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Innovación tecnológica
y mercado audiovisual en Europa.
Ante los cambios cualitativos inminentes.
Gaetano Stucchi |
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La innovación tecnológica en
el audiovisual es fruto de las exigencias económicas como en las
telecomunicaciones o la informática. El gran reto es la modernización
de las redes y de la estructura de producción capaz de cubrir las
nuevas demandas.
1. LA EXPLOSIÓN DE LA INNOVACIÓN TECNOLÓGICA EN
EL SECTOR AUDIOVISUAL
Todas las aceleraciones expe-rimentadas en los últimos
años por la innovación tecnológica, en la producción
y distribu-ción de productos audiovisua-les, han sido impuestas
no por los desarrollos técnicos y científicos que la hacen
posible, sino por el funcionamiento económico de la industria de
programas, que las ha hecho necesarias.
El imparable aumento del coste de producción del producto audiovisual
(películas de cine, programas de televisión...), muy superior
al de los otros productos culturales, ha impuesto a escala planetaria
un proceso de internacionalización y mundialización de los
mercados audiovisuales que está llamado a maximizar los rendimientos
al menos en una medida próxima al crecimiento de los costes.
En otras palabras, se ha hecho inevitable multiplicar
el número de los mercados y sumar los recursos para hacer frente
a la envergadura de las inversiones adecuadas a la realización
de productos competitivos.
En términos de estrategia comercial, esto significa mirar a todos
los posibles mercados, tanto en un sentido territorial (internacionalización)
como en un sentido tecnológico, procurando utilizar todos los soportes
de venta y de consumo disponibles (mundialización).
Este equilibrio de los flujos económicos del sector audiovisual
ha estimulado principalmente la fase de distribución del ciclo
del producto, proporcionándole el máximo de flexibilidad
y de capacidad de penetración en todos los mercados nacionales,
en todas las franjas de consumo, hasta el usuario individual.
Por otra parte, naturalmente, la demanda de localización
y personalización de la oferta audiovisual ha generado los consiguientes
reflejos y criterios sobre la orientación estratégica de
la producción.
2. SUEÑO Y ACTUALIDAD DE LA NORMALIZACIÓN
PLANETARIA
Paralelamente, se producían análogas
tensiones económicas en algunos sectores vecinos, productores también
de servicios y bienes culturales, en particular los sectores de las telecomunicaciones
y de la informática:
- en el primero de los
sectores citados se ha acentuado más el aumento de la demanda
de servicios telemáticos, de forma simultánea con el desarrollo
más rápido de lo previsto de la telefonía celular
(wireless), permitiendo entrever futuros usos diversificados de la red
telefónica tradicional (wired) y un diseño general de
integración de todos los servicios on line, equivalente, competitivo,
pero también, quizá, complementario de las conocidas estrategias
de distribución mundial de la información, basadas en
el uso de las redes por satélite;
- en el segundo sector,
la saturación de la demanda de personal informático dio
lugar a la primera verdadera crisis de recursos económicos en
este sector, imponiéndole una seria reestructuración y
diversificación de la oferta de productos y servicios, es decir,
un esfuerzo decisivo por ampliar los espacios de su mercado específico
a los territorios vecinos de la comunicación y los bienes editoriales,
tanto en los procesos de fabricación y distribución como
en las modalidades y dispositivos de consumo de dichos bienes.
Aun teniendo raíces económica y estructuralmente
diferentes, ambas situaciones adoptaron rápidamente la forma de
crisis de crecimiento, de modo más claro y unívoco que en
la industria audiovisual internacional; y entraron en una vía de
convergencia hacia una progresiva unificación de los sistemas de
grabación y transporte de la información y de los datos,
así como de su acceso, utilización y elaboración
por parte del usuario final.
Reaparece así, sobre la base de nuevas motivaciones tecnológicas
y apremiantes necesidades de desarrollo, el viejo sueño de una
normalización planetaria de las comunicaciones y de los consumos
culturales, que en el mito de la aldea global había retomado la
hipótesis de un diálogo cada vez más íntimo
entre los continentes y los pueblos de la Tierra, finalmente liberados
de la distancia, de los vínculos espaciales y temporales (es decir,
culturales), gracias a la estructura instantánea de la naciente
civilización electrónica.
