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España ante la política
audiovisual europea.
Diagnóstico, desequilibrios y soluciones de futuro.
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Ante la publicación del Libro Verde del
audiovisual europeo y del informe de trabajo The Think Tank, Telos, con
la colaboración de la Media Business School (MBS), convocó
un encuentro de personas representativas de los principales sectores del
sistema audiovisual español.
Acudieron, por el comité de expertos del Libro Verde, Enrique Balmaseda,
ya por entonces designado de nuevo como Director General del ICAA, y Fernando
Labrada, secretario de la Comisión redactora y director de la MBS.
Se unieron, por los diferentes sectores del audiovisual: Pedro Pérez,
presidente de la Federación de Asociaciones de Productores de España;
José María Otero, director de PROCINE; Ramón Gandarillas,
consejero-delegado de Recordvisión; Enrique Laucirica, coordinador
general de la Federación de Organismos de Radios y Televisiones
Autonómicas (FORTA), y Javier Ros, director del Departamento de
Desarrollo de Nuevos Servicios de Telefónica.
Actuó como presentador y moderador José Manuel Morán,
presidente de la Comisión Delegada de Fundesco.
En el encuentro estuvieron presentes, además,
Carlos Pérez-Iñigo, responsable de medios audiovisuales
en Fundesco; Obdulio Martín Bernal, director de Comunicación
y Relaciones Externas de Fundesco y editor de la revista Telos; Mª
Cruz Alonso, directora de la Oficina del Programa MEDIA en España,
y Enrique Bustamante, director de la revista Telos.
Pese a la ausencia de una mayor representación de las cadenas de
televisión públicas y privadas (que por distintas razones
declinaron la invitación), y de representantes de los sectores
de distribución y exhibición, la síntesis de este
encuentro resulta altamente expresiva de los problemas, los puntos de
vista y las opciones del audiovisual español en unas circunstancias
unánimemente calificadas de cruciales para el futuro.
1. LA CONVERGENCIA CABLE-TELÉFONO Y LOS
NEGOCIOS MULTIMEDIA
José Manuel Morán: Quisiera darles
la bienvenida a todos los representantes de la industria audiovisual española
presentes, y también decirles que el interés de Fundesco,
y el interés del principal patrono de la institución -que
es Telefónica- por estos temas, se está viendo agudizado
desde unos meses para acá, debido al debate sobre las autopistas
inteligentes y las posibilidades de nuevos negocios y también de
nuevos retos que surgen al hilo de la convergencia entre los negocios
multimedia, los negocios audiovisuales y las grandes capacidades tecnológicas
que tenemos.
Esta misma mañana el consejero delegado de Telefónica va
a participar en un mesa redonda donde se va a preguntar hasta qué
punto el tema del audiovisual o el tema del multimedia debe ser una cuestión
que esté ya en la estrategia de las grandes operadoras de telecomunicaciones.
Porque -y si alguno de ustedes tuvo la oportunidad de asistir a los seminarios
que Fundesco organizó en otoño pasado en Cuenca pudo comprobarlo-
esta pregunta es la que se hacen todas las operadoras. Es decir, hasta
qué punto la televisión por cable, y el resto de sus servicios,
y la convergencia cable-teléfono es una cuestión inminente
para los grandes negocios, o, por el contrario, todavía seguimos
teniendo fronteras entre este tipo de mercados que crearán dificultades
en su desarrollo.
Por ello y por todo lo que puede suponer de arranque de este debate, yo
les agradezco muchísimo su presencia en el que creo no va a ser
el último encuentro sobre este problema.
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Por el contrario, este podrá ser el germen
de nuevas reuniones de mucho más fuste y de cara al público
dónde pudiéramos expresar todas las dudas y todas las incertidumbres
que en estos momentos tenemos sobre la convergencia en general.
Y, al mismo tiempo, ver hasta qué punto la convergencia entre tecnologías
y contenidos plantea temas nuevos como son todos los relacionados con
los contenidos o los de protección intelectual, que de alguna manera
desbordan el debate que hemos mantenido muy separado en los diversos ámbitos.
Con esta breve introducción, cedo la palabra a Fernando Labrada,
quien, como secretario de la Comisión que ha elaborado el Libro
Verde, va a actuar como primer ponente de este debate.
Fernando Labrada: Creo que primero hay que establecer
los puntos de referencia del Libro Verde.
Ya se ha hecho mención a la política de convergencia y a
la convergencia tecnológica que se está produciendo. Creo
que es un hecho real. El segundo hecho es el convenio del GATT.
El tercer hecho es el Programa MEDIA, que ha cumplido ya su primera fase
de este período 90-95. Estamos, por tanto, ante el paso del ecuador
del Programa MEDIA. Todo este contexto ha exigido que la Comunidad establezca
una política audiovisual para los próximos años,
para la próxima década. Esta es la idea original del nacimiento
del Libro Verde.
El Libro Verde tiene otro paraguas. Yo distinguiría entre lo que
es el paraguas de los hechos y el de las actividades que hace la Comunidad.
La Comunidad ha hecho un Libro Blanco sobre desarrollo y empleo que ha
presentado el señor Delors recientemente. En él, por primera
vez en la historia de los análisis económicos y de desarrollo
de la Comunidad Europea, se dedica un apartado a la industria audiovisual,
y se establece que estamos ante una industria de índices de crecimiento
más altos que todos los sectores industriales europeos: si en este
momento da empleo a 1,8 millones de puestos de trabajo en Europa, se espera
que en los próximos diez años alcance los cuatro millones
de empleos.
En ese contexto se plantea el Libro Verde, que hace una referencia muy
clara a que la industria audiovisual hay que situarla en la sociedad de
la información, en el amplio espacio de convergencia de la telefonía,
la informática y la industria audiovisual. No deja de ser un hecho
afortunado que estemos en la sede de Telefónica hablando de estos
temas. Creo que esto probablemente hace unos años no hubiera sido
posible.
El Libro Verde expone sus ideas fundamentales a través de cinco
grandes capítulos. Hay una pequeña introducción,
sobre las tendencias fundamentales de la industria de programas. Después,
una diagnosis y una referencia a las nuevas tecnologías. En el
capítulo tres establece cuáles son los retos con los que
se encuentra la industria europea ante toda la explosión de las
nuevas tecnologías asociada a la información, los peligros
que significa, las oportunidades que eso da, etc.
