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Entrevistas |
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Las
verdades ideológicas e institucionales dominantes deben ser
reexaminadas
Entrevista a Herbert I. Schiller
Vincent Mosco |
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La entrevista fue realizada con Herbert Schiller
en su casa de La Jolla, California, en 1992. El objetivo: la evolución
de la obra y el pensamiento de uno de los investigadores estadounidenses
más reconocidos. Telos inicia así una sección especial
dedicada a estudiosos de prolongado e incuestionable prestigio en el campo
de las comunicaciones y la comunicación social.
Herbert I. Schiller nació en la isla de Manhattan de la Ciudad
de Nueva York en 1919, hijo único de Gertrude Perner y Benjamin
Schiller. Su padre era un experto orfebre y fue una de las primeras víctimas
de la Gran Depresión, despedido y desempleado entre 1919-1939.
La crisis económica de los años 30 y su impacto en su propia
familia tuvo una poderosa influencia en el desarrollo y la visión
del mundo de Schiller.
Schiller asistió a la escuela pública elemental, la superior
y la universidad en la ciudad de Nueva York, graduándose en el
City College de Nueva York en 1940. Recibió su M.A. en la Universidad
de Columbia en 1941 y fue inmediatamente a Washington D.C. para hacerse
cargo de un empleo en las agencias gubernamentales que proliferaron en
relación con el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Un año
más tarde fue movilizado y pasó tres años en el Ejército
de los Estados Unidos, dos y medio de los cuales transcurrieron en el
extranjero, en el Norte de Africa. Su vida en un área colonial
(francesa) supuso otro elemento determinante de la educación básica
de Schiller.
Tras la desmovilización en 1945, volvió a Europa para pasar
otros tres años trabajando para el Gobierno Militar de los Estados
Unidos en Alemania, con base en Berlín. La restauración
del capitalismo en Berlín proporcionó otro importante conjunto
de experiencias a su desarrollo político-intelectual.
En 1948 Schiller volvió a los Estados Unidos, inició un
intenso período de preparación para obtener el PhD., que
recibió en 1960. Durante este período,enseñó
en el Instituto Pratt de Brooklyn y en el City College de Nueva York,
y empezó a formar una familia.
Schiller aceptó un empleo en la Universidad de Illinois en 1961
y permaneció allí hasta 1970. Fue en esta época cuando
se operó el cambio de su estudio de recursos económicos
al campo de la comunicación y la publicación de su primer
libro, Mass communication and American empire.
En 1970, Schiller se trasladó a la Universidad de California en
San Diego, donde ha permanecido hasta la actualidad. Se retiró
en 1990 pero sigue escribiendo, enseñando en el Departamento, viajando
y dando conferencias. Es tambien Profesor Visitante de la Universidad
Americana en Washington D.C. y de la Universidad de Nueva York. Una de
sus actividades más conocidas ha sido su serie de vídeo,
Herb lee el New York Times, que lanzó con Paper Tiger Television
en 1981.
EDUCACIÓN Y PRIMERAS
INFLUENCIAS
Mosco: Me gustaría comenzar preguntándole
sobre algunas de las influencias en su carrera tal vez empezando por hablar
sobre su educación, sobre lo que pueda haber habido en ella que
haya influido en su desarrollo.
Schiller: Si hago una visión retrospectiva yo diría que,
además de eso, incluiría también dos influencias
formativas determinantes. Una fue la situación económica
general existente cuando yo era un adolescente, incluso antes de serlo,
y cómo esa situación económica general me afectó
a través de mi familia, de mis padres. Y la otra condición
paraeducativa fue la Segunda Guerra Mundial y especialmente mi intervención
en ella como joven funcionario del Gobierno Militar de los Estados Unidos
en Alemania entre 1946-1948, de la que obtuve una profunda comprensión
de cómo una sociedad era destruida y reconstruida.
M: ¿Tuvo que trabajar en algún momento en esa época?
S: Nunca tuve que trabajar. Bueno, eso no es correcto. Trabajé
en algunos empleos cuando estaba en la Universidad. No en la Escuela Superior,
sino en la Universidad. Fui a la universidad libre, el City College. Tuve
tres tipos distintos de trabajos; dos de ellos eran trabajos incluidos
en los presupuestos sociales del New Deal, la Administración Nacional
Juvenil, en la que trabajaba 30 horas al mes a 50 centavos la hora. Trabajaba
en alguna oficina, alguna agencia de la universidad, preparando nóminas.
La segunda fuente de empleo fue un trabajo en unos grandes almacenes en
la ciudad de Nueva York dos noches a la semana y todo el día los
sábados.
M: ¿Que estudió Vd.?
S: Estudié Economía. Pero eso también fue una elección
inducida por la Depresión. Tal como lo estamos viendo ahora en
los 90, los estudiantes tratan de ver cuál es la mejor apuesta,
la mejor posición, cuál es la mejor garantía. A menos
que se tengan unos ingresos familiares u oportunidades que permitan graduarse
en algún campo esotérico que a uno le apetezca. Ya sabe,
como estudios culturales (ríe). Mis inclinaciones discurrían
generalmente por el drama y la literatura. Si pudiera decir que tenía
alguna idea real de lo que quería ser diría que actor o
reportero. Puede que usted recuerde que el City College era no solamente
una escuela gratuita, sino también una escuela a la que casi totalmente
la clase media judía, incluso la clase trabajadora, enviaba a sus
niños. Era mayoritariamente masculina, cuando yo estaba allí,
y era un lugar muy poco usual, con una gente joven extraordinariamente
inteligente, porque el College sólo aceptaba a las capas cimeras
de las clases de la escuela superior. No sólo eran muy inteligentes,
sino que además estaban estimulados a dar lo mejor de sí
mismos bien por su ambiente familiar, bien por propia iniciativa.
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Y era ciertamente un ambiente que resultaría
distinto de la experiencia de la de la mayoría de estudiantes en
el período de postguerra y, desde luego, de los 80 y los 90. En
el comedor, donde todos íbamos con nuestras comidas en bolsas de
papel, se formaban por todos los rincones grupos en los que se podían
encontrar todas las tendencias políticas, la Tercera Internacional,
la Cuarta Internacional, todos estaban allí junto con otros grupos,
debatiendo con enorme intensidad. Roosevelt nos había sacado parcialmente
de la crisis económica del principio de los años treinta
y había un incremento de actividad económica, aunque eso
no le había proporcionado un trabajo a mi padre. Entonces, en el
37, se produjo otra aguda crisis. Sabíamos que no había
trabajo. No teníamos esperanzas.
M: ¿Así que se trasladó del City College a la Universidad
de Columbia?
S: Seguí haciendo cursos y obtuve el MA en Economía en Columbia.
Fue una revelación, porque vine a darme cuenta de hasta qué
punto era inadecuado el proceso de graduación. Los libros de texto
utilizados por entonces no eran otra cosa que espantosas mezcolanzas conservadoras
presentadas de manera que resultaban disecciones abstraidas de la realidad.
Eso sin decir nada de las teorías que presentaban. Pero mi instrucción
real vino de distintos tipos de fuentes. Yo diría que estoy muy
en deuda, lo crea o no, con algunas de las sesiones gubernamentales que
se produjeron en los años 30, y que fueron el resultado de la crisis
que estimuló a algunos comités del Congreso a hacer interpelaciones,
si no otra cosa, sobre algunas de las áreas problemáticas.
Para que quede constancia, quiero llamar la atención sobre dos
conjuntos de sesiones. Hubo muchas más, pero esos dos tuvieron
una gran influencia en mi educación. Las primeras fueron las sesiones
sobre Libertades Civiles de La Follete que no estuvieron enfocadas exclusivamente
sobre Economía, aunque hubo bastante información económica.
Pero las sesiones pusieron sobre el tapete, con mucha documentación,
el comportamiento de las compañías americanas. Las industrias
que yo seguí de cerca en aquella época fueron las de carbón
y las factorías siderúrgicas, las áreas mineras de
carbón del país y cómo perseguían su beneficio,
haciendo su política laboral, su increíble control de la
fuerza laboral y sus esfuerzos para suprimir cualquier tipo de tendencia
a la unión. Estos fueron casos que me abrieron los ojos de tal
manera que no es posible sobreestimarlos ni exagerarlos.
Las otras sesiones que me impactaron enormemente fueron las del Comité
de Economía Nacional Temporal, que se celebraron en 1938, 1939
y 1940, justo antes de que entráramos en guerra. Fueron estudios
de la economía americana. De ellos aprendí Economía.
La estructura monopolística de la industria fue presentada con
detalle empírico y rica documentación.
M: ¿Tuvo usted que escribir alguna tésis de máster?
