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CENTRAL |
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Telecomunicaciones y lucha por
el mercado.
La competencia en el sudeste asiático.
Dan Schiller / Enrique Bonus / Meighan
Maguire / Lora Taub |
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La evolución de la lucha por la competencia
y el poder en el sudeste asiático muestra el papel estratégico
que ocupan actualmente las comunicaciones y la industria cultural. Una
intrincada red de alianzas se dibuja a nivel mundial.
Numerosos cambios históri- cos se han apoderado del Este asiático;
el orden de posguerra se está resquebrajando y la relativa decadencia
de la presencia empresarial y militar de Estados Unidos en esta zona es
uno de los aspectos de la transformación. La adopción del
capitalismo por la fragmentada Unión Soviética y la reasimilación
de la China continental al mercado mundial son dos hechos incipientes
y, sin embargo, de una envergadura imprevisible. A pesar de ello la siguiente
afirmación ofrece pocas dudas: "El hecho más importante
del periodo posterior a la Guerra Fría en la región del
Pacífico asiático es el dominio creciente de Japón
y el grado en el que está integrando a todos los países
de la zona (incluyendo a China continental) a través del comercio,
las inversiones directas, las ayudas, los servicios financieros, la transferencia
de tecnología y su continuado papel como modelo de desarrollo"
(1). Sorprendentemente ausentes de esta enumeración de mecanismos
que apoyan la evolución de Japón hacia la supremacía
económica en la zona se encuentran los medios de comunicación
internacional. ¿Acaso las comunicaciones son menos importantes
que esos otros puntos?
La investigación de vanguardia en las décadas de los 60
y 70 documenta ampliamente el papel esencial, incluso elemental, desempeñado
por las comunicaciones en el crecimiento de un imperio económico
extraoficial anterior: el de Estados Unidos. A través de las décadas
de la posguerra, el control de EE.UU. de los incipientes circuitos mundiales
de publicidad, noticias, películas, series televisivas, discografía
y datos electrónicos empresariales supusieron un incomparable apoyo
a su programa global de expansión transnacional. En breves palabras:
"la comunicación acompaña a los flujos de capital"
(2).
¿Qué parte, entonces, desempeñaron las comunicaciones
en el ascenso actual de Japón al puesto de potencia económica
mundial, especialmente en el contexto de los rápidamente crecientes
mercados del Este asiático? ¿Son estos signos indicativos
de que Japón estaba tratando de desarrollar y ampliar un papel
autónomo en las comunicaciones internacionales? Si así fue,
¿indicaba otro punto de enfrentamiento con EE.UU.? Si no, ¿es
que las agencias de comunicación eran menos importantes en el gran
proceso del dominio político económico?
Este texto revisa las relaciones entre EE.UU. y Japón en varios
subsectores de la industria de la comunicación para evaluar estos
y otros aspectos relacionados. Su mayor hallazgo es el acelerado desarrollo
de una incipiente economía de consumo en el Este asiático
que depende más que nunca de las comunicaciones internacionales.
Sin embargo, como veremos, el espectacular ascenso de Japón hacia
el poder económico transnacional, en contraste con el que Estados
Unidos ostentó en las décadas de la posguerra, depende en
gran medida de un sistema informativo prestado. Una nueva fase de la transnacionalización
del capital en la industria de las comunicaciones (y más allá
de ella) estaba tomando forma.
Comenzaremos la investigación tratando de establecer un entendimiento
general de los cambios en el comercio y en los modelos de inversión
en el Pacífico.
"Muchos norteamericanos", señala con preocupación
el Wall Street Journal, "empiezan a pensar que las compañías
japonesas están echando a EE.UU. fuera de Asia" (3). La presencia
de EE.UU. fue prácticamente eliminada; en Singapur, por ejemplo,
unas 800 compañías norteamericanas mantenían inversiones
directas (4). No obstante, durante los años 80, los japoneses comenzaron
a hacerse con el liderazgo económico, especialmente después
de la revaluación del yen en 1985.
No hace falta que detallemos la extraordinaria resurrección de
la economía política de Japón, devastada por la II
Guerra Mundial, pero reconstruida por la voluntad nacional y los dólares
norteamericanos (estos últimos enviados para atacar y contener
a los socialismos asiáticos de la Unión Soviética,
de China, de Corea y de Vietnam). Durante los pasados quince años,
Japón se ha convertido en un importante país exportador,
igual que EE.UU. lo hizo en las dos décadas posteriores a la II
Guerra Mundial, y ha diversificado su espectro de producción y
finanzas.
Un estudio más profundo de las recientes tendencias inversoras
ayuda a desvelar los extraordinarios cambios que estaban teniendo lugar.
Las masivas inversiones de Japón en el extranjero comenzaron a
eclipsar a las de Estados Unidos, que había sido la potencia dominante
en la zona durante décadas. En 1990, el total de las inversiones
norteamericanas en el exterior ascendió a 421.000 millones de dólares.
Las de Japón representaban el 5 por ciento de estas inversiones;
mientras, Hong Kong, Taiwan, Corea y Singapur representaban un 3,5 por
ciento adicional. En contraste, Taiwan, Corea, Hong Kong y Singapur representaban
un 7,8 por ciento de las inversiones directas exteriores de Japón,
que ascendían a 311.000 millones de dólares. Las inversiones
directas exteriores norteamericanas en todo el Este asiático ascendieron
a 46.000 millones de dólares en 1990, con unos 4.400 millones de
más durante el año 1991. De nuevo, Japón dejó
atrás a Estados Unidos con un total aproximado, en 1990, de unos
47.000 millones y unos 8.700 millones adicionales en concepto de inversiones
directas en 1991 (5).
Además, Japón se convirtió en el más prolífico
exportador al resto de Asia; durante 1991 sus exportaciones a este continente
soprepasaron incluso las exportaciones a EE.UU. (6). En 1991, más
aún, las exportaciones japonesas a Taiwan, Corea, China y los seis
países de la ASEAN -Brunei, Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur
y Tailandia- ascendieron en total a aproximadamente 107.000 millones de
dólares, comparados con los 60.000 millones de dólares en
exportaciones de EE.UU. (7).
¿Significaban estas costosas inversiones
y densos vínculos comerciales entre Japón, los países
de la NIE y de la ASEAN el nacimiento de una economía política
en el Este asiático integrada e independiente?
Sin duda alguna, la tendencia se dibujaba claramente en esta dirección.
Los últimos años de la década de los 80 marcaron
un punto de inflexión en la estructura de las relaciones económicas
del Este asiático, conforme el comercio interregional y las inversiones
crecían lo suficiente como para comenzar un torrente de crecimiento
independiente. El comercio total de la NIE (535.000 millones de dólares
en 1990) alcanzó al de Japón. La participación del
comercio japonés con el Este asiático representaba un 30
por ciento, ligeramente por delante de la del comercio con EE.UU., convirtiendo
así al Este asiático en el más importante socio comercial
de Japón. De igual forma, el excedente comercial de Japón
con el Este asiático soprepasó por primera vez en 1991 el
que tenían con Europa o EE.UU. "El resultado", afirma
un informe especializado, "es que han aparecido enormes excedentes
en el Este asiático, provocando unas inversiones interregionales
muy activas" (8). Algunos líderes japoneses comenzaron a hablar
de forma cada vez más favorable de un bloque de comercio del Este
asiático, que surgiera como contrapeso a cualquier expansión
del Tratado de Libre Comercio Norteamericano (9). Shintaro Ishihara, un
político conservador, declaró abiertamente que "Asia
es la franquicia de Japón" (10).
Sin embargo, mientras los japoneses comenzaron a suplantar a EE.UU. en
las exportaciones al resto del Este asiático, estaban muy lejos
de convertirse en el mercado dominante para otros países de Asia.
Este papel siguió desempeñándolo EE.UU. En contraste,
Japón se resistió a hacer concesiones comerciales a la NIE
y, como consecuencia, tuvo que cargar con importantes excedentes en algunos
de los países miembros. El déficit comercial coreano con
respecto a Japón en 1991, por ejemplo, ascendía a no menos
de 19.000 millones de dólares (11). La dependencia japonesa del
mercado estadounidense, sin embargo, también engendró una
vulnerabilidad económica importante. ¿Qué pasaría
si el acceso al mercado de EE.UU. se redujera o se cerrara, debido a una
demanda decreciente o a un incremento del proteccionismo?