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2. LEGISLACIÓN, AYUDAS Y CONVERGENCIA:
CUESTIONES CENTRALES DEL LIBRO VERDE
El Libro Verde también analiza los instrumentos
actuales en favor de la industria, destacando los programas existentes
como es el Action Plan o el Programa MEDIA, u otros instrumentos europeos
como el Eurimages, etc., por todos conocidos. Y el capítulo más
importante desde mi punto de vista es el capítulo cinco, que titula
Opciones de futuro. Estas opciones de futuro establecen tres grandes áreas,
que son lo que se llama las reglas del juego, los incentivos financieros
a nivel europeo y, por último, la convergencia de los sistemas
nacionales. Pero esto se lo plantea el Libro Verde como preguntas, es
decir, no son ni afirmaciones ni normas dictadas, sino interrogantes que
abren el debate sobre estos tres grandes temas.
Porque tenemos que decir que el Libro Verde es un documento oficial de
la Comisión, indudablemente. Pero no es un documento que obligue
en absoluto, ni regula el sector.
En el capítulo referido a las reglas del juego, se pregunta por
ejemplo: ¿Cómo hacer los incentivos más efectivos?;
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¿cómo hacer la legislación más
efectiva, especialmente pensando en la ley o directiva de la televisión
sin fronteras?; ¿cómo desarrollar el mercado? Y en el aspecto
de los incentivos financieros se interroga si es mejor utilizar un planteamiento
horizontal de la industria o aplicar una política sectorial prioritaria.
Estas cuestiones se plantean incluso a nivel de legislación nacional,
es decir, ya empezamos a pensar si tenemos que ayudar o financiar títulos
de filmes o títulos de programas o tenemos que ir en ayuda de industrias
con un plan de negocios a medio y largo plazo.
Por último, en este capítulo se plantea la pregunta genérica
de si debemos ir a un sistema de convergencia de los sistemas de ayudas
nacionales. Es completamente nuevo este planteamiento y la Comunidad,
que siempre es muy cuidadosa en cuanto a estos temas que son de exclusiva
competencia de los Estados miembros, se pregunta sobre la convergencia
en este terreno: sobre la posibilidad de abrir un nuevo campo para hacer
más rentables las ayudas que a nivel nacional se dan en este momento,
que puedan convertir los productos en productos europeos.
Esto es, muy por encima, lo que dice el Libro Verde, un texto que yo calificaría
de muy general y muy abierto. Pero previamente a este documento hemos
tenido un grupo de trabajo que ha hecho lo que se llama el report de grupo
de expertos, The Think Tank, un documento mucho más concreto, y
que, como está hecho por profesionales, responde a una filosofía
profesional.
De este documento destacaría dos cosas. Una es la cronología
de la crisis, en treinta puntos, que revela una fotografía muy
adecuada de cuál es la evolución de la industria europea,
la cinematográfica básicamente, como industria motor de
todo el audiovisual, reseñando, por ejemplo, que, en diez años,
los filmes europeos han perdido el cincuenta por ciento del mercado y
dos tercios de la audiencia.
Y luego están las recomendaciones que giran en torno a tres ideas
fundamentales: la creación de un consorcio para la distribución
europea, la recomendación para crear un fondo complementario de
asistencia a la ayuda a la producción en cada uno de los territorios,
y la ayuda a las salas por un sistema de regulación y financiero
para aquellas que proyecten cine europeo. Luego, las recomendaciones se
extienden sobre temas de copyright y sobre la obtención de derechos
y la creación, digamos, de catálogos más amplios
de los que hoy realmente existen. Se hace una mención muy específica
al training, a la necesidad de formar a nuestros profesionales, y también
se establece un apartado especial para la industria educativa, es decir,
se abre un nuevo mercado con las nuevas tecnologías en el campo
de la educación.
También habla de los mercados exteriores que potencialmente serían
receptivos a productos europeos. Dedica un especial capítulo al
papel que jugarían en toda esta política los sistemas públicos
de televisión y hace un análisis de los programas europeos
existentes y sus fondos.
Por resumir la situación, yo diría que el año 94
es el año del audiovisual por múltiples razones, desde las
convergencias tecnológicas hasta las obligaciones que nos quedan
en el GATT, dónde a pesar de lo que se ha dicho en ciertos medios
de comunicación hay mucho que hacer todavía.
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David Puttnam, miembro del grupo de trabajo del Libro Verde, definió,
muy acertadamente, la situación al considerar que estamos en un
momento oportuno. Tenemos la energía para empujar esta máquina
y tenemos que ganarnos la confianza. Y a eso él lo llama la carta
Eco (Energía, Confianza y Oportunidad).
Por eso considero que esta reunión en la que estamos aquí
es muy útil y me gustaría transmitiros un optimismo y un
posibilismo que debemos hacer llegar a toda la gente que trabaja con nosotros:
la necesidad de tener confianza en esta gran operación que va afectar
a muchas cosas de nuestra industria, pero que también tendrá
transcendencia en muchos otros temas, incluso en la propia unidad europea.
José Manuel Morán: Yo creo, siguiendo
un poco la línea argumental de Fernando Labrada, que ha descrito
muy someramente el Libro Verde y el documento del Think Tank, podíamos
estructurar el debate, si os parece, en torno a tres puntos: el diagnóstico
que hay en estos documentos; los instrumentos y políticas existentes,
y, finalmente, la vieja pregunta leninista, que ya no se lleva, de qué
hacer en estos momentos.
Por mi parte, tan sólo me cabe agradecer a Fernando sus palabras,
porque efectivamente es importante que esta reunión se celebre
en Telefónica, lo que era inimaginable hace tan sólo unos
meses cuando se empezó a hablar de estos temas en el ámbito
telefónico. Ahora, Francisco Javier Ros está aquí,
como responsable de audiovisual por Telefónica.
O, por ejemplo, José María Otero, que nos acompañó
recientemente en unas jornadas sobre Telecomunicaciones para fin de siglo.
Es ahora cuando yo creo que todas las operadoras se están dando
cuenta de que el gran reto va estar en los contenidos, en la industria
audiovisual, y que va a ser casi tan importante el dominio de los contenidos
como el dominio de las tecnologías con el cual se ha batallado
en estos años atrás.