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3. EL PROBLEMA DE LA NORMA EN LA INDUSTRIA AUDIOVISUAL
Pese a todas las profecías sobre el futuro
global de la comunicación, el mercado audiovisual se ha caracterizado
hasta hoy por las limitaciones de las redes y de las normas de circulación,
por la fragmentación histórica de los sistemas de conservación
y transporte de sus mercancías, ya se trate del transporte por
trasmisión de señales o por memorización en soportes
individuales.
La única norma de reproducción audiovisual de cobertura
planetaria es la película de 35 mm, relativamente dúctil,
aceptada en todos los mercados y dotada de una consistente capacidad informativa
(cerca de 4.500 líneas por fotograma, frente a las 625 de la televisión
PAL -la nuestra- y las 1.125 / 1.250 de la televisión de alta definición,
japonesa o europea). Pero se trata de un soporte caro desde el punto de
vista del coste de materiales y de los gastos de funcionamiento, basado
en una tecnología de conservación vieja y poco fiable, ligado
a un sistema de distribución caro y obsoleto, que tiene su salida
en el circuito de salas cinematográficas: un circuito lento y disperso,
tanto en lo económico como desde el punto de vista informático.
Ya desde los años 70, la industria de programas audiovisuales promueve
el proyecto de un nuevo soporte universal, que pueda imponerse como norma
única mundial, de naturaleza electrónica, menos cara y más
controlable que la película, capaz de reducir los tiempos de realización
y distribución de los productos, es decir, de acelerar todos los
procesos de producción y de consumo audiovisual, incluido el proceso
financiero de reproducción de los capitales invertidos.
Es el espejismo de la Alta Definición [HDTV], nacida vieja por
su vinculación al sistema de codificación analógica
de imágenes y sonidos, es decir, tecnológicamente privada
de la posibilidad de determinar un verdadero cambio en el funcionamiento,
sobre todo temporal y generativo, de la producción audiovisual.
Durante la experimentación de las normas analógicas de la
HDTV en Estados Unidos y en Canadá, en Japón y en Europa,
se ha revelado como problemática la hipótesis de que este
sistema de grabación pudiese hacer que bajara el coste de producción
de los programas, mientras que, en el plano de la circulación,
el interés más concreto estaba ligado, en caso de éxito
y de adopción de la norma por parte de los principales países
productores y consumidores, al probable efecto de unificación de
las redes y de las infraestructuras tecnológicas de distribución.
La diferencia de perspectiva indica ya, más allá de las
circunstancias específicas, la tendencia de la innovación
tecnológica a jugar un papel estratégico, especialmente
en la fase de distribución (de la reproducción del producto
acabado al consumo terminal), más que en la fase de la producción
audiovisual.
En estos últimos años, el problema de una norma única
mundial vuelve a primer plano como la condición infraestructural
para que el cine y la televisión puedan participar en el proceso
de convergencia entre las telecomunicaciones y la informática,
entre el teléfono y el ordenador. La integración entre todos
los sectores productores de bienes y servicios culturales no representa
sólo un lógico desarrollo de las nuevas posibilidades tecnológicas,
o el fruto inevitable del impulso del mercado: es la puerta del futuro,
el paso obligado hacia la nueva modalidad del consumo inmaterial, por
tanto, los nuevos hábitos y la nueva demanda de comunicación,
información, cultura.
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4. LA REVOLUCIÓN DIGITAL
La propuesta de un estándar audiovisual digital
responde directamente a las tensiones económicas y a la evolución
del mercado, que ya hemos descrito: no es casual que tome forma en Estados
Unidos, bajo el impulso de la FCC (Federal Commission of Communications),
el poderoso e influyente organismo regulador de las telecomunicaciones
estadounidense, que señala este objetivo tanto a la industria nacional
de programas, que ya ocupa una posición de liderazgo mundial en
su campo, como a las demás industrias convergentes de la informática
y las telecomunicaciones.
Las ventajas tecnológicas del nuevo estándar
sobresalen enseguida en el plano, comercialmente decisivo, de la conservación
y circulación de productos:
-ausencia prácticamente total de degradación
en las copias, que ya no se obtienen por reproducción mecánica
sino por generación de un código numérico, repetible
por tanto hasta el infinito;
-posibilidad de transcripción en cualquier soporte, es decir, máxima
versatilidad para una distribución global e internacional de los
programas a través de redes, códigos y formatos diferentes.