S: Sí, escribí una tésis de máster sobre el
tema de la publicidad de las devoluciones del impuesto sobre la renta:
¿debería o no debería haber acceso abierto a las
devoluciones del impuesto? Era un tema de importancia. Y una vez más
vino la cuestión del grado de apertura y de si los que poseían
riqueza y grandes ingresos aceptarían cualquier clase de contabilidad.
Era realmente una cuestión de clases. Más bien una tésis
de tipo informativo. Aunque el campo de la información me era extraño.
Mi profesor era un tipo de Columbia de lo más conservador, pero
un individuo muy decente. Recuerdo que me dijo: " Me parece que siente
usted animosidad contra los negocios. No obstante, si le da a ésto
forma es posible que consiga publicárselo".
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LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
Y LA RECONSTRUCCIÓN ALEMANA
M: Dijo antes que la Segunda Guerra Mundial
tuvo una influencia substancial en su educación.
S: Ingresé en el Ejército. Debo admitir que no fui voluntario.
Esperé hasta que me reclutaron. Presenté una solicitud para
una comisión cuando estaba en Washington, y tengo la fuerte sospecha,
basada en montones de pruebas indirectas, de que esa solicitud me fue
denegada porque yo no era considerado un buen candidato a oficial. Mi
solicitud era, curiosamente, para una comisión naval. Se pasaron
por mi apartamento y se enteraron de que yo había dado algunas
fiestas en las que había permitido la participación de negros.
M: Usted fue reclutado al año escaso de llegar a Washington. ¿Para
qué agencia trabajaba?
S: Comencé en el Ministerio de Trabajo. Ese fue mi primer empleo.
Duró seis meses. Luego fuí a la Junta de Producción
de Guerra, uno de los nuevos organismos que se ocupaban de la asignación
de recursos. También estuve intentando organizar, o animar a los
trabajadores a organizarse en un sindicato, Trabajadores Federales Unidos.
Eso no fue considerado una buena idea por parte de los ejecutivos de la
Junta.
M: Le reclutaron y se encontró usted en el Ejército.
S: Descubrí para mi sorpresa que la mayor parte del país
era distinta de las personas a las que estaba acostumbrado a tratar en
el City College. La mayoría eran de clase trabajadora. Muy pocos
estaban sindicados. Me dí cuenta de que las cuestiones que se debatían
y se tomaban en consideración en el ambiente universitario y en
Washington eran totalmente ajenas a las preocupaciones cotidianas de la
gente común. Esto me abrió realmente los ojos. Los universitarios
y los burócratas no están muy próximos a las preocupaciones
y actividades de la mayor parte de las personas.
M:¿En qué consistía su trabajo?
S: En el Ejército la mayor parte de nuestro trabajo carecía
de significado. Me pusieron en una escuela administrativa para aprender
a escribir memorandos. Así que aprendí a escribir memorandos
y cómo dirigirme a los oficiales superiores y luego fuí
clasificado como administrativo. Después, cuando fuí enviado
al extranjero, llegué a la conclusión de que este tipo de
trabajo no era muy gratificante. Estuve dándole vueltas a la manera
de salvar mi situación. Una fue organizar un periódico.
Yo estaba destinado en una base muy grande, primero en las afueras de
Argel, luego en las afueras de Casablanca. Estuve allí casi dos
años. Empecé yo solo haciendo una hoja mensual de noticias
que mecanografiaba en un cliché. Conseguí que la oficina
me autorizase a utilizar la máquina ciclostil, hice unas doscientas
copias de un panfleto de 2 o 3 páginas que llamábamos, con
extrema generosidad, un periódico. Daba información sobre
episodios personales y algo de narrativa. Lo acompañaba de un texto
para los soldados. En vez de escribir una carta, se podía enviar
ésto a casa. Tuvo mucho éxito y una gran expansión.
Los oficiales, al no encontrar ninguna objeción, le dieron un poquito
de apoyo. Entonces empecé a escribir editoriales. Esto estaba estrictamente
fuera del código militar.
M: ¿Así que cuando terminó la guerra, usted continuó
en el Ejército?
S: No, fuí desmovilizado. Y para darle otra indicación de
que el estudio de la comunicación aún no formaba parte de
mis intereses básicos, según el transporte de tropas se
acercaba a la costa americana, empezamos a recibir señales de radio.
Cuanto más escuchaba la radio americana más me disgustaba.
A medida que la mayoría de la tropa se volvía absolutamente
loca de entusiasmo, yo al escuchar esa bazofia empecé a preguntarme
: ¿deseo realmente volver aquí? Estos sentimientos se hicieron
cada vez más fuertes y recibieron un impulso cuando se me presentó
la oportunidad de volver a Europa y trabajar en el gobierno militar en
Alemania, no como militar, sino como civil. La acepté. Volví
en marzo del 46. El tiempo que pasé en los Estados Unidos tras
la desmovilización fue realmente muy breve. Cuatro meses.
En Alemania, fuí testigo de la resurreción del poderío
económico alemán como subproducto del anticomunismo. Vi
la depravación de lo que supuestamente era la desnazificación.
Vi cómo volvía la imposición de precios por parte
de la industria alemana. Vi la manera, absolutamente impresionante, en
que se ponía todo tipo de obstáculos en el camino de los
partidos de izquierda que se oponían a tales políticas.
Vi la segregación de la Alemania oriental y occidental que se llevó
a cabo para evitar cualquier oportunidad real de cambio social en el Oeste.
Esto se hizo con gran habilidad y destreza. Valoré mucho a los
que administraron ese proceso. Esto demostraba también que estas
cosas no suceden por simple azar, que existe una conciencia de clase en
la cumbre. Aunque se niega en las capas inferiores, existe en las superiores.
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INVESTIGACIÓN DE
DOCTORADO Y PRIMERAS ENSEÑANZAS
M: ¿Así que volvió usted
a Estados Unidos a mediados del 48?
S: Sí, me tomé una año libre porque aún me
resistía a volver a la vida académica. Me matriculé
en Columbia acogiéndome al plan del Gobierno para licenciados del
ejército, para obtener el doctorado, pero no tardé en darme
cuenta de que ésto era fútil. Sólo a título
de ejemplo, seguí un curso sobre el movimiento internacional de
trabajadores impartido por un profesor muy distinguido. Y habiendo vuelto
hacía poco de observar cómo estábamos destruyendo
ese movimiento, aquel individuo lo planteaba en términos totalmente
diferentes. Enseguida me di cuenta de que era una pérdida de tiempo.
Así que me pasé un año, con gran consternación
de mis suegros, sentado en el dormitorio de mi apartamento leyendo libros
de mi propia elección. Ese fue mi periodo de ajuste. Finalmente
acepté un empleo, un empleo universitario en el Instituto Pratt,
allá por 1949. Comencé a tiempo parcial enseñando
un par de cursos. Luego me replanteé mi reacción inicial
de no acceder a una educación superior. Por supuesto tenía
el plan del gobierno, y las privaciones que había pasado en los
años 30 me hicieron recapacitar que no sería sensato tirarlo
por la borda, así que me matriculé en los cursos de doctorado
en la Universidad de Nueva York y los seguí de forma inconstante
durante diez años. Eso fue más o menos entre 1950 y 1960.
Estuve constantemente en el umbral del máximo de permanencia en
el programa. Le dediqué el esfuerzo mínimo necesario para
ir tirando. Luego llegó un momento en que tuve que tomármelo
en serio. En el último año y medio, me presenté a
los exámenes, elegí un tema y me dediqué a él.
M: ¿Qué tema?
S: La contribución económica de los Estados Unidos a la
Administración Compensatoria y de Rehabilitación de las
Naciones Unidas. Demostré, según creo, que ya en 1944 las
tácticas de la Guerra Fría Americana eran evidentes en la
manera en que se estaba gestionando la ayuda a Europa y especialmente
a los países del Este europeo y la Unión Sovietica. No llegaba
a aquellas sociedades que no se consideraban merecedoras de ella. Así
que hubo coherencia desde el primer momento.
M: ¿Qué hizo una vez que estuvo en posesión del título?
S: No se olvide que yo estaba enseñando a jornada completa mientras
sucedía todo ésto. Por comparación con años
más recientes, estaba enseñando 15 horas, cinco preparaciones
en el Instituto Pratt y dos, a veces tres cursos durante otras seis a
nueve horas en el City College. De manera que estuve enseñando
entre 21 y 24 horas a la semana durante varios años. A veces tenía
seis o siete preparaciones de 21 a 24 horas de clase a la semana. En dos
sitios distintos.
M: ¿Así que que estaba a jornada completa?
S: ¿Jornada completa? Estaba exhausto todo el tiempo. El lado positivo
de ésto es que me ayudaba mucho a desarrollar la capacidad de improvisación,la
habilidad para hablar sobre un tema con una preparación mínima.