Y esto es algo que está empezando a calar no sólo en las
operadoras sino también en los poderes públicos y de hecho
el debate que hay ahora, un debate soterrado sobre el nuevo marco de las
telecomunicaciones españolas, curiosamente empieza a tener ya un
capítulo de contenidos audiovisuales y de contenidos ideológicos
o de industrias culturales, cosa que era impensable también hace
unos meses.
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3. DIAGNÓSTICO ACTUAL DEL AUDIOVISUAL
Pedro Pérez: Intentando ceñirme a tu
propuesta, a mí me gustaría tan sólo introducir dentro
del diagnóstico actual la gran diferencia existente entre la industria
europea y la industria americana con respecto a los derechos de autor.
Yo creo que no está suficientemente reflejado en el documento el
cáncer que actualmente supone el tratamiento de los derechos de
autor para que la industria europea pueda competir en términos
de igualdad con la industria americana.
En este momento, a la hora de la explotación
de un producto audiovisual, bien en una televisión, bien en vídeo
o bien en salas o cualquier mercado que sea, resulta que si es una película
americana está absolutamente claro y fácil de ver quiénes
son los poseedores de tales derechos. En definitiva, se deja que tales
derechos reviertan inicialmente en el productor y que éste se entienda
con los autores de la obra. En Europa esto no ocurre, y yo creo que las
directivas que se están poniendo en marcha o que ya existen de
la Unión Europea con respecto a los derechos de autor son, me atrevería
a decir, un tremendo cáncer con respecto al futuro de la explotación
de estos productos.
Por lo demás, estoy muy de acuerdo con el diagnóstico que
se hace. Dejo una reflexión también de cara al futuro. Me
parece absolutamente increíble, en un momento en que todos los
estudios económicos hablan del crecimiento tremendo de la demanda
de productos audiovisuales, que en Europa estemos en las peores condiciones
para poder asumir ese incremento.
No nos podemos engañar. Aquí hay una extraordinaria guerra
comercial. El tema del GATT no ha sido más que una batalla de esa
guerra comercial. Se están tomando posiciones de cara al futuro.
Yo soy más optimista que Fernando Labrada en cuanto a si hemos
ganado o no la batalla, siempre y cuando reaccionen los Estados. Se ha
ganado una extraordinaria batalla con el tema del GATT. Se ha ganado porque
en este momento ya nadie puede chantajear como ocurrió en los últimos
momentos de la última negociación, en que el audiovisual
era moneda de cambio con respecto a otros temas.
Pero mi optimismo está condicionado simplemente a si hay fortaleza
o no por parte de los gobiernos europeos. Si la hay, en ningún
caso nos van a intentar imponer algo que en estos momentos no está
pactado. Si no la hay, como otras veces, obviamente, avasallarán.
José María Otero: Yo creo que
el grupo de reflexión hace un diagnóstico muy exacto y muy
real de la situación en Europa. Situación que, como ha remarcado
Pedro Pérez, es bastante triste en cuanto a la producción
de programas, y me parece que debido a los trabajos del grupo de reflexión
el Libro Verde cambia su acento y por primera vez veo más preocupadas
a las autoridades europeas en el aumento de la producción y en
la circulación de esta producción que en directivas o documentos
anteriores.
En relación al GATT creo que sí se ha ganado una batalla,
una batalla comercial. Pero que, desde luego, la evolución tecnológica
que habéis citado no cabe duda que da un respiro de cinco o diez
años, que es, me parece, el período que, por otra parte,
se recomienda en el grupo de reflexión para crear una industria
de producción de programas fuerte.
Ahora bien, para crear esa industria fuerte, uno de los criterios que
se desprende de estos trabajos es la captación de inversores, las
medidas fiscales. Pero, para ello, hay que conocer muy bien el mercado.
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Entonces, yo pondría también el acento
en la necesidad que se remarca, pero quizá no suficientemente,
de la transparencia del mercado, es decir: deben existir sistemas informativos
a nivel europeo que nos permitan conocer cuáles son los rendimientos.
Por otra parte, de poner el acento en algo, a mí me parece muy
importante la creación de distribuidoras a nivel europeo porque,
aunque sea grave el problema de producción se puede resolver y
se puede aumentar, pero venimos arrastrando el problema de la falta de
distribución de nuestros productos. Y esto nos afecta no sólo
a las producciones cinematográficas sino también a las producciones
televisuales, series, etc. No circulan lo suficiente en el mercado europeo
ni tampoco en el mercado internacional.
Ramón Gandarillas: Voy a comentar un
momento la alusión que hace Pedro Pérez al sistema a la
Ley de Derechos de Autor. Sobre las observaciones que él hace hay
que añadir una más: desde un punto de vista empresarial,
independientemente de los valores culturales del producto con el que trabajamos,
al final nos tenemos que plantear un esquema de explotación similar
a cualquier otra industria.
Hablo de los distribuidores, por ejemplo, con planes de explotación
a medio y largo plazo, no ya de la compañía en sí
misma, sino incluso de cada productor cuando uno toma los derechos de
explotación de un determinado producto.
Muy brevemente, se suele hacer un anticipo de un mínimo garantizado
a cambio del cual se toman los derechos de explotación de ese producto
en determinado territorio durante un tiempo determinado. Pero el sistema
de contrato va ligado a un sistema de royalties, por eso se llama mínimo
garantizado, porque es un anticipo a cuenta de los resultados que la explotación
comercial de ese producto pueda dar tanto en cine como en vídeo
o televisión, y sobre esos resultados las compañías
tienen luego que liquidar.
Y, cuando uno trata, con las nuevas perspectivas que tiene encima de la
mesa, de establecer cuál va a ser la cuenta de explotación,
por ejemplo de una película, que es el producto más claro
y el más neto y además sobre el que oscila ahora mismo el
volumen de mercado más importante, llega un momento en que no sabe,
no puede, no es capaz de proyectar cuáles van a ser los royalties,
los costes que podría generar la explotación de ese producto
en un futuro. Por esto yo ratifico absolutamente lo que dice Pedro Pérez.
Las dificultades con que nos encontramos alejarían a cualquier
grupo serio que pretendiera invertir en este sector como se invierte en
tantos otros y atenerse a las reglas del juego y a los contratos firmados.
