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La convergencia entre telecomunicaciones
y audiovisual.
Por una renovación de perspectivas.
Jean-Guy Lacroix/Bernard Miège/Pierre
Moeglin/Patrick Pajon/Gaëtan Tremblay (1) |
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La convergencia resulta evidentemente un tema clave para el futuro. Pero
su análisis debe hacerse globalmente y a diversos niveles: en la
estructura industrial, en la estrategia de los actores y en la formación
de los usos sociales.
Al análisis comparativo de la evolución de los sistemas
de comunicación y el que intenta descubrir las tenden-cias destacadas
que afectan a los productos culturales y de información en las
sociedades industriales suelen fundamentarse en planteamientos que "caen
de su peso" y se imponen a todos, ya sean profesionales, ya investigadores.
Pocas veces se ponen en duda esos planteamientos indiscutibles, cuando
de hecho se podría dudar de su capacidad explicativa e incluso
de su validez.
Es lo que ocurre con el planteamiento político-jurídico
del concepto de desregulación, del que ya unos autores (2) pertenecientes
a diversos países y sectores de la comunicación han demostrado
que no sólo ocultaba significados distintos, sino, y sobre todo,
que se lo mencionaba para dar cuenta de fenómenos no equiparables
entre sí o, por lo menos, situados en niveles distintos.
Semejante crítica puede formularse al concepto de informatización
(o al de digitalización), que suele referirse tanto a la introducción
de máquinas de tratamiento de la información en el trabajo,
en la oficina o en las fábricas, como a la introducción
de unidades de producción en la red, a la sustitución -por
programas de tecnología superior- de los conocimientos prácticos
humanos en un sector de la actividad productiva, o incluso a la modificación,
a escala de la humanidad, de los mecanismos del raciocinio y de la formulación
de los modos de pensar.
En este texto nos apartamos lo más posible de tales planteamientos
que tienden a naturalizar y englobar, con el propósito de derribar
y volver a edificar un fenómeno que se presenta como el centro
del proceso de informatización social -la convergencia tecnológica-
y sus corolarios, la integración y la interactividad.
1. LA CONVERGENCIA
TECNOLÓGICA: UNA EDIFICACIÓN SOCIAL CONTROVERTIDA
Desde que surgió, hacia mediados
de los años 70, el discurso sobre la informatización de
la sociedad (3) se construyó desde la fascinación ejercida
por dos fulgurantes aperturas tecnológicas: la miniaturización
de la informática -y el consiguiente abaratamiento de los costes-
y la generalización de la digitalización de las señales.
Con la miniaturización, no sólo la microinformática
llegó a ser utilizada con toda normalidad en la oficina y con una
frecuencia cada vez más mayor en casa (4), sino que empezó
a extenderse a todos los sectores de la producción industrial,
desde el coche hasta la caja registradora. Aunque la teleinformática
sea bastante anterior a esa época, hizo progresos considerables
gracias a la multiplicación de los microordenadores. Cuando antes
se limitaba al intercambio de datos entre grandes ordenadores, ahora se
utiliza normalmente para toda clase de transacciones, desde el correo
electrónico hasta la gestión de inventarios.
Los avances en la digitalización de señales han convertido
la convergencia entre telecomunicaciones, radiodifusión e informática
en un tópico del discurso sobre el desarrollo tecnológico.
En los años 70, los futurólogos consideraban que el televisor
estaba llamado a convertirse en un terminal multiuso capaz de integrar
los distintos medios de comunicación. Se afirmaba que no tardaría
en utilizarse para la consulta de bancos de datos, para los videojuegos,
las transacciones comerciales, al igual que para la audición de
emisiones informativas y recreativas. Luego, los videojuegos, la microinformática
y el videotex se desarrollaron en soportes independientes y se habló
menos del televisor como central de comunicación. Más recientemente,
el discurso sobre la convergencia tecnológica volvió a cobrar
vida con los progresos de la fibra óptica y la instalación
de redes de banda ancha (5). Se ha vuelto a soñar con la integración
entre telecomunicaciones, informática y radiodifusión. En
Quebec, el sistema Vidéoway, que empezó a comercializarse
en 1991, constituye el último hito en la materialización
de dichas aspiraciones. En Francia, el sistema Télétel y
las aplicaciones de la red Numéris desempeñan el mismo papel.
Como puede observarse, el discurso sobre la convergencia se enraíza
en el progreso tecnológico. Resulta fácil entender la fascinación
de los ingenieros frente a tamaña posibilidad técnica, que
representaba un perfeccionamiento desde la perspectiva de su disciplina.
Por lo demás, se ha progresado mucho en el terreno de la integración
entre informática y telecomunicaciones. Sin embargo, aunque se
utilice cada vez más la informática en el sector audiovisual
y la radiodifusión utilice desde hace tiempo los sistemas de telecomunicaciones,
todavía la integración entre las tres tecnologías
está en pañales. Pese a ello, se deriva una vez más
una consecuencia ineluctable de una posibilidad tecnológica. Se
presenta a la convergencia como una evolución natural y necesaria,
un punto de llegada al que no hay modo de escapar (6). La única
elección social que quedaría consistiría en apresurarla
o en retrasarla. Una vez más se impone el determinismo tecnológico
como fundamento del discurso social y político dominante.
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Resulta evidente que el carácter
ineluctable de la convergencia supone un discurso racional sobre la necesidad
de una adaptación. Por lo que se utiliza a menudo la convergencia
como justificación de la desregulación o de la nueva regulación
de todo el sector de las comunicaciones. Ya que la convergencia se impone
y se impondrá cada vez más, se afirma que es preciso eliminar
o revisar las leyes y los reglamentos que la obstaculizan y retrasan inútilmente
su realización. En última instancia, se ve en la convergencia
una alternativa a la regulación: si se produce naturalmente una
convergencia, ¿para qué regular? De tal suerte que la convergencia
desempeña el papel de un argumento que legitima el análisis
y la transformación de determinados aspectos del orden social y
político.

Para los economistas liberales, el argumento cubre las posibilidades de
economías de escala que podrían resultar de las redes numéricas
de banda ancha y las ventajas eventuales de una mayor competencia. Ellos
consideran que, por razones de interés público, se podría
ordenar la eliminación de las trabas a la competencia entre operadores
del cable y del teléfono, así como las prohibiciones relativas
a la propiedad conjunta de ambos tipos de empresas. Con la convergencia
tecnológica, la distinción tradicional entre los sectores
de telecomunicación y de radiodifusión resultaría
anticuada y se impondría una desregulación favorable a la
vez a la competencia y la colaboración (7).
De la convergencia entre las técnicas de transmisión, que
quizás podría desembocar en una integración de los
servicios, se salta con facilidad a un discurso sobre las perspectivas
de una nueva integración social y política (8). Este discurso
no es nuevo, sino que recupera una antigua temática relativa a
la función social de los medios de comunicación social.
Como se recordará, en sus inicios estos medios -tanto la radio,
la televisión como la prensa escrita- han suscitado acalorados
debates a este respecto. ¿Favorecían la atomización
y la desintegración social o eran, por lo contrario, potentes medios
de información y participación capaces de crear una nueva
solidaridad colectiva (9)? ¿Eran responsables del deterioro de
la vida familiar o, al contrario, proveían nuevas oportunidades
y nuevos motivos de encuentros? La gran prensa escrita, la radio y la
televisión, ¿tenían por efecto el aislamiento de
los individuos o constituían, en una sociedad moderna donde los
modos tradicionales de sociabilidad estaban en vía de desaparición,
medios modernos de relación y de pertenencia sociales? Numerosos
debates teóricos (10) e investigaciones han defendido los dos puntos
de vista sin llegar a convencer. Las mismas esperanzas provocan otra vez
la discusión sobre los más recientes desarrollos tecnológicos.