La adquisición de ese talento era digna de ser tenida en cuenta.
EL PRINCIPIO DE LAS INVESTIGACIONES
SOBRE COMUNICACIÓN
M: La primera referencia suya en temas de comunicación
que conozco es la de Comsat en The Nation en 1965.
S: Hubo un encuentro que se celebró en Montreal, la Asociación
Americana para el Avance de la Ciencia, y yo presenté un trabajo
sobre el Espectro Radioeléctrico como Recurso Natural. Era resultado
de mi trabajo anterior acerca de los recursos. Lo que escribí en
aquella comunicación fue que el espectro radioeléctrico
se debía considerar de la misma manera que el petróleo o
el carbón, como un recurso, que no era ilimitado. La comunicación
no tocaba solamente el aspecto del recurso, sino también el cultural
e informacional. El espectro radioeléctrico era un recurso natural
con unas cualidades peculiares, poco corrientes y muy valiosas. Para mí,
fue el puente hacia el trabajo en comunicación.
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Otro factor que encajó dentro de mi
interés general fue el hecho fortuito de la existencia del Instituto
de Comunicación de la Universidad de Illinois. Este era un centro
clave para estudios de comunicación. Algunas de las figuras principales
de la investigación en comunicación habían pasado
por allí. El hombre que estaba allí por aquella época,
al que yo conocí, era Dallas Smythe que estaba preparando su marcha
a Canadá. Dallas fue el fundador del programa de graduados en Comunicación
de la Universidad de Illinois, y también en cierto sentido el fundador
del campo de la economía política de las comunicaciones.
Estaba abierto a la idea de que yo me encargase de impartir su curso;
yo no hice presión sobre ello, pero dije que estaría dispuesto
a hacerlo. En el curso 1968-1969 me hice cargo del curso. Aún permanecí
en el Departamento de Investigación de Economía y Negocios
hasta que dejé la Universidad de Illinois, pero ya por aquella
época empecé a verme a mí mismo como alguien cuyo
área de interés era la comunicación. Publiqué
Mass Communication and The American Empire en 1969, pero había
empezado a escribirlo en el 65, con los trabajos del Comsat en el 66 y
67. Se podría decir que empecé a mediados de la década
de los 60.
EL IMPERIALISMO DE LOS MEDIOS
M: Quisiera empezar a hablar de su primer libro,
Mass Communication and the American Empire, que me pareció un libro
extraordinario por muchos conceptos, al aunar el interés por lo
militar, la tecnología y el imperialismo, y ésto en un momento
en el que, que yo sepa, no había nadie que se ocupase de estudiar
cómo encaja la comunicación en un complejo militar industrial.
¿Cómo empezó usted a investigar para este libro,
particularmente a la luz del hecho de que hubiese tan poca gente haciendo
investigaciones en tal área?
S: Una de las cosas que más me ayudó en esta tarea fue el
hecho de no tener ninguna preparación formal en el campo de la
comunicación. No tenía que plantearme disquisiciones académicas
ni pelearme con teorías formales que, básicamente, no hubieran
sido sino obstáculos. Y así entré de nuevas en este
campo, con mi formación en la economía de recursos, en economía
política. Todo este nuevo campo parecía abierto al examen
y tuve un brote de entusiasmo para afrontar su estudio. El libro no fue
escrito como un proyecto con principio y fin con una planificación
y estructuración determinadas. Fue el resultado de diversos artículos
y otros escritos que ya tenía hechos y entre los que empecé
a ver alguna conexión. Los puse juntos con algún material
de conexión. No empezó como un proyecto considerado como
tal. Mucho de todo ello surgió del caracter general de la época,y
de lo que por entonces estaba sucediendo. Aquí estaba la potente
economía americana que había asumido tan gran influencia
en el ámbito internacional después y como consecuencia de
la Segunda Guerra Mundial. Ahora este peso estaba desapareciendo. Mucha
gente había notado ésto, pero yo encontré lo que
me pareció ser una nueva esfera de control: la comunicación
social.
M: Usted indica que el libro no trata solamente del imperialismo de los
medios. Tal y como yo lo veo, el libro trata del poder, del poder de los
negocios y del gobierno. En su siguiente libro, Mind Managers ,dedica
más tiempo a hablar del contenido real de los medios.
S: Como comentario breve, lo que yo tenía en la cabeza una vez
que salió el libro del Imperio, era que debía presentar
a continuación todo el conjunto con un libro más enfocado
a la escena nacional. Mass Communication and The American Empir e tenía,
ciertamente, su componente nacional, pero tendía a observar cómo
esta estructura interna se imponía a sí misma en el exterior.
Con Mind Managers, traté de demostrar cómo funciona el sistema
en el interior del país; sus mecanismos para obtener la aceptación
y el apoyo públicos. Por supuesto que había ciertas consideraciones
de tipo internacional, pero era esencialmente nacional.
M: También me pareció interesante, y no me dí cuenta
hasta hace poco, que Mind Managers se publicó el mismo año
que The Coming of a Post-Industrial Society de Daniel Bell, en 1973. Lo
que encontré interesante es que ambos libros traten prácticamente
del mismo tema. Mientras que usted hablaba de los militares en su primer
libro cuando casi nadie más escribía sobre éso, en
el segundo hablaba extensamente sobre la información como área
temática en un momento en el que raramente se hablaba de ella.
S: Hubo algunas reacciones iluminadoras, de ésas que no se producen
con frecuencia, especialmente si se escribe sobre temas críticos.
Sólo se las oye indirectamente, por descuido, o no se las oye en
absoluto. Pero en Mind Managers, hay un capítulo sobre encuestas
de opinión en el que yo intentaba mostrar cómo se diseñaban
las encuestas y el papel que representan. En él, tuve que hablar
de alguna de las primeras empresas encuestadoras, como Roper y Gallup.
El capítulo sobre encuestas apareció por primera vez en
forma de artículo en Psychology Today. Le pusieron un título
inflamable: Las Encuestas son Prostitutas para el Status Quo. Esto provocó
una reacción inmediata por parte de algunos científicos
sociales. Sintieron que era insultante la sugerencia de que existía
una colaboración entre ellos y el sistema oficial.
M: Pero usted estaba atacando un tema muy sensible. El planteamiento de
Comsat era sobre la guerra fría y la manera de vencer a los soviéticos.
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S: Ese área de influencia y poder que
yo estaba examinando no era apreciada aún ni siquiera por la izquierda.
No había ninguna visión izquierdista coherente de estas
cosas, ningún aprecio de la izquierda sobre su importancia. Lo
que realmente suscitó el interés nacional sobre Mass Communication
and the American Empire fue la valiente reseña de Robert Sayon
en Saturday Review a finales del 69. Beacon se hizo cargo del libro y
lo editó en rústica en el 71. Un editor español hizo
otras ediciones, primero en Barcelona, y luego los brasileños lo
cogieron para traducirlo al portugués. El título de la edición
brasileña, que me pareció muy interesante, fue Mass Communication
and Yanquee Imperialism. Creo que apuntaba en una dirección atinada.
LA LUCHA CONTRA EL IMPERIALISMO
DE LOS MEDIOS: LA COMUNICACIÓN Y EL DOMINIO CULTURAL
M: Volviendo a otro libro suyo: una de las
cosas que me extraña en Communication and Cultural Domination es
que es uno de los primeros puntos de su trabajo en que describe un esfuerzo,
en este caso Chile, por contrarrestar el imperialismo de los medios mediante
la resistencia y la creación de medios alternativos. ¿Es
ésto algo que se produjo como resultado de un interés suyo
o fue simplemente una oportunidad de ir a Chile?
S: Fue una oportunidad de observar algunos esfuerzos incipientes para
crear una programación alternativa en un tipo de sistema social
diferente. Por supuesto hubo mucha gente involucrada, pero los que yo
traté eran muy creativos y tenían gran capacidad analítica;
dos, en particular, Ariel Dorfman, que desde entonces se ha convertido
en un escritor internacionalmente aclamado cuyas obras se están
produciendo ahora en Broadway, y Armand Mattelart. Ellos estaban intentando
formas y contenidos alternativos para la literatura chilena, libros de
comics, literatura y canción popular, que hasta aquel momento no
habían sido en nada diferentes de las que experimentamos aquí.
De hecho, Chile no era distinto de otras partes de Latinoamérica,
un campo donde volcar nuestros productos de cultura popular y comunicación
de masas. Los chilenos, entre 1971 y 1973, intentaban desarrollar cuentos
infantiles, libros de comics, y formas literarias y revistas que fuesen
algo diferente. Fue un intento encomiable y, a mi juicio, muy prometedor.