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UNA NACIENTE ECONOMIA DE
CONSUMO EN EL ESTE ASIÁTICO
Totalmente conscientes de este dilema, los
políticos japoneses trabajaron para librarse ellos mismos de la
demanda de EE.UU. ¿Cómo? Aunque todavía no se viera
con claridad, la respuesta no ofrecía dudas. Japón buscaba
erigirse en el epicentro de una economía de consumo panasiática.
Los intentos se dirigieron a establecer el mercado nacional japonés
"como una fuerza directriz en la dinámica de la economía
mundial comparable a aquellas de EE.UU. o de la CE" (12). Esta tendencia
no presentaba antagonismo alguno con los intereses de las compañías
norteamericanas. Estas, como veremos, cosecharon importantes beneficios
con el desarrollo de un consumo de masas en el Este asiático.
A finales de los años 80, conforme crecía la demanda del
consumidor tanto en la NIE como en la ASEAN, comenzó a surgir "un
mercado de consumo gigante no sólo en Japón, sino en todo
el Este asiático". Las cifras per capita inducen a error pues
no transmiten el grado de desigualdad en la distribución de los
ingresos. Sin embargo, como índice al desnudo del desarrollo del
mercado total, revelan un crecimiento asombroso. Los ingresos per capita
en Japón -20.185 dólares en 1989- están por encima
de los norteamericanos en aquel mismo año (19.560 dólares).
La renta per capita en Taiwan creció de 443 dólares en 1971
a 8.800 dólares en 1991; la renta per capita en Singapur en 1990
era de 12.700 dólares; en Hong Kong, de 12.086 dólares;
y en Corea del Sur, de 5.003 dólares, por debajo de las demás,
aunque se anunciaron futuros incrementos. La gestación de las clases
medias era un hecho que formaba parte de la tendencia general.
Los intentos que comenzaron a realizarse iban dirigidos a "equiparar
los mercados de consumo en todo Asia" (13).
En 1987 Japón era la segunda potencia mundial en términos
de gastos totales nacionales y gastos per capita en publicidad (14). De
igual forma, las tarjetas de crédito empezaron a proliferar, especialmente
entre la juventud. En total, el número de tarjetas expedidas en
Japón dobló su cifra de 1985 a 1990, ascendiendo a 166 millones.
Solamente la tarjeta Visa Internacional representaba a 37 millones de
cuentas corrientes japonesas. Sin que le sorprendiera a nadie, la deuda
del consumidor ascendía a 460.000 millones de dólares en
1992 (15).
Las acciones llevadas a cabo recientemente por políticos japoneses
han dado un nuevo impulso a la economía de consumo. Así,
el primer ministro Miyazawa abrió las sesiones del Parlamento en
enero con la promesa de transformar a Japón en un gigante del nivel
de vida, a través de un cambio de prioridades nacionales: de la
producción al consumidor. Aunque los trabajadores japoneses seguían
con una jornada laboral más extensa que la de sus compañeros
norteamericanos (y los trabajadores coreanos mucho más larga aún),
la semana de cinco días laborables, tan sólo en funcionamiento
en cuatro quintos de las compañías japonesas, recibió
un apoyo oficial (16). El presidente de Sony distribuyó notas similares
en un llamamiento a las compañías japonesas para que redujeran
los horarios laborales e incrementaran de forma selectiva los sueldos
para asegurar una mayor "calidad de vida" (17).
No obstante, existen dos obtáculos principales al dominio japonés
en el Este asiático. Los líderes norteamericanos insistían
en que, incluso en disminución proporcional, EE.UU. mantenía
una participación muy amplia en los mercados asiáticos para
poder aceptar una disminución radical de su papel en ellos, especialmente
a la luz de los índices de crecimiento sin rival de estos países
y de sus enormes poblaciones. El presidente Bush ha declarado que EE.UU.
es un Estado del Pacífico y que "el futuro de Estados Unidos
está vinculado a la zona asiática del Pacífico".
"Apoyar el compromiso norteamericano en el Este asiático y
en el Pacífico", afirmó el Secretario de Estado James
Baker, "es vital para los intereses de EE.UU." (18).
El segundo obstáculo era la propia herencia japonesa del colonialismo
y la ocupación militar. Con toda seguridad, la sensibilidad en
la zona con respecto a Japón fue explotada por los políticos
de EE.UU. para racionalizar sus propios intereses. "La mayor parte
de la población del Este asiático quiere que EE.UU. mantenga
una presencia estabilizadora en la zona", afirma un reportaje en
la prensa norteamericana. "Muchos albergan una considerable desconfianza
y están preocupados por el renacido poder de Japón. Así,
el tratado de seguridad EE.UU.-Japón es vital...no para proteger
a Japón sino para frenarlo".
La continuidad en las inversiones, el comercio y el compromiso militar
norteamericano en el Este asiático, asociado con los esfuerzos
de otros países asiáticos por incrementar su propio espacio
de maniobra enfrentando a EE.UU. y Japón, obstruyó el dinamismo
japonés de operar en solitario para desarrollar una economía
de consumo panasiática. A Japón no sólo le interesaría
ya absorber la mayor parte del peso de las exportaciones asiáticas
para suplantar en el liderazgo a EE.UU. El empeño de Japón
por colocarse en el centro de la economía de consumo panasiática
dependería profundamente de las comunicaciones internacionales.
Los medios de comunicación comerciales dedicados al entretenimiento
se encuentran en el mismo centro del consumo de masas, dando forma, agudizando
y beneficiándose de ello -a través de la publicidad, excitando
el interés por las novedades, y cultivando el derecho popular al
mismo consumo (19).
¿Cómo podría Japón potenciar su capacidad
en el estratégico terreno de las comunicaciones internacionales?
Antes de dirigirnos a este aspecto, revisaremos brevemente el crecimiento
de los sistemas de comunicaciones comerciales en el Este asiático.
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CRECIMIENTO DE LOS MEDIOS
DE COMUNICACIÓN COMERCIALES EN EL ESTE ASIÁTICO
Obedeciendo a la exigencia de los anunciantes
de dirigirse a mercados muy amplios, los medios de comunicación
comerciales -sobre todo la televisión- crecieron de una forma equilibrada
en su explosiva penetración en el Este. Los planes para instalar
en los hogares asiáticos televisiones y nuevos servicios avanzados
de información se convirtieron en temas de absoluta prioridad nacional.
Conforme proliferaban los nuevos medios, la capacidad de los canales aumentaba
-haciendo que el control de la programación de entretenimiento
se volviera más importante. En la carrera para desarrollar los
mercados de consumo en Asia, los controles nacionales sobre las empresas
de comunicación comenzaron a verse sometidos a la presión
ejercida por los medios de comunicación comerciales exigidos por
los anunciantes.
En la República de Corea, el segundo mercado más amplio
de Asia, la publicidad se convirtió en una de las industrias nacionales
de más rápido crecimiento: los gastos en publicidad experimentaron
un gran aumento en los años comprendidos entre 1975 y 1990 (20).
La demanda de publicidad televisiva sobrepasó de tal forma lo que
las dos cadenas establecidas podían emitir (el número de
anunciantes se triplicó durante la década de los 80) que
los espacios para los anuncios más apreciados fueron vendidos con
meses de antelación. La radiodifusión privada fue por fin
autorizada (21).
Un estudio realizado en Hong Kong en 1989 entre los niños comprendidos
entre las edades de 9 y 15 años demostró que veían
una media de 2,2 horas al día de televisión. Incrementos
posteriores en las horas de atención televisiva estaban claramente
latentes en la mayor parte de Asia. "Los chinos que habían
prosperado en el extranjero", aseguraba un informe, se decía
que llevaban a casa "lotes de películas populares de Hollywood
y unidades VCR japonesas". El 30 por ciento de los hogares de Corea
del Sur poseían VCR; 900 explotadores del cable distribuían
a tres millones de abonados y unas 400.000 antenas parabólicas
enviaban la señal de televisión japonesa. Las antenas parabólicas
tuvieron un éxito aún mayor en Japón, donde en 1990
entre 100.000 y 150.000 hogares instalaban el sistema al mes; y un nuevo
satélite capaz de retransmitir la señal de alta definición
fue añadido en 1991. En Japón también el 80 por ciento
de los hogares disponía de VCR (22).
Como ocurrió en Europa Occidental una década antes, la rápida
proliferación del VCR, de emisoras privadas de televisión,
de la televisión por cable y, cada vez más, de los satélites
de radiodifusión en directo, aumentaron rápidamente el índice
de penetración de los medios de comunicación comerciales.
Las cadenas de radiodifusión del servicio público tradicional
fueron superadas, surgiendo así una amenaza sobre el control nacional
de la propia cultura.
