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Sinergias tecnológicas, industriales, culturales ... Las
estrechas relaciones entre comunicación y deporte en la sociedad
contemporánea abarcan numerosos ámbitos. Su complejidad
y riqueza excluyen toda simplificación y esquematismo.
La importancia y la profundidad de las relaciones entre comunicación
y deporte ha sido calificada en diversos estudios sociológicos
como un "matrimonio de intereses". En este Cuaderno Central
se utiliza también la expresión "sinergias"
para expresar esta relación y cooperación, de forma
mas tecnológica o industrial.
Las relaciones entre comunicación y deporte en la sociedad
contemporánea son tan importantes y complejas que su estudio
incluso nos permite descubrir las condiciones en las que se desarrolla
la moderna industria de la cultura y de la comunicación.
El análisis del papel del deporte en los medios de comunicación
puede llegar a ser tan representativo como pueda serlo el análisis
de otros grandes fenómenos de la comunicación moderna,
como la ficción televisiva o la publicidad.
Los artículos aquí recopilados muestran la importancia
cuantitativa que ha adquirido la presencia del deporte en los medios
de comunicación modernos: número de periódicos
especializados, número de páginas dedicadas al deporte,
cadenas de televisión deportivas, programación deportiva
en la radio y en la televisión, importancia del deporte en
las estrategias de publicidad y de promoción, etc.
Pero en este Cuaderno Central también se demuestra que esta
importancia no es sólo cuantitativa, industrial o económica,
sino que también es cultural. Los medios de comunicación
no sólo difunden los valores y los usos sociales del deporte,
sino que los transforman, implicando a millones de personas que
nunca han practicado ni practicarán deporte: los espectadores
y sobre todo los telespectadores.
EL DEPORTE, RITUAL DE NUESTRO
TIEMPO
El deporte es uno de los fenómenos más populares de
nuestro tiempo. Sus protagonistas, los atletas, pero ahora también
los directivos, constituyen fuentes inagotables para la construcción
de historias para ser narradas. El deporte es una fuente inagotable
de personajes y de argumentos para los medios de comunicación
modernos. Las modernas historias sobre la bondad y la maldad, el
éxito y el fracaso, la suerte y la desgracia, la victoria
y la derrota, lo propio y lo ajeno, la identidad colectiva, encuentran
en la narración deportiva sus expresiones mas populares.
Las necesidades de identificación de
los grupos y de las naciones también encuentra en el deporte
una de sus mejores formas de actualización.
Por esto el análisis del fenómeno
social del deporte debe desbordar el análisis de sus discursos
(de sus contenidos) porque estos contenidos se expresan en acciones
sociales verdaderamente excepcionales: rituales y fiestas masivas
(banderas, bufandas, gritos, cánticos, llegadas y salidas
multitudinarias, etc.) (1).
Estos rituales y fiestas no son exclusivos
de los espectadores deportivos, también afectan a las audiencias
televisivas, a los telespectadores (Rothenbuhler, Katz, etc.). En
la televisión también se celebra el deporte como un
ritual para escapar de la rutina diaria, tal vez no con la misma
intensidad que afecta al espectador en vivo, pero sí de alguna
forma, en su propio espacio doméstico, en la butaca, en compañía
de otros familiares o amigos, con la cerveza, buscando la excepcionalidad.
El papel del deporte en la sociedad contemporánea
trasciende con mucho el ámbito de la actividad física
para implicar, decididamente, el ámbito de la cultura cotidiana
con el deporte espectáculo.
El análisis sociológico de este
fenómeno debe superar algunos prejuicios. En primer lugar
el esquema simplista del pan y circo, y ello por las mismas razones
que el análisis cultural ha dejado de utilizar el concepto
"alienación" como clave única de interpretación
de los símbolos y de las prácticas culturales populares.
