| OPINIÓN |
Perspectivas |
 |
| |
|
|

|
Modernidad e identidades culturales.
El desarrollo diferente de la Europa latina.
Anne-Marie Laulan |
 |
 |
 |
La modernidad juega habitualmente como concepto
unívoco y universal. Pero trabajos y experiencias recientes apuntan
su estallido en múltiples modernizaciones, ligadas a las diferentes
identidades culturales.
La conclusión tiene una considerable trascendencia sobre el desarrollo
de la Europa mediterránea.
1. EL CONCEPTO DE MODERNIDAD
Tradicionalmente, el problema de la modernidad se
ha presentado de forma binaria: moderno contra arcaico, retrógrado,
retrasado, en el registro psicológico; moderno, dinámico,
prometedor en oposición a conservador, subdesarrollado, sin futuro,
cuando se trata de planificación económica, industrial,
política. ¿Quién teme a la modernidad?
Sin duda, ninguno de los responsables que nos gobiernan. De ahí
la idea, muy generalizada desde el Siglo de las Luces, de un modelo a
la vez único y universal de pensar la modernidad, válido
para todos los pueblos, cualesquiera que sean los puntos de partida culturales.
La modernidad y la racionalidad industrial se encarnaron hace mucho tiempo
en los rasgos del capitalismo occidental y más recientemente en
el Extremo Occidente que representan las plazas financieras de Tokio o
Singapur.
Desde esa perspectiva, los países en desarrollo, para ser admitidos
en el seno de las sociedades modernas, han de poner en práctica
las reglas económicas, de gestión, contables y jurídicas
de Occidente. Las transformaciones de Europa del Este reflejan a las claras
ese ineluctable alineamiento,sin presiones exteriores ni invasiones militares.
La actualidad geopolítica reciente revela con claridad la amalgama
paradójica de los países del Golfo: el llamamiento a la
Guerra Santa contra Occidente va acompañado por los cálculos
estratégicos sobre el monopolio de la producción petrolífera
en el seno de los países árabes súbitamente reunificados.
La sociedad moderna transforma y asimila igualmente las actividades culturales,
también ellas industrializadas: japoneses y estadounidenses rivalizan
entre sí por producir y vender a escala mundial dibujos animados
y programas de televisión, pero también satélites
y magnetoscopios.
 |
En el ámbito de la información televisada,
Rumania e Irak muestran un dominio de la puesta en escena a la occidental
perfectamente asimilada.
El sociólogo holandés Van Nieuwenhuijze, sin embargo, está
en desacuerdo con quienes plantean una oposición entre identidad
cultural específica y desarrollo, oposición muy generalizada
en el mundo occidental, que ha optado por sacrificar la primera. Oposición
practicada también en los países del Tercer Mundo, pero
en sentido inverso: ansiosos por denunciar el imperialismo cultural e
industrial de Occidente, y por preservar la necesidad imperiosa de realización
endógena, muy a menudo adoptan medidas que apuntan en dirección
contraria al objetivo perseguido.
Estas paradojas, contradicciones y confusiones se basan, a nuestro entender,
en un modelo simplista por su carácter binario; reductor, por su
carácter más económico que social; estático,
por impedir una evaluación de la importancia respectiva de los
procesos de cambio. "Las incertidumbres y necesidades a largo plazo
son ocultadas por las preocupaciones a corto plazo", escribe Van
Nieuwenhuijze.
En el sentido de los análisis de A. Touraine, M. Maffesoli o L.
Sfez, por nuestra parte, nos gustaría insistir en el carácter
histórico, evolutivo, fluctuante por su propia fluidez, de los
movimientos sociales; preconizar estudios comparativos y longitudinales;
recordar la importancia de los efectos boomerang que analizamos como otras
tantas manifestaciones de resistencia (A.M. Laulan, Cinéma, presse,
public, 1977; La resistance aux systèmes d'information,1985, Ed.
Retz-Nathan), de las que más adelante ofreceremos algunos ejemplos.
La insuficiencia del modelo universal (de origen generalmente occidental)
ha dado lugar a una controversia teórica entre un sociólogo
del MIT y A. Touraine, con ocasión de un simposio organizado en
París por la empresa japonesa Honda.
Ithiel de Sola Pool, convencido de la transformación de las relaciones
sociales inducidas por la irrupción de las nuevas tecnologías,
llegó incluso a proclamar la obsolescencia de las tesis de Max
Weber. Las principales oposiciones constitutivas de la organización
social, según Weber, son: ciudad/campo, nación/regiones,
cuello blanco/cuello azul, burocracia.