Más allá de las conjeturas acerca de las hazañas
tecnológicas, nos parece que es a este nivel que se hallan los
verdaderos desafíos del discurso sobre la convergencia y la integración.
Por otro lado, no es probablemente una casualidad el que los mismos discursos
celebren a la vez, y en la misma medida, las ventajas de la convergencia
y las posibilidades interactivas de las nuevas tecnologías. Ambas
características técnicas constituirían los medios
necesarios para la restauración de la vida social y de la democracia
(11). Al contrario que la televisión convencional, de la radio
y de la prensa de masa, las nuevas tecnologías en vía de
convergencia incluyen la posibilidad de una comunicación bidireccional
(12). Ya que su pantalla y su teclado le franquean el acceso a una multitud
de servicios, el ciudadano dejaría de ser pasivo y podría
otra vez participar en la vida social y el debate democrático (13).
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2. POR UN PLANTEAMIENTO
CONSTRUCTIVO Y DIALÉCTICO
Oponemos una perspectiva constructiva
y dialéctica a aquel planteamiento lineal inspirado en el determinismo
tecnológico. Mucho más que una etapa obligada o un punto
de llegada ineluctable, la convergencia se presenta como un producto social
(14). La convergencia no es un proceso natural, sino el resultado de esfuerzos
concertados, de luchas por el poder y de conflictos que se enmarcan en
las lógicas que estructuran actualmente las ramas de la radiodifusión
y las telecomunicaciones que -es necesario subrayarlo- han iniciado un
proceso acelerado de industrialización.
Determinados grupos de actores -agencias gubernamentales, ingenieros,
empresas privadas, grupos de presión o de usuarios- se interesan
por la realización de la convergencia tecnológica y de la
integración de los servicios. Según el poder del que disponen,
reivindican su logro, adoptan estrategias de desarrollo o medidas para
instaurarlas, favorecerlas o acelerarlas.
Al contrario, otros grupos de actores -otras agencias gubernamentales
y empresas, otros grupos de presión y otras categorías de
usuarios- no están interesados en la convergencia y prefieren que
la separación entre las ramas (15) se mantenga. Quedan por identificar
los grupos que pertenecen a cada uno de los bandos.
Mientras unos grupos de actores toman por objetivo la convergencia tecnológica
y la integración de los servicios, otros desean lo contrario (la
divergencia, la separación entre ramas y la competencia entre las
mismas). Más que un desenlace fatal, la convergencia es lo que
está en juego para la sociedad; y puede seguir caminos distintos
según los contextos (16). Las leyes, las políticas gubernamentales
y también la estructura industrial de los diversos países
influencian profundamente su evolución, al igual que la de los
conocimientos y de las costumbres que están vinculados a ella.
Desde principios de los años 80, la oferta y la integración
de los nuevos servicios de videotex se han producido en Francia en la
rama de las telecomunicaciones (17); ésta sigue siendo actualmente
el vector principal de la convergencia tecnológica. Pero al principio
de los años 80, cuando todavía nada estaba decidido y los
sistemas de videotex estaban en pañales, el Télétel
tenía un competidor, Antiope, que dependía de la rama de
la radiodifusión. El primero se impuso rápidamente, mientras
que el segundo, aunque siga defendiendo ahora algunas aplicaciones, no
llegó a convertirse en un polo integrador para el desarrollo de
nuevos servicios telemáticos. Algunos verán en ello otro
resultado del determinismo tecnológico, ya que las telecomunicaciones
parecen ofrecer más posibilidades de transmisión e interacción.
Quizás las cosas no sean tan simples. Nada en el plano técnico
llevaba a la conclusión de que los operadores del sector de la
radiodifusión no serían capaces de resistir la instalación
y la explotación de una red interactiva. Aunque en un contexto
diferente, el de Italia, llegaron a explotar con éxito un sistema
de teletexto. En el caso holandés, el papel desempeñado
por la teledistribución refuerza esta posibilidad.
Cabe la posibilidad de que los factores técnicos hayan cobrado
más peso o lo hayan perdido, según los casos, por culpa
de determinadas opciones políticas y económicas. En 1983,
el que era entonces el Ministro canadiense de Comunicaciones, Francis
Fox, escogió convertir la distribución por cable en "el
vehículo privilegiado de la revolución informática
en Canada" (18). Dio así un buen empujón a los operadores
por cable a expensas de sus posibles competidores. Ya en 1978, el informe
Nora-Minc identificó en Francia las telecomunicaciones como el
vector de integración del conjunto del sector de las comunicaciones;
lo hizo con el propósito de contrarrestar la influencia de IBM
en el proceso de informatización de la sociedad (19). También
en este caso, la Administración favoreció a un grupo de
actores al escogerlos para realizar el desarrollo tecnológico y
dirigir una eventual convergencia.
En Alemania, las obligaciones políticas y legales favorecen a la
importante sociedad federal de telecomunicaciones, Deutsche Telecom, que
aprovecha las restricciones legales impuestas a las sociedades públicas
de televisión, las cuales dependen en gran parte de los Estados
regionales, para copar poco a poco el terreno de los nuevos medios de
comunicación social (20).
En Quebec, dos sistemas están actualmente en pugna por la conquista
del mercado de los servicios de videotex: Alex, el sistema de Bell Canada
-una empresa de telecomunicaciones-, y el sistema Vidéoway de Vidéotron
-al principio, una empresa de distribución por cable-. Tal como
van las cosas, parece que el segundo se impone más que el primero.
Al contrario de lo que ocurrió en Francia, la rama de la teledistribución
es la que se convierte en el vector principal de la oferta y de la integración
de los nuevos servicios.
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Por si hiciese falta, citemos otro ejemplo
del impacto de los factores económicos, políticos y jurídicos
en la evolución de la convergencia tecnológica, y, por consiguiente,
de su carácter eminentemente social: en Canadá, la ley prohíbe
a las compañías de teléfono las operaciones en el
sector de la radiodifusión. Por lo tanto, Bell Canada no puede
colaborar con las empresas de radiodifusión (puede, eso sí,
alquilar sus líneas telefónicas), ni entrar con ellas en
competencia directa en su propio terreno. Sin embargo, esta limitación
no rige en el campo de las actividades internacionales de las empresas.
Es por ello que Bell Canada y Vidéotron han aunado sus fuerzas
en Gran Bretaña para ofrecer, en régimen de asociación,
servicios integrados de telefonía y televisión a los abonados
al cable. Por lo tanto, en el marco de la legislación actual, el
contexto es más favorable al desarrollo de la convergencia en Gran
Bretaña (21), aunque no se realice con la rapidez y la facilidad
previstas por los estudios sobre la instalación de la fibra óptica
y la privatización de British Telecom.
Los avances tecnológicos dejan una posibilidad de desarrollo de
nuevos mercados y de reestructuración de los ya existentes en el
sector de las comunicaciones. Determinados grupos ejercen fuertes presiones
para que tal desarrollo sea autorizado y favorecido por las políticas
gubernamentales y la legislación. Para justificar y reforzar sus
reivindicaciones argumentan que el resultado podría ser una mejor
integración social, una mayor democratización política
y una mejora en los servicios educativos (22). El discurso sobre la convergencia
tecnológica debe situarse en ese contexto. No es en absoluto evidente
que se llevará a cabo el proyecto en su totalidad (23). Pero cabe
preguntarse seriamente si su planteamiento no ha contribuido al mayor
fortalecimiento de la integración económica de la producción,
de la distribución y del consumo en los campos de la cultura, la
información y las comunicaciones (24).
Por lo tanto, la convergencia no es un fenómeno meramente tecnológico.
Se trata más bien de una apuesta social mayor con explícitas
dimensiones económicas, sociales, jurídicas, políticas
y culturales (25). Es una edificación social cuyos contornos varían
en función de los distintos contextos político-económicos.