Por supuesto que uno de los clásicos que salieron de ese periodo
fue How to Read Donald Duck (Cómo leer al Pato Donald) de Dorfman
y Mattelart.
M: Con el libro Who Knows volvió a los temas nacionales, en la
medida de lo posible con los negocios transnacionales, tomó el
tema de la privatización y la comercialización. ¿Qué
le indujo a dirigir su atención a estas cuestiones?.
S: Casi todos estos proyectos, desde el primer libro en adelante, se lanzaron
a causa de lo que yo percibía que era la realidad existente y las
cambiantes corrientes centrales de dicha realidad. Lo que quedó
claro al final de los 70 (el libro Who knows se publicó en 1981),
fue el fuerte impulso para privatizar la economía. Y todo ésto
empezó mucho antes de la época Reagan. Realmente empezó
en la de Eisenhower, en los 50, aunque hubo interrupciones en los 60.
Pero el cambio de la economía en favor de los grandes negocios
ha sido un patrón permanente que se aceleró en los 70 y
que, por supuesto, alcanzó enormes proporciones en la década
de los 80. Desde que mis propios intereses se habían inclinado
más y más hacia la esfera informacional, empecé a
examinar de qué manera la privatización estaba influyendo
en este área. Y como también estaba convencido de que esta
esfera informacional estaba jugando un importante papel en la economía,
pensé que ésto no era simplemente un fenómeno secundario,
sino una tendencia muy significativa.
M: Cuando penetramos en Information and the Crisis Economy, si se me permite
usar uno de esos conceptos teóricos, nos encontramos con uno de
los libros más dialécticos que ha escrito usted. Hasta este
libro, usted se concentraba en el poderío preponderante de los
negocios y del Estado, del poder y el control ejercidos por el sector
de las corporaciones.
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S: Sí, creo que ésto es una indicación
de la manera en que mi propio pensamiento y mi trabajo se ven afectados
por las circunstancias materiales en que me encuentro. En mis primeros
trabajos, particularmente en los dos primeros libros, el sistema americano
iba a galope. Había muy pocas expectativas de que la dominación
que estaba siendo ejercida tuviese alguna probabilidad de cambio. En mi
primer libro, el Imperio está en la cumbre. Por supuesto, ésto
lo puedo decir ahora, no lo sabía entonces. Posiblemente, yo podría
haber mejorado las cosas indicando que esta situación iba a tener
una existencia corta y que había otras tendencias que podían
contrarrestarla. No es que yo pensase ésto conscientemente, pero
viéndolo en perspectiva, diría que mi intención principal
no era decir cómo ésto se iba a modificar o limitar, sino
llamar la atención, con un grito, y decir que ésto está
donde está, ¿es que no veis lo que está pasando?.
Más que decir que a la larga ésto va a mejorar, que no es
precisamente lo que dicen los apologistas, sino que tendría estas
cualidades: ya sabe, decir "no os excitéis tanto, ésto
no es más que un desarrollo cíclico, ¿no veis que
hay medidas correctoras en marcha?", yo intentaba de foma deliberada
hacer muy evidente que éstas eran las características del
momento y que había en ellas aspectos muy alarmantes. Al entrar
en la década de los 80 se hace evidente, por muchas razones, que
este sistema está empezando a encontrar algunos obstáculos
muy serios en el campo internacional. Existen problemas, pero yo aún
soy capaz de decir que el sistema sigue su curso por este o aquel camino
e introduce estos cambios para su propio beneficio. Pero ¿se cumplirán
estas expectativas dado que se están intensificando los problemas
afuera? De manera que yo contestaría a su pregunta diciendo que
los dos primeros libros carecían de esa cualidad extra y ésto
es una deficiencia, pero trato de explicarlo.
En tanto que, ahora, carecer de esa condición dialéctica
sería ignorar la realidad presente.
M: La interpretación que saco es que no es tanto que estuviese
usted interesado en las corrientes de oposición como en los fallos
fundamentales o contradicciones del sistema.
S: Hace poco leí unos comentarios, extraordinarios a mi juicio,
de George Schultz, que fue Secretario de Estado y antes de éso
Secretario de Comercio y antes de éso profesor de Relaciones Industriales
de la Universidad de Chicago, y también uno de los principales
miembros corporativos de Bechtel, una importante multinacional de la construcción
con gran actividad en Oriente Próximo. En sus observaciones, dijo
que tenía que hablar sobre lo que le había sucedido al movimiento
laborista americano. Dijo que se sentía decepcionado con él
por la manera en que se había debilitado. Al mismo tiempo, reconoció
que como antiguo ejecutivo de las grandes compañías le hubiera
encantado ver a los sindicatos hundidos y hechos pedazos, pero que pensando
en el interés nacional, debía reconocer que éste
era un problema serio porque conducía a una falta de equilibrio
en la sociedad. Leí estas declaraciones con fruición porque,
si lee Information and the Crisis Economy, ésta es una de las paradojas
sobre las que yo llamaba la atención: Sí, nuestro sistema
tenía básicamente éxito en vencer y debilitar el
movimiento sindical pero ésto acabaría por causar más
adelante graves problemas para el equilibrio sistemático. Que Schultz
admita ésto siete u ocho años más tarde es muy satisfactorio.
CULTURA, INC.
M: Estoy interesado en el cambio que se produce
aquí de la información a la Cultura. Usted ha escrito sobre
la cultura en el pasado. En la década de los años 80 se
interesó más por el campo de la información.
S: Una vez más, este cambio de acento proviene de una realidad
transformada. Cuando yo hablaba de los medios de comunicación americanos
hace 20 o 25 años, estaba hablando de grandes empresas. Hoy, éstas
son conglomerados culturales, estructuras que son poderosas en el dominio
del conocimiento y la persuasión. No estamos considerando un mero
difusor, estamos hablando de un comunicador de noticias, de alguien que
recoge o crea música, que produce películas o televisión.
Todas estas son actividades que pertenecen a estructuras unificadas que
las dirigen, ya sea McGraw-Hill, Dow Jones, Murdoch, o Bertelsmann. Hoy,
cuando estoy hablando de cultura me estoy refiriendo a estos paquetes
integrales que nos rodean desde la infancia. No se puede hablar de un
medio aislado con alguna probabilidad de contar la historia completa.
Por supuesto que se debe estudiar la radio o la televisión, pero
si se quiere llegar a una comprensión total de lo que le está
pasando a la gente, por qué se está comportando de la manera
que lo hace, no se puede explicar solamente diciendo que están
leyendo tal libro, o viendo tal serie de televisión o tal tipo
de películas. Esto no nos da una idea completa.
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Cuando uno va a ver Star Trek III está
todo allí junto: la música, los efectos visuales, la narrativa,
todo está allí.
M: Otra cosa que llama la atención del libro es que creo que es
la primera vez que usted ha entrado de forma real y explícita en
la crítica académica.
S: Sí.
M: Aquí ha entrado usted en el trabajo de los que podríamos
denominar investigadores de estudios culturales, del análisis del
discurso, de las audiencias culturales y cosas así. A través
de los años, se ha colocado por encima de lo académico,
en parte debido a su forma de entender el mundo como algo más extenso
que lo meramente universitario.
S: No quería verme envuelto en esas pequeñas refriegas que
no conducen a nada. Pueden parecer importantes en el campus, pero dificilmente
en cualquier otro sitio. La temática de mi trabajo no se reduce
a una mera contienda académica. Sin embargo, consideré que
en este caso era necesario porque estaba describiendo un completo aparato
cultural. Tenía que tener en cuenta a los que dicen que no existe
tal aparato, o que adoptan la posición de que podemos manejarlo
porque podemos llevar a él nuestra capacidad para responder y trascenderlo.
Así que en esta cuestión mi postura no fue la de apuntarme
tantos académicos, que realmente me importan un bledo. Más
bien, era crucial para mi argumento central insistir en que lo que se
estaba discutiendo era algo que iba más alla de esas explicaciones
nada convincentes.
M: De todas formas, debe usted considerar esta tendencia como una aceptación
por parte del mundo académico por primera vez en su carrera.
S: Lo considero así en gran medida. De hecho, lo encuentro en reacciones
a todos los libros precedentes. Lo veo incluso en la literatura de la
que, debo admitir que no estoy muy al tanto. Pero siempre que echo un
vistazo a las publicaciones de comunicación y cultura, me encuentro
con esta corriente y siento una auténtica responsabilidad hacia
la gente más joven, hacia los estudiantes licenciados, si no para
ponerles en contra de esta tendencia, sí para ayudarles por lo
menos a reconocer lo que representa este análisis y las consecuencias
que tiene. Déjeme añadir otra cosa. No es como si yo tomara
la iniciativa o como si estuviera creando un argumento. En un sentido
muy real estoy afirmando la otra parte de un argumento creado en nombre
de los intereses hegemónicos. Estos intereses han estado en la
ofensiva, dejando claro que son los que llevan el peso de la realidad,
y que las otras interpretaciones no sólo están fuera de
lugar sino que son dañinas. Creo que ésto exige alguna respuesta.