Igualmente evidentes son las dos principales ventajas
del nuevo sistema en las fases de producción y consumo de los programas:
-la capacidad, resaltada si cabe por el desarrollo
de los procedimientos de compresión, de concentrar el máximo
de información en un soporte limitado;
-la posibilidad de acceder a estas informaciones
de forma libre, mucho más rápida, aleatoria (random), según
las exigencias individuales del consumidor, y ya no siguiendo un recorrido
obligado, lineal, secuencial, de A a B, como en el cine o en la televisión
tradicionales (incluida la cinta de vídeo analógica).
Los significados fundamentales del paso al digital
residen por tanto en el funcionamiento profundo de la memoria numérica,
que supera todos los intentos de progreso centrados en el mejoramiento
de la definición de la imagen audiovisual, es decir, de su calidad
fotográfica (HDTV), y en su lugar desencadena una revolución
cuantitativa, destinada no obstante a ser radicalmente cualitativa, en
la forma de una evolución más intrínseca y general
de todo el sistema de las comunicaciones.
5. CANTIDAD Y CALIDAD
El espacio para telecomunicar y los vectores de la
telecomunicación no son un recurso ilimitado: la codificación
digital afronta directamente este problema, este nudo gordiano, y lo enlaza
con las técnicas de compresión de la información.
De este modo enlaza también los costes de transporte y distribución
de los productos de comunicación, y facilita la entrada de nuevos
actores en el sector, por ejemplo, de la distribución audiovisual:
de hecho,resulta menos caro el billete de ingreso en la televisión
por satélite o por cable (pero pronto la compresión se impondrá
también en la radiotelevisión terrestre) y en todos los
nuevos servicios de red.
De todos modos, las posibilidades de economía de la transmisión
digital tienen efectos positivos también en el área de los
soportes individuales, desde la cinta de vídeo a los reproductores
de CD y vídeo, creando espacio para una oferta cada vez más
amplia y competitiva de bienes audiovisuales.
En unos años, ningún país del mundo seguirá
teniendo un sistema televisivo cerrado, basado en un número limitado
de canales generalistas nacionales; al término del milenio, o incluso
antes, si queremos creer en el plan comercial de las empresas estadounidenses
de telecomunicaciones, los paisajes audiovisuales serán mucho más
homogéneos, a escala continental o planetaria, y se caracterizarán
por la presencia de cientos de canales temáticos distribuidos por
cable y/o satélite, además de otros tantos servicios interactivos
por línea telefónica, buena parte de ellos dedicados a la
información y al entretenimiento audiovisual (Video On Demand).
La relación sencilla, directa y autónoma del telespectador
con el mando a distancia ya no será posible; y sólo el acceso
a uno o más programas de navegación le permitirá
orientarse en la jungla de las nuevas ofertas.
Ahora bien, la revolución cuantitativa tiene un reflejo directo
en las modalidades de consumo, las transforma, las diversifica, da un
nuevo valor al papel y al trabajo de los espectadores, les otorga, en
fin, otras competencias: en suma, produce un cambio profundo y cualitativo.
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6. ECLIPSE DE LA COMUNICACIÓN DE MASAS
La época de la comunicación de masas
está llegando a su fin y deja su puesto a una clara y creciente
tendencia a la personalización de la oferta de televisión
y de servicios comunicativos, a la construcción de paquetes de
productos cada vez más individualizados.
Y ante todo, la exigencia imperiosa de una estrategia de distribución
que debe atraer a todos los espectadores potenciales, incluso los más
aislados y dispersos, donde quiera que se encuentren, no sólo en
un sentido espacial: no olvidemos la tensión económica de
partida de todo el proceso evolutivo que estamos describiendo, la necesidad
de reequilibrar una grave crisis de recursos, por tanto, de maximizar
los niveles del consumo y de los beneficios, optimizando también
las técnicas de venta y comercialización de los productos
audiovisuales.
La oferta de televisión, por ejemplo, deberá cambiar en
busca de nuevos formatos; pero, antes que perseguir un éxito masivo
en el mercado nacional correspondiente, escogerá la vía
de una extrema, deliberada fragmentación y reestructuración
del mercado, proyectando productos especializados, destinados a un público
bien identificado en varios mercados nacionales (teóricamente en
todos = internacionalización), que no podrá sustraerse fácilmente
al acto del consumo y a sus consecuencias económicas.