Dentro de esta perspectiva, creemos que se debe abordar dicho objeto de
interrogación científica de un modo constructor y dialéctico
y basarse en un estudio comparativo a fondo de diversos casos.
3. METODO DE ANÁLISIS
Quizás el análisis comparativo
sea muy instructivo, pero el camino para llevarlo a cabo está lleno
de obstáculos. La primera dificultad radica en el hecho de que
no existen dos contextos nacionales idénticos: la historia, las
instituciones políticas, la geografía, los recursos naturales,
la estructura económica, etc., es decir, un conjunto innumerable
de factores, imposibilitan las comparaciones punto por punto. En consecuencia,
se debe evitar una primera trampa, la que consiste en sacar los elementos
de su contexto y de su marco de producción histórica. La
segunda dificultad se sitúa en el otro extremo: la tentación
de lo único, de lo que no sufre comparaciones, es decir, el encierro
en los particularismos y el terreno anecdótico. Este segundo riesgo
conduciría a minimizar la importancia de factores comunes, de las
mismas fuerzas que obran en varios países -como Francia y Canadá-,
aunque a veces bajo modalidades distintas, porque éstos comparten
una misma civilización y un sistema económico cada vez más
global.
Entre Escila y Caribdis, hemos identificado las preguntas pertinentes,
las fuerzas que se debe localizar y los factores que hay que tomar en
cuenta, pero cuidándonos mucho de adoptar a priori una única
matriz de referencia. En cambio, por una parte, nuestro análisis
queda estructurado por las mismas preguntas relacionadas con tres niveles
(que corresponden a las secciones siguientes en el texto): 1. la estructura
industrial y las estrategias empresariales; 2. las políticas, los
reglamentos y las iniciativas del Estado; 3. la formación de los
usos sociales. Por otra parte, el análisis toma en cuenta, simultáneamente,
dos contextos nacionales, los de Francia y Quebec, donde la convergencia
tecnológica, o la separación persistente entre ramas, evoluciona
al ritmo de los enfrentamientos entre lógicas y estrategias, de
acuerdo con distintas reglas de juego y temporalidades que no necesariamente
coinciden, pese a la globalización de los desafíos y de
las economías.
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Nuestro estudio se centra principalmente
en la evolución del Minitel en Francia y del Vidéoway en
Quebec, así como en sus repercusiones en las industrias culturales
y de la información. Como ya hemos señalado, el primer sistema
depende del vector telecomunicaciones y el segundo, de la vertiente teledifusión-distribución
por cable (26). Tomamos en cuenta, en ambos casos, los sistemas competidores
que no lograron imponerse con tanto éxito, Antiope (rama de la
radiodifusión) y las aplicaciones derivadas de Numéris,
en Francia, y Alex (rama de la telecomunicación) en Quebec.
En consecuencia, el método consiste en partir de un análisis
de casos aplicado a un fenómeno emergente que provoca conflictos
entre vectores -las telecomunicaciones y la teledifusión- que responden
a lógicas distintas, las cuales a su vez están siendo cuestionadas
por el hecho de su confrontación y de la propia posibilidad de
convergencia.
4. ESTRUCTURA INDUSTRIAL
Y ESTRATEGIAS DE ACTORES
La aplicación a la cultura y
a la información de técnicas comerciales e industriales
depende de la interacción entre la tendencia, propia a la relación
social capitalista, a la integración del mayor número posible
de sectores (por ejemplo, la agricultura, la asistencia sanitaria, la
cultura, etc.) y las condiciones que permiten convertir productos culturales
en mercancías industrializadas. Tal interacción crea estructuras
(27) y lógicas (28) de funcionamiento propias a cada industria
cultural.
Sin embargo, hace falta tiempo para la emergencia de las estructuras y
lógicas industriales, como lo confirma la historia de los medios
de comunicación social. No obstante, una vez esbozadas, tales estructuras
y lógicas tienden a la estabilización y la reproducción.
Llegan de ese modo a establecer limitaciones y condiciones que influencian,
sugieren e incluso "determinan" las estrategias de acción
de los actores, tanto en una industria determinada como en industrias
afines o complementarias. Dichas limitaciones y condiciones explican por
qué las estrategias suelen limitar la capacidad de estructuración
de los actores a la reproducción ampliada de las estructuras, al
crecimiento y a la expansión de su propio mercado.
Sin embargo, en determinados momentos de su historia, las industrias han
sido transformadas por la acción de algunos actores, aunque -conviene
recordarlo- éstos hayan sido estructurados por las estructuras
en las y por las que se han formado. Estos actores pertenecen a veces
a la propia industria. Otras veces, pertenecían antes a otros sectores
y se inmiscuyeron en una industria para colonizarla e integrarla a la
suya o a la rama de donde provenían. Se produce entonces una modificación
cualitativa de la estructura, una reorganización estructural. Tales
casos son los que concretan la convergencia y llevan a veces a la integración,
no sólo de la tecnología, sino del aparato productivo, de
las empresas y de las ramas tecnoeconómicas (29).
La estrategia del distribuidor por cable quebequés Vidéotron
constituye un buen ejemplo de ello. En efecto, esta empresa a la vez se
aseguró una posición dominante en su propia industria -Vidéotron
suma cerca del 60 por ciento de los abonados en Quebec (30)- y practicó
una estrategia de diversificación. Para ello, por una parte, separó
dos empresas de teledifusión tradicional (Télé-Métropole
y sus filiales en la producción y Pathonic), realizando, por lo
tanto, una integración privada de las tres funciones constitutivas
de la industria televisiva, es decir, la producción, la programación
y la difusión/distribución. Por otra parte, en virtud de
la misma estrategia, hizo hincapié en el desarrollo de las nuevas
tecnologías de información y de comunicación e implantó
un sistema telemático ligado a la televisión, el sistema
Vidéoway. Mediante esta estrategia, Vidéotron intenta colocar
poco a poco los componentes de un ámbito audiovisual integrado
y diversificado, aunque, en determinados aspectos, también compita
con el sistema telemático propugnado por una empresa de telecomunicación
-el sistema Alex de Bell Canada-. Es posible que dentro de cierto tiempo
ese nuevo ámbito llegase a operar una transformación estructural
de la producción/distribución/consumo de la información
y a convertirse en un elemento de convergencia, o incluso de integración
relativa del sector de las industrias culturales.
A semejanza de la estrategia de Vidéotron, la de France Télécom
desempeña un papel decisivo en el desarrollo y la implantación
de las nuevas tecnologías de información y comunicación
en Francia. En cambio, la posición hegemónica de France
Télécom, una herencia del monopolio público de la
institución -los PTT- de la que surgió, deja profundas huellas
en su voluntarismo industrial y en su consiguiente estrategia de implantación
y de generalización.
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Con sus estrategias, los actores pueden
lograr una mayor estabilización de la estructura y la lógica
de una industria o, al contrario, transformarla, o incluso reestructurarla.
Sin embargo, no cualquier actor puede desarrollar una estrategia con un
potencial de transformación estructural, tal como se podría
deducir de los casos de Vidéotron y de France Télécom.
Por lo que, cuando la informatización aparece como un desafío
social inevitable en la búsqueda del progreso socio-económico,
las industrias culturales, los vectores tecnoeconómicos que las
atraviesan y los actores que los concretan no son todos iguales ni semejantes
en los diversos contextos nacionales y continentales.
