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No insiste la obra en trabajos previos centrados en la historia de los avances o de las innovaciones comunicativas o en la sucesión de las teorías acerca de la materia, aunque se entrelace con esos quehaceres (2). Su interés fundamental e innovador se concentra en clarificar lo que podemos denominar historia de la intervención de los poderes en la comunicación contemporánea, dedicando especial atención a la incesante y creciente interdependencia internacional. Con la parti- cularidad de que esa nuclear globalización ecuménica no se plantea, en el resultado entregado, como hipótesis para la demostración, sino como tópico evidente, como ojo de huracán, como leit-motiv directamente emparentado (por declaración expresa) con la homóloga noción braudeliana de economía-mundo.
En consecuencia, no insiste el autor de forma explícita en lo obvio, sino que se limita (nada menos) a exponer las implicaciones entre las políticas comunicativas preponderantes en el tráfico e intercambio internacional de información, la investigación en tomo a sus inspiraciones y a sus efectos, y las construcciones teóricas correspondientes. Teje, así, una red escrutadora de las redes de comunicación y de sus génesis, usos y comportamientos Red que al extenderse y engrosarse ante los ojos del lector pone de manifiesto interconexiones bien significativas entre la evolución de todos los diferentes medios y sistemas de comunicación como elementos de influencia ideológica, de rentabilidad económica y de identidad cultural. Estos tres ejes de referencia aparecen, por otra
parte, desde el arranque de la obra, como guías para su ordenación
estructural, pues el trabajo se propone o sintetiza en su prólogo
original (El triángulo de la comunicación) como una revisión
de los lazos tendidos, a propósito de la comunicación internacional
y sus representaciones, entre la guerra, el progreso y la cultura. Estos
tres vértices encabezan las tres partes en las que se ordenan los
once capítulos (más una conclusión abierta) de la
obra, y marcan la atención del autor, como referencia fundamental,
en cada momento. Así, la trascendencia del dominio del correo, del telégrafo, de la radio o de los satélites para el control de movimientos ajenos, de células insurgentes, de batallas psicológicas, en momentos de tensión o conflagración bélicas, es epicentro de toda una galaxia de censuras, intoxicaciones, persuasiones, indagaciones y teorizaciones justificativas que no pueden mantenerse ajenas a la penetración económica, a la consolidación de mercados de suministro o de venta y al tráfico financiero. A su vez, la conexión entre intercomunicación y progreso, entre desarrollo tecnológico comunicativo y bienestar físico e intelectual, como paradigma de la expansión para la industria de la tecnotrónica y de la telemática, no puede separarse de la penetración mercantil general, de la interdependencia politicoeconómica, de la propagación e implantación sigilosa de un modelo de crecimiento basado en la circulación del dinero y en la excitación del consumo, o de la presencia y acción de regímenes militares en países en vías de desarrollo. La parcelación funcional del discurso del autor resulta, pues, forzosa y saludablemente retocada con variadas y sólidas pasarelas en el desarrollo efectivo de su indagación recopilatoria. Esta particularidad de negación real de una
auxiliar intención fragmentante, esos saltos de campo a campo entre
las parcelas, preacotadas de la guerra (poder) el progreso (crecimiento)
y la cultura (identidad) no vienen sino a enriquecer la revisión
ofrecida. Y a constatar, como refuerzo del planteamiento fundamental del
trabajo, el valor de su intensidad indagadora, de su amplitud de atención,
de su dosificada densidad. Y lo es, en definitiva, porque desvela, con plena
elegancia distanciada, que los grados de espontaneidad y de libertad,
tan abrillantados y cacareados en estos territorios de la actividad humana,
son, cuando no falaces, más aparentes que profundos, e incluso
quintacolumnistas a la postre traidores a la misma causa que aseguran
favorecer. Al igual que caben discusiones en torno a la interpretación y reelaboración de los abundantes y bien documentados datos y testimonios que la obra presenta. Evitaré, pues, entrar en territorios más concretos o subrayar ciertos aspectos destacables por encima de otros, en una síntesis simplificante que tal vez rozase la divergencia o la descortesía con la respetuosa actitud del autor hacia su trabajo y hacia los lectores. Además, el ajustado y eficaz prólogo que a la edición española aporta Enrique Bustamante, me permite sustituir tal óptica interpretativa de revisión -a mayores o menores rasgospor una directa adscripción al contenido de esa introducción. Sobre todo cuando afirma que se encuentra en el libro
una reflexión humanista acerca de grandes problemas de nuestro
tiempo y una crítica de sus grandes mitos: "De la tecnología
como reto que exige respuestas globales e internacionales. De la empresa
como nuevo centro de gestión de las relaciones sociales pero también
como territorio de confrontación. (1) MATTELART Armand: La comunicación-mundo. Historia de las ideas y de las estrategias. Madrid, Fundesco, 1993. 316 págs. Prólogo a la edición española: Enrique Bustamante. Traducción: Gilles Multigner. (2) Como guía para contextualizar este camino paralelo, la obra incluye un Apéndice de referencias cronológicas (págs. 281 a 295) que dan buena idea de las coordenadas en las que opera el autor. |