Naturalmente, una tendencia de tales características no prevé
suplantar los modelos de la televisión generalista, sobre todo
en un breve plazo de tiempo, sino sólo redimensionar la extensión
y el dominio del sistema de los consumos culturales, desplazando el equilibrio
de las relaciones de fuerza hacia otra hipótesis y formas de comercialización
de la información y de la comunicación, que ya son claves
en otros sectores de la industria editorial, históricamente basados
en el uso de soportes individuales (libros, música...).
Desde otro punto de vista, el relativo a la modalidad de consumo y de
expresión de la demanda, el alto grado de personalización,
y el diálogo, verdadero o aparente, entre oferta y consumo, que
caracterizan el nuevo modelo estratégico, hacen surgir la idea
de interactividad.
En efecto, en la situación apuntada, la pasividad del espectador
se reduce al mínimo histórico: parece que el sujeto puede
decidir lo que quiere consumir directamente, que el acto de elección
y de consumo puede llegar a estructurar la oferta, es decir, a determinar
la producción. El concepto moderno de consumo productivo incluye
de hecho en su funcionamiento estratégico la creación de
la oferta, desde el momento en que el consumidor escoge lo que quiere,
cómo y cuándo lo quiere, entre las posibilidades casi infinitas
de un catálogo casi ilimitado. Se trata, por tanto, de una vía
que lleva al aumento global del número de usuarios: el verdadero
reto de fondo para el futuro de la industria de la comunicación.
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7. LA INSTITUCIÓN AUDIOVISUAL
Desde la invención de la grabación
videográfica analógica de uso individual (home-video), la
industria audiovisual está ligada al funcionamiento de todo sistema
cultural basado en una técnica de lenguaje; se convierte en lo
que E. Gombrich llama una institución lingüística.
Todo lo que se produce en el interior y por medio de este tipo de instituciones
existe eternamente, ya que es reproducible hasta el infinito y todos los
espectadores futuros podrán consumirlo en cualquier época
y para siempre: la institución lingüística se convierte
en una especie de universo paralelo al real, cuyo fin es no terminar nunca,
como ocurre con la literatura, la música, la pintura. Por otra
parte, la institución tiende a crecer sobre sí misma, como
todo sistema autorreferencial, en lugar de seguir impulsos externos, objetivos
e históricos.
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El acceso a los productos de una institución
lingüística es, por tanto, regulado por una estructura de
la oferta que se asemeja a un enorme Catálogo, una especie de hipertexto
enciclopédico: todo aquello que se incluye en dicho catálogo
puede estar teóricamente disponible para cualquier consumidor,en
cualquier instante. La verdadera revolución tecnológica
del audiovisual consiste en el hecho de que, primero la grabación
analógica y después, con mayor énfasis, la memoria
digital, han llevado al terreno de lo concreto esta posibilidad teórica.
Esta evolución del sistema audiovisual en institución lingüística
refuerza la tendencia ya descrita a la internacionalización y globalización
del mercado de programas: la recaída social e industrial de todas
las innovaciones tecnológicas, basadas en la memoria digital, evidencia
de modo inequívoco la importancia de disponer de grandes cantidades
de productos, porque sólo sobre amplias secciones del Catálogo
audiovisual es posible estructurar eficazmente la oferta suficiente para
abarcar todas las diversas demandas de los diversos mercados, una oferta
verdaderamente competitiva.
En otras palabras, el escenario económico del futuro próximo
asigna la principal ventaja competitiva a quien controle los programas,
el software, el catálogo, con respecto
a quien posea las redes de transporte.
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8. LOS NUEVOS ACTORES DEL MERCADO AUDIOVISUAL
En la reestructuración ya en marcha de los
mecanismos de distribución y de consumo de los productos audiovisuales,
se van precisando distintos papeles:
-el carrier [empresa de transporte de señales]
es quien gestiona las redes y los sistemas de transporte (y los arrenda
al proveedor de servicio);
-el proveedor de servicio (service provider) es quien organiza la oferta,
el servicio (debe por tanto identificar la demanda y construir el mercado),
buscando los contenidos que deberá ofrecer a los proveedores de
programas y de información y arrendando a los carriers los canales
necesarios para llegar al usuario;
-el proveedor de información o de programas es el que produce y/o
posee los datos y las obras que se van a distribuir, es decir, el producto.
En el viejo sistema analógico y en la tecnología
físico-química (televisión y cine), el riesgo económico
y empresarial para los propietarios del producto era muy grande, debido
sobre todo a los crecientes gastos de las copias y de su circulación:
esta era tal vez la mayor debilidad de los operadores del sector, y una
causa no secundaria de desconfianza de los inversores.