En efecto, ese potencial de reestructuración por parte de los actores
depende: de su peso relativo (v.g. su dimensión y su posición
en el mercado); de su capacidad económica (v.g. sus resultados
económicos, el hecho de que ocupen o no un lugar estratégico
en una coyuntura de reorganización (31)); y de su voluntad de reestructuración
e innovación, la que depende a su vez de su interés por
la convergencia y la integración y de su concepción del
futuro de la industria o del sector industrial. Ello se traduce algunas
veces en un voluntarismo industrial (32), ya sea privado (mercantil),
ya estatal. Cabría pensar que los actores con gran capacidad de
transformación estructural son los que pueden (33), quieren (34)
y saben (35) ajustar sus estrategias al conjunto de las condiciones y
posibilidades de desarrollo e implantación de las NTIC.
Esta última observación nos permite subrayar que no basta
con que un actor sea importante, de gran dimensión, para que tenga
una capacidad de reestructuración o de convergencia. En Francia,
en el sector de la teledifusión, el propietario de TF1, Bouygues,
se contenta con las ganancias de sus participaciones en la publicidad
y no manifiesta ninguna intención de reestructuración. En
Canadá, tras haberse lanzado a la aventura del videotex con su
sistema Alex, la empresa de telecomunicación Bell Canada parece
no querer impulsar por el momento este elemento estratégico, para
dedicarse más al desarrollo y la implantación de la radio
celular, profundizando así en su propia lógica. Por lo que
a Bell Canada respecta, sus iniciativas de estructuración contribuyen
poco a la convergencia, ya sea porque son defensivas y no van muy lejos,
como en el caso del videotex, ya porque representan un repliegue en el
sector de origen, como en el caso de la telefonía sin hilos (celular
-móvil- y de bolsillo) y de los servicios telefónicos de
valor añadido. Sin embargo, hay que reconocer que en este último
caso la estrategia ha sido muy influenciada por la política y la
legislación canadienses.
5. LAS POLÍTICAS,
LA LEGISLACIÓN Y LAS INICIATIVAS DEL ESTADO
En los sectores que, como los de la
cultura y las comunicaciones, admiten regulaciones, las políticas
y las intervenciones del Estado condicionan mucho las estrategias de los
actores y la evolución de las estructuras y las lógicas
industriales.
En el marco de la informatización social, la cual es un tipo de
reorganización económica, las políticas y las intervenciones
estatales desempeñaron, y siguen desempeñando, un papel
fundamental. En efecto, en su rol de administración social centralizada
y de salvaguardia de la integración social, el Estado, influenciado
por los distintos grupos sociales y de presión, concentra las cuestiones
sociales y tiene el deber moral de responder a la demanda social (36)
que dimana de la relación social, especialmente de las estructuras
y las lógicas industriales cuando están en crisis.
Este papel determinante queda atestiguado por las grandes comisiones de
encuesta sobre la informatización que se formaron en los años
70 y 80 (37) a iniciativa de los Estados occidentales y por sus discursos
político-prospectivos que tenían como objetivo la preparación
de las mentalidades a la aceptación de una reorganización
socio-económica centrada en las tecnologías informáticas.
Desde el inicio, desde los primeros momentos del proceso de desarrollo
e implantación de las NTIC, el Estado representó este rol.
Su objetivo era la edificación de un proyecto social informático
unificado y ligado a los grandes valores de la relación social
capitalista, es decir, la libertad, el individualismo, la democracia,
que proclamara la necesidad de la informatización para lograr el
progreso social y la modernidad, así como para concretar el futuro.
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Las iniciativas estatales posteriores
a esas comisiones y sus informes confirmaron ese papel. Al principio,
trataron de desarrollar la tecnología. A este respecto, no cabe
duda que el Estado francés estuvo implicado en el desarrollo y
la puesta a punto de la norma Télétel y del terminal Minitel.
El Estado canadiense también invirtió grandes cantidades,
vía su Ministerio de Comunicaciones, en la elaboración de
la norma Télidon y concedió importantes subvenciones a varias
empresas privadas, entre ellas Vidéotron, que se esforzaban por
desarrollar aplicaciones comerciales. Luego, para favorecer la implantación
de determinados sistemas, los Estados modificaron su legislación.
A este nivel, la simplificación y la liberalización de los
trámites en el CRTC para fijar las tarifas de la distribución
por cable dio la oportunidad a Vidéotron de aumentar muy rápida
y sustancialmente su rentabilidad (38), lo que le permitió financiar
el desarrollo y la implantación de su sistema telemático.
Además, el CRTC no consideró necesaria la regulación
del sector de los nuevos servicios relacionados con la telemática,
lo que, de facto, confirmó su carácter comercial o protocomercial
y contribuyó a ampliar sustancialmente el área potencial
del mercado de bienes y servicios audiovisuales, de la comunicación
y de la información.
Por lo tanto, las políticas, las leyes, los reglamentos y las decisiones
administrativas y financieras de los Estados han desempeñado, y
siguen desempeñando, un papel determinante para la emergencia de
proposiciones tecnológicas (tanto los equipos como las interfaces
y los contenidos) dominantes en los procesos de informatización
y para la aparición de uno o varios actor(es) motor(es) en la implantación
y la generalización de las NTIC. Pueden, pues, fomentar o desfavorecer
la convergencia técnica, la integración tanto técnica
como económica y la diversidad de los vectores tecnoeconómicos,
de los productos y servicios que concretan la informatización social.
En Francia, por haber encomendado el desarrollo y la implantación
de la telemática a los PTT, un monopolio de Estado, otros vectores
(Antiope) han sido marginados rápidamente. Además, si la
empresa nacida de los PTT, France Télécom, está presente
en la radio celular (los móviles) y la distribución por
cable, no se observa por el momento estrategia alguna de convergencia
o de integración técnica. La empresa, muy integrada en el
terreno económico, ha tomado el relevo de la institución
monopolista y "coloniza" varios vectores, pero sin apresurar
la integración técnica.
En cambio, en Canadá se ha confiado el desarrollo de las aplicaciones
de la norma Télidon a diversas empresas ligadas a distintos vectores,
entre ellas Bell Canada, en la rama de las telecomunicaciones, y Vidéotron
en la de la distribución por cable. En este caso, una tecnología
relativamente integrada creó formulas cuyo origen se situaba en
vectores tecno-económicos competidores, lo que no favorece la integración,
al menos actualmente.
Por lo que, pese a la existencia de un proyecto social informático,
del que el Estado es tanto el gerente como el garante, no se realizan
de entrada la convergencia y la integración que podrían
conferir a la informatización social la unidad necesaria para concretar
el objetivo de reorganización social contenido en el proyecto.
Tropiezan con las múltiples tendencias contrarias generadas, entre
otros factores, por la competencia entre las empresas y los vectores tecnoeconómicos
y, a menudo, por intereses nacionales específicos.
En Canadá, las normas del CRTC, que prohíben la propiedad
cruzada entre las telecomunicaciones y los sectores de la industria televisiva,
constituyen una buena muestra de esas tendencias contrarias. Sin embargo,
se ha modificado desde entonces el contexto económico-político.
Las presiones ejercidas por los defensores de la desregulación
y por la competencia llevaron el CRTC a revisar sus políticas.
Se derogó el monopolio de Bell Canada sobre las comunicaciones
interurbanas, con lo que se abrió este mercado a la competencia.
Probablemente se derivarán de este hecho efectos importantes en
las próximas sesiones del CTRC, cuyo tema será el de la
definición del servicio básico de la distribución
por cable (39). Con todo ello se podría llegar a cambiar completamente
las relaciones intersectoriales entre las industrias culturales y, a más
o menos corto plazo, a dar un fuerte impulso a las estrategias multimedia,
con lo que se favorecería la convergencia y quizás la integración.
Tal como se puede observar, existen relaciones complejas entre lo político,
las estructuras industriales y las estrategias de actores. Dependen a
menudo de los contextos nacionales y continentales, así como de
los actores que, desde un punto de vista político, se considera
oportuno mantener, proteger o incluso aventajar (40).