Porque no sabrían lo que estaban firmando, es decir, porque se
encontrarían en situación de poder establecer una cuenta
de explotación con mucha dificultad y con unas variantes donde
un punto, dos puntos, tres puntos son importantes en el conjunto.
Hecha esa observación, debo decir que estoy también totalmente
de acuerdo con el diagnóstico. Aunque echo en falta una cosa: creo
que ahora hay un momento donde la cantidad se transforma en un valor cualitativo.
Entonces, a mí me parece que tanto en la pelea del GATT como en
el diagnóstico quedan perfectamente claros los criterios y algunas
valoraciones. Pero falta una cuantificación exacta de lo que significa,
primero, el volumen del mercado en sí mismo, del mercado europeo
y del mercado español en particular, donde es imposible ahora mismo
tratar de establecer el volumen de ventas.
Quedan más o menos claras las cuentas del cine. Se publican todos
los años por el Ministerio, independientemente de que haya o no
algunas cosas que mejorar en esas estadísticas.
Las cuentas del vídeo en el caso de España quedan bastante
claras en cuanto a volumen de mercado, por lo menos en los segmentos más
importantes de explotación. Vienen a rondar los cuarenta mil millones
de pesetas en mercado último de usuario, pero hay segmentos donde
la definición exacta es difícil.
Las cuentas de la televisión son imposibles de saber ahora mismo
por segmentos de mercado. Esto es ahora prácticamente inaccesible.
Pero de ahí se deriva otro daño, cuando estamos discutiendo
sobre los males que acucian al producto audiovisual europeo. Sobre la
pérdida de mercado que hemos tenido frente al producto americano.
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En general, al no tener cuantificadas las cosas
tampoco se puede poner encima de la mesa de las negociaciones realmente
de qué volumen de negocios se está hablando. Se habla de
porcentajes, se da una idea más o menos aproximada de ocupación
de tiempo, etc., pero no se habla al final de lo que se tendría
que hablar, que es de un volumen de dinero absolutamente impresionante.
Y que no sólo afecta a los grandes productos, porque el sistema
de distribución americano es tal, curiosamente, que beneficia más,
en proporción, a lo que podríamos llamar productos menores
o subproductos que a los productos mayores.
Pues bien, indudablemente quedan claras las cuentas de los grandes títulos,
de las grandes películas, de los grandes éxitos comerciales
y parece que es lo que nos entra por los ojos. Pero, si uno se para a
analizar los resultados que obtiene la producción americana en
el mercado europeo de los subproductos a base de la explotación,
fundamentalmente en vídeo y televisión, nos quedaríamos
impresionados: cómo de producciones de seiscientos, setecientos,
ochocientos mil dólares de costes de producción, se están
obteniendo fuera del mercado americano el sesenta y el ochenta por ciento
de los resultados.
Yo no sé si en un libro de este tipo, hay lugar a las cuantificaciones,
pero a mí me parece que en este caso las cuantificaciones son cualificaciones,
es decir, que están claros los criterios, pero llega un momento
en que las cifras son algo más.
Enrique Laucirica: Me parece que hay pocas dudas
sobre el diagnóstico, que es inapelable en cualquier caso. Porque,
se mire por donde se mire, la situación de crisis del audiovisual
en Europa y en España viene de un competidor que es mucho más
fuerte que la industria europea, porque ofrece productos de mejor calidad,
más baratos, del gusto del público europeo, aunque sean
americanos, y con una distribución absolutamente garantizada en
Europa, cosa que no sucede con los propios productos europeos.
Los productos europeos tienen graves dificultades para distribuirse en
su mercado natural, que es el comunitario, en cambio los americanos tienen
todas las facilidades del mundo porque han sabido crear unos canales de
distribución absolutamente competitivos y masivos dentro del mercado
televisivo.
Y lo que me gustaría señalar es un peligro que percibo personalmente
de cara a la aplicación posterior de todas estas normativas que
surgen de la comunidad, la directiva de la televisión sin fronteras,
el Libro Verde, etc. que puede ser la implantación de nuestros
competidores en Europa, si no actuamos rápidamente en crear industria
competitiva.
Probablemente en estos momentos los productores europeos, por falta de
un desarrollo rápido y armonioso de la legislación, están
paralizados y a la expectativa, mientras que los americanos ya se están
moviendo para presentarse como socios de los productores europeos y volverán
a dominar el mercado europeo desde esta otra modalidad oportunista.
Javier Ros Martínez: Lógicamente, poco
podemos aportar desde el punto de vista de nuestra experiencia a lo que
está muy lejos de ser nuestro core business. Simplemente, una pequeña
reflexión sobre el hecho de que este estudio lógicamente
se circunscribe al entorno europeo, pero que España tiene un mercado
natural muy grande en Hispanoamérica. Y en este caso nosotros como
empresa también tenemos un mercado ahí muy importante, donde
pudiera haber una sinergia entre ambos. Me gustaría que reflexionáramos
sobre de qué manera las medidas promotoras del desarrollo del audiovisual
europeo deberían contemplar el cauce natural hacia ese continente.
4. CRISIS DE PRODUCTOS TRANSNACIONALES
Enrique Balmaseda: Desde mi punto de vista, el diagnóstico
de la industria europea de programas es de extremo riesgo. Y lo es por
razones bastante evidentes.
Si se analiza Europa como región mundial, región más
desarrollada económicamente y de mayor nivel cultural, con mayor
capacidad industrial en distintos aspectos, de profesionales magníficamente
cualificados con una enorme tradición en su propia cinematografía,
y no ausente de talentos, debería de ocupar probablemente el primer
lugar. Y, sin embargo, en cada país europeo la industria está
perdiendo cuotas de mercado y es cada vez más incapaz de competir
con la industria extraeuropea.
De todas maneras, cuando se habla de crisis de la industria europea de
programas yo creo que habría que matizar. La crisis es relativa.