Esta plataforma de medios de comunicación comerciales abrió
la vía para una completa variedad de empresas de joint-venture
que se extendían tanto en el hardware como en el software de entretenimiento.
Los conglomerados culturales de EE.UU., Japón y Europa predominaban
en la lucha por las ventajas del mercado en el Este asiático, pero
también dejaron espacio para otras fuentes de capital.
LA LUCHA POR LA COLOCACIÓN
EN LAS COMUNICACIONES INTERNACIONALES
En 1992, entre un vasto abanico de producción
cultural y de comunicaciones, había nacido una intensa guerra por
el posicionamiento. Las empresas de todos los sectores y de muchos países
trataron de hacer apuestas compensatorias y, al mismo tiempo, lanzar nuevos
ataques contra sus competidores.
Por una parte, el control de EE.UU. en la industria de la comunicación
se mantuvo como realidad esencial, tanto en el Pacífico como en
el resto del mundo. Algunos centros de poder norteamericano en las comunicaciones
mundiales -sobre todo cadenas de radiodifusión terrena- habían
sido considerablemente debilitados (23). Sin embargo, ésto no debe
confundirse siempre con un declive de EE.UU. en las comunicaciones. El
reparto de los principales jugadores estaba cambiando; la desregulación
federal, la convergencia tecnológica y la creciente concentración
de medios de comunicación estaban transformando el equilibrio de
poder en la industria. Las cadenas de televisión por cable, las
compañías de servicio de telecomunicaciones, los productores
de programas y de paquetes, las agencias de publicidad permanecían
ahora en su centro. Todos estos grupos estaban ya o atrincherados en el
extranjero o buscando con energía un crecimiento en el escenario
internacional. Además, las agencias del gobierno de EE.UU. aceleraban
el ritmo de la reorganización, empujando a la industria norteamericana
de las comunicaciones hacia movimientos más agresivos (24). El
control de EE.UU. sobre las comunicaciones obstruía cualquier intento
japonés de construir una economía de consumo panasiática
autónoma. También puso límites a toda la ambición
político-económica de Japón.
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Por otra parte, las capacidades extraterritoriales
japonesas en las comunicaciones y la información daban signos de
estar surgiendo como una prioridad nacional importante. La dominación
continuada de EE.UU. sobre muchos sectores estratégicos provocó
un acelerado esfuerzo por parte de Japón para desarrollar recursos
adicionales en las comunicaciones internacionales.
Japón ya había ganado importantes ventajas competitivas
en algunos segmentos de la industria informática y electrónica,
desde la electrónica de consumo a los superordenadores y a las
telecomunicaciones. Los cohetes y satélites sin embargo eran dos
de las áreas de independencia y sofisticación económica
japonesa. El H-II, un vehículo comparable al europeo Ariane y al
norteamericano Titan, sería capaz de colocar dos satélites
de dos toneladas de peso en órbita geoestacionaria. Y aunque se
presionó intensamente a Japón para que se permitiera a ciertas
compañías norteamericanas participar en el desarrollo de
un nuevo satélite de comunicaciones, los japoneses alteraron con
éxito el plan de desarrollo para negarse de forma legal a tal compromiso
(25). Estas instancias ofrecieron un testimonio importante de la recién
creada autonomía japonesa y, en muchos casos, de su poder en los
mercados de comunicación internacionales, especialmente de hardware.
Esta lucha por la ventaja competitiva en las comunicaciones del Este asiático
resultó no sólo -en algunos puntos- en el enfrentamiento
abierto, sino también, y quizás más importante, en
la creación de empresas de joint-venture, de fusiones y adquisiciones,
y de otros tipos de sociedades empresariales entre los intereses de EE.UU.,
Japón, Europa y el Este asiático. Los capitalistas asiáticos
utilizaron la diplomacia privada para internacionalizar capital con el
desarrollo de las alianzas con empresas de EE.UU. y de Europa. La necesidad
de Japón de comunicaciones internacionales, en particular,se estaba
satisfaciendo de forma creciente a través de uniones internacionales
con compañías extranjeras.
Estas alianzas trascendieron anteriores divisiones del mercado, que habían
funcionado durante algún tiempo para reservar el hardware de la
electrónica de consumo a los países del Este asiático
y el software de entretenimiento a las empresas norteamericanas (26).
Así, la MCA fue engullida por Matsushita, y Columbia Pictures,
por Sony, mientras Time-Warner, cargada de deudas, recibió un impulso
económico de Toshiba y C. Itoh.
El resultado, en palabras de un analista, fue el desarrollo de una forma
nueva y genérica de producción cultural para las intensificadas
campañas de marketing del mundo entero. Las combinaciones culturales
transnacionales, con frecuencia la unión de fuentes de capital
norteamericano, japonés y europeo o de cualquier otra procedencia,
fueron "transformando al mundo en un centro comercial para aquellos
que tenían los suficientes ingresos".
El sector norteamericano de medios de comunicación/cultura... continúa
siendo la principal fuente exclusiva de productos para el mercado internacional,aunque
no por mucho tiempo... Como el objetivo predominante de este producto
es la publicidad, la promoción y el consumo de masas, es el instrumento
de intercambio del sistema empresarial transnacional. Sus orígenes
norteamericanos representan su estilo y valores de producción.
Sin embargo, su uso no estará ya limitado por las empresas transnacionales
norteamericanas. Ahora es el material genérico para todas las trasnacionales,sea
cual sea el propietario. Sony, Siemens, Philips, Nestlé (compañías
japonesas, alemanas, holandesas y suizas) confían por igual en
la TV para distribuir sus mensajes de marketing a las audiencias de todo
el mundo (27).
Los procesos de unión y las nuevas alineaciones competitivas tienen
lugar rápidamente, a través de la producción cultural:
de la moda (28) a los deportes, de las grabaciones de música a
las películas y el entretenimiento televisivo, y del software a
las nacientes generaciones de hardware como la televisión de alta
definición. Una carrera competitiva en las comunicaciones mundiales
caracterizaba la totalidad del esfuerzo. Participando se encontraban empresas
con base en Japón, EE.UU., Europa y -en menor medida- en otros
países del mundo.
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SOFTWARE DE ENTRETENIMIENTO
Los líderes norteamericanos presionaron
a Japón para que aceptara la cada vez más presente cultura
norteamericana: "La juventud japonesa debe conocer más en
profundidad la vida y los valores americanos", declaró el
secretario de Estado, James A. Baker. "La comida rápida, el
rock and roll, la música rap y el estilo de Hollywood es una de
las imágenes que proyectamos en el mundo moderno, pero América
tiene mucho más que ofrecer" (29) . No existe duda alguna,
sin embargo, de que los géneros de la producción cultural
norteamericana que continuaban cautivando la atención mundial residían
sobre todo en las muchas áreas que Baker despreciaba.
Los programadores de televisión de EE.UU., por ejemplo, entre los
que también hay que incluir en cierta medida a los de la televisión
por cable, según un informe reciente, "se están introduciendo
en el mercado internacional con planes de expansión muy agresivos".
El Family Channel, por ejemplo, negoció recientemente con los distribuidores
asiáticos para desarrollar versiones regionales de su cadena, en
donde se incluyeran programas como el Zorro y Rin Tin Tin K-9 Cop. ESPN
International planeó lanzarse en Asia a través del satélite
indonesio Palapa. CNN International se encontraba disponible en más
de 70 millones de hogares de todo el mundo, además de miles de
hoteles. MTV tenía abonados mundiales por todo el mundo que le
permitían alcanzar a 194 millones de hogares en 71 países.
Prime Network de EE.UU., que controlaba unas 2.500 horas de acontecimientos
deportivos,programará y operará junto con un nuevo canal
de deportes (Hutchvision de Hong Kong) para llegar a unos 40 países
asiáticos. La subsidiaria de la Fox de Rupert Murdoch también
estaba mirando hacia Asia cuando planeó su cadena de televisión
internacional (30). La nueva generación de satélites asiáticos
DBS dependía en gran medida de la programación norteamericana
igualmente.