Estas relaciones son tanto más complejas cuando lo político
interviene también en otros dos terrenos que inciden directamente
tanto en las estructuras y las lógicas industriales como en las
estrategias de actores: la reorganización del trabajo en los sectores
afectados por la informatización, mediante políticas de
formación de la mano de obra, de reciclaje y de seguridad social;
la formación de los usos sociales de las NTIC, lo que se logra
con la contribución a la instauración de una norma social
de utilización de los aparatos, productos y servicios informáticos,
con planes de informatización escolar, con medidas fiscales que
permiten la adquisición de equipos informáticos por estudiantes
universitarios y la financiación de la I+D en hardware y software.
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6. LOS USOS SOCIALES
El desarrollo de los usos sociales de
las NTIC depende de un proceso "evolutivo" en el que, al contrario
de lo que supone el paradigma dialógico, la distribución
de los roles motores y estratégicos resulta desigual (41). Este
paradigma postula que se realiza la implantación de las NTIC mediante
un intercambio bilateral equilibrado entre la oferta y la demanda, la
existencia de una relación simétrica entre la técnica
y el usuario. Se supone en la perspectiva dialógica que la tecnología
implantada es anterior a la oferta y que ésta no hace sino responder
a esta necesidad.
Cuando se estudia la introducción de nuevos medios de comunicación
social, entre otros, de la informática en la educación,
se observa que la necesidad de una tecnología en un campo de actividades
no puede surgir y expresarse sino cuando los procedimientos y las necesidades
específicos a un sector están moldeados por las capacidades
y las limitaciones de esta tecnología (42).
Es por ello que, en la dialéctica de la creación de usos
sociales referidos a las nuevas tecnologías de información
y comunicación el rol iniciador, y luego motor, en el desarrollo
de los usos lo detenta la oferta. Sin embargo, ésto no significa
que los usuarios no desempeñan ningún papel organizacional
en la dinámica de la implantación y la generalización
de las NTIC. En efecto, pese a que la oferta sea anterior desde un principio
y a lo largo del proceso de formación de los usos sociales -ya
que los usuarios están siempre colocados en una posición
de reacción ante las propuestas de los promotores de equipos, de
interfaces y de contenidos-, resulta que los hábitos de los usuarios,
los usos sociales establecidos y en vías de formación son
los que favorecen o se oponen a la implantación de las innovaciones
técnicas, al dominio de una proposición tecnológica
y, por lo tanto, al dominio de una empresa, de un vector, de una lógica
industrial. En resumen, incluso si la oferta es anterior, la respuesta
del público es la que sanciona la innovación y la estrategia,
y, por ende, la consiguiente estructura industrial-comercial. Por lo tanto,
a semejanza de las estructuras industriales y de las políticas,
los usos sociales resultan de una dialéctica social, de una edificación
negociada.
El desarrollo de los usos sociales no se hace de un día para el
otro. La relación de las transformaciones del terminal Minitel
(43) y la de las peripecias en la elaboración de la primera fase
del sistema Vidéoway (otras dos fases de desarrollo de la interactividad
están previstas) demuestran que una tecnología no se estabiliza
sino lentamente y que sigue evolucionando incluso en las fases subsiguientes
de generalización. Resulta obvio que si la tecnología no
se ha estabilizado, tampoco las utilizaciones pueden haber llegado hasta
ese punto. Así, desde el principio y a lo largo del proceso de
implantación y generalización de una tecnología,
estamos frente a utilizaciones y no a verdaderos usos sociales (44). Dichas
utilizaciones no deberían estar consideradas sino como "contribuciones"
al proceso de formación de los usos.
La evolución de la tecnología, la creación de necesidades
y el proceso de formación de usos de las NTIC requieren, por lo
tanto, algún tiempo. Según nuestra hipótesis, esta
cronología se divide en tres fases (45).
La oferta viene primero y, con ella, prescripciones generales de empleo,
a las que los usuarios responden con actitudes de aceptación apologética,
de implicación individual entusiasta (los usuarios mañosos),
de mayor o menor desviación en relación con las utilizaciones
sugeridas o recomendadas, incluida la subutilización (46), o también
de franco rechazo. En los casos favorables, esta primera fase concluye
con la expresión y la reformulación por los discursos promocionales
de las necesidades propias a los campos de actividad afectados por el
proceso de implantación.
En una segunda fase, la anterioridad recurrente de la oferta se manifiesta
en la aplicación a las máquinas, los programas y las condiciones
de acceso de diversos ajustes y correctivos. También caracterizan
esta fase prescripciones de empleo adaptadas a las poblaciones y prácticas
a las que se dirigen, así como una extensión y diversificación
de la gama de productos y servicios ligados a las tecnologías propuestas.
Concluye cuando se empieza a percibir una estabilización de la
tecnología y sus usos.
En la última fase se produce la cristalización de los usos
a medida de la formación y la consolidación de una norma
social de producción y de consumo de la técnica y de los
programas. Se descubre con la aparición y la reproducción
de usos constantes y recurrentes integrados en la vida cotidiana. Son
estos últimos los que constituyen los usos sociales.
El modo prescriptivo está presente a lo largo del proceso, aunque
bajo formas y modalidades distintas según las fases. Se manifiesta,
entre otros, a través de los discursos promocionales. Acompaña,
estructura y organiza la conversión de la innovación técnica
en médium y las utilizaciones iniciales en usos sociales. Intenta
preparar los mercados impulsando a los consumidores y formando a los usuarios
(47), y atenuar hasta donde sea posible, en cada una de las tres etapas,
el desfase y la tensión entre los usos prescritos y las utilizaciones
efectivas que casi fatalmente la anterioridad de la oferta tiende a producir.
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En los procesos de formación de usos sociales y de estructuración
del mercado, la aparición de los hogares como mercado masivo y
la afirmación del consumo individual son momentos claves en la
vía del ajuste dialéctico entre la producción y el
consumo de masa. En efecto, estas dos tendencias reconcilian dos aspectos
contradictorios del mercado de masa, es decir, la maximización
de los intercambios mediante el incremento masivo del acto de adquisición
y consumo y la individualización de la compra y del consumo.
Por lo demás, dicha contradicción también está
ligada a la naturaleza y a la especificidad de los productos y de los
sectores objetos de la industrialización y la comercialización.
Por una parte, los productos culturales y de la información deben
ser únicos o, por lo menos, aparecer como tales, ya que con la
repetición pierden su substrato específico, o sea, la orginalidad
y la diversidad. El carácter único, original y diversificado
que deben revestir los productos informativos y culturales y la libre
elección individual en el consumo requieren una puesta a disposición
individual. Por otra parte, para cumplir con el objetivo industrial-comercial
de maximización de los intercambios, se debe masificar esa puesta
a disposición, lo que entra en contradicción con la naturaleza
del producto y el necesario modo de acceso individualizado. No se puede
resolver esta contradicción sino con un modo de acceso interactivo
que dejase la posibilidad de elegir entre la cantidad de productos disponibles
(48). Puede plantearse como hipótesis que este modo de acceso favorece
la profundización en la industrialización y la comercialización
de la cultura y la información. Cabe también pensar que
la interacción entre la diversidad masiva de los productos y la
necesidad del acceso individual interactivo exige la convergencia y, finalmente,
la integración.
En la etapa actual de la evolución de las telecomunicaciones y
del campo audiovisual, la introducción de un modo común
de articulación económica entre la producción y el
consumo, el pago inmediato, podría quizás favorecer esta
convergencia y esta integración. Sin embargo, al igual que el crecimiento
de las clientelas individuales en el sector audiovisual no hace desaparecer
los otros tipos de clientelas, esta modalidad de pago no lleva a la eliminación
de las otras formas de pago. Así, la financiación con fondos
públicos, con la publicidad (lógica de flujo), el abono
básico y, para algunos servicios especializados (lógica
del club), la facturación en función del tiempo, el sistema
de quioscos a varios niveles y el pago "a destajo" son distintas
facetas que se entrecruzan sin llegar a constituir un modo unificado y
estabilizado de pago. Ello demuestra que todavía estamos bastante
lejos de una cristalización de los usos y modos de acceso en verdaderos
usos sociales y, por lo tanto, que la convergencia sigue siendo actualmente
un horizonte lejano.