M: Su percepción es que ésta es una fuerza lo suficientemente
poderosa en el mundo académico, quizá incluso más
allá, como para exigir esta especie de contraofensiva.
S: Pienso que todo tiene su momento. Culture Inc. fue escrito hace tres
o cuatro años. Hoy en día ya no opino igual porque los acontecimientos
han demostrado que los argumentos de los teóricos de la audiencia
activa son irrelevantes. Ellos todavía mantienen sus posiciones
de autoridad en los periódicos o en los departamentos universitarios.
Pero ya no es difícil mostrar que su teoría es irrelevante.
Deje que le ponga un ejemplo: la Guerra del Golfo. Es ridículo
para cualquiera hablar de una resistencia contra el poder hegemónico.
¿Dónde estaba la resistencia contra el poder hegemónico,
contra las representaciones unificadas en todos los órganos de
opinión y de creación de imagen, del poder agresor? O considere
la continua crisis económica. Cómo puede uno describirla:
¿de acuerdo con las funciones del orden económico, o en
términos de alguna mala percepción semántica? Así
que yo diría que tenemos que volver a la realidad material.
M: ¿Hacia dónde evoluciona su trabajo?
S: Siempre vuelvo al mismo tema: estar afectado por lo que me rodea. Actualmente
el tema principal es la creciente crisis que vive toda la sociedad, una
crisis que es más evidente en el reino de lo económico,
pero que también es palpable en el terreno cultural. Me gustaría
examinar cómo nuestros medios de comunicación y nuestro
sistema de información están respondiendo ante la crisis,
cómo la están presentando: ¿son capaces de ofrecer
unas directrices útiles y fructíferas?; ¿están
examinando por lo menos cuáles son sus más importantes causas?
Más aún: hay que analizar lo que a mí me parece el
desmoronamiento de los apologistas que desde hace tiempo explicaron cómo
nuestra existencia se supone organizada y por qué somos tan afortunados.
Creo que todas estas verdades ideológicas e institucionales tienen
que ser reexaminadas. Deben serlo.
Déjeme que le ponga un ejemplo de lo que estoy hablando porque
si no pareceré un oscurantista. Tomamos el concepto de prensa libre.
Una prensa libre ha estado durante mucho tiempo relacionada automáticamente
con una forma particular de organización y con un modelo de propiedad.
Y sólo esa forma de organización y ese modelo de propiedad,
concretamente el modelo de la propiedad privada, ha sido considerado exclusivamente
como la base de la prensa libre. Pienso que ésto es inadmisible.
No espero que la mayoría de la gente esté de acuerdo conmigo
sobre este tema, pero cada vez más personas lo estarán con
el tiempo. ¿Cuándo puede uno hablar de prensa libre si pensamos
en alguien como Maxwell, como Murdoch, como los Sulzbergers? El punto
básico aquí es qué constituye una prensa libre.
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LA ECONOMÍA POLÍTICA
DE LA COMUNICACIÓN
M: Volvamos a la evolución de su carrera.
Cuénteme su traslado de Illinois a San Diego.
S: Por entonces yo estaba más o menos establecido. Era profesor
numerario en el momento en que llegué a Illinois. Mi trabajo había
logrado cierto grado de reconocimiento. El libro Mass Communicationse
publicó en 1969. Había escrito unos cuantos artículos
que había podido publicar. Tenía una posición estable.
Pero surgió el movimiento contra la guerra del Vietnam. Yo había
tomado parte muy activa en el Comité Ad Hoc de oposición
a la guerra. Comenzamos en el año 1965 y éramos tan sólo
un puñado, tal vez siete u ocho. Pero conforme continuaba la guerra,
conforme la intervención se hacía más profunda, conforme
la desilusión en la población crecía, conforme los
estudiantes tenían cada vez más miedo a ser reclutados,
el sentimiento antibelicista continuaba creciendo. La Universidad de Illinois
había sido siempre un campus muy conservador. Tenía una
larga historia de hermandades. Comenzamos a presenciar manifestaciones
estudiantiles. La Guardia Nacional fue avisada dos veces en el tiempo
en que estuve allí. Casi de forma continua nos reuníamos
y hacíamos manifestaciones de protesta en el campus. Yo no era
el más activo, pero desde luego se me veía como parte del
movimiento. Como profesor, era muy visible. Había otros profesores,
por supuesto, pero mi nombre aparecía en la prensa local, hablando
por aquí y por allá. Recibí cartas de amenaza de
las unidades de John Birch. En una nota muy atractiva habían dibujado
un rifle apuntándome a mí. Pero más que eso, mi facultad
y mi radio de acción, en el Departamento de Económicas y
en la Escuela de Comercio, con marketing y contabilidad, no era, como
podrá suponer, la vanguardia de estas manifestaciones. Mi posición
se hizo menos agradable, pero no había nada que me amenazara físicamente.
Cuando llegó una propuesta de San Diego en la primavera de 1970,
yo estaba más receptivo de lo que se podría imaginar. El
rencor se había desarrollado como resultado de una división
de opiniones sobre la guerra.
La vida no volvería a ser tan agradable como en el período
anterior.
Esta fue una de las consideraciones por las que acepté la oferta.
M: ¿Existen determinados lugares, institutos, facultades que identifique
con este período?
S: Sí. Muchas de esas cosas comenzaron en relación con un
movimiento más importante, no ya un movimiento académico,
sino fuera de la vida académica, en las grandes extensiones del
mundo asiático, africano y latinoamericano reunidas todas ellas
en los movimientos para la creación del Nuevo Orden Económico
Internacional y en el Nuevo Orden Internacional de la Información.
Y yo estaba muy comprometido en el Nuevo Orden Internacional de la Información
porque mi libro Mass Communication and the American Empire sirvió
como caldo de cultivo de una gran cantidad de ideas y de personas que
se convirtieron en parte activa de este movimiento internacional. Y así
fui invitado a reuniones y conferencias. En aquel período ciertos
lugares fueron más activos en lo que a mí respecta (por
no decir que eran los únicos lugares): existía una organización
en Ciudad de México, ILET, el Instituto Latinoamericano de Estudios
Transnacionales, que desempeñó un papel muy activo en la
propagación de ideas a través de Hispanoamérica y
yo formé parte de su consejo general. Estuve en Ciudad de México
muchas veces tomando parte en charlas y seminarios. Otra unidad que fue
muy activa en el período inicial de 1973-1977, fue el Departamento
de Periodismo y Medios de Comunicación Social en Tampere, Finlandia.
Lo fue por la presencia de dos jóvenes estudiosos universitarios
de comunicación, Kaarle Nordenstreng, presidente o director del
departamento, y Tapio Varis, cuya tésis era un estudio empírico
que partía de mi libro. Varis hizo su trabajo sobre el flujo de
televisión, sobre el flujo de los programas televisivos. Su concepción
básica se derivaba de Mass Communication and the American Empire
y su estudio recibió una enorme atención. Fue el único
en aquel momento y durante muchos años que mostró el tremendo
flujo unidireccional de la programación televisiva de Occidente
hacia el resto del mundo.
Todavía puedo citar otro lugar, no muy a propósito de estas
cuestiones, pero que sin duda contaba con importantes investigadores,
que tenían formación y un enfoque particular en el área
de la economía política. Se trataba del Centre for mass
communication research de Leicester bajo la dirección de James
Halloran. El había reunido a un grupo de primera categoría
de investigadores que abarcaban un área muy vasta de investigación,
concretamente la investigación en economía política.
Los dos investigadores con los que tuve más contacto allí
fueron Graham Murdock y Peter Golding. Otro investigador muy capacitado
que murió a edad temprana fue Philip Elliot. En los Estados Unidos
he de decir que había pocos lugares tan hospitalarios como aquellos
del extranjero. Cuando era invitado en las universidades americanas, la
causa era el gran número de estudiantes licenciados que habían
estudiado mi trabajo y que insitieron a su facultad para que me invitase.
Yo iba y pasábamos buenos ratos, pero se notaba la ausencia de
los cargos rectores de la facultad. Con excepciones, por supuesto, pero
así era como funcionaba y todavía sigue siendo de esta manera.
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M: Durante aquel tiempo George Gerbner estaba estableciendo uno de los
centros más importantes para la investigación de la comunicación
social en la Escuela Annenberg de Comunicación. ¿Tuvo usted
alguna relación con ello? ¿Algún contacto?