Ithiel de Sola Pool, basándose en las redes hertzianas, las conexiones
telefónicas e informáticas, las inhibiciones o incluso el
spill over [efectos externos], predice el fin de la Historia, con ciudades
en el campo, la desaparición de los agricultores, el teletrabajo
y la telecompra, la constitución de una aldea planetaria con fábricas
sin obreros, en un mundo más justo donde serán abolidas
(o allanadas) las distancias físicas y las barerras sociales, dado
que el teléfono y la electrónica permiten circuitos cortos.
A. Touraine (a partir de 1977) demuestra sin esfuerzo que "los conflictos
sociales son desplazados sin haber sido, no obstante, superados".
A la visión proféticamente democrática y tecnicista
opone las megalópolis, la sociedad a dos velocidades, la desertización
de una parte de los países europeos en provecho de ejes de ciudades
tecnológicas [tecnópolis], el renacimiento de lo local,
el retorno a las raíces culturales. A todo ello puede añadirse
hoy el auge del nacionalismo y el empuje de los integrismos.
Durante el coloquio Modernidad e identidad, organizado por la UNESCO en
1987 (publicado con ese mismo título en la Revue Internationale
des Sciences Sociales, nº 118, noviembre de 1988, Ed. UNESCO - Erès,
París), Alain Touraine recuerda que países no modernos (como
Japón) pueden ser modernizadores; que en lugar de oponer modelos
dominantes e importantes a los desarrollos lentos y endógenos,
sería preferible "afirmar que todos los procesos de desarrollo
logrado combinan factores internos y factores externos, factores económicos
y factores socioculturales".
Nosotros mismos, al estudiar las presiones económicas en el ámbito
de la cultura y, más recientemente, la incidencia de las tecnologías
informáticas en el universo de las empresas, seguimos considerando
que las identidades culturales no están a punto de desaparecer.
Para tratar de reducir las disparidades económicas, sin duda conviene
acentuar las diferenciaciones culturales, restaurar el sentido de la Historia.
 |
2. IDENTIDADES CULTURALES Y MODERNIZACION EN EL
AREA MEDITERRANEA
Presentamos aquí los primeros resultados de
una investigación realizada por el Institut de Recherches sur la
Société Contemporaine [Instituto de Investigaciones sobre
la Sociedad Contemporánea], del CNRS, cuya hipótesis central
es la siguiente:
Todos los países de Europa occidental aspiran a la modernidad,
particularmente en los medios profesionales de la empresa industrial y
de la alta tecnología. Pero el proceso de modernización
no funciona de la misma manera en la Europa meridional, llamada latina,
y en la Europa nórdica y protestante.
El lanzamiento de las tecnologías y las formas de gestión
modernas, así como las campañas publicitarias de los nuevos
productos, se realiza desde la sede central de la empresa, que además,
cada vez con mayor frecuencia, suele ser una multinacional. Cabría
esperar que las fábricas filiales se comportasen como simples ejecutores
de las directivas de la casa matriz. No es así, como veremos al
referirmos a Casos concretos.
En el plano de la reflexión crítica, esto obliga a renovar
ciertos paradigmas de la sociología de la organización y,
sin duda, también, de la metodología empleada en la sociología
de la información. Así, por ejemplo, la exploración
del concepto de área mediterránea supone una aportación
innovadora a los grandes campos de la sociología, gracias a una
actividad comparativa actualmente indispensable.
 |
3. LA ELECCIÓN DEL TERRENO
La Comunidad Económica Europea se constituyó
de forma progresiva, a partir del núcleo central de los países
del Benelux y de la antigua República Federal de Alemania. Son
conocidas las reticencias de Gran Bretaña a incorporarse a ella;
sabido es, asimismo, que España forma parte de la CEE sólo
desde hace poco tiempo. El trabajo de Victor Scardigli (L'Europe des modes
de vie, ediciones del CNRS) recoge un mapa de Europa occidental en el
que, por ese motivo (y también, en consecuencia, por falta de datos
consultables) no figura España.