Y desde luego no existe a nivel local. La producción local en Europa
es altísima. Solamente las televisiones públicas de acuerdo
con los datos que publica la UER producen más de cien mil horas
al año. Evidentemente, ahí se incluyen programas de todo
tipo. Pero es una cifra verdaderamente impresionante, y que no permitiría
hablar de crisis. Donde, a mi juicio, hay una crisis profunda, cada vez
más acentuada, es en lo que podríamos denominar la producción
con capacidad de captar audiencias transnacionales. Ahí es verdaderamente
en dónde se produce el declive manifiesto, constante y casi vertiginoso
de los últimos años.
Entre los datos que aparecen en el informe del grupo de reflexión,
hay un estudio extremadamente interesante, elaborado por la Media Business
School, sobre la difusión de producción europea en horarios
de prime time en las principales televisiones europeas. Ahí se
ve -con datos- cómo hay una producción local bastante alta
en términos generales en esas horas y, sin embargo, la producción
de los restantes países europeos es prácticamente inexistente.
Y esto es para mí un dato fundamental y extraordinariamente elocuente.
Otro fenómeno que se ha producido en Europa es la desaparición
de las estructuras de distribución transnacionales. Nunca fueron
demasiado potentes, pero tampoco nunca han sido tan débiles como
en la actualidad. De tal manera que si la producción audiovisual
necesita amortizar sus elevados costes en espacios transnacionales, mientras
no existan esas estructuras de distribución, difícilmente
se podrá lograr ese objetivo.
De manera que, a mi juicio y en resumen, el diagnóstico es un profundo
desequilibrio en tres aspectos fundamentales: en cuanto a políticas
de fomento,que, hoy por hoy, en Europa están centradas a nivel
nacional y son prácticamente inexistentes a nivel de la unidad
europea; desequilibrio en la producción, que es muy elevada, insisto,
a nivel local y muy débil a nivel transnacional, y desequilibrio
en las estructuras de distribución a escala europea.
Fernando Labrada: En primer lugar, una cuestión
absolutamente puntual, porque probablemente no me expresé adecuadamente.
Entiendo, respecto a lo que decía Pedro Pérez, que en el
GATT tenemos que negociar todavía. Indudablemente la primera victoria
está ganada, es decir, la presión de aquellos días
de diciembre pasó, afortunadamente, y se ha aplazado en el tiempo.
Pero yo creo que esta nueva situación nos obliga mucho y entiendo
que el Libro Verde y toda la política audiovisual europea tiene
que estar orientada a esa negociación próxima.
Yo quería unir las dos reflexiones que han hecho José María
Otero y Ramón Gandarillas con relación a la transparencia
de datos y las cuantificaciones de la industria. Nosotros os podemos decir
que para elaborar el informe de los expertos hemos tenido enormes dificultades
para poder obtener datos fidedignos. El problema en Europa no es que no
haya datos, sino que es difícil que sean fiables.
Un dato que ha estado en el ambiente en nuestro grupo de reflexión
es que la producción de la televisión pública suma
un millón y medio de horas de programas de ficción, cuyos
derechos están completamente fragmentados y que, por tanto, no
se pueden utilizar en un sentido global europeo.
Europa ha producido en todos estos años, ahora que vamos a celebrar
el centenario del cine, treinta mil películas de largometraje.
Pero pertenecen a productoras también completamente fragmentadas.
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Como señalamos en el grupo de expertos, si
una televisión europea necesita quinientas horas de ficción
estadounidense, no tiene más que poner un fax a un determinado
lugar, pero si un distribuidor americano necesita quinientas películas
europeas, necesita quinientos fax. Es otro de los grandes problemas.
En esta situación, el grupo de expertos plantea en sus recomendaciones
que, si en Europa se producen entre quinientas y seiscientas películas
al año,cantidad igual o muy parecida a la americana en su totalidad,
pretendemos con estas medidas que cien películas sean transnacionales
y mil horas de televisión de ficción sean transnacionales.
Esos serían los grandes números que resumen los objetivos
futuros.
José Manuel Morán: Antes se
ha apuntado que la tecnología nos va a dar un margen de cinco o
diez años para crear una industria de producción, pero yo
discrepo completamente, porque creo que la tecnología nos va a
llevar a un acelerón tremendo. En un seminario organizado por Fundesco
en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) en noviembre
pasado estábamos todavía hablando de qué era eso
del vídeo bajo demanda, pero hoy día ya empieza a ser una
realidad en muchos países.
Las concesiones de las televisiones por cable en Europa las estamos concibiendo
de una determinada manera, pero posiblemente dentro de dos años
el sistema funcione de otra forma todavía más avanzada.
Y esto va a obligar a tener una industria de producción muy potente
para poder responder a esa demanda masiva.
De igual modo, si hace tres años nos hubieran hablado de que Telefónica
se podía estar planteando pasar por sus dos hilos de cobre una
serie de películas mediante una marcación telefónica
y con un aparato encima del televisor, hubiéramos pensado que estábamos
hablando de algo absolutamente de ficción. Pero hoy en día
es una realidad que esta ahí, y que obliga a acelerar el tema de
la industria de la producción.
Todo ello exige poner en marcha urgentemente una legislación, una
regulación que está todavía en pañales.
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José María Otero: Yo me refería
anteriormente a que la batalla del GATT podemos haberla ganado, según
algunos, o podemos haberla perdido, según otras versiones, pero
que de todas formas, aunque la hubiésemos ganado, la evolución
tecnológica siempre va a limitar una política proteccionista.
Es decir, que aunque quisiéramos implantar una política
proteccionista, ésta tendría un margen de duración
máximo de cuatro o cinco años, de diez no, pero al final
las nuevas tecnologías barrerían de manera práctica
o fáctica la protección legislativa que tuviésemos.
El valor del Libro Verde y del grupo de reflexión es que han tenido
en cuenta esta realidad, y por eso han puesto el acento en incrementar
la producción, en reforzar la industria audiovisual europea con
toda una serie de recomendaciones cara a este futuro tecnológico.
Ramón Gandarillas: Yo también
creo que la tecnología que tenemos ahí delante no sólo
no va a venir a paliar el problema que se plantea para los productos europeos,
sino que fundamentalmente lo va a agravar a corto plazo. Porque esa tecnología
de los distintos sistemas de distribución que se está ya
ensayando, bajo demanda, ha desatado una guerra absolutamente urgente
y violenta sobre la adquisición de derechos, a base de comprar
grandes librerías que son por muchas razones las que van a soportar
en una primera tacada de años la posible alimentación de
la demanda que pueda surgir con las nuevas tecnologías.