S: Sí, antes de que George abandonara Illinois, en el año
o en los dos años que coincidió allí conmigo, fuimos
muy amigos y me dio pena que se marchara. Cuando se marchó a Pennsylvania,
trató de llevarme con él pero en aquellos días no
tenía una autoridad plena, tenía que tomar decisiones conjuntas,
y no había forma de introducirse en el departamento de economía
de la Universidad de Pennsylvania. Pero me invitaron varias veces a sus
seminarios y sigo manteniendo mi amistad con él a través
de los años.
M: ¿Considera que ha sido un apoyo para usted?
S: Oh, yo diría que ha sido una persona de mucha valía no
sólo para mí, sino para cualquiera que trataba de hacer
un trabajo crítico. George facilitaba el trabajo crítico
en todas las facetas de su cargo, como director de la escuela podía
invitar a gente y ofrecer conferencias sobre temas importantes y en este
punto era capaz de invitar a gente que no habría sido invitada
según el modelo académico, es decir, no contaba sólo
con aquellos individuos conocidos, ya valorados. En una tercera faceta,
por ser editor de la publicación Journal of Communication, durante
unos 20 años mantuvo esta revista abierta a una amplia variedad
de trabajos, un logro considerable teniendo en cuenta que eran los años
de la Guerra Fría. En sus páginas podrá encontrar
artículos de personas que durante aquellos años no habrían
podido expresar sus ideas. Gerbner, creo yo, era un valioso apoyo para
todos los investigadores que estaban tratando de decir cosas diferentes.
M: Me gustaría pasar de los temas más institucionales a
los más sustantivos. Quisiera que habláramos durante unos
minutos sobre su campo, la economía política de la comunicación,
para pasar luego a una discusión sobre la economía política
mundial y sus opiniones. Usted es identificado como una figura sobresaliente
en el desarrollo de la economía política de la comunicación.
Me pregunto si podría esbozar el contorno general de lo que usted
considera un enfoque de economía política y en qué
se diferencia de otros enfoques de la comunicación.
S: El punto de partida más importante es que prestemos mucha atención,
aunque no exclusivamente, a los factores económicos. Al mismo tiempo,
estos factores económicos deben ser interpretados en una dimensión
superior a la estrictamente económica. Uno es consciente de los
pilares básicos de la economía, pero también vemos
que la forma en que se toman las decisiones o los procesos creados sufren
el fuerte impacto procedente de la esfera política de la comunidad
o de la sociedad de la que usted está hablando. Por lo tanto, estamos
trabajando constantemente en la infraestructura o en lo económico,
pero estamos viendo cómo todo ésto se entremezcla o cómo
se ve afectado por las consideraciones políticas y, si puedo dar
un paso más allá, las consideraciones políticas podrían
ser la vía en que la sociedad se estructura en términos
de su formación de clases. Yo comparto la creencia de que vivimos
en una sociedad de clases.
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Existen diferentes clases; las dominantes y
las subordinadas. Estas cosas no son claras y no se pueden dar pruebas
exactas de estas definiciones. Las clases son fuertemente dependientes
de la forma en que se relacionan con la producción en una sociedad,
se produzca lo que se produzca. Estas condiciones afectan por supuesto
a la distribución de los ingresos. Nuestra sociedad posee una diferenciación
muy marcada de los receptores de ingresos en las diferentes clases. Pero
en todo caso, es este carácter de la estructura de clases y el
poder que emana de esta estructura, de arriba abajo y con muchos canales
difíciles de reconocer, los que forman parte de este tema que creo
que merece la pena examinar. Cómo afectan estas relaciones al proceso
de la comunicación es enormemente complicado; así nadie
está sugiriendo un modelo simple de clase dominante en el que se
afirme que como ahora tenemos este periódico, debe llevar este
titular. Nadie está haciendo esta afirmación.
Pero no reconocer que existe una clase dominante basada en su propiedad
y en su habilidad para tomar decisiones fundamentales es perder la capacidad
de clasificación. El problema crucial es cómo los enfoques
dominantes se filtran a través de los grupos que no tienen la misma
base de propiedad. Este es el problema, por lo menos en parte, al que
estoy intentando referirme.
RETOS DE LA ECONOMÍA
POLÍTICA
M: Tengo la sensación de que a lo largo
de su carrera, al intentar avanzar en el enfoque político-económico,
al que usted se ha dedicado, la economía política se ha
visto sometida a un reto. Usted mismo se ha enfrentado al desafío
en su reciente libro Culture Inc. ¿Cuál es su opinión
sobre el estado de los enfoques político-económicos actualmente?
Debo añadir que acabamos de hablar de una nueva generación
de universitarios que se ha introducido en este campo. Pero, de nuevo,
en los estudios culturales ampliamente definidos, se ha producido una
reacción contra el enfoque político-económico. ¿Cuál
es su opinión sobre el estado de este enfoque?
S: En primer lugar, y considerando este tema en un sentido general, pienso
que, si usted es un economista político crítico, se encontrará
en un grupo muy reducido sea cuál sea su especialidad, la comunicación
o cualquier otra. Esto es así porque ha existido un período
de dominación masiva de la ideología y de un poder del sistema
dominante. Después de todo, la oposición ha sido prácticamente
destruida y el reto de un sector socialista se ha visto, por lo menos
temporalmente, eliminado. Como individuo, es raro encontrar un intelectual
o sin serlo, vivir en Norteamérica y tener opiniones que están
en contra del poder dominante. Todo lo que nos rodea va en otra dirección.
Cualquiera que desarrolle una visión crítica se verá
en un grupo muy, muy limitado y desusado, porque todo se dirige de forma
represiva e incentivadora en otra dirección. Así pues, no
es sorprendente que la mayoría de la gente se mantenga en una posición
más acomodaticia. Este es el panorama general.
En la comunicación, creo que es una especie de aberración
que algunos de nosotros fuéramos capaces de llegar adonde llegamos.
Existía lo que pudiera llamarse una laguna. Los grandes iniciadores
de los años 30 establecieron todas estas cosas. Entonces, pasando
a los 40 y a los 50, los Lasswells, los Lazarsfelds y los Pools, y las
personas dedicadas a la investigación de la opinión pública
-todos aquellos que formaron parte de los primeros estudios de comunicación,
incluyendo la guerra psicológica o el marketing-, se pasaron fácilmente
al anticomunismo. Eran predominantes y no parecía que hubiese nada
de lo que preocuparse. Pero pasado el tiempo, a finales de los 60, llegamos
unos pocos -e inevitablemente la breve década (política)
de los 60 ofreció un apoyo adicional a ésto-, y por fin,
se creó una escuela crítica.
Realmente, no existe una escuela crítica. Existen unos pocos individuos;
no somos una escuela; no somos tantos; no tenemos base. En los pocos lugares
en el país donde dos o tres de nosotros, por cualquier razón,
sin seguir ninguna conspiración, sino por casualidad, hubiéramos
tenido la oportunidad de reunirnos -donde un departamento podría
haber contado con tres personas que hubieran compartido la noción
sobre cómo abordar estas cuestiones- ¿cuánto podría
durar algo así? Pues quizás un año o dos y luego
las fuerzas naturales del equipo dominante de las instituciones comenzaría
a funcionar y estas personas serían separadas. No ha existido un
lugar, que yo sepa, que contando con un grupo crítico haya durado
más de cinco años y mucho menos una década. Así
pues, todos nosotros funcionamos sin orden ni concierto, tratando de encontrarnos
con nuestros pocos colegas y amigos y seguir avanzando. No me sorprende
que no seamos un grupo más numeroso. Estoy satisfecho y siento
de alguna forma que las cosas están mejor de lo que había
esperado. Es sorprendente nuestra existencia, que estemos aquí,
que tengamos las audiencias que tenemos, el alcance que poseemos. Que
la escuela dominante sea hoy la de los estudios culturales, mientras que
en el pasado era la de los estudios de efectos, no me preocupa demasiado.
Con seguridad el contacto directo con un trabajo de este tipo me hace
sentir incómodo porque siento que está básicamente
fuera de lugar.
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M: Así pues, ¿piensa usted que
los estudios culturales son herederos de la tradición de los efectos?
S: Sí; pero creo que hace un año o dos habría estado
un poco menos contento de lo que lo estoy hoy en día. No sé
si ahora parezco muy optimista, pero los acontecimientos de estos meses
pasados y el día a día, hacen que lo que merece la pena
de la economía política sea cada vez más importante.