Entre nosotros, y ahora podemos recordarlo,
se llegó a suponer que con la democracia -después
del franquismo- disminuiría la pasión y la popularidad
del fútbol. Lo que ha sucedido ha sido todo lo contrario:
los estadios se han ampliado, y si los espectadores han disminuido
esto sólo ha sido como consecuencia de que los telespectadores
se han multiplicado.
Algunos sectores del mundo del deporte miran
con recelo este proceso. Interpretan el deporte espectáculo
como algo ajeno, incluso como algo contrario al verdadero deporte.
Tienen algunas razones para ello porque el uso del deporte en los
medios de comunicación también debe ser objeto de
interpretación cultural y de interpretación crítica,
como cualquier otro aspecto de la cultura de masas. Lo que ya no
es posible es interpretar el deporte moderno al margen de esta realidad.
Los defensores del papel de los medios en el
deporte, entendido como actividad física, han argumentado
que los medios son agentes promotores de deportistas y de afición
para determinados deportes. Se ha dicho que los ídolos creados
por la televisión crean afición. Pero el análisis
de la relación entre comunicación y deporte debe hacerse
desde una óptica mucho más amplia que nos permita
interpretar el papel que tiene el deporte en nuestro imaginario
y en la organización de nuestra vida cotidiana.
Es cierto que los medios son el lugar donde
se expresan (y pueden promoverse) los valores del deporte, pero
también es cierto que es precisamente en el deporte donde
se producen y se expresan algunos de los grandes valores de la sociedad
contemporánea.
Veamos ahora esta influencia, desde dos puntos
de vista complementarios: la que ejercen los medios de comunicación
sobre el deporte y la que ejerce el deporte sobre los medios de
comunicación.
EL DEPORTE Y SU INFLUENCIA
EN LOS MEDIOS
La influencia que el deporte ejerce en los medios de comunicación
se manifiesta principalmente en su programación y en su economía.
No obstante también podemos descubrir esta influencia en
otros importantes aspectos tales como la tecnología o el
prestigio de las instituciones mediáticas.
Así, por ejemplo, el deporte, como consecuencia
de su dimensión global, ha sido uno de los principales protagonistas
de los procesos de implantación de las tecnologías
en la comunicación contemporánea (uso de los satélites,
del vídeo, de las cámaras especiales). La consolidación
de algunas cadenas de televisión y su popularidad se ha debido
en parte a su protagonismo en la cobertura de grandes acontecimientos
deportivos.
Por lo que respecta a la influencia del deporte
en la programación de los mass media, debe señalarse
que aquél constituye una fuente inagotable de noticias para
los medios, de una clase de noticias de gran interés popular,
de alguna manera compensatorias o alternativas de las informaciones
de actualidad siempre más conflictivas.
El deporte, primero en el caso de la radio
y más recientemente en el de la televisión, ha sido
también una fuente inagotable de programas, de transmisiones
en directo o en diferido que, como se indica en el artículo
de E. García, M. de Moragas y M. Gómez, representa
una parte cada día más importante del total de la
emisión televisiva moderna.
El deporte tiene numerosas ventajas y atractivos
para los programadores de la radio y de la televisión, al
tratarse de programas relativamente baratos, de limitada complejidad
productiva y de alta rentabilidad por sus audiencias. Tal y como
demuestran Carroggio, Bourg y Nys en sus artículos, el deporte
representa importantes valores añadidos para las estrategias
económicas, tanto de los anunciantes como de las cadenas
de televisión.
Las condiciones de la nueva ecología
de la comunicación (necesidad de rapidez en la percepción
de los mensajes publicitarios, impacto en los públicos (targets)
con alta capacidad adquisitiva, calidad de imagen, competitividad
entre cadenas, alternancia en el interés por lo local y lo
global, etc.) reforzará aún más en el futuro
esta aportación del deporte a las economías y a la
programación de las televisiones.
LOS MEDIOS Y SU INFLUENCIA EN EL DEPORTE
Pero si los medios de comunicación reciben una importante
influencia por parte del deporte, esta influencia es aún
mayor en el caso contrario, en la que ejercen los medios sobre el
deporte.