El primer riesgo es que el mercado emergente vaya a canibalizar los mercados
ya existentes. Porque si no queremos acabar del todo con la distribución
cinematográfica habrá que darle un período de explotación
al vídeo, alquiler y venta, a los canales de pago de televisión,
a las televisiones libres. Cada medio tendrá que exigir respecto
a su tiempo, y al final deben aparecer, como último mercado de
explotación, algunas de las nuevas ventanas.
Pedro Pérez: En primer lugar, es muy diferente el papel
del productor europeo al papel del productor americano. Es decir, yo creo
que no está suficientemente aclarado que el productor independiente,
al margen de los canales de televisión o al margen de esas grandes
líneas multimedia, tiene un papel perfectamente definido en los
Estados Unidos, que no tiene en Europa.
En segundo lugar, tendremos que entrar en la diversidad de la oferta que
en este momento tiene América del Norte con respecto a Europa y
se basa en cuatro puntos: esas compañías pueden establecer
estrategias a largo plazo, cosa que no ocurre en Europa; en segundo lugar,
en cuanto a producto, pueden diversificar riesgos; en tercer lugar está
la constitución de redes mundiales de comercialización,
y, en cuarto lugar, precisamente por esa gran variedad de productos pueden
constituir catálogos.
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Otro punto importante, como indicaba antes, es reequilibrar la relación
en Europa entre el productor y el difusor, entre el canal de televisión
y el productor independiente. Aquí, el canal de televisión
normalmente tiene que hacer el papel del productor por la inexistencia
de productores independientes. Pero si tuviéramos claro el equilibrio
entre el productor independiente y el canal de televisión y cada
uno se dedicara a lo suyo, esto podría permitir que el productor
independiente empezara a actuar de una manera distinta, dimensionando
su actividad de la manera que yo creo que tendría que tener tal
producto. Yo creo que cada uno tiene que tener su función, y si
no existen canales fuertes y empresas de producción fuertes, mal
vamos, porque el esquema no funciona.
Ramón Gandarillas: La paradoja es que
yo no conozco ninguna distribuidora europea ni grande, ni mediana, ni
pequeña, en ninguno de los segmentos de mercado, que ahora mismo
no sea sustancialmente dependiente del producto americano. Es decir, nos
han convertido en subagentes porque la única capacidad de supervivencia
de cada empresa que opera en el mercado es el producto americano. Es decir,
como los distribuidores no incorporen a sus listas constantes productos
americanos y no necesariamente de primerísimo valor comercial,
apenas tienen capacidad operativa.
El problema es, por tanto, ver cómo reconvertimos a todo un sistema
de distribución que depende de un producto que, en principio, es
lo contrario de lo que nos gustaría diseñar estratégicamente.
José María Otero: Sólo quería
hacer un matiz a la visión de Pedro Pérez sobre una separación
tan rotunda entre difusores y productores. Me parece bien desde el punto
de vista de productores independientes en relación al cine y a
la actual situación de las televisiones generalistas. Pero me da
la sensación de que con la aparición de otro tipo de canales
de explotación se puede tender más a la existencia de grupos
multimedia y ahí puede existir una alianza entre determinadas televisiones
y la producción. Esto no quiere decir que el productor independiente
no mantenga toda su independencia, pero existen campos, documentales,
series, etc., en que lógicamente puede haber una coordinación
o una alianza.
LAS CAUSAS DE LOS DESEQUILIBRIOS
Enrique Balmaseda: A mi juicio, algunos de
los esquemas que se han expuesto anteriormente no son determinantes; por
ejemplo, la cuestión de los derechos de autor, aunque comprendo
perfectamente que a quienes trabajan en el sector de la producción
o distribución les preocupe. Pero no creo, insisto, que sea un
factor determinante. Yo tengo una experiencia curiosa, la de participar
en el grupo de trabajo que elaboró la Ley de Propiedad Intelectual
en España, para, prácticamente al terminar la Ley, volver
a Televisión Española como asesor jurídico. Entonces
ahí obtuve la doble visión. Y es verdad que hay que ser
enormemente prudentes a la hora de establecer derechos si no se analizan
desde el punto de vista de su impacto económico. Pero creo que
es perfectamente compatible mantener una industria competitiva con el
respeto de los principios fundamentales del derecho de autor europeo.
Otra de las causas que se suele alegar es que Europa
es víctima del abuso de posición dominante por parte de
la industria norteamericana. Es evidente que toda situación de
posición dominante lleva implícito el riesgo de abuso. Pero
tampoco me parece que sea un factor determinante en este caso. Probablemente,
incluso en el supuesto de que se eliminara cualquier abuso efectivo por
parte de la industria extraeuropea o americana, la industria norteamericana
seguiría dominando el mercado europeo.
A mi juicio, la causa fundamental de la situación en la que nos
encontramos viene por el desarrollo de las políticas de fomento
que se han venido aplicando en Europa en estos últimos años.
Y ahí asumo la parte de responsabilidad que me corresponde, en
la medida en que he sido responsable de alguna área de estas políticas.
El problema es que las políticas que se han desarrollado son fundamentalmente
de carácter nacional. Entonces ahí se acaba imponiendo la
lógica política, por decirlo de alguna manera. Y cuando
se está en un puesto de responsabilidad en esta área prima
la necesidad de resolver los problemas nacionales.
La inmensa mayoría de los recursos públicos
que se señalan en Europa son de carácter nacional. Hay una
cifra verdaderamente impresionante en las televisiones, por ejemplo. Las
televisiones públicas en Europa tienen anualmente una financiación
pública que supera los diez mil millones de ECU, casi dos billones
de pesetas al año. Mientras que el Programa MEDIA de la comunidad
europea destina anualmente unos seis mil millones de pesetas.
Otro aspecto que a mi juicio ha sido determinante es que el debate sobre
la política audiovisual en Europa ha estado extraordinariamente
centrado en factores ideológicos. Por una parte, desde posiciones
de izquierda se ha defendido, casi por principio, al sector público,
pero no se ha entrado a analizar otros aspectos fundamentales, como cuál
es la misión del servicio público en un régimen de
competencia. Por otro lado, la derecha política o los intereses
empresariales privados han defendido que funcione simplemente el mercado.