En el sistema electrónico digital, los costes de distribución
son muy reducidos, la posibilidad de obtener beneficios invirtiendo capitales
en la producción es mayor, y la dimensión de dichos capitales
tiende a ser más consistente, en la medida en que caen las barreras
territoriales y tecnológicas del mercado.
A la incorporación de nuevos actores (proveedores de información
o de servicios), y a la afluencia de nuevos recursos económicos,
se añade posteriormente el estímulo de la penetrabilidad
de las propias barreras lingüísticas, que el sistema digital
puede superar con la opción del multilingüismo, fácilmente
practicable tanto a través de las redes como en los soportes individuales.
Quedan las barreras culturales, que sólo pueden superarse reorganizando
al público sobre competencias diferentes, es decir, transversales,
y ligándose a los procesos en marcha de personalización
del producto audiovisual.
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9. UN RETO PARA LA INDUSTRIA EUROPEA DE PROGRAMAS:
LOS GRANDES CATÁLOGOS
Comprender el reto con el que se enfrenta la industria
audiovisual europea es aún más fácil desde el punto
de vista de la innovación tecnológica que desde el análisis
económico o sociológico de la producción cultural.
Las nuevas tecnologías, más que otros factores estructurales,
están determinando incluso la importancia estratégica, a
corto y medio plazo, de la producción de títulos: en el
marco del mercado de los próximos años, que hemos intentado
trazar a grandes líneas, han ganado la batalla, sin duda, los proveedores
de información o de programas, las empresas que puedan disponer
de catálogos ricos en títulos y derechos, posiblemente mundiales
y perennes. Será necesario, naturalmente, que estas empresas sean
capaces de utilizar inteligentemente su catálogo histórico
e invertir de forma coherente y continuada en la redistribución
de los productos ya existentes, exactamente como lo haría cualquier
editor tradicional de libros.
En Europa no existen grandes catálogos, con la excepción
de algunos editores especializados (R. Moritz & ass.), algunas empresas
fuertes y extraordinariamente clarividentes (Beta film) y servicios públicos
de televisión (BBC, RAI, France Television, ARD-ZDF, TVE...).
Las restantes empresas importantes, generalmente
privadas, que acumulan títulos para operar en el mercado, deben
obtenerlos en otras fuentes, en particular en los depósitos de
las grandes empresas estadounidenses, con lo que contribuyen a consolidar
su posición dominante tanto en nuestro mercado europeo como en
el mundial.
10. UN RETO PARA LA INDUSTRIA EUROPEA DE PROGRAMAS:
LA PRODUCCION ORIENTADA AL MERCADO
Considerando también el impulso de la comercialización
que se deriva de las nuevas tecnologías digitales, la producción
de catálogos deberá estar mucho más orientada al
mercado, ya sea hacia los mercados internacionales o hacia el mercado
global.
Si el uso de los sistemas digitales representa un
coste suplementario en la fase de producción, se convierte, por
el contrario, en un factor de economía en las fases sucesivas,
donde permite el desarrollo multimedial de los productos, la plena aplicación
del multilingüismo y una circulación comercial más
larga y menos fatigosa, gracias por ejemplo a las técnicas de subtitulación
electrónica, doblaje y mezcla asistida por ordenador, a los menores
niveles de inversión necesarios para realizar las copias, etc.
La vocación con respecto al mercado de nuevos
títulos requiere, ciertamente, nuevos presupuestos, adecuados a
la competición internacional y global,pero constituye también
la premisa de nuevas perspectivas de beneficio, proporcionales a los capitales
invertidos, y sobre todo capaces de atraer a otros nuevos, en el caso
de una orientación positiva de la relación costes-ingresos.
Y este sería verdaderamente el punto decisivo para el renacimiento
de la industria audiovisual europea.
11. UN RETO PARA LA INDUSTRIA EUROPEA DE PROGRAMAS:
UN VERDADERO MERCADO EUROPEO
Es indispensable la creación de un verdadero
mercado europeo que pueda garantizar la disponibilidad de los mínimos
garantizados (anticipos sobre los ingresos), y de inversiones en producción,
proporcionales al propio valor global. Los productos audiovisuales financiados
de este modo tendrán finalmente una relación económica
adecuada a la competencia mundial en el sector; pero junto con la posibilidad,
o mejor, la obligación, de obtener beneficios sobre el conjunto
de los mercados nacionales europeos, como hoy en día sólo
hacen, por otra parte, los productos americanos.