Hasta los años setenta el deporte mantuvo
una cierta autonomía respecto de los mass media. Estos influían
en el deporte de la misma manera que podían hacerlo sobre
otras instituciones sociales, como la economía, la política
o la cultura.
Pero estas influencias cambiaron radicalmente
cuando los medios desbordaron el ámbito de la información
sobre el deporte para empezar a ser protagonistas ellos mismos del
deporte con las transmisiones en directo. Desde este momento los
mass media no sólo fueron intérpretes o informadores
de las actividades deportivas, sino que se convirtieron en auténticos
coautores. Para decirlo de una forma gráfica: los cambios
empezaron a ser radicales cuando los estadios se convirtieron en
platós de televisión.
En este momento se inicia el proceso de adaptación
de los calendarios deportivos nacionales e internacionales a las
exigencias del calendario de los mass media, especialmente de la
televisión.
Se busca la periodización y se evita
el solapamiento entre acontecimientos. Se internacionaliza el calendario,
los deportes occidentales se popularizan en los países orientales,
la llegada de la televisión cambia en muchos países
el índice de popularidad de los deportes. Poco a poco se
produce la adaptación de los horarios del deporte a las exigencias
o prioridades horarias de los mass media, especialmente a la "hora
óptima de audiencia" (prime time (2)) de la televisión.
Esta nueva situación afecta también
a los aspectos culturales más profundos de las relaciones
entre los ciudadanos y el deporte. Se incrementa notablemente el
triunfalismo de la victoria, que ahora se magnifica como acontecimiento
por lo menos ... nacional, pero también aumenta el dramatismo
de la derrota.
Conseguir la cuarta o quinta posición
en unos Juegos Olímpicos, perder un partido de fútbol,
puede llegar a ser vivido como un fracaso nacional.
Los mass media han traspasado algunos de sus
valores más convencionales al deporte. Así, por ejemplo,
resultará del máximo interés el estudio comparativo
entre las formas y valores narrativos de las telenovelas y la narración
deportiva. A esta transposición pertenece la forma de contar
historias que afecta al vedetismo deportivo en la actualidad. Es
probablemente por esto que los deportes individuales tienen una
popularidad cada día mas grande o que el liderazgo de los
deportistas experimenta un gran desarrollo de ejemplos y contra-ejemplos:
Maradona, Magic Johnson, Pelé, Steffi Graf,Indurain, etc.
El caso mas reciente de esta telenovelización
del deporte lo constituye el conflicto entre las patinadoras norteamericanas
Nancy Kerrigan (buena y bella) y Tonya Harding (mala y conflictiva),
que determinó que sus actuaciones en Lillehammer consiguieran
grandes récords de audiencia, no sólo de la historia
del deporte televisado, sino de la propia historia de la televisión
norteamericana: 64 por ciento de los telespectadores (share), un
miércoles en la "hora óptima de audiencia",
en diferido, lo que representa 126 millones de personas.

Estas cotas de audiencia sólo
habían sido superadas por otras transmisiones deportivas,
tres finales de la Superbowl (3), o por los últimos o cruciales
capítulos de grandes series como Mash o Dallas, telenovelas,
soap operas y deporte se sitúan a la cabeza de la historia
de las audiencia de la televisión.
Otra importante influencia se manifiesta
en la nueva jerarquización de los deportes. Quien determina
la popularidad de los deportes ya no es únicamente el espectáculo
deportivo propiamente dicho, sino la espectacularidad de las imágenes
televisivas, su televisibilidad, un ejemplo de ello lo constituyen
los saltos de trampolín (diving), que alcanzan los primeros
puestos en las audiencias de los Juegos Olímpicos.