Creo que esto es también un profundo error
por dos razones: primero, porque no es verdad (si realmente se dejara
en Europa el sector audiovisual exclusivamente al azar del mercado, lo
primero que no existiría serían televisiones privadas europeas),
y, en segundo lugar, porque, hoy por hoy, si se dejara la industria de
programas europea en manos exclusivamente del mercado es obvio que no
podría sobrevivir de ninguna manera.
Pedro Pérez: Me resulta bastante provocadora
la intervención de Enrique Balmaseda, porque yo creo que hay que
empezar diciendo, en primer lugar,que hay soluciones, que no estamos hablando
ni mucho menos de un sector en el que necesariamente haya que batirse
en retirada. Y, además, como decíamos hace unos días
a los gestores que mueven el crédito oficial en este país,
el sector audiovisual es un sector claramente en crecimiento, donde si
hay algo asegurado es que la demanda se va a multiplicar por cinco en
los próximos años.
Y debo añadir, además, que en el producto
audiovisual funciona tremendamente la economía de escala: hasta
ciertos costes un producto siempre estará llamado a ser deficitario,
a partir de ciertos costes, y haciéndolo correctamente, ese mismo
productor puede saltar a ciertos mercados, y realizar una explotación
distinta y conseguir una rentabilidad clara.
Yo no pretendo que se establezcan medidas proteccionistas, salvo en una
etapa inicial. Creo que estamos en Europa en un momento constituyente
de lo que tiene que ser la industria audiovisual de futuro, y que, por
lo tanto, habría que analizar si hay oportunidad de negocio dentro
de este sector, y cuánto tiene que ser la inversión inicial
dentro de este negocio. Yo estoy convencido de que la respuesta es que
sí es rentable, y eso va a significar que durante los próximos
años haya que engrasar la maquinaría con muchos miles y
miles de millones de ECU. Ese es el problema, que lo que estamos haciendo,
hasta ahora, es poner simplemente pequeños parches, en cada uno
de los países, y además de manera no coordinada.
Por lo tanto, yo siento tener que decir que esto es un tema fundamentalmente
económico, y que bajo esas consideraciones es cuando hay que hablar
de la cultura europea, no de preservar una película para que luego
no la vea nadie.
Ramón Gandarillas: Yo sobre este tema no tengo
las ideas muy claras, pero hay una palabra clave que utilizan mucho los
americanos en este negocio, que es talento, y lo aplican en un doble sentido:
tanto al personal que interviene en la fase creativa del producto, como
en la gestión, con casos llamativos, como es el caso Disney.
También tengo muchas dudas sobre las estructuras
de gestión y financiera, tanto en la producción como en
la distribución. Conocemos todos ejemplos producidos en otros países,
donde no parece que en principio el déficit fuera financiero; asociaciones
realizadas en Europa para producir y distribuir productos con clara vocación
transnacional, incluso con vocación de llegar al mercado americano,
como la de Berlusconi-Cecchi-Gori, que han obtenido absolutos fracasos
en la persecución de sus objetivos.
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Pero no cabe duda de que si tenemos un déficit
de algo, y aquí hablo específicamente del mercado español,
es de estructuras financieras. Es decir, una película no se puede
planificar pensando que se tiene que amortizar en la primera explotación
de taquilla. Se tendrá que contemplar en una dimensión de
explotación global por lo menos a cinco años, que sería
una explotación razonable en el tiempo. Y, evidentemente, si una
compañía pudiera planificar tres o cuatro películas
al año, con una perspectiva financiera que le permitiera prever
los distintos posibles resultados de la primera explotación, sería
casi imposible que ninguna película acabara siendo deficitaria.
Por eso digo que tanto en causas como en soluciones no tengo muy claro
por donde van, aunque es evidente que todo pasa por las culturas financieras
que permitan crear estructuras adecuadas de gerencia, tanto de la producción
como de la distribución.
María Cruz Alonso: A lo mejor el problema
es que aquí no se hace un buen cine y había que plantear
el tema de otra forma, aunque lo que siempre se dice es que no hay ayuda.
Pero se ha apuntado el problema de la falta de talento, y también
habría que replanteárselo.
Ahora bien, sólo por puntualizar, lo que yo
conozco de la pequeña industria de la producción y la distribución
está basada en la capacidad de crédito personal y poco más.
Respecto al talento, mi convicción personal
es que da igual hacer buenas películas que malas: mientras estén
cegados los canales de distribución, pocas posibilidades hay de
que se acceda a la distribución internacional. Pero bien es verdad
que cuando aparece de forma llamativa el talento, ese producto puntual
y concreto, salta todas las barreras y obtiene los resultados, el último
ejemplo lo hemos tenido con Belle Epoque, y la obra de Pedro Almodóvar
también está ahí.
Insisto, es mi opinión, aquí se hacen
películas buenas y malas, como en América; la diferencia
es que ellos venden las buenas, las regulares y las malas, y aquí
sólo vendemos las buenas.
Es decir, no creo que se pueda hacer un análisis de esta industria
diciendo sinceramente que falta talento con respecto a otras cinematografías.
6. LOS INSTRUMENTOS DEL FUTURO
Enrique Laucirica: Antes se ha hecho un diagnóstico
del tema que nos ocupa lo suficientemente preciso como para ir puntualizando.
En primer lugar, la distribución está mal, y en parte hace
que la industria pase las dificultades que está sufriendo; pero,
en segundo lugar, la producción también es un problema,
porque los presupuestos estadounidenses pueden fácilmente llegar
a ser 10 ó 20 veces los de una película española.
Y en tercer lugar, están las televisiones, tanto públicas
como privadas, que sufren una crisis económica, por falta de ingresos
publicitarios, y por unos presupuestos seguramente desmesurados y agravados
por la competencia.
Seguramente la única solución a todo
esto es introducir nuevos agentes en este negocio, que por otra parte
puede llegar a ser muy atractivo, porque el crédito oficial parece
que no muestra interés. Yo lo confieso. En el momento en que he
entrado aquí y me han presentado a Javier Ros Martínez,
director de Desarrollo de Nuevos Servicios de Telefónica, la primera
pregunta que le he hecho es:
¿Telefónica está interesada en invertir en productos
audiovisuales?, ¿podemos empezar a hablar de que Telefónica,
como nuevo agente de esta industria, puede comenzar a financiar productos
audiovisuales de forma que consiga una rentabilidad futura, a cuatro o
cinco años, mediante su difusión por nuevos sistemas y tecnologías,
que está desarrollando en este momento, y que esto permita a su
vez a los productores contar con una financiación complementaria?