La United States Federal Communications Commission (FCC) autorizó
de forma provisional a otro participante en el floreciente mercado de
satélites del Este asiático. Alpha Lyacrom, un afiliado
de Pan American Satellite Co., planeó la construcción y
lanzamiento de un satélite ultramoderno para el servicio internacional
entre la costa oeste de los EE.UU., "los puntos más importantes
de la cuenca del Pacífico", Tailandia y Singapur. El satélite
transpacífico de Alpha-Lyacrom se unirá al sistema de cuatro
satélites privados planificados para el servicio mundial en el
año 1995. El afiliado de la General Motors, Hugues Aerospace, se
comprometió a construir los satélites; C. Itoh, una gigantesca
compañía de Japón, que ya era socio mayoritario de
la división de vídeo de entretenimiento de Time Warner,
fue mencionada como posible inversora. Un miembro de la división
de satélites y comunicaciones de Itoh declaró: "Vamos
a desarrollar conjuntamente esta nueva industria y a crear una cadena
de distribución mundial; la distribución mundial en Japón
así como en Asia...Ahora tenemos una voz porque somos propietarios"
(31).
Las compañías japonesas también buscaban aumentar
su presencia internacional en la programación de medios, pero en
una escala más modesta y, como veremos, con diferentes resultados.
KDD, el gigante de las telecomunicaciones japonesas, anunció una
fusión con la firma norteamericana Keystone Communications, para
el alquiler exclusivo de varios de los canales de televisión del
satélite Intelsat. El nuevo servicio sería más flexible
y abarcaría a una clase más amplia de usuarios, mientras
que también ayudaría a la KDD a ganar su acceso a los canales
nacionales norteamericanos (32). Igualmente dentro de EE.UU., C.Itoh,
la NHK, las líneas aéreas japonesas y otros 23 inversores,
donde se incluyen Capital Cities/ABC Video Enterprises, establecieron
una empresa llamada TV-Japan. Esta última intentó llevar
la programación japonesa a unos 400.000 hogares japoneses (un cuarto
de los cuales se pensaba que estaba comprendido por expatriados temporales),
y 200 hoteles de EE.UU. visitados por los turistas japoneses. Una empresa
similar nació bajo la protección de la NHK en Europa y otra
se dijo que estaba a punto de surgir en Hispanoamérica (33).
Una serie de empresas japonesas de noticias internacionales, publicidad
y cinematografía subrayaron la voluntad creciente de formar empresas
internacionales de comunicación independientes. Sin embargo, este
mismo esfuerzo reveló la profunda vulnerabilidad de Japón
y su dependencia de la industria de la comunicación.
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NOTICIAS
En 1990, existían 273 corresponsales
japoneses destinados en EE.UU., pero sólo 70 corresponsales norteamericanos
en Japón. Muchos de los grupos de prensa norteamericanos eran también
responsables de cubrir otros países asiáticos (34). Sin
embargo, conforme crecía su poder económico, los políticos
de Japón exigían cada vez más el acceso a los circuitos
de las noticias internacionales, para dar importancia y apoyo a sus preferencias
políticas mundiales.
Las fricciones comerciales y políticas, especialmente con EE.UU.,
pusieron punto y final al empuje japonés en el acceso a las noticias
internacionales. La Guerra del Golfo demostró a los líderes
japoneses -si es que necesitaban más pruebas- que la cobertura
de noticias desde Japón "era inadecuada para explicar la posición
japonesa" (35). Dependiendo de la cobertura de la guerra que realizaban
los medios norteamericanos, especialmente la CNN, Japón se vio
en la disyuntiva de tener que ayudar a financiar la invasión norteamericana
sin ningún papel político (tal y como le confería
ser miembro permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU). El antiguo
presidente de la NHK, la organización semi-oficial de radiodifusión
japonesa, protestó afirmando que la CNN estaba "tratando de
imponer las noticias de EE.UU. al resto del mundo" (36).
Estas eran realidades ocultas tras "la creciente concienciación
japonesa de su necesidad de presentar el lado japonés de la historia
en los desarrollos y acontecimientos históricos" (37).
En la primavera de 1991, la NHK anunció la proyectada Global News
Network, un sociedad de mil millones de dólares con los radiodifusores
europeos y norteamericanos, cuyo objetivo era competir con la CNN de Ted
Turner. El servicio tenía que comprender noticias a partes iguales
de Asia, Europa y Norteamerica -para presentar una perspectiva más
plural que la ofrecida por la CNN. Su cuartel general no se encontraría
en Tokio sino en Nueva York. Por último sus telediarios se emitirían
en inglés. Estas eran las características de uno de los
poderes dirigentes de las comunicaciones internacionales (38).
No obstante, el plan fue abandonado después de seis meses, debido
a la negativa de la BBC (en favor de su propia cadena de noticias de 24
horas, World Service Television, difundida a través de Asiasat),
a las sospechas de los asiáticos sobre el resurgimiento de la dominación
cultural japonesa, a la continua pérdida de la NHK de su participación
en el mercado nacional japonés en favor de las cadenas privadas,
y la recesión económica japonésa (39). Sin embargo,
fue una insinuación indirecta de la firme voluntad japonesa de
alcanzar la representación en la lucha mundial por la opinión
pública.
PUBLICIDAD
Dos agencias publicitarias japonesas se situaron
durante el año 1990 entre las 10 más importantes del mundo
-Dentsu, la primera del mundo y Hakuhodo, la número 10. Siete de
las restantes ocho eran norteamericanas y la última -Saatchi y
Saatchi- era inglesa. Lo que situó a las dos japonesas entre las
agencias líderes fueron "sus enormes beneficios en el mercado
japonés"; Dentsu tenía el 23,3 por ciento del mercado
japonés y Hakuhodo el 10,4 por ciento. Sin embargo, el presidente
de Dentsu afirmó, en la línea de otros líderes de
la indutria, que el éxito futuro dependía de la internacionalización:
"Ser el pionero en nuevas representaciones en el extranjero es lo
que cuenta en estos días, no sólo quedarse con un trozo
del pastel nacional".
Una consolidada empresa de joint-venture internacional (Eurokom), que
Dentsu lanzó en 1988 con Young and Rubicam y una sociedad líder
en Francia, quebró en 1990, y la "gigantesca cadena vinculada
con Japón, EE.UU. y Europa se desvaneció como las nieblas
escocesas". Dentsu entonces inició una incursión más
modesta en Europa, con un 40 por ciento de participación en una
agencia líder británica (Collet, Dickenson, Pearce &
Partners) (40). El control de EE.UU. sobre los circuitos mundiales de
publicidad, tan esenciales para el consumo de masas, persistió
a pesar del intento de Japón de aumentar el suyo propio.
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CINEMATOGRAFÍA
La industria cinematográfica presentaba
una paradoja. Por una parte, la cinematografía norteamericana realizó
extraordinarias incursiones en los mercados de entretenimiento mundiales.
Según una fuente centroeuropea, Hollywood "acabó por
eliminar a las demás industrias cinematográficas por ser
serios competidores". En 1967, 220 películas realizadas en
el Reino Unido, Italia, Francia y Alemania Occidental entraron en los
circuitos de exhibición de EE.UU.; en 1987, estos mismos países
suministraron tan sólo 83 películas al mercado norteamericano.
Pero no peligraban solamente las películas y la exhibición
en salas comerciales. "Hollywood consolidó su fuerza no sólo
con una mayor variedad de formatos en sus productos", tales como
los vídeos musicales, sino también "secuenciando y
orquestando el marketing de estos productos a través de una sucesión
de 'ventanas'", que incluían televisión, televisión
por cable y vídeo doméstico. Entre 1984 y 1988, las ventas
de películas de Hollywood en Europa se duplicaron. En la segunda
mitad de la década de los 80, los ingresos procedentes del extranjero
que entraron en las arcas de los estudios de Hollywood se duplicaron y
se esperaba que alcanzasen a las cifras de recaudación nacionales
(41). El resurgir de Hollywood no se reducía a Europa.
Por otra parte, durante la década de los 80, la industria cinematográfica
se convirtió definitivamente en transnacional, pues los más
importantes estudios fueron adquiridos por europeos, japoneses y otros
intereses extranjeros. Estas fabulosas y carísimas adquisiciones
-la adquisición por Matsushita de MCA; la compra por parte de Sony
de Columbia; y la inversión de mil millones de dólares en
Time Warner por C. Itoh y Toshiba- podría parecer que contradicen
cualquier argumento sobre una industria cinematográfica norteamericana
internacionalmente fortalecida. De hecho las dos tendencias se reconcilian
rápidamente: el surgimiento de formas norteamericanas con un estilo
genérico de producción cultural internacional aceleraron
posteriores incursiones de las sociedades transnacionales en los mercados
cinematográficos de todo el mundo.
(Las adquisiciones de las mayores compañías cinematográficas
y discográficas de EE.UU., además, no debían tomarse
a la ligera, ya que materialmente aumentaron la ya enorme deuda de las
compañías japonesas. C. Itoh arrastraba a finales de 1991
una deuda de 23.000 millones de dólares y Sony, de 13.600 millones
(42)).