La presencia y las exigencias de los
mass media también afectan a la elección de las sedes
para organizar los grandes acontecimientos deportivos, cada vez
más difíciles de realizar en países con limitadas
capacidades tecnológicas. La organización en Estados
Unidos de los próximos campeonatos del Mundo de fútbol,
y la elección de las ultimas sedes olímpicas (Lillehammer'94,
Atlanta'96, Saporo'98, Sidney'2000), son ejemplos de este nuevo
condicionante.
La televisión afecta a la regulación
de los deportes y al juicio de los árbitros y ha empezado
a imponer sus criterios sobre la propia duración de las competiciones.
Un caso paradigmático de esta influencia lo tenemos en la
imposición del takebreak en los partidos de tenis cuya duración
imprevisible perjudica su transmisión televisiva.
La televisión influye, indirectamente,
en la iconografía de los estadios, y no sólo por la
presencia de paneles publicitarios, sino también por la previsión
de decorados y animaciones diseñadas para satisfacción
de la televisión.
La televisión tiene su incidencia
en la composición de los públicos haciendo cada vez
más evidente y exclusiva la presencia de jóvenes en
los estadios,mientras que los mayores siguen el deporte, cada vez
más mayoritariamente, por la televisión.
Estas mutuas influencias se verán
incrementadas con la ya prevista implantación de las nuevas
tecnologías audiovisuales y de telecomunicaciones (véase
en este mismo número de Telos el artículo de James
Larson).
La televisión de alta definición
y los procesos de digitalización y multimedia determinarán
nuevas formas de ver el deporte, incrementando sin duda su espectacularidad
y, probablemente, su interés entre los telespectadores. También
aparecerán nuevas formas de acceso, tendiéndose a
la substitución de la difusión general por el peaje.
La experiencia del pay per view, ya experimentado en los Juegos
de Barcelona'92, representa una primera etapa de este proceso.
UNA CONCLUSIÓN
SOBRE LA DIMENSIÓN ÉTICA DE LA RELACIÓN ENTRE
COMUNICACIÓN Y DEPORTE
El año 1994 verá la celebración del centenario
de la reinstauración de los Juegos Olímpicos por Pierre
de Coubertin. Este mismo año y a petición del Comité
Internacional Olímpico, ha sido declarado por las Naciones
Unidas como "año internacional del deporte y de los
ideales olímpicos". (Véase el artículo
de Nancy Rivenburgh).
Estas conmemoraciones no deberían
entenderse como algo que interesa exclusivamente al mundo del deporte,
sino como algo que también interesa a los medios de comunicación.
Desde luego que es bonito, pero no es suficiente, que las organizaciones
deportivas y olímpicas, con el eco de los medios de comunicación,
recuerden la importancia educativa del deporte y se manifiesten
a favor de la paz y el entendimiento internacionales.
También es necesario que el deporte
y los medios de comunicación, que el deporte-espectáculo,
promuevan un nuevo lenguaje, que destierren de su vocabulario los
términos bélicos y de violencia ("fusilamos",
"cañonazo", "obús" -por pelota-,
etc.), que los medios de comunicación y los protagonistas
deportivos sean capaces de eliminar de su narración esquemas
agresivos ("a por ellos", "les machacaremos",
etc. ), que sean capaces de construir la celebración y la
fiesta por el triunfo sobre esquemas positivos, sin necesidad de
despreciar a los rivales, usando y construyendo nuevos símbolos
de entendimiento y eliminando el racismo en todas sus manifestaciones.
Es bueno, pero no es suficiente, que
el movimiento olímpico y el deporte se solidaricen con la
paz, es necesario que intenten construirla con su propio lenguaje
y desde sus propias prácticas culturales y de comunicación.
(1) Véase, en general, la obra de Mac
Aloon para el análisis antropológico de esta clase
de acontecimientos y para la distinción entre ritual y festival.
(2) Proponemos sustituir la expresión
prime time por "hora óptima de audiencia".
(3) Joaquín Luna, "El patinaje
rompió récords de audiencia en Estados Unidos",
en La Vanguardia, 1 de marzo de 1994.
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