Probablemente, la posibilidad fundamental que nos
queda en este modelo es que las instituciones públicas no subvencionen
directamente, sino que incentiven y fomenten la introducción de
nuevos agentes en esta industria, de compañías, de inversores,
que vean una rentabilidad a medio o largo plazo en los productos audiovisuales
y que estén dispuestos a apostar por esta industria de futuro.
La solidez que puede dar este tipo de compañías a las estructuras
de producción, haría realmente viable el establecimiento
de una industria audiovisual europea competitiva.
Javier Ros Martínez: Dado que tanto
el marco legal como el posible campo de actuación que la futura
ley de TV por cable va a permitir a Telefónica están aún
por definir, no parece lógico que ésta tenga ya decidida
cuál va a ser su estrategia por lo que respecta a la creación
de contenidos. No obstante, y a título meramente indicativo, puede
observarse el planteamiento que están siguiendo algunos operadores
relevantes en los Estados Unidos (por ejemplo, US West, Bell Atlantic,
Nynex). Parece que estas operadoras, de una u otra forma, están
tendiendo a tener acceso a catálogos completos de películas
(de la Warner, de la Paramount, etc.), prefiriendo disponer de derechos
de un amplio número de películas con resultado comercial
conocido y posibilidad de rellenar muchas horas de programación,
antes que aventurarse en pocos proyectos de alto riesgo, dado que ése
es un campo muy específico y alejado de la actividad que domina
un operador de telecomunicación.
José María Otero: Yo quería
dejar claro que Procine no ha solicitado medidas proteccionistas, sino
estímulos fiscales y, de acuerdo con el Libro Verde, un plan de
acción a nivel europeo, puesto que todo intento aislado de cada
país, como hemos visto, puede estar condenado al fracaso.
Me gustaría además señalar que
no tenemos ningún ambiente de pesimismo, porque aunque la situación
a nivel de producción es baja, y faltan canales de distribución
en Europa, el panorama es altamente favorable en cuanto a demanda y en
cuanto a posibilidades de reaccionar. Por eso la existencia de una acción
y unos presupuestos a nivel europeo puede relanzar, por una parte, la
producción con el fondo de préstamos a bajo interés,
y generar 3, 4 ó 5 grandes grupos europeos de distribución
que resolverían los problemas que se han estado mencionando la
falta de circulación de las obras europeas.
En cuanto a la existencia de una cultura financiera, en el Libro Verde
y en el trabajo de reflexión ya se apunta que deben existir estímulos,
principalmente los que pueden ser más armónicos para todos
los países, que son las desgravaciones y los estímulos fiscales.
En España, a este respecto, se implantó tímidamente
en la ley presupuestaria de este año un 10 por ciento de desgravación
a la inversión en producción, pero desde luego que es un
camino que se debe seguir, estudiando todas las posibilidades que hagan
atractivo el invertir en producción.
Por concluir, creo que el camino que marca el Libro
Verde en cuanto la necesidad de un plan europeo y una armonización
de las legislaciones en los países comunitarios es una acción
conjunta imprescindible si se quiere realmente responder a la demanda
y llegar a los objetivos que aquí se han planteado.
Enrique Balmaseda: Ateniéndome al título
de la convocatoria de hoy, que es España ante la política
audiovisual europea, debo decir que estoy completamente de acuerdo con
lo que ha dicho Pedro Pérez: me parece que es bastante evidente
que en un plazo breve deberíamos contar en Europa con una industria
de programas autofinanciada y competitiva. La pregunta es: ¿cuál
es la opción estratégica más acertada? y ¿qué
hace falta que no hay? A mi juicio es muy sencillo contestar: es decir,
no hay producción, o no hay suficiente producción capaz
de traspasar las fronteras nacionales, y no hay fundamentalmente estructuras
de distribución. Pues, en definitiva, establézcanse mecanismos
de carácter económico, que estimulen a quienes quieran producir
ese tipo de obras o crear esas redes de distribución.
José Manuel Morán: Yo quisiera
hacer algunas pequeñas matizaciones que a lo mejor podrían
servir de cierre de esta reunión y de apertura a otros futuros
debates.
Porque a mí me parece que si los bancos tienen
reticencias, las operadoras de telecomunicaciones tienen todavía
una serie de dudas sobre el sector audiovisual. Es decir, todos intuimos
que este sector va a crecer, lo dice el Libro Verde, y que esto va a generar
muchos empleos, pero lo cierto es que hay una serie de reticencias porque
quizás todavía no se entendido bien que estas industrias
culturales dependen mucho más de la creatividad y de la imaginación.
Otro tema es: ¿Va a haber tanto interés
y vamos a tener unas sociedades tan desarrolladas que estarán dispuestas
a pagar tanto por los contenidos culturales? Porque nos podemos encontrar
ante una sociedad que no demande productos culturales en la medida de
las capacidades de las autopistas que tengamos.
Lo que sí es seguro es que empieza a haber
una preocupación manifiesta en todas las operadoras por este tema.
Lo cual es muy importante, porque hasta hace unos meses ni existía.
Y no sólo en las operadoras, porque me consta que la propia Presidencia
de Gobierno está discutiendo de alguna manera hacia dónde
va el sector de las telecomunicaciones. Curiosamente, en algunos de los
documentos reservados que se han manejado, algunos expertos están
descubriendo el potencial de mercado de contenidos culturales que habría
detrás de nuestras redes, que era un poco lo que apuntaba antes
Javier Ros al hablar de Iberoamérica, están descubriendo
lo que yo llamo el papel estratégico de la lengua del Imperio,
hasta el punto de que descubren que el castellano puede ser un arma sobre
la cual montar toda una estrategia audiovisual, y una estrategia también
de tecnología en telecomunicaciones, y una estrategia de satélites.
Por todo ello, creo que sería muy interesante
que esta reunión abriera a debates posteriores especializados que
Fundesco está dispuesta a promover.
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