Para que lo europeo funcione como un verdadero mercado, es necesario que
se puedan concentrar inversiones en los proyectos explícitamente
europeos por su estrategia comercial, que no tiene por qué coincidir
necesariamente con la estrategia de comunicación, ni con los caracteres
culturales o estéticos de la obra. Pero estos productos deben estar
basados en perspectivas reales de distribución comercial y en la
voluntad/capacidad de obtener beneficios en todo el mercado europeo: es
esta actitud voluntarista la que puede poner en acción un mecanismo
preciso de consolidación del mercado.
El peso de las nuevas tecnologías en la distribución audiovisual
actúa como un acelerador de este proceso, un aliado natural y objetivo
del desarrollo, para que se constituyan las premisas, a escala continental,
en el plano económico, normativo y estructural.
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12. EL RIESGO DE LA INEXISTENTE MODERNIZACION
Desconfiar de las nuevas tecnologías y rechazar
la reestructuración de las redes de distribución en Europa,
significa condenar al subdesarrollo al mercado audiovisual de todo el
continente, que en su conjunto es el mayor mercado audiovisual del mundo,
con un potencial de consumo y gasto aún ampliamente infrautilizado.
Es una perspectiva que repugna ante todo a las industrias de programas
que exportan a Europa, como es el caso de las empresas estadounidenses
del sector: pero, naturalmente, una renuncia al crecimiento es grave e
inaceptable también para nuestra industria audiovisual.
Cuando en Inglaterra, en los años 70, el circuito de salas cinematográficas
estaba a punto de caer hecho pedazos, los operadores de Estados Unidos
intervinieron, tratando en primer lugar de financiar a socios ingleses
para que reestructurasen los cines más viejos y decrépitos;
posteriormente, visto que en el país ya no existían empresas
de distribución en buena situación, formando directamente
otras nuevas, con la tarea de construir multisalas modernísimas
en todo el territorio, y estimular una inversión de tendencia en
aquel mercado nacional. Una vez obtenidos estos resultados y reconstruido
un circuito de distribución y consumo capaz de absorber sus productos,
han interrumpido la financiación.
El temor de que la industria europea, dada su antigua debilidad como proveedor
de programas, pueda resentirse negativamente del nacimiento de redes de
distribución más eficaces y hambrientas de productos, no
es del todo imaginario: pero el riesgo de una carencia de modernización
es aún más grave y supone quedar excluidos del desarrollo.
Sin duda, la negativa a adecuar los circuitos de distribución,
en particular los más avanzados tecnológicamente, y no únicamente
las salas cinematográficas, puede parecer una respuesta obstruccionista,
quizá un poco suicida, pero no totalmente absurda ni carente de
cierta eficacia, frente a la imponente capacidad de penetración
de los productos americanos: !sería una ilusión de corta
duración!
Los intereses económicos de Estados Unidos resultarían ciertamente
perjudicados con semejante estrategia de defensa; pero el espacio de la
industria europea en el sector audiovisual sería cada vez más
marginal, sus recursos se verían cada vez más reducidos,
sus ambiciones y perspectivas serían cada vez más modestas.
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13. Y LA EMPRESA QUE CREA EL MERCADO
Para que la modernización de la estructura
de distribución, es decir del mercado, sea posible y útil,
es necesario crear empresas sólidas, organizadas de acuerdo con
las dimensiones y la dinámica futura del mercado europeo, orientadas
desde un principio hacia una estrategia transnacional y multimedial.
La inversión en la reestructuración de las redes de distribución
es, en efecto, de importancia capital, sólo secundaria con respecto
a la inversión en la producción de títulos, que,
por una parte, debe permitir que la máquina funcione y, por otra,
facilitar la aparición de nuevos agentes.
Un sistema de distribución renovado, pero
no sólo desde un punto de vista técnico, puede lograr nuevas
articulaciones de la demanda. La optimización del consumo, desde
el punto de vista del tiempo y de los gastos (ver punto 6), puede abrir
nuevas fronteras al mercado audiovisual: más recursos, más
empresas, más industria europea.
