de ficción de TV, hasta que éstas alcancen
la cuota media del 25 por ciento en el mercado de salas y en las franjas
horarias de gran audiencia de las principales cadenas de TV.
Las producciones cinematográficas y las grandes series de televisión
son las grandes locomotoras de la industria con efectos inmediatos en
el mercado del vídeo y en los nuevos medios y conquistan, en consecuencia,
audiencias universales. Es absolutamente clave que la UE disponga a medio
plazo de un paquete de grandes películas y de series de televisión
populares y de calidad. Este objetivo es viable y realista. Recordemos
que la UE produce anualmente del orden de 500 películas, las TV
públicas, por sí solas, producen 120.000 horas de programas,
de las que 50.000 horas son de ficción. En consecuencia, no se
trata de incrementar el volumen global de la producción europea
sino de racionalizarla con el fin de ajustar la oferta a la demanda en
un espacio, el transnacional, que es de vital importancia para la industria
no sólo desde un punto de vista económico y empresarial
sino también cultural.
Con este volumen de producción, ¿no sería lógico
que la UE produjera 100 películas y 1.000 horas de ficción
televisiva capaces de captar al menos en el propio espacio europeo una
significativa cuota de las audiencias transnacionales mayoritarias? Ahora
bien,esta racionalización de la producción debe ir acompañada
de medidas urgentes en el sector de la comercialización y de la
distribución, a través de tres ejes básicos de actuación:
aplicación de estrictas medidas para evitar los abusos de posición
dominante, decisivo impulso al desarrollo de alianzas estratégicas
de ámbito transnacional y coordinación de acciones para
el fomento de la difusión de la producción europea en los
mercados transnacionales europeos y extraeuropeos.
Al cumplimiento de los objetivos que se consideren de interés común
por la Comisión, deberán asignarse los recursos públicos
que sean razonables y necesarios al efecto. La magnitud de referencia
para hacer un cálculo de los recursos razonables nos viene dada
por el volumen global del mercado audiovisual, que es del orden de 35.000
millones de ECU y por los recursos asignados para los sectores audiovisuales
de ámbito estatal, que son del orden de 10.000 millones de ECU.
Tomando como punto de referencia estas dos magnitudes, y si se considera
indispensable dar un impulso decidido a la producción y difusión
de filmes y series de televisión de calidad para alcanzar un 25
por ciento, tal como expuse anteriormente, el volumen de los recursos
que será necesario movilizar entre sectores privados y públicos,
debe cifrarse en una cantidad no inferior a los 2.000 millones de ECU
anuales, lo que equivale al 20 por ciento de los recursos públicos
asignados para acciones de escala nacional y al 6 por ciento del volumen
global del mercado audiovisual de la UE.
Sin duda se trata de una cifra de importancia, pero por otra parte esta
cifra es asumible a nivel de UE porque, entre otras cosas, debe valorarse
este esfuerzo económico en función de los objetivos perseguidos
y pensando en los niños y en los jóvenes europeos, las nuevas
generaciones, ya que difícilmente podrán encontrarse ejemplos
en los que la relación coste/beneficio público ofrezca un
balance tan claramente positivo para el interés general.
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