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7. CONCLUSIÓN
Por ende, nuestro estudio intenta identificar
y analizar las condiciones y consecuencias de la implantación de
las nuevas tecnologías de información y comunicación.
Sin embargo, su objeto subyacente atañe más exactamente
al proceso de industrialización y comercialización de la
información y de la cultura. Nuestra problemática pretende
debatir y renovar los análisis más frecuentes.
El análisis de la informatización resulta de una importancia
fundamental, ya que desde hace unos quince años la información
es un factor primordial del proceso productivo; además se convirtió,
al igual que la cultura, en un área de valorización del
capital. Su contribución determinante al desarrollo del capitalismo
la convierte en un bien estratégico (49), lo que no será
realmente sino cuando pueda ser almacenada y utilizada, es decir, accesible,
a la vez de manera masiva, flexible, diversificada e individual. El proceso
de industrialización es el que vela por esa puesta a disposición
masiva e individual,en este caso, mediante la informatización.
Esta es la causa de que el proceso de informatización de la cultura
y de la información resulte de una importancia vital y constituya
un desafío para la sociedad.
Tal dimensión global es la que exige que sea abordado el problema
simultáneamente a tres niveles macrosociológicos: la estructura
industrial y la contribución de la estrategia de determinados actores
a la reestructuración; las políticas y las intervenciones
estatales; y la formación de los usos sociales de las NTIC.
Sin embargo, el proceso de industrialización-comercialización
de la información y de la cultura y sus corolarios, la informatización
y la inserción de las NTIC en la sociedad, no han llegado en absoluto
al mismo grado de desarrollo. Determinados sectores están poco
afectados, mientras que otros lo están en una mayor proporción;
además, entre estos últimos, no todos tienen la misma importancia
en el desarrollo del proceso. El fenómeno necesita, pues, ser escrutado
en donde parece realizarse la instalación de sistemas, de aparatos
productivos y de distribución, concretándose así
la puesta a disposición masiva e individual. Tal motivo es el que
nos hace creer que conviene restringir el estudio a las industrias de
las telecomunicaciones y de la teledifusión/distribución
por cable, dos sectores especialmente efervescentes y donde se localizan
las más importantes iniciativas de desarrollo de las NTIC.
Por otra parte, se impone la necesidad de un análisis comparativo
aplicado a fondo que no se centrara únicamente en un aspecto del
problema, sino que tomara en cuenta simultáneamente sus principales
dimensiones (los tres niveles de estudio), y ello por varios motivos:
el proceso no se desarrolla en campos socioeconómicos distintos,
sino vinculados entre sí; la informatización se plantea
a nivel internacional y la reorganización que conlleva afecta a
distintos contextos nacionales; tiene consecuencias internacionales y
está estrechamente ligada a la transnacionalización de la
economía en la que, conviene recordarlo, la información
desempeña un papel estratégico.
La convergencia -y los movimientos a ella vinculados, la integración
y la diversificación- es un tema central de la problemática
de la informatización y del desarrollo de las industrias culturales
y de las comunicaciones, porque en cualquier proceso de industrialización,
en determinados momentos -reestructuración, crisis-, algunos sectores
industriales empiezan a moverse, a acercarse a otros o a "colonizarlos"
para configurar nuevos sectores industriales, incluso nuevas industrias,
a las que corresponderán eventualmente, si el desarrollo tiene
éxito, nuevos mercados. En el caso del desarrollo de las NTIC,
creemos que la convergencia podría aparecer como una condición
favorable -otros dirían necesaria- para la profundización
del proceso de industrialización-comercialización en los
campos de la información y de la cultura. La telemática
constituye un buen ejemplo de este fenómeno. Ya lo confirman los
futuros, pero muy próximos, productos y servicios que integrarán,
gracias a la digitalización, los distintos soportes informativos
(sonido, imagen, texto).
Sin embargo, la convergencia debe ser considerada al mismo tiempo como
un horizonte más o menos lejano para las lógicas industriales
que operan actualmente y como un eje teórico. En efecto, el proceso
de informatización remite a otro, más amplio y esencial,
el de reorganización social de la dialéctica producción/consumo.
En realidad, se trata de un proceso que se inscribe en un contexto de
crisis estructural, de búsqueda de una solución, de un camino
que permita salir de la crisis. Como en las resoluciones de anteriores
crisis estructurales -aquí el fordismo y la importante producción-consumo
de bienes domésticos semiduraderos pueden constituir referencias
significativas-, la reorganización y, por lo tanto, los bienes,
las estructuras de producción, distribución y consumo, deben
poseer, hasta cierto punto, una articulación, y quizás algún
tipo de unidad. Es probablemente a ese nivel que la convergencia resulta
más significativa tanto en el plano social como en el heurístico.
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Traducción: Roselyn Paelinck
(1) Este texto es fruto de un trabajo colectivo realizado en el ámbito
de una investigación acometida en colaboración entre un
equipo de investigadores franceses (Bernard Miège y Patrick Pajon,
del GRESEC de Grenoble 3; Pierre Moeglin y Roger Bautier, del GRUSEM de
París 13) y los quebequeses (Jean-Guy Lacroix, Gaëtan Tremblay,
Gilles Pronovost y Kevin Wilson, del GRICIS de la UQAM), merced al apoyo
financiero de los Acuerdos de Cooperación Francia-Quebec.
(2) Simón, Jean-Paul, L'esprit des règles. Réseaux
et réglementations aux Etats-Units, et Vedel, Thierry, número
extraordinario de la revista Quademi dedicado a la desregulación.
(3) Las formulaciones más conocidas fueron, en Francia, el informe
Nora-Minc, L' informatisation de la société; en Canadá,
el informe del Conseil des Sciences, Informatisons la société,
demain il sera trop tard; y en Quebec, el documento gubernamental sobre
Le virage technologique.
(4) La mayor parte de las empresas, tanto las grandes como las pequeñas,
utilizan ahora la informática en distintas tareas. Además,
se calcula que en Estados Unidos algo más de un 20% de los hogares
está equipado con un microordenador, un porcentaje dos veces superior
al que corresponde a Francia.
(5) Glowinski, Albert (bajo la dirección de), Télécommunications.
Objectif 2000, París, Dunod, 1980, 284 p.
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(6) Citemos, entre otros ejemplos de
tal tipo de convicción: Michel Cartier, Stratégies 2000.
Un plan de développement pour l'informatique et les télecommunications
du Quebec à l'aube de l'an 2000, enero 1992, Montreal multicopiado,
p. 2; OCDE, Convergence entre technologies de communications: Etudes de
cas de l'Amérique du Nord et de l'Europe de l'Ouest, París,
1992, p. 73.
(7) Un ejemplo de este tipo de posición se halla en OCDE, Ibid.,
p. 15.
(8) Por lo demás, no todos los textos que hablan de convergencia
son muy claros. Algunos se refieren estrictamente a la convergencia de
las técnicas de transmisión. Otros, aluden tanto a fenómenos
de normalización técnica como a perspectivas de integración
y homogeneización social y cultural. Hace falta un trabajo de aclaración.
Nos limitamos en este texto a un vocabulario que distingue entre la convergencia
de las técnicas de transmisión, la normalización
de las emisoras periféricas, la concentración económica
de la propiedad y la integración de los servicios.