El mercado nacional japonés sufría en sí mismo el
creciente dominio de los productos cinematográficos norteamericanos
-especialmente después de las adquisiciones de Matsushita y Sony.
A finales de la década de los 80, las películas japonesas
eran capaces de mantener una participación de mercado de alrededor
del 50 por ciento -mucho más que el 20 por ciento de participación
para el Reino Unido y Alemania. Sin embargo, a comienzos del año
1989, los ingresos de taquilla de las películas japonesas comenzaron
a descender (hasta el 40 por ciento en 1990), mientras que las películas
occidentales incrementaron su participación y el número
de salas dedicadas a las películas japonesas disminuyó.
"Las películas de impacto son las norteamericanas", informa
la revista Time, "-Terminator 2, Sólo en casa, Pretty Woman-
y exigen la compra de las entradas con días de antelación"
(43).
En la República de Corea la misma tendencia se apreciaba más
pronunciada. Las películas de producción nacional alcanzaron
un 32,7 por ciento de la respuesta del público a la producción
cinematográfica a principios de los 80; sin embargo, a finales
de la década constituían tan sólo el 21,5 por ciento.
Las importaciones, especialmente de los EE.UU., ascendieron rápidamente,
mientras que las exportaciones de películas descendieron.
La agresiva y expansionista producción cinematográfica de
Hollywood y las compañías de distribución también
consiguieron un éxito significativo al insistir en que los países
asiáticos cambiaran sus leyes y mecanismos políticos para
apoyar los derechos de propiedad intelectual norteamericanos en el software
de vídeo y grabación (44).
La creciente transnacionalización de las comunicaciones internacionales,
con todas sus alianzas y enfrentamientos, no estaba limitada de niguna
manera al software -en el que EE.UU. había mantenido durante mucho
tiempo el liderazgo. La competitividad creciente y la recombinación
de las sociedades se extendía tanto a la electrónica de
consumo como a las telecomunicaciones. El liderazgo del mercado había
pasado tiempo atrás de EE.UU. a Japón (y más tarde,
en algunos sectores, a Corea). Por todo Asia (e incluso de forma más
general), la última había funcionado como un monopolio nacional
protegido por el Estado.
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LA LUCHA POR LA TELEVISIÓN
DE ALTA DEFINICIÓN (HDTV)
La televisión de alta definición
ha sido un campo en el que se ha producido un inesperado resurgir de EE.UU.
Se esperaba que la alta definición abriera grandes y nuevos mercados
para la electrónica de consumo y una gran variedad de aplicaciones
industriales e institucionales. Los estándares de la ingeniería
de la televisión de alta definición, afirmó un analista,
"establecerán el marco de la competitividad en la próxima
generación de productos de vídeo de consumo" (45).
Inicialmente el ajuste estándar de la televisión de alta
definición pareció establecer una concordancia esencial
entre los intereses norteamericanos y japoneses. Los dos países
cooperaron para apoyar un único estándar mundial de ingeniería
que los japoneses habían estado desarrollando desde los años
60 (MUSE). Si uno de los estándares se aceptaba a nivel mundial,
pensaban, la televisión de alta definición no sería
presa de una fragmentación que había reducido los beneficios
en anteriores generaciones de equipos y de programación televisiva.
Japón empezó a ganar gracias a su dominio en la fabricación
de televisión de alta definición, producción y equipos
receptores. Sin embargo, excluidos de la fabricación de equipos
de televisión desde hacía tiempo, las compañías
norteamericanas, principalmente los estudios cinematográficos de
Hollywood, no tendrían que convertir las películas en vídeos
dentro de sus propias actividades de producción, ni de un estándar
televisivo a otro (NTS, PAL y SECAM) en los mercados internacionales de
vídeo. Así, un único estándar mundial proporcionaba
ventajas tanto a los intereses japoneses como a los norteamericanos.
No obstante, en 1986, los europeos vetaron las especificaciones japonesas
de ingeniería para la producción de imágenes de alta
definición. En su lugar, gracias a su proyecto Eureka, los europeos
comenzaron a desarrollar su propio estándar de televisión
de alta definición.
En 1988 se hizo un enorme esfuerzo en EE.UU. para desarrollar un estándar
independiente, pues temían el dominio japonés en esta nueva
e importante tecnología de la comunicación. Las adquisiciones
de Columbia Pictures y la MCA por Sony y Matsushita no consiguieron mitigar
esta preocupación -las mismas adquisiciones podían haber
ocurrido en parte como respuesta al nuevo esfuerzo de EE.UU. por conseguir
la autonomía en la alta definición. Japón permaneció
siendo el líder mundial -la NHK estaba emitiendo programación
en televisión de alta definición ocho horas al día
a finales de 1991 -pero el resultado de la batalla por el control de la
alta definición estaba lejos de verse claro.
En EE.UU., la señal de televisión de alta definición
suponía un medio de acelerar la revisión del sistema de
telecomunicaciones nacional. Sólo si el vídeo podía
ser distribuido a través de las compañías telefónicas,
los incentivos que esto supondría podrían justificar la
inversión masiva en la red nacional de fibra de banda ancha. El
apoyo creciente a esta postura llegó de la Federal Communications
Commission de EE.UU. (46). El liderazgo en la tecnología de alta
definición apareció en el lugar menos esperado: la AT&T.
La Federal Communications Commission acordó establecer un estándar
norteamericano en 1993, y se revisaron seis diferentes propuestas sobre
la televisión de alta definición (incluyendo estándares
japoneses, europeos y norteamericanos). Aunque continuaba existiendo la
incertidumbre, en parte porque la situación de las frecuencias
de satélite todavía tenía que establecerse en una
reunión de la ITU en 1992, el liderazgo parecía estar en
manos de la empresa de joint-venture creada entre la AT&T, Zenith
y Scientific Atlanta. Esta empresa y la constituida por General Instrument
Corporation con MIT estaban más a favor de un sistema digital que
analógico, como el MUSE de la NHK o el europeo MAC.
Incluso con la adopción del estándar digital, los fabricantes
japoneses podían llegar a dominar los mercados norteamericanos
de equipamiento. Pero si las compañías de EE.UU. eran las
primeras en desarrollar un enfoque digital, podían acumular importantes
ingresos gracias a la autorización de patentes. Las sociedades
manufactureras también podían ser una buena presa -por ejemplo,
el caso de Goldstar de Corea del Sur, que recientemente adquirió
el 5 por ciento de las acciones de Zenith. El re-ingreso norteamericano
en la carrera por la electrónica avanzada de consumo revelaba un
fortaleza inesperada (47).
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Sin embargo, la carrera a escala mundial en
el desarrollo de la televisión de alta definición también
reservaba unas consecuencias fundamentales para Corea, que estaba entonces
en el segundo puesto del mundo en las exportaciones de televisión
y semiconductores. A principios de 1989, el gobierno de Corea estableció
un plan para desarrollar esta tecnología común. Los riesgos
eran muy altos. La televisión de alta definición estaba
relacionada con el continuo crecimiento de toda la industria electrónica
coreana, que sólo podía mantener su lugar en la electrónica
de consumo avanzada a través de una alianza tecnológica
con EE.UU. y la CE dirigida a proteger las tecnologías fundamentales.
Así las empresas de riesgo compartido eran muy codiciadas. Goldstar,
como hemos visto, adquirió cierta participación en Zenith,
el productor norteamericano de pantallas de televisión. Daewoo,
Samsung y Hyundai promovieron estrategias similares (48). Por su parte,
los intereses norteamericanos podrían muy bien anticiparse al dominio
japonés en la televisión de alta definición, así
como en otras áreas vitales de la electrónica y las comunicaciones,
al aliarse con las compañías coreanas. La cooperación
tecnológica y las inversiones conjuntas entre estos dos países
estaban destinadas a la expansión (49).
TELECOMUNICACIONES
La industria mundial de las telecomunicaciones
ha sido durante mucho tiempo anómala. Durante la mayor parte del
siglo XX, la tendencia para las empresas más importantes fue introducirse
cada vez más en los mercados extranjeros, mientras la orientación
de la industria de las telecomunicaciones permanecía casi atávicamente
a nivel nacional. Durante la pasada década, presionada primero
por los intereses norteamericanos y actualmente por el capital transnacional
que se mueve por todo el mundo, esta situación comenzó a
cambiar drásticamente.