Los trabajos de prospectiva tecnológica relacionados con la voluntad
de modernización describen a cual mejor un eje noroeste-sureste
(Gran Bretaña-Holanda-antigua RFA-norte de Italia) en torno al
cual se constituyen grandes aglomeraciones urbanas, se tejen las redes
financieras y se extienden los cables, al tiempo que suben las curvas
de productividad. El sur de Francia, una gran parte de Italia, la mayor
parte de España (excepto Cataluña) quedan fuera del campo
de referencia de dichos trabajos.
En suma, se diría que la Europa (de los Doce) reproduce a pequeña
escala las desigualdades de la geopolítica planetaria, y que el
Sur mediterráneo es catalogado apresuradamente como zona de buen
vivir y de cultura, pero también de arcaísmo rebelde a las
mutaciones de la sociedad posmoderna.
Si nos esforzamos por analizar las premisas de esas tipologías,
vemos que todo lo que refleja un aspecto social y cultural escapa al ámbito
de la sociología económica y sólo es definido, en
sentido negativo, como no económico (estudios de Van Nieuwenhuijze,
Holanda).
La economía, basada en gran parte en la producción de las
empresas, presta atención especial a productos, servicios y cotizaciones
de los mercados bursátiles. El análisis económico
pone en evidencia estructuras, lógicas con un fondo de racionalidad
(de burocracia, diría Weber).
En lugares y campos muy diferentes, pero ligados a la modernidad y a la
productividad, se observa una especie de ceguera metodológica:
no buscar la explicación de las disfunciones organizativas de las
multinacionales más que en el estricto nivel organizativo o en
el ámbito único de la competencia técnica. "Todo
sucede como si la problemática comparativa no formara parte de
las preocupaciones de quienes trabajan en el lanzamiento y en el funcionamiento
de [nuevos] programas" (P. Moeglin).
No obstante, los trabajos de Ph. d'Iribarne (La logique de l'honneur,
Ed. du Seuil), junto a muchos otros, destacan el desplazamiento del hecho
técnico,de la norma organizativa, en favor del hecho social, las
culturas empresariales, porque la modernización industrial se enfrenta
con un entorno social, con sus componentes regionales, étnicos,
sus tradiciones en lo relativo a las relaciones sociales, que muy a menudo
son contradictorias.
Así se explica la elección del terreno: el área mediterránea
como figura alegórica de la dependencia económica, de un
cierto subdesarrollo, ¿debe, para llegar a ser más moderna
y más competitiva, renegar, relegar sus rasgos de identidad cultural,
sus modos tradicionales de intercambio de informaciones, sus redes informales
de legitimación a través de la socialización? La
cultura técnica, con sus robots, sus cables, sus redes numéricas
y sus teclados de ordenador, reviste, para muchos decididores y gestores,
el aspecto de un concepto universal, transnacional, mundialista.
Además de la ideología imperialista que sutilmente subyace
a esta pretensión de universalidad, los fracasos, los retrasos,
los despilfarros y los conflictos no tardan en (re)aparecer. Otras tantas
razones para que el investigador adopte un criterio resueltamente comparativo
y trate de incluir los rasgos culturales y los componentes de identidad
como elementos determinantes y explicativos del proceso de modernización.
 |
4. LOS CASOS CONCRETOS
A menudo se suele hablar, en el mundo empresarial,
de los modernos modelos procedentes de Japón, de Estados Unidos,
de Suecia. Pero, de hecho, no existe un modelo europeo (ni siquiera limitado
a Europa Occidental). Esta ausencia de un modelo único y válido
para toda Europa se puso claramente de manifiesto en el coloquio titulado
Convergencias y divergencias culturales en Europa, organizado por la firma
Young & Rubicam en noviembre de 1989. Una de sus sesiones abordaba
el tema: La Europa mediterránea: ¿otra sociedad posmoderna?.
Por nuestra parte, distinguiremos claramente entre tres modelos bien diferentes:
el anglosajón, adoptado también por holandeses y alemanes;
el escandinavo, fuertemente vinculado a contextos históricos y
geográficos; y finalmente un modelo latino, basado en la premisa
de un individualismo generalizado, con distancias jerárquicas,
sutilmente dosificadas, que permiten a cada uno cumplir su propia trayectoria
de legitimación socializada.
 |
La obra de Hoffstaede sobre Las diferencias culturales
en la gestión empresarial (C. Bellanger & Hoffstaede: 1987,
Le Seuil) parte de la importancia de una vía comunitaria (importante
en Asia y en Estados Unidos) y de los estilos de mando en el seno de la
empresa. La figura adjunta muestra claramente un bloque, en el cuadrante
inferior derecho, en el que figuran Italia, Francia, España, Bélgica
-países latinos-, mientras que los restantes países europeos
occidentales aparecen asociados en otro cuadrante que se corresponde con
bastante precisión, a los países donde se ha desarrollado
el capitalismo industrial.