(9) Jean D'Arcy se encuentra entre los más ardientes partidarios
de la segunda tesis. Ver: Cazenave, François, Pionnier et visionnaire
de la télévision, Jean D'Arcy parle; propos recueillis par
François Cazenave, París, La Documentation française,
1984.
(10) Existe una larga lista de autores que han abordado el tema. Incluye
desde Gabriel Tarde hasta Marshall MacLuhan.
(11) Hiltz, Starr-Roxanne y Turoff, Murray, The Network Nation, Addison-Wesley
Publishing Company, Londres, 1978, 528 p. Brunel, Louis; Télecommunications.
Des machines et des hommes, Quebec-Science y Les Presses de l'Université
du Quebec, Quebec, 1978, 175 p.
(12) Entre otros muchos ejemplos de discurso mesiánico, citemos:
Information Canada, Univers sans distances. Rapport sur les télécommunications
au Canada, Comité directeur de la Télécommission,
Information Canada, Ottawa, 1971, p. 163.
(13) A modo de ejemplo de la versión neosocialista: Richta, Radovan,
La civilisation au carrefour, París, Seuil, traducción francesa,
1973. Existe traducción española publicad por Edit. Ayuso.
Madrid.
(14) "Los componentes propiamente tecnológicos de las redes
de difusión no tienen la influencia "determinante" que
suelen otorgarles los responsables o los ingenieros-tecnólogos.
Más que nunca, la innovación tecnológica aparece
estrechamente vinculada con la innovación social o cultural. Y
las innovaciones técnicas que se imponen con más facilidad
son antes que nada las que descansan sobre prácticas sociales profundamente
enraizadas o las que modifican bastante poco los modelos establecidos
de difusión de la cultura y la información (...). Para reducir
las redes de difusión a sus componentes tecnológicos hay
que tener una percepción del todo mutiladora del papel de la comunicación
en las sociedades contemporáneas." (Miège, Bernard,
"Des convergences sont envisageables à terme" en Téléphone
et télévision. Enquête sur une convergence européenne,
bajo la dirección de E. Bustamante, N. Garnham y J.-M. Salaün,
y con el grupo Eurocommunication Recherches, Rapport de recherche, 1992,
p. 14, que saldrá en la colección Réseaux.) El texto
ha sido publicado en español por Fundesco con introducciones de
Bernard Miège y Nicholas Garnham. Madrid, 1990.
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(15) Determinados actores rechazan la
convergencia tecnológica, pero desean la integración de
los servicios. El presidente de Vidéoway, por ejemplo, se ha expresado
en los siguientes términos: "Se habla mucho de convergencia
estos últimos tiempos, pero en realidad ¿qué es lo
que debe converger? Si hay algo seguro es que estamos en presencia de
una convergencia de palabras: fibra óptica, TV a la carta, interactivo,
multimedia, redes integradas televisión/teléfono, PC, etc.
¿Algo más? Creo que nos encontramos frente a diferencias
básicas entre dos tecnologías, a nuevos servicios que integran
distintos medios de comunicación (multimedia), y que todo ello
se fundamenta en una divergencia respecto a la definición de las
necesidades del público, a lo que éste está dispuesto
a pagar... Pese a que los dos enfoques recurran aparentemente a las mismas
tecnologías, ambas arquitecturas siempre fueron, son y serán
radicalmente diferentes." (Michel Dufresne, L'évolution des
réseaux de télécommunications et de télédistribution,
conferencia dada en Montreal, enero 1992, pp. 1-2 y 4.)
(16) Por lo que respecta al videotexto, ver el artículo de: Vedel,
Thierry, "Télématique et configuration d'acteurs: une
perspective européenne", en Technologies de l'information
et société y Réseaux, noviembre 1989, pp. 15-32.
(17) Charron, J.-M., "France Télécom: un opérateur
de réseau devient un acteur de la communication", en Technologie
de l'information et société y Réseaux, noviembre
1989, pp. 33-52.
(18) Ministère des Communications, Gouvernement du Canada, Vers
une nouvelle politique nationale de la radiotélédiffusion,
Ottawa, 1983.
(19) "La única "internacional" capaz de dialoguar
en un pie de igualdad con IBM es la que podría surgir de la alianza
entre organismos de telecomunicaciones" (Nora, Simon y Minc, Alain,
L'informatisation de la société, La Documentation française,
París, 1978, p. 14). Y más adelante: "Como se ha observado,
el desarrollo de una red de trasmisión de datos y la búsqueda
de un alto grado de normalización forman la espina dorsal de una
política de comunicación. Tal es la tarea ambiciosa que
la Administración ha asignado a la DGT con la construcción
de Transpac" (p. 79).
(20) Para un análisis del desarrollo del videotexto en Alemania,
ver: Séguy, Françoise (1990a), Stratégies publiques
et formation d'un nouveau média. Analyse comparative des systèmes
vidéotex de la RFA et de la France (1978-1988), tesis doctoral
en Ciencias de la Comunicación, Université Stendhal Grenoble
III, 440 p., y: Séguy, Françoise (1990b), "Les stratégies
publiques d'introduction du vidéotex en RFA et en France",
en Etudes et Travaux du G.R.I.C.C., núm. 4, 28 p. Ver también:
Schneider, Volker (1989), "Choix techniques et dynamiques sociales
dans l'introduction du vidéotex en Allemagne Fédérale",
en Technologies de l'information et sociéte y Réseaux, noviembre
1989, pp. 53-67; Miège, Bernard y Bickel, Suzanne, "Les réalités
nationales: Allemagne", en Téléphone et télévision...
op. cit., pp. 80-91.
(21) OCDE, Convergence... op. cit.
(22) Existe una literatura muy abundante y siempre renovada sobre la educación.
En el caso de Francia, mencionaremos dos documentos "fundadores",
el del Ministerio de Educación, más bien partidario de una
convergencia desde el ámbito audiovisual (Présents et futurs
de l'audiovisuel en éducation: les fondements d'une nouvelle politique,
París, La Documentation française, 1981), y el de Jean-Claude
Simon, más bien a favor de la rama informática (L'Education
et l'informatisation de la société. Rapport au président
de la République, París, Fayard, 1981).
(23) "La búsqueda actual de convergencias en la evolución
de las industrias audiovisuales y de telecomunicaciones puede parecer
paradójica, ya que cada una de ambas ramas parece seguir caminos
bastante diferenciados en la orientación de su futuro. En todo
caso, se manifiestan mucho más las muestras de diferenciación
que las de acercamiento en la mayor parte de los países de Europa
Occidental... Si el uno está muy tentado de invertir, o de experimentar,
en el terreno ya balizado por el otro, queda también un amplio
campo de maniobras intermedio que se empieza a explotar. Cuando se analiza
la convergencia en términos de modelo, ésta aparece, pues,
como la ocupación de la zanja que separaba a los dos antepasados"
(Pradié, Christian et Salaün, Jean-Michel, "Synthèse
européenne. Réalité et illusions", en Téléphone
et télévision... op. cit., p. 14).
(24) Sobre los temas de la creciente concentración en los campos
de la cultura y las comunicaciones, ver: Schiller, Herbert I., 1989, Culture
Inc., The Corporate Take Over of Public Expression, Oxford University
Press, 1989.
(25) A este respecto, nos acercamos al punto de vista de Patrice Flichy
sobre la historia de las técnicas. Patrice Flichy, Une histoire
de la communication moderne, espace public et vie privée, París,
La Découverte, 1991, p. 10. Versión española en Edit.
Gustavo Gili. Barcelona, 1992.
(26) Según la legislación en vigor en Canadá, una
empresa de telefonía no puede instalar ni administrar el cable
que conduce las señales de televisión.