La continua desregulación de las telecomunicaciones internacionales
pasó a ser una de las preocupaciones fundamentales de los políticos
norteamericanos en los años 70. El éxito de esta desregulación
consistió en la apertura de los mercados extranjeros a la política
de liberalización que estaba comenzando a prevalecer en EE.UU.
Las iniciativas de desregulación comenzadas por las autoridades
de EE.UU. tuvieron un éxito espectacular (50). Se estableció
un nuevo régimen. Este se encontraba más orientado hacia
las necesidades de los clientes que hacia otros intereses sociales, y
más hacia los mercados internacionales de las telecomunicaciones
que hacia los nacionales. Los distribuidores independientes de equipos
y servicios ganaron un acceso creciente a los mercados anteriormente dominados
por los monopolios cuasi-públicos de telefonía. Incluso
más importante, las grandes empresas usuarias de las telecomunicaciones
obtuvieron plena libertad para desarrollar sistemas de comunicación
por ordenador por todo el mundo como un asunto privado. Las tarifas de
larga distancia cayeron y aparecieron innumerables equipos hechos a medida
y ofertas de servicio.
En 1991, para referirnos tan sólo a un indicador de este cambio
radical, alrededor de un 15 por ciento de los ingresos de AT&T procedían
del exterior de EE.UU. -un gran salto con respecto a la década
anterior. El presidente de la compañía, Robert Allen, deseaba
incrementar este porcentaje a un 20-25 por ciento a mediados de la década
de los 90 (51).
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En 1985, Japón asumió la liberalización
con una inesperada presteza. La NTT, el más importante proveedor
de servicios de telecomunicaciones nacionales, perdió su monopolio
y la desregulación de las telecomunicaciones japonesas comenzó
a abrir el mercado a la competencia. Nuevas empresas de distribución
surgieron rápidamente con el respaldo de grandes sociedades. Desde
el punto de vista nacional, la competencia incluía a la DDI de
Kyocera, Japan Telecom (afiliada con los Ferrocarriles de Japón),
y Teleway Japan, respaldada por Toyota y Japan Highway Corporation. En
el extranjero, entraron en escena International Telecom Japan e International
Digital Communications. Las compañías privadas de satélites
debutaron, afiliadas con el grupo Mitsubishi y C. Itoh y Mitsui respectivamente.
En 1990, de nuevo como resultado de la presión norteamericana,
la política de telecomunicaciones japonesa se elaboró para
ajustarse a la de EE.UU. al permitir cadenas internacionales de valor
añadido que suministraran todo tipo de servicios avanzados. Por
primera vez, según una fuente japonesa, "las compañías
extranjeras de telecomunicaciones que buscaban realizar cadenas mundiales
(pudieron) comenzar sus incursiones en el mercado japonés",
y las mayores empresas norteamericanas entraron en el negocio. Mientras
tanto, la NTT pidió al gobierno japonés permiso para crear
una nueva empresa de joint-venture con British Telecom, Deutsche Telecom,
de Alemania y posiblemente con France Telecom. Syncordia, la nueva empresa,
tenía que estar enclavada en Atlanta (EE.UU.) y dotaría
a las compañías transnacionales de unos servicios mundiales
de comunicación de máximo alcance (52). AT&T se volvió
a unir con su anterior vástago, NEC, para desarrollar la siguiente
generación del sistema de telefonía móvil digital
en Japón (53).
En el cada vez más importante campo del servicio de teléfonos
celulares, seis compañías norteamericanas y europeas estaban
entre las 25 participantes en una nueva firma, Tu-Ka Cellular, creada
por los propietarios de DDI y Nissan Motor de Japón (54).
El acceso al mercado liberalizado también estaba permitido, aunque
de forma más paulatina en la República de Corea, y se preveía
una relajación mayor de los controles nacionales en el futuro (55).
Los nuevos servicios celulares y cadenas personales de telecomunicaciones
anunciaban una penetración privada cada vez mayor en los mercados
en rápida expansión (existían alrededor de 700.000
teléfonos móviles en Corea del Sur en mayo de 1991, convirtiéndose
en el tercer mercado de mayor envergadura de Asia a este respecto después
de Japón y Hong-Kong) (56).
Los esfuerzos de las empresas se intensificaron en todas partes para captar
segmentos de mercados incipientes para los equipos de telecomunicaciones
y servicios. Las compañías japonesas estaban bien posicionadas
en los mercados de equipos, sector en el que habían realizado importantes
incursiones en EE.UU. Las compañías de telecomunicaciones
norteamericanas, acompañadas por algunas de sus homólogas
europeas, se esforzaron por ganar mercados para los servicios de telecomunicaciones
avanzadas y para invertir directamente en los sistemas extranjeros de
telecomunicaciones.
La desregulación y la privatización ofrecían las
oportunidades más importantes de la centuria para la inversión
en las telecomunicaciones del exterior. En 1991 por lo menos 19 gobiernos
planificaron la privatización de sus PTT con un valor total estimado
de más de 150.000 millones de dólares en 1995. Durante 1989
y 1990, las que en su día fueran empresas nacionales de distribución
de telecomunicaciones destinaron no menos de 11.000 millones de dólares
en empresas más allá de sus límites nacionales, más
de cuatro veces el capital acumulado que previamente habían invertido
internacionalmente. Según una fuente, "esta enorme inversión
quedará empequeñecida por las que se realicen en la próxima
década conforme los servicios de telecomunicación se conviertan
realmente en un negocio mundial" (57).
Los intereses norteamericanos de las telecomunicaciones se encontraban
en esta borrachera mundial de compra. GTE, con sus socios, gastó
en 1991 casi 1.900 millones de dólares en una participación
del 40 por ciento en la compañía telefónica de Venezuela
(58). Las US Regional Telephone Companies en conjunto tenían una
participación de 3.600 millones de dólares en mercados de
comunicación extranjeros a mediados de 1990, incluyendo importantes
holdings en servicios celulares, televisión por cable y empresas
de modernización de fibra óptica (59). La escala de estas
empresas era mundial.
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CONCLUSIÓN: ¿QUÉ
ESPACIO QUEDA PARA LA AUTONOMIA?
A finales de 1990, las inversiones mundiales
directas realizadas por los capitalistas fuera de sus propias fronteras
nacionales se estimaron en 1.500 millones de dólares (60). La escala
de esta extraordinaria inversión en el extranjero creó interdependencias
mutuas sin precedentes -aunque todavía muy desiguales- entre las
empresas competidoras transnacionales. Las industrias de comunicación
y cultura estaban fundamentalmente unidas a estas enormes migraciones
de capital.
La historia del siglo XX demuestra repetidamente que el control sobre
las comunicaciones internacionales se ha convertido tanto en un requisito
como en el determinante fundamental del poder político-económico
y militar en general. La posibilidad de disponer de una agenda internacional
de noticias, el despliegue del armamento de alta tecnología y el
cultivo de una ética comercial para el consumo de masas son algunos
de los factores que ha convertido a las comunicaciones en una dimensión
esencial del poder. El paso del mundo al siglo XXI no ha presenciado ningún
cambio de dirección de esta relación. Lejos de ello; la
importancia de las comunicaciones internacionales ha continuado incrementándose.
Pero la forma y los beneficiarios de las comunicaciones internacionales
sufren rápidas alteraciones. El capital residente en los EE.UU.,
Japón, Europa y otros países estaba cada vez entremezclado
en el software genérico de entretenimiento y en las cadenas de
distribución creadas para su uso en los nuevos sistemas desregulados
y privatizados comunes a países de todo el mundo. ¿Qué
espacio dejan estos desarrollos a la autonomía nacional?
La cuestión es compleja porque la nación en sí misma
comprende fuerzas sociales enfrentadas. Desde una perspectiva del negocio
estrictamente competitivo, la transnacionalización podría
a veces beneficiar a las compañías establecidas nacionalmente.
Muy presionados por rivales japoneses y norteamericanos, los mayores conglomerados
de Corea del Sur, por ejemplo, poseían importantes razones "para
oponer EE.UU. a Japón" (61). Por lo menos durante algún
tiempo tuvieron éxito. Aunque los riesgos competitivos están
creciendo, como en el caso de la televisión de alta definición,
la economía podría crear oportunidades para que los capitalistas
del Este asiático pudieran invertir provechosamente, aunque casi
siempre a través de alianzas estratégicas con compañías
extranjeras.
Pero, ¿para hacer qué? ¿Para llevar la producción
a las todavía economías de bajo nivel salarial, como EE.UU.
y Japón habían hecho antes? ¿Para obtener beneficios
al supervisar la expansión de las economías de consumo cuyos
mayores principios organizacionales fueron la creación del gasto
y la manipulación de las necesidades humanas?