14. PRECONDICIONES PARA LA CONSTRUCCIÓN
DE GRANDES EMPRESAS EUROPEAS
También en el análisis de las innovaciones
tecnológicas volvemos a encontrarnos, como tarea final, con la
individualización de las condiciones previas necesarias para que
nuevos sujetos se constituyan en empresa audiovisual europea, asumiendo
la dimensión de empresa mayor y competitiva, lo que es necesario
para alimentar el proceso de consolidación e integración
de un verdadero mercado europeo del audiovisual y de una verdadera industria
de programas, capaz de crear su propia base económica.
La selección de nuevos sujetos industriales y financieros, el prudente
estímulo de formas legítimas y reguladas de concentración
(consorcios u otro tipo), el apoyo económico a las empresas que
decidan dedicarse a esta noble aventura; todos estos pasajes parecen sugerir
la clásica oportunidad de un bando de concurso, mediante el que
la Unión Europea y los Estados Miembros, o bien el BEI u otros
bancos europeos, podrían dar cuerpo a esta nueva línea estratégica
para el relanzamiento del audiovisual europeo.
Pero debe quedar claro que el apoyo de las instituciones o de las entidades
financieras será eficaz sólo a condición de reunir
la masa crítica necesaria; estamos hablando de una acción
estructural y ya no de un fondo de apoyo, automático o selectivo,
para la producción de ciertos títulos.
Y lo que la intervención financiera pública debería
cubrir, en la mayor medida posible y durante el número de años
más razonable posible, es el propio riesgo añadido de la
empresa, que las nuevas grandes europeas tendrán que asumir para
reafirmar con hechos su orientación hacia el mercado internacional
y global.
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15. LOS FACTORES COMPETITIVOS
Los factores de competencia decisivos para las nuevas
empresas audiovisuales europeas son sobre todo condiciones que deberían
caracterizar su actividad distribuidora en el escenario impuesto por las
nuevas tecnologías y definir sus objetivos industriales.
Imaginemos este cuaderno de obligaciones, como una
lista no completa, ni jerarquizada, que obligaría a:
-poseer un gran catálogo de títulos
(las empresas públicas de radiotelevisión podrían
convertirse en el embrión indispensable de estas nuevas majors);
-distribuir dichos títulos según una
estrategia innovadora sobre el más amplio abanico de redes y soportes
plurimediáticos;
-proponer una gama de ofertas en el mercado audiovisual,
que sepa satisfacer todas las variantes de la demanda europea y sea competitiva
en el mercado internacional;
-no identificarse con las políticas nacionales de defensa autárquica,
que indudablemente no pueden ayudar al desarrollo de un mercado europeo;
-gestionar de la mejor manera posible los talentos
creativos, como una cuota importante del capital social indirecto, una
verdadera ventaja competitiva y, por tanto, un capítulo de inversión
(siguiendo el ejemplo de Estados Unidos);
-integrarse lo más rápidamente posible
en las reglas del mercado, abandonando la protección y el apoyo
económico público, en los términos previstos en un
riguroso plan económico.
16. PARADIGMAS DE RENACIMIENTO
Europa podrá quizás lanzar estas nuevas
empresas audiovisuales a la competencia comercial directa con la gran
industria americana de programas, confiando en su prudencia y creatividad.
Pero será una muestra de sabiduría tratar de negociar con
los competidores del otro lado del océano una guerra concordada,
un acuerdo que favorezca de todos modos el crecimiento, no sólo
comercial sino también industrial, del mercado europeo, de acuerdo
con los intereses comunes de ambas partes (siguiendo, en cierta medida,
el modelo de relaciones Estados Unidos-Japón).
De hecho, el objetivo final de una nueva política audiovisual europea,
tanto en el plano comercial como en el plano de la innovación tecnológica,
ya no consistirá en imitar a la empresa estadounidense en la escala
económica de sus producciones más ambiciosas; ni, en general,
en dedicar enormes presupuestos a rendimientos en la frontera extrema
del digital (en una especie de Parque Jurásico a la europea).
Lo que sirve a dicho objetivo son ejemplos de éxito, paradigmas
de renacimiento, 10 títulos al año que sean verdaderos blockbusters
made in Europe y que se arriesguen a recuperar, en los diferentes mercados
de nuestro continente, la mayor parte de su coste de producción.
Refiriéndose a estos paradigmas, tanto las
nuevas majors como los productores independientes, como las televisiones
y los editores de toda Europa, podrán finalmente reencontrarse
en el mismo camino de renacimiento industrial, económico y cultural.
Traducción: Antonio Fernández Lera
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