Podemos no tener acceso a las instituciones de la sociedad, y con seguridad
no somos el centro de atención, pero contamos con un factor que
es mucho más importante y mucho más influyente. Se trata
de la realidad. Nos encontramos más cerca de la realidad y, por
lo tanto, estamos destinados a tener impacto. A veces la realidad puede
ser oscurecida; a veces no es evidente, pero cada vez lo es más.
M: Observando los retos de la economía política y ya que
hemos hablado de los estudios culturales, otra cosa que me sorprende,
como particularmente poderosa, es la corriente principal de la política
y la economía y su influencia en lo que podría ser denominado
como investigación política. Cuando mira a ese trabajo y
se eleva contra los estudios culturales, ¿cree usted que uno de
los dos es más fuerte o que amenaza más al enfoque crítico?
S: Actualmente, yo diría que son los análisis políticos.
Creo que los estudios culturales están lejos de poder manejar los
tipos de problemas que la gente tiene, que permanecen más en el
área del trabajo de un grupo excluyente y aunque el grupo excluyente
sea numeroso, no deja por éso de ser excluyente. Si este tipo de
cosas llega a publicarse en los periódicos, casi siempre es de
forma despectiva. No estoy apoyando aquí una opinión anti-intelectual
de algún periodista de tres al cuarto. Pero el hecho es que no
puede hacer impacto en la gente porque no trata de sus problemas. Los
análisis políticos pueden impactar porque parecen tratar
sobre estas cuestiones. Actualmente están utilizando un marco muy
diferente y rara vez corroboran sus supuestos. ¡Ese es el problema!
Conseguimos políticas que son presentadas con mucho refinamiento
y habilidad, normalmente como estudios que nacen de análisis intelectuales
muy cuidadosos. La gente que hace este trabajo es frecuentemente muy capaz
intelectualmente; nadie lo pone en duda. Pero uno debe mirar hacia los
objetivos y hacia los supuestos básicos. Esto yo diría que
es una de las cosas más importantes que la economía política
puede hacer: tomar este tipo de trabajo sobre política y someterlo
a una análisis crítico. En primer lugar, es un buen entrenamiento;
le permite a uno desarrollar sus habilidades para el análisis.
También es muy útil porque uno puede abrirse camino a través
de otras explicaciones, interpretaciones y análisis.
M: ¿Podemos volver entonces a los trabajos centrales sobre economía?
¿Cree usted que existen grandes amenazas procedentes de lo que
parecen ser los insolubles problemas de la economía? La economía
política neoclásica no puede dirigir los problemas de nuestro
tiempo y parece ser que cada vez más gente ha señalado la
futilidad de aplicar soluciones neoclásicas a estos problemas.
¿Qué opina del estado de la corriente principal de pensamiento
en la ciencia económica y política?
S: No tengo en mucha estima la corriente central de la ciencia política
ni de la económica. Creo que tenemos un recuerdo, si no de fracaso,
sí de reticencia, deliberada reticencia a hacer preguntas. Como
ejemplo, en el período de la guerra de Vietnam, ¿dónde
estaban los economistas cuando el gobierno eligió financiar la
guerra con la deuda en lugar de con el pago de impuestos? Los economistas
no abrieron la boca, a pesar de que este tema ha contribuido en gran medida
a nuestros actuales problemas económicos. Allí donde existan
intereses de las clases dominantes los economistas son siempre muy discretos
y se muestran muy colaboradores. ¿Dónde estaban los economistas
durante los diez años de la era Reagan? Estaba claro lo que sucedía;
no hacía falta que uno fuera economista para ver lo que se había
hecho con la sociedad. Ahora entendemos que se produjo una transferencia
masiva de riqueza de los niveles bajos y medios a los altos. Se admitió
una vez hecho. ¿Dónde estaban los economistas? ¿Cómo
podemos tener algún respeto por los economistas cuando no pueden
determinar si estamos o no en una crisis económica? No pueden determinar
si estamos realmente en recesión, si es un paréntesis o
qué. La forma en la que estoy hablando puede sonar poco profesional
ya que no tengo en cuenta toda la complejidad de la situación,
pero creo que es una acusación justa. En cuanto a la ciencia política,
mientras discute con gran detalle los hábitos como electores de
los americanos -cada vez más científicos de la política
están estudiando el comportamiento electoral-, el factor principal
en la vida política es que no hay un comportamiento electoral,
más del 50 por ciento de la gente no vota en las elecciones nacionales
y el 70 por ciento no vota en las locales. Discuten el comportamiento
electoral; deberían estar discutiendo por qué no existe
comportamiento electoral y por qué el voto se ha convertido en
algo irrelevante, mientras las decisiones de vital importancia se hacen
fuera del proceso político.
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TRANSFORMACIONES MUNDIALES
M: Usted ha identificado muchos de los errores
de la corriente principal de la economía política y de la
ciencia política durante años. Quizá uno de los más
significativos fuera el que tuvo lugar hace cuatro o cinco años:
el fracaso de no haber visto la reestructuración fundamental que
había tenido lugar en el mundo político y en el sistema
económico, el declive del mundo comunista, el desmoronamiento de
la Unión Soviética y de la Europa del Este, el surgimiento
del llamado Nuevo Orden Mundial. ¿Podemos volver nuestra atención
a estos desarrollos porque es éste el medio ambiente del que ha
hablado usted durante años? Su atención siempre se ha centrado
en el panorama general, en el sistema mundial de poder. Sería útil
para nosotros saber qué opina de ésto. ¿Qué
piensa del declive o del final de la Guerra Fría? ¿Cómo
reacciona ante ello?
S: La Guerra Fría ha sido sencillamente arrinconada. Lo que estamos
viendo realmente es que el principal adversario ha sido destruido. El
comunismo soviético ha sido eliminado y aunque ésto pueda
ser considerado como el resultado inevitable de un sistema que era inherentemente
defectuoso, no creo que ésta sea la única conclusión
a la que uno puede llegar. Yo veo muchas cosas que estaban francamente
mal del sistema soviético; pero uno no debe nunca olvidar que ese
sistema ha sido el objetivo de una presión feroz desde su temprana
concepción, desde la revolución al nombramiento de Gorbachov
en 1985. Ha existido una presión continua, una presión que
ha hecho parecer como si el sistema mismo fuera inadecuado, tan estructurado
que al final caería en cada uno de sus errores. No creo que este
supuesto esté probado. Lo que sí está probado es
que una sociedad muy pobre, que trata desesperadamente de mejorarse, que
adopta todo tipo de mecanismos, algunos buenos y otros menos buenos, puede
fracasar a través de intervenciones masivas (económicas,
culturales, militares). No creo que tengamos un caso de laboratorio que
muestre que el socialismo ha fracasado. Lo que se intentó, bajo
condiciones extremadamente duras y que adicionalmente se vieron sobrecargadas
por una fantástica oposición externa, fracasó. Esto
es todo lo que puede decirse. Yo no me contento con que el capitalismo
sea la única respuesta a las aspiraciones humanas. No siento que
el curso de la historia se haya detenido o que el capitalismo haya solucionado
los problemas de la especie humana. El capitalismo puede ser capaz de
crear un equilibrio para sí mismo que le capacite para avanzar
relativamente cómodo durante un tiempo limitado. Creo que estamos
en un período en el que veremos tremendas convulsiones, convulsiones
que ni siquiera imaginamos.
M: Su trabajo nos ha dado una idea del poder de las sociedades transnacionales
y también nos ha dado idea de que las soluciones son más
complejas. Existen problemas fundamentales basados en el mismo capitalismo
que nos indican que nuestro futuro no es seguro.
S: La seguridad es una palabra muy amplia; es como si usted tuviera que
hacer dos tipos de preguntas y ponerlas sobre una mesa y preguntar cómo
serían respondidas en el futuro. Una es toda la cuestión
de los bloques rivales que están contrapuestos. El desarrollo en
bloque va a funcionar por sí mismo de tal forma que veremos al
mundo organizándose en coaliciones, como la europea, aunque no
está claro hasta qué punto incorporará a lo que se
llamó la Unión Soviética. Los japoneses, que pueden
incorporar una parte amplia del Pacífico, y los americanos que
esperan incorporar Canadá, Latinoamérica y Centroamérica.
Esto es un esbozo, pero también se nos puede ocurrir cómo
interactuarán y no hay nada que le haga a uno esperar que interactúen
de forma amistosa. Uno tiene muchas razones para creer que cada cual funcionará
en su propio beneficio y que en cualquier momento desarrollarán
una actitud belicosa.
Pero sea lo que sea lo que uno responda, esos tres bloques prescindirán
de las masas del género humano, de la humanidad. ¿Qué
se supone que le va a pasar a mil millones de personas en la India? ¿Qué
se supone que les va a pasar a mil millones de personas en el área
que actualmente es China? ¿Qué se supone que le sucederá
a la gente que forma parte o que se supone que forma parte de lo que es
el dominio de Estados Unidos -ahora cerca de 500 millones de personas
en Latinoamérica? ¿Qué se supone que pasa en el mundo?