¿Qué diferencia existe entre los productos culturales de
norteamericanos, japoneses, europeos o incluso de compañías
coreanas, si son cada vez más genéricos? ¿Cómo
es posible desviar las consecuencias sociales, culturales y ambientales
del consumismo cada vez más corrosivas y debilitadoras, una vez
establecido el principio del desarrollo social? ¿Cómo es
posible cultivar, o incluso identificar, un camino hacia la producción
autónoma nacional de cultura, cuando la necesidad social está
cada vez más unida a los imperativos transnacionales del marketing,
cuando los trajes de Batman, los discos compactos importados o las personalidades
deportivas norteamericanas haciendo publicidad de la última moda
en calzado deportivo, excluyen las necesidades nacionales? En una palabra,
¿es que no existe una visión actualizada del futuro más
inspiradora que el consumo de masas?
Estos son temas con los que la población de EE.UU. ha estado largo
tiempo familiarizada. En el día de hoy parece que el Este asiático
se ha unido a nosotros en la búsqueda de respuestas a problemas
comunes.
Traducción: Mar Hernández de Felipe
(1) Chalmers Johnson, "The Inevitability of Regionalism", New
Perspectives Quarterly, vol. 9, nē1, invierno de 1992:20.
(2) Herbert I. Schiller, "Communication Accompanies Capital Flows",
Unesco. Comisión Internacional para el Estudio de los Problemas
de la Comunicación 47; Herbert I. Schiller, Mass Communications
and American Empire, Nueva York; Augustus M. Kelley, 1969; Emily Rosenberg,
Spreading the American Dream, Nueva York; Hill and Wang, 1982.
(3) Urban C. Lehner, "Some US Firms Profit In Booming Far East Despite
Mighty Japan", Wall Street Journal, 8 de enero de 1992:1.
(4) Karl Schoenberg, "Booming Port", Los Angeles Times, 10 de
febrero de 1992:D2.
(5) Ministerio de Economía de Japón, Monthly Finance Review,
junio de 1991, nē216:20; Amy Borrus, Pete Engardio y Teresa Albor, "Carving
Out A Place In The Pacific Century", Business Week, 11 de noviembre
de 1991; 64:65.
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(6) Lehner op.cit.
(7) Amy Borus, et al., 65.
(8) Yasuo Fujigane, Makoto Nishida y Yuichiro Yamagata, "Asia: New
Engine", Tokyo Business Today, diciemnbre de 1991:15.
(9) Así el ministro de exteriores japonés y adjunto al primer
ministro, Michio Watanabe, expresó su apoyo a la propuesta de Malasia
de formar el Grupo Económico del Este Asiático -que EE.UU.
demandó por el boicot japonés. Citado en Yasuo Fujigane,
Makoto Nishida y Yuichiro Yamagata, "Asia: New Engine", Tokyo
Business Today, diciembre de 1991:14; ver también Chalmers Johnson,
"The Inevitability of Regionalism", New Perspectives Quarterly,
vol. 9, nē1, invierno de 1992:20-21.
(10) Citado en Susumu Awanohara, "The Asia Factor", Far Eastern
Economic Review, 5 de diciembre de 1991:49.
(11) Darmon Darlin, "Japan Declines To Offer Korea Trade Concessions",
Wall Street Journal, 20 enero de 1992:A6; "South Korea's Economic
Imbalance", Los Angeles Times, 10 de febrero de 1992: D3.
(12) Osamu Nakashima, "Foreign Companies in Japan", Japan Economic
Almanac, 1991. Tokyo: Nikkei Weekly 1991:72.
(13) "Time to Show and Sell", Business Korea, noviembre de 1990:22;
Yasuo Fujigane, Makoto Nishida y Yuichiro Yamagata, "Asia: New Engine",
Tokyo Business Today, diciembre de 1991:15, 16,18; Hanguk Ilbo (Seúl),
"Five-Year Economic Development Plan Reviewed", 13 de noviembre
de 1991 en FBIS-EAS-92-007, 10 de enero de 1992:42-43.
(14) Dentsu Japan Marketing/Advertising Yearbook, 1990-287.
(15) Ted Holden, "The Japanese Discover The Perils Of Plastic",
Business Week, 10 de febrero de 1992:42. EE.UU., sin embargo, contaba
con alrededor de mil millones de tarjetas de crédito ("Credit
Cards Undermine Japanese Saving Habit", Los Angeles Times, 20 de
enero de 1992:D3).
(16) Departamento de Estadística, Agencia de Dirección y
Coordinación, Japan Statistical Yearbook, 1991:110; Instituto japonés
para Asuntos Sociales y Económicos, Japón, 1992: Comparación
Internacional: 55. The Economist Intelligence Unit, Global Forecasting
Service, Japan Fourth Quarter, 1991:8; Sam Jameson, "Help Pledged
for U.S. 'Confusion'", Los Angeles Times, 25 de enero de 1992:A8.
(17) Akio Morita, "Japan Must Play According to the Rules of its
Competitors", Los Angeles Times, 9 de febrero de 1992:M3.
(18) Amy Borrus et al., "Carving Out A Place...", 64; A Bush
se le cita en "US 'Pacific State' Doctrine Criticized", en FBIS-EAS-92-028,
11 de febrero de 1992; 7; Baker aparece citado en James A. Baker III,
"America in Asia: Emerging Architecture For A Pacific Community",
Foreign Affairs, invierno de 1991/92, vol. 70, nē5:17. Han aparecido recientemente
numerosos artículos en periódicos de política exterior
como Global Affairs, SAIS Review y Foreign Affairs donde se atestigua
la importancia del compromiso de EE.UU. en el Este asiático.
(19) Eben Shapiro, "Today's Toy Must Pass A Screen Test", New
York Times, 10 de febrero de 1992: C1-C2.
(20) "Time to Show and Sell", Business Korea, noviembre de 1990:22.
(21) "Time to Show and Sell", Business Korea November, 1990:22;
Suh Ki-Sun, "Applicants Vie for Private TV Rights", Business
Korea November, 1990:20-21.
(22) "Hey, Little Spender", Asia Week, 6 de diciembre de 1991:65;
Isao Tokuhisa, "The Media Strategy Clock", Journal of Japanese
Trade and Industry,nē6, 1991:15; "Dawn of a New Age", Business
Korea, septiembre de 1991:37; Masanori Ueno, Nobuo Takahashi y Koji Hara,
"Mass Media", Japan Economic Almanac, 1991. Tokyo: Nikkei Weekly,
1991:189-191. También ver Far Eastern Economic Review, 28 de noviembre
de 1991:34; Tuen-yu Lau,"Introducing cable television into Hong Kong",
Telecommunications Policy, vol. 12, nē4, diciembre de 1988:379-392.
(23) Ken Auletta, Three Blind Mice, Nueva York: Random House 1991; Florence
Setzer y Jonathan Levy, U.S. Federal Communications Commission Office
of Plans and Policy Working Paper, Series 26, "Broadcast Television
in a Multichannel Marketplace". Washington D.C.: FCC Junio 1991.
(24) Para dar un ejemplo reciente relacionado con las decisiones de relocalización
del espectro de la Federal Communications Commission que tenían
como objetivo acelerar el desarrollo masivo de nuevas generaciones de
servicios móviles avanzados de telecomunicaciones, ver Edmund L.
Andrews, "FCC To Propose A Big Reshuffling Of The Radio Band",
New York Times, 16 de enero de 1992:1, C2.
(25) Masami Shimizu, "Science and Technology", Japan Economic
Almanac, 1991. Tokyo:Nikkei Weekly, 1991:776-77; ver también, Stanley
Yang, "Japan's Defense Industry Moves into High Gear", Harvard
International Review, vol. XIV, nē1, otoño 1991:55-56, 71; "Earth
Resources Research Satellite Launched", Kyodo, 11 de febrero de 1991
en FBIS-EAS, 92-028, 11 de febrero de 1992:7. El fallo de un examen clave
en el cohete H-II en junio de 1992 representa un contratiempo esencial
en este área estratégica. Leslie Helm, "Japan Discovers
It's Harder to Be a Star in Space", Los Angeles Times, 13 de julio
de 1992:D1,D2.
(26) Desde mediados de 1970, mientras EE.UU. continuaba dominando los
mercados de software de entretenimiento, los países asiáticos
-especialmente Japón y la República de Corea- desempeñaron
el papel de liderazgo internacional de hardware. Ver Malati Tambay Vaidya,
"Trade in Media Services: Asia and the Pacific Region", en United
Nations Conference on Trade and Development Services in Asia and the Pacific:
Selected Papers, volumen 1. UNCTAD/ATP/51. Nueva York, 1990:281.