(27) La estructura de una industria depende: del número de actores
presentes en la industria; de la jerarquización de dichos actores
en función de su importancia respectiva (la dimensión y
los resultados económicos de las empresas) y de su rango en el
mercado; de la articulación entre actores y segmentos de producción,
factor que confiere a la industria su unidad y especificidad. Resulta
de la instalación de un sistema organizado, de un aparato de producción
y distribución.
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(28) Una lógica industrial resulta
de la relación compleja entre el conjunto de los componentes de
un sector (por ejemplo, la producción/consumo del acero, de la
televisión, del libro, etc.) que nace de la interacción
entre condiciones de producción, de intercambio (lanzamiento en
el mercado, distribución/difusión) y de consumo. A su vez,
dicha interacción queda moldeada por la dialéctica entre
las exigencias propias a cada sector y la tendencia inherente a la relación
social capitalista a la integración de un número cada vez
mayor de actividades sociales, o sea, de sectores. Las lógicas
que resultan de tal relación tienden a la reproducción,
ya que materializan la estructura a través de las estrategias de
los actores que están inspiradas, sugeridas o condicionadas por
ellas. Dicho de otra manera, una lógica industrial es una relación
compleja que imprime una forma concreta al intercambio y a las relaciones
de producción/consumo en un sector, así como a su reproducción.
Tal relación es la que explica, entre otras cosas, por qué
hasta muy recientemente la producción/lanzamiento/consumo de la
televisión adquiría el aspecto de una oleada, la lógica
de una oleada, lo que no se verificaba en los campos del disco y del libro,
donde el intercambio y las relaciones de producciones/consumo están
definidos por una lógica editorial. Por lo que respecta a las lógicas
de las industrias culturales, ver: B. Miège, P. Pajon y J.-M. Salaün,
L'industrialisation de l'audiovisuel. Des programmes pour les nouveaux
médias, París, Aubier, 1986, pp. 64 y 106-107.
(29) A modo de ilustración de ese proceso, ver: P. Pajon, "Le
vidéotex comme industrie culturelle", en TIS y Réseaux,
volumen 2, núm. 1 y noviembre 1989, núm. 37, pp. 95-104,
respectivamente.
(30) Ibid. p. 64.
(31) Las nuevas tecnologías numerizadas de información y
comunicación se introducen cada vez más en la diversidad
de las industrias y de los sectores industriales. Los promotores de estas
tecnologías ocupan por lo tanto una posición "estratégica"
que les permite desempeñar un rol motor, no sólo en el sector
industrial de donde provienen, sino en el conjunto de la reorganización
social que esas tecnologías posibilitan. En este marco, las estrategias
con potencial de transformación estructural no pueden ser desarrolladas
sino por actores capaces de tal motricidad.
(32) P. Moeglin, "Télématique: De la recherche sur
les usages aux usages de la recherche", en Bulletin du CERTEIC, núm.
12, 1991, pp. 23-50.
(33) Lo que depende de factores objetivos, es decir, de las condiciones
y posibilidades del mercado y de la fuerza del actor.
(34) Lo que depende de factores subjetivos, es decir, el interés,
la voluntad y la percepción, la idea que los responsables se forman
de la industria y su evolución.
(35) Factores intangibles vinculados con la interacción entre factores
objetivos y subjetivos, lo que remite a la habilidad y a la competencia
profesional de los actores. Ver: G. Tremblay y J.-G. Lacroix, Télévision...
op. cit., pp. 120 y 123.
(36) Cuando hablamos de demanda social, nos referimos al conjunto de problemas
que se plantea la sociedad entendida como una totalidad estructurada,
problemas que afloran en el campo de la política porque surgen
de la dialéctica de las relaciones sociales y exigen una renegociación
del contrato social o, por lo menos, de una parte de éste. Por
lo tanto, incluye a la vez las exigencias y la "opinión"
del público en general, las voluntades y los puntos de vista de
los responsables de las maquinarias productiva y administrativa o, por
lo menos, de sus cargos, las respuestas que tanto los trabajadores como
el público en general, los empresarios y la clase política
formulan en el marco de las relaciones sociales.
(37) A modo de ejemplos, ver: en el caso de Francia: los informes Nora-Minc,
L'informatisation de la société, París, La Documentation
française, 1978; y Glowinski, Télécommunications.
Objectif 2000, París, Dunod, 1980; en los casos de Canadá
y Quebec, los informes: Un univers sans distance, Ottawa, Information
Canada, 1971; L'arbre de vie, Ottawa, MCC, 1972; Dimension d'une politique
de télé-informatique pour le Québec, Quebec, MCQ,
1976; Bâtir l'avenir, Quebec, MCQ, 1982; y Le Québec et les
communications: un futur simple?, Quebec, MCQ, 1983.
(38) Tras esta liberalización, los ingresos y beneficios netos
de Vidéotron han aumentado entre 1982 y 1989 en un 618 por ciento
y de un 1.169 por ciento, respectivamente. G. Tremblay y J.-G. Lacroix,
Télévision... op.cit., p. 151.
(39) En junio de 1992, el CRTC resolvió a favor de la demanda de
ruptura del monopolio de Bell Canada sobre los interurbanos que presentaron
Unitel (compuesta de las empresas CNCP Télécommunications
y Rogers Communication -el primer distribuidor por cable en Canadá,
también presente en la radio celular a través de su filial
Cantel) y BCRL (BC Rail y Lightel).
(40) La reciente decisión (mayo de 1992) de Ottawa respecto de
los nuevos criterios para definir la telefonía sin hilos, la cual
aventajó directamente a Northern Telecom de Toronto a expensas
de una rival sueca, Ericsson, constituye un buen ejemplo de ese tipo de
relaciones. Presse Canadienne, "Les nouveaux critères de la
téléphonie sans fil", en Journal de Montréal,
14 de mayo de 1992, p. 40.
(41) P. Moeglin, Télématique... art. cit., pp. 43-44.
(42) P. Moeglin, "La notion de besoins éducatifs: remarques
sur l'introduction des nouveaux médias dans l'éducation",
en Le Bulletin de l'IDATE, mayo 1986, núm. 23, pp. 89-99.
(43) P. Moeglin, Télématique... art. cit., p. 39.
(44) Entendemos por usos sociales, modos de utilización que se
manifiestan con la recurrencia necesaria, bajo la forma de hábitos
que forman suficientemente parte de la vida cotidiana como para integrarse
e imponerse en el abanico de las prácticas culturales preexistentes,
reproducirse y eventualmente resistir en calidad de prácticas específicas.
(45) J.-G. Lacroix, P. Moeglin y G. Tremblay, "Usages de la notion
d'usages: NTIC et discours promotionnels au Québec et en France",
en Les nouveaux espaces de l'information et de la communication, Actes
du huitième congrès national des Sciences de l'Information
et de la Communication, Lila, pp. 239-248. Sobre la temporalidad en el
desarrollo y la implantación de las NTIC, ver también: P.
Flichy, "Communication: progrès technique et développement
des usages, Rapport à la CEE", en Réseaux, núm.
24, mayo 1987, pp. 105-110.
(46) Sobre este tema, ver: A. Huet, J. Ion, A. Lefebvre, B. Miège
y R. Perron, Capitalisme et industries culturelles, Grenoble, PUG, 1984,
p. 174.
(47) B. Miège e Y. de la Haye, "De l'ère de la communication
aux marchés de la communication", en Communication Information,
vol. 6, núm. 2/3, invierno 1984, pp. 209-212.
(48) Ver: P. Pajon, "Comment la télévision utilise
la télématique", en Le Bulletin de l'IDATE, primer
trimestre de 1990, núm. 39, pp. 73-80.
(49) Ver: Y de la Haye, "Contribution à l'analyse matérialiste
des médias", en Dissonances. Critique de la communication,
París, La Pensée Sauvage, 1984, pp. 20-60.
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