Nosotros sabemos lo que quieren que suceda los que tienen el poder -Europa
quiere mantener fuera a los demás. En Estados Unidos, incluso aunque
estemos hablando casi en la frontera con México, no está
claro lo que va a suceder. Hablar de estabilidad o de hacer habitable
el mundo, cuando más de la mitad o por lo menos el 60 por ciento
de la población mundial se encuentra excluída y las otras
categorías están dedicadas a expandir continuamente su cuota
de lo que el mundo tiene que ofrecer, es una receta explosiva.
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¿Cuándo? no se puede decir. ¿En
qué forma? no se puede imaginar. Creo que lo más probable
será que atravesemos períodos de severa represión
policial, debida en parte al resultado de una necesidad sistemática
de mantener a los demás a distancia, y en parte al de las no resueltas
desigualdades de clase y de raza. Sea como sea que estos acontecimientos
vayan a suceder, el aspecto general de lo que es el contorno del desarrollo
no ha sido jamás discutido en profundidad. Nosotros tenemos aquí
y en Europa a la mayoría de los pensadores, de los economistas,
de los especialistas políticos, de los políticos. ¿De
qué tipo de futuro están hablando ahora que el socialismo
ha desaparecido? Ya sabemos de qué va el capitalismo; está
abiertamente establecido. Va sobre crecimiento, que Norteamérica
siga moviéndose, que Norteamérica siga creciendo. Europa
quiere también crecer más. Y Japón asimismo tiene
que crecer. Todos hablan de una expansión económica sin
límites. La razón por la que no tiene límites es
que es lo que el sistema requiere en primer lugar para sus propios procesos
de acumulación. La gente que posee fábricas quiere hacer
más dinero. Quiere expandir sus fábricas porque si no lo
hacen alguien llegará y se las comprará. Esta es la dinámica
del capitalismo. Puede producir más productos y puede producir
una forma más eficaz de hacer estos productos, porque se encuentra
bajo todas estas presiones. Existe siempre una continua lucha por la expansión.
Estas son las características del sistema. Cambiarlas significa
cambiar el sistema. Más aún, ahora que el sistema no tiene
rival, ¿qué le deja ésto a dos tercios de la población
del mundo? ¿Dónde deja al planeta? ¿Dónde
queda la buena Tierra?
COMUNICACIÓN Y MOVIMIENTOS
DEMOCRÁTICOS
M: Hay gente que opina que la aplicación
de la tecnología de la información podría ayudar
a aliviar todo ésto. Los que proponen este enfoque afirman que
la gente debería poner sus esperanzas en microprocesadores más
poderosos para construir sistemas más productivos y más
seguros ambientalmente. No parece que usted tenga mucha esperanza en esta
creencia.
S: No he dicho que ésto sea hipotéticamente imposible, pero
las medidas institucionales que existen actualmente y que no muestran
signos de cambio no están preparadas para hacerlo, no lo harán.
Las disposiciones institucionales no están preparadas para distribuir
filantrópicamente los productos de la ingeniería, la innovación
o el consumo en formas que vayan contra las posibilidades básicas
de hacer dinero que actualmente prevalecen. Desde luego uno puede hablar
ahora correctamente con respecto a los microprocesadores, y se puede hacer
las mismas preguntas: ¿Por qué se encuentra Estados Unidos
en este desorden cuando nuestro sistema industrial puede producir todo
lo que la gente necesita y hacer así una importante contribución
a las necesidades de las gentes de todo el mundo?
M: Una de las cosas que ha demostrado su trabajo a través de los
años es la enorme flexibilidad del capitalismo. ¿Qué
piensa usted que harán los poderes de cara a esta enorme contradicción?
¿Veremos la degradación medioambiental y la miseria de mucha
más gente?
S: Primero utilizarán sus técnicas inmorales ya existentes
para tratar de hacer las cosas, para tratar de llevar a cabo sus objetivos
en lugares en los que puedan quedar impunes. Así por ejemplo, me
contaron casualmente la historia de que nuestros líderes en Washington
están firmando acuerdos con las tribus indias de Norteamérica
para colocar los residuos tóxicos y nucleares en las reservas.
A cambio les ofrecen bonificaciones. Si salen o no salen impunes de ésto
es por supuesto otra cuestión.
M: ¿Cuál es el papel de los medios de comunicación
social en todo ésto?
S: Los medios de comunicación social son los brazos ejecutores
del sistema. Los gobernantes son capaces de confiar en la ayuda de los
medios de comunicación. De cuando en cuando sucede algo y arman
un revuelo sobre ésto o lo otro, pero si los medios practican algo
vagamente parecido a la responsabilidad social, se producirá alarma,
cólera y una represalia inmediata en los centros neurálgicos
del sistema. Pero como los medios son una parte del sistema de poder,
los controladores no tienen nada de qué preocuparse.
 |
M: Me gustaría concluir nuestra conversación
con los movimientos sociales que ofrecen alguna esperanza al mundo para
la resistencia democrática contra los poderes existentes. Usted
ha pasado muchos años trabajando en el Nuevo Orden Mundial de la
Información y la Comunicación. Cuando nos asomamos al debate
actual y a los cambios que están teniendo lugar en el mundo, ¿cuáles
son sus pensamientos?
S: Dados los tiempos que corren, la idea original de un nuevo orden internacional
de la información ha quedado totalmente en vía muerta. Como
he dicho ya antes, el concepto de Nuevo Orden Mundial que Bush utiliza
es realmente una apropiación del término. No tiene ningún
contenido, si acaso el de la posibilidad de un nuevo orden mundial en
el que podamos intervenir allí donde encontremos evoluciones que
no sean de nuestro gusto, como en Granada, Panamá, Nicaragua, Irak,
ahora Libia y quizás Cuba. Este es el nuevo orden mundial del que
Bush habla. El nuevo orden mundial del que habla Washington hizo una primera
aparición en el Golfo, utilizando a las Naciones Unidas como instrumento
de tapadera. Bush y su equipo tuvieron mucho éxito por una serie
de razones, una de las cuales es el total derrumbamiento de la esfera
soviética en la que vemos actualmente la colaboración de
Gorbachov y, por supuesto, el sometimiento de otras naciones. Esto es
lo que esperan. Yo tengo un poco más de esperanza sobre las posibilidades
dentro de Estados Unidos que sobre las posibilidades en otros lugares.
M: ¿Por ejemplo?
S: Estados Unidos es el país más saturado de información
del mundo, la mayor parte de la cual emana de fuentes industriales, comerciales
y militares. Como resultado creo que hay más gente en Estados Unidos
que ha comenzado a reconocer que su flujo de información está
contaminado. Existe un amplio reconocimiento de ésto. Pienso que
hay mucha gente que creció en la década de los 60 que no
ha perdido sus convicciones. Muchos de ellos han estado muy comprometidos
en la realidad básica de la vida formando una familia y trabajando.
Esto no quiere decir que hayan olvidado lo que les inspiró o movilizó
hace 20 años. Así pues, hay mucha gente como ésta
ahí fuera. También hay grupos de gente muy preparada en
medios de comunicación alternativos, productores de televisión,
de vídeo, de cine y gente de prensa. Ahora en cualquier parte parecen
insignificantes. Parecen un puñado de gente que tiene contra ellos
a toda la parafernalia de los medios y otros tipos de poder. Pero no son
una fuerza totalmente insignificante. Creo que ha crecido, aunque todavía
es muy difícil relacionarlos y situarlos en un conjunto nacional.
En los mismos medios comerciales, en mi propia y limitada experiencia,
en los encuentros que he tenido con gente de los medios tradicionales,
existe un número considerable de periodistas y radiodifusores en
activo que no están contentos pero tienen trabajo. Bajo otras circunstancias
habrían orientado su talento y su experiencia en otra dirección.
Así que pienso que tenemos cierta base en Estados Unidos que no
debe ser pasada por alto. Creo que las condiciones económicas van
a provocar más y más preguntas. De forma creciente la gente
buscará alternativas satisfactorias.
- Mass Communication and American Empire: Comunicación de masas
e imperialismo yanqui, G. Gili., Barcelona, 1976.
- El imperialismo USA en la comunicación de masas, Akal, Madrid,
1977.
- The Mind Managers: Manipuladores de cerebros, Gedisa, Buenos Aires,
1974.
- Who knows. Information in the Age of Fortune 500. El poder informático,
G. Gili, Barcelona, 1983.
- Information and the crisis economy: Información y economía
en tiempo de crisis, Fundesco, Madrid, 1986.
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