(27) Herbert I. Schiller, Mass Communications and American Future, edición
revisada. Boulder; Westview, próxima aparición 1993, introducción
(mss.), pp. 40, 29.
(28) Las industrias de la moda de EE.UU. y Europa han hecho considerables
incursiones en el mercado japonés, en parte gracias a empresas
de joint-venture. Ver Woody Hochswender, "On Tokyo Runways...",
op.cit.; Barbara Toman, "Laura Ashley to Sell 15% Stake to Jusco",
Wall Street Journal,30 de agosto de 1990:A5(e); Teri Agins y Yumiko Ono,
"Japanese Market Lures, Vexes Retailers", Wall Street Journal,
10 de mayo de 1990:B1, B6; Teri Agins, "Barney's Style Gets Translated
Into Japanese", Wall Street Journal, 10 de mayo de 1990:B1, B6.
(29) James A. Baker III, "America in Asia...", Foreign Affairs,
1991/92:11.
(30) Wayne Walley, "Cable Networks look overseas for new growth",
Electronic Media, 21 de octubre de 1991:3,42; Alison Fahey, "Cable
plots international growth", Advertising Age, 64 (44) 14 de octubre
de 1991:6; "Prime Network To Launch Asian Sports Channel", Broadcasting,
vol. 12, nē10, 11 de marzo de 1991:49; William Mahoney, "Fox Plans
International TV Network", Electronic Media, 21 de octubre de 1991:3,
42.
 |
(31) U.S. FCC Memorandum Opinion, Order and
Authorization, adoptado el 15 de agosto de 1991. File nēCSS-91-003, FCC
91-265, 6 FCC Record, nē 18:5132-5135; Margaret Scott, "Global Village
Ahead", Far Eastern Economic Review, 28 de noviembre de 1991:37.
Ver también, "Anselmo, Landman Team Up To Tackle Intelsat",
Broadcasting, V 121, nē6, 5 de agosto de 1991: 48; Joel Millman, "Cut
to Launch", Forbes V 148, nē 5, 2 de septiembre de 1991:155; "Gm's
Hughes Aircraft Gets $300 Million Pact To Build 3 satellites", Wall
Street Journal, 5 de noviembre de 1991: B5; Edmund L. Andrews, "US
Backs Competition In Satellites", New York Times, 28 de noviembre
de 1991:D3.
(32) Kyodo, "KDD To Join US Firm on TV Transmission", 31 de
diciembre de 1991, FBIS-EAS-92-002, 3 de enero de 1992: 1-2.
(33) Tom Kerver, "Japan's Newest Import", Cablevision, 4 de
noviembre de 1991:44-45. Una empresa análoga fue iniciada por Dacom
Corporation de Corea a principios de 1992. Ver, "Firm To Offer Communications
to Koreans in U.S.", The Korea Times, 9 de febrero de 1992:3 en FBIS-EAS-92-008,
11 de febrero de 1992:25. También ver Ha-II Kim, "Minority
Media Access: Examinations of Policies, Technologies, and Multi-Ethic
Television and A Proposal for an Alternative Approach to Media Access",
Tesis doctoral sin publicar, Universidad de California, Los Angeles, 1991.
(34) Catrien Ross, "Japan-US Information Balance: View from the US",
Journal of Japanese Trade and Industry, nē 6, 1991:12.
(35) Catrien Ross, "Japan-US Information Balance...", op. cit.:11.
(36) David E. Sanger, "NHK of Japan Ends Plan for Global News Service",
New York Times, 9 de diciembre de 1991:C8.
(37) Catrien Ross, "Japan-US Information Balance...", op. cit.
(38) Teresa Watanabe, "Japanese Media Try to Export Coverage",
Los Angeles Times, 6 de mayo de 1991: D1; "NHK To Go Head-To-Head
With CNN",Broadcasting, 22 de abril de 1991, 120 (16):23.
(39) David E. Sanger, "HK of Japan Ends Plan...", op. cit.;
Garth Alexander, "NHK nixes global net", Variety, 9 de diciembre
de 1991:43.
(40) Masanori Ueno, "Advertising", Japan Economic Almanac, 1991.
Tokyo: Nikkei Weekly, 1991: 195-196.
(41) Jeremy Tunstall y Michael Palmer, Media Moguls. Londres y Nueva York:
Routledge, 1991:25-26; John Huey, "America's Hottest Export Pop Culture",
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(42) "C. Itoh and Toshiba Cut Dubious Deal with Time Warner",
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(43) "How not to finance films", Forbes, 30 de septiembre de
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(44) Eduardo Lachica, "China Settles Dispute Over US Patents, Copyrights,
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Ver Ronald Valentin Betting, "The Impact of New Communications Technology
On Filmed-Entertainment Copyrights", tesis doctoral sin publicar,
Universidad de Illinois, 1989: 303-342.
(45) Jeffrey A. Hart, "The consumer Electronics Industry in the United
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(46) Bob Davies, "FCC Pushing Phone Service That Delivers Cable TV",
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Times, 25 de octubre de 1991: A1, D16.
(47) Apple Computer y Hewlett-Packard, una de las grandes compañías
de microelectrónica , habían anunciado planes de entrar
en los mercados de la electrónica de consumo. Ver Jonathan Weber,
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Times, 27 de febrero de 1992: D2.
(48) Choe Su-muk y Ho Sung-ho, "World War in HDTV", Tong-A Ilbo
(Seúl), 4 de enero de 1992, en FBIS-EAS-92-008, 13 de enero de
1992:46-47.
(49) Para anteriores indicaciones, ver Bernard Wysocki Jr., "Weak
in Techonology, South Korea Seeks Help From Overseas", Wall Street
Journal, 7 de enero de 1986:1, 14; y Leslie Helm, "Curing a Copycat
Syndrome", Los Angeles Times, 8 de abril de 1991: D1, D2. Más
reciente, Yonhap (Seúl), "Technology Cooperation With US To
Expand", FBIS-EAS-92-004, 7 de enero de 1992: 25.
(50) Dan Schiller, Telematics and Government, Norwood: Ablex 1982; Dan
Schiller y RosaLynda Fregoso, "A Private View of the Digital World",
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1 (Edición internacional); Anhony Rairez, "Phone Industries
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1991: C1, C4.
(51) Richard Karpinski, "AT&T asks Tobias to Lead globalization",
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(52) Masato Kagawa, "Telecommunications Services", y Takashi
Maeda, "New Electronic Media", en Japan Economic Almanac, 1991.
Tokyo: Nikkei Weekly, 1991: 95-98 y 99-99 (cita). Hugo Dixon "France
Telecom poised to join BT's global Alliance", Financial Times, 21
de febrero de 1992: 25.
(53) NEC se originó como afiliada en fabricación de Western
Electric Corporation de AT&T a finales de este siglo.
(54) Jacob M. Schlesinger y John K. Keller, "AT&T, NEC Make Joint
Bid in Japan on Cellular System", Wall Street Journal, 3 de julio
de 1991: B 2; Michael Balbraith, "DDI, Nissan team for cellular bid",
Telephony, 8 de julio de 1991: 10.
(55) "Market Opens to Controlled Competition", Business Korea,
junio de 1991: 58-59; "Sprint Opens Korea Subsidiary", Telephony,
26 de agosto de 1991: 3.
(56) "State-run Monopoly Faces Competition", Business Korea,
julio de 1991: 38; Jae-Cheol Kim y Min-Ho Lee, "Universal Service
Policies in Korea: Past and Future", Telematics and Informatics,
vol.8 (1-2) 1991: 31-40.
(57) Ronald M. Serrano, P. William Bane y W. Brooke Tunstall, "Reshaping
the global teleco industry", Telephony, 7 de octubre de 1991: 38.
(58) Robert J. Brenann, "GTE Consortium's $1.9 Billion Offer Wins
Bidding for Venezuela Phone Firm", Wall Street Journal, 18 de noviembre
de 1991: A9.
(59) William C. Symonds, "The Baby Bells Take Their Show On The Road",
Business Week, 25 de junio de 1990: 104-106.
(60) Para una discusión ver Paul M. Sweezy y Harry Magdolf, "Globalization
- To What End?", Monthly Review, 43 (9), febrero de 1992: 1-1B.
(61) Mark Clifford, "Taking on the titans", Far Eastern Economic
Review, 31 de octubre de 1991: 69.
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