Nuestro trabajo, para empezar, postula la pluralidad de modelos (de modernización)
y por consiguiente la pluralidad de racionalidades. En un reciente debate
entre historiadores, sociólogos y economistas se insistió
en el hecho de que los modelos o conceptos son en realidad construcciones
sociales. "Se toma por dinero contante y sonante lo que es ya el
producto de una lucha, de la consagración de una lucha, del vencedor
de esas luchas", escribe G. Noiriel (revista Sociétés
Contamporaines, nº 1, 1990, p. 56).
El debate, todavía vivo pero ya antiguo, se refiere a la cuestión
de la temporalidad; de hecho, como ya dijera Gurvitch, después
de Halbwachs, se trata de la coexistencia de temporalidades diferentes,
en absoluto homogéneas.
Las primeras observaciones que presentamos aquí se inscriben claramente
en el deseo de poner en evidencia conductas que obedecen a lógicas
no económicas, a riesgos de conflictos ligados a choques de temporalidades,
a veces incluso a su pura y simple negación.
1) El caso de una empresa del Gran Sur de alta tecnología.
Esta empresa de distribución comercial, creada en Marsella, se
ha instalado progresivamente en Montpellier, en Toulouse y posteriormente
en Burdeos.
Entre una estrategia de desarrollo nacional (hacia la capital), es decir,
multinacional, y una estrategia de desarrollo regional, se ha mantenido
la segunda, con los siguientes argumentos: no el Sur de Francia, sino
el Sur de Europa, una antigüedad de implantación de casi un
siglo, la vinculación a una cultura regional apreciada por su calidad
de vida, convivencia, creatividad y dinamismo. Esto ha supuesto una mutación,
tal vez incluso una ruptura, en la medida en que, de su posición
de sucursal afiliada a una central de París, ha pasado a constituirse
en grupo regional independiente, cotizado en Bolsa. En este caso, la opción
de la modernidad se apoya en la historia, en una cultura preexistente
compartida, fuente -es de esperar- de una mejor productividad.
2) El segundo caso es el de la fábrica Renault (de automóviles),
con distintas delegaciones en Francia, pero también en otros países,
especialmente en España.
La opción estratégica es la inversa del caso precedente:
"¿Cómo hacer llegar a todos ésos centros los
mensajes elaborados en la sede central?". Hay trabajadores de todas
las edades, practicamente de todos los oficios, de distintas raíces
culturales. El contexto de los distintos centros es muy variable. Cada
uno tiene su historia, sus tradiciones "obreras de padres a hijos",
o por el contrario, de hijos de campesinos o de mineros que fueron víctimas
de la coyuntura económica y se vieron abocados a fabricar coches.
Otra dificultad añadida, el entorno económico de las filiales
en Italia,Alemania, Argentina, España... El personal, desde Roma,
Barcelona o Colonia, tiene una percepción muy diferente, en cada
caso, de lo que ocurre en Francia y de las dificultades por las que pueda
pasar Renault.
La firma Renault ocupa plaza pública en los medios franceses de
comunicación, por supuesto, pero también en la prensa económica
europea. Aquí, como en el caso anterior, la dirección de
la empresa renuncia a transmitir informaciones homogéneas e indiferenciadas;
tiene en cuenta las expectativas, las inquietudes, el clima de cada centro.
 |
Delegación, descentralización, responsabilidades
e iniciativas locales, son cuestiones encomendadas al responsable de la
filial.
Sabemos, por otra parte, que las campañas publicitarias de los
R5 o de los R25, salidas de los mismos moldes, no utilizan los mismos
argumentos en Francia y en España.
3) El tercer caso podría titularse el choque de culturas. En la
región de Niza: en plena Costa Azul, estereotipo de las vacaciones
ideales, los poderes parisienses implantan la 'Tecnópolis' de Sofia-Antipolis.
El choque cultural es permanente entre los organizadores (generalmente
ingenieros formados en prestigiosas Escuelas) y los subalternos, naturales
de Niza o de Córcega. Una de las fuentes de conflicto es la relación
con el tiempo (con la puntualidad). Más seria es la diferencia
de genio. El genio del Sur, descrito por los interesados, es la capacidad
de ejercer y llevar a buen término varias acciones a la vez.
Los extranjeros llegados del Norte tendrían un modo de acción
secuencial, de ahí el calificativo peyorativo que atribuyen a los
mediterráneos: liantes y desordenados. Añadamos a estos
choques culturales la afición de los hombres y mujeres indígenas
por la improvisación, puesta de relieve en la observación
de la economía de Prato, en Italia. Los responsables de las empresas
multinacionales no tienen gran aprecio por esta improvisación,
que -en su opinión- genera desorden, sin tener en cuenta los recursos
de creatividad que de ella se desprenden.
Más grave aún, en estos países
mediterráneos, las relaciones estatutarias tienen relativamente
poca importancia en comparación con los vínculos existentes
entre las personas y en comparación con el valor de la palabra
dada. El olvido de esos vínculos y valores es fuente de incidentes.
Un contrato escrito puede ser renegociado (o precisado) por teléfono,
pero uno de los interlocutores dará mayor importancia al compromiso
verbal que al texto escrito.
Como quiera que sea, los cuadros ingleses, alemanes, estadounidenses o
franceses de París que trabajan en Sofia-Antipolis descubren otras
lógicas y otras formas de organización. Se resisten a aceptar
estos valores culturales, en aras de mantener la eficacia de la relación
entre organizadores y subalternos.
La relación con la historia y con la temporalidad provoca un choque
cultural adicional: para las empresas llegadas de otros países
para instalarse en Sofia-Antipolis, el año cero es 1980. Pero los
poderes públicos locales conocen y viven la historia casi milenaria
de la región de Niza. La promoción de la región se
basa -poco más o menos- en la idea de sex, sun, sea and golf; las
empresas de alta tecnología desearían ofrecer una imagen
totalmente distinta de la alta especialización, de la alta tecnología.
 |
El desacuerdo, existente desde el primer día,
no ha sido resuelto. Una vez más, en nombre de la modernidad universal,
los ingenieros querrían borrar [renegar de] la identidad y de la
historia de los actores locales que trabajan en el mismo emplazamiento.
Exclusión mental, ciertamente, pero convertida en experiencia dramática.
Concluyamos, a propósito de la temporalidad, con la observación
de un investigador francés que realiza una encuesta en pleno verano,
en el sur de Italia, entre los parados; todos ellos declararon estar "de
vacaciones". La interpretación de este psicosociólogo
es la siguiente: desperdiciar el tiempo de vacaciones en buscar un empleo,
sería para el parado una forma suplementaria de degradación.
Resultado paradójico desde el punto de vista de la racionalidad
económica, pero la construcción social del parado no coincide
con ella.
Otro investigador francés (J.C. Combessie, Au Sud de Despeñaperros,
Ed. Maison des Sciences de l'Homme), ha estudiado a fondo una huelga salvaje
en una zona productora de algodón, en Andalucía. Muestra
que la oferta y la demanda son productos cautivos de las relaciones sociales.
Denuncia (páginas 245 y siguientes) la incapacidad de los cuadros
de la teoría económica para comprender en su diversidad
la acciones de grupos de trabajadores empeñados en obtener y defender
su legitimidad profesional. La teoría económica del libre
cambio y de la competencia en la búsqueda de empleo no funciona,
pues en este caso, en esa región española, son las redes
sociales familiares y locales, las solidaridades de clase, las que movilizan
las posibles vías de contratación laboral. Las cadenas migratorias
de los desplazamientos o emplazamientos profesionales asombran a los historiadores,
pero son componentes indisociables de la muy moderna ampliación
de los mercados.
A partir de los casos presentados, creemos poder afirmar que las redes
de solidaridad y de información, el reparto de tiempos y lugares,
determinan los comportamientos de los agentes sociales, y que su importancia
es muy superior a su visibilidad social.

Recordemos, a través de los casos estudiados, que más allá
de las presiones económicas y tecnológicas, las relaciones
mediterráneas de clase y de comunidad han condicionado, discretamente
pero de modo efectivo, las estrategias de las empresas, del mismo modo que
han modificado la gestión empresarial, las políticas de comunicación
y, por tanto, la evolución económica de las regiones del Sur
consideradas.
CONCLUSIÓN
Los estudios de los casos presentados están
relacionados con el Sur de Europa, donde se aprecian fuertes disparidades
económicas respecto del Norte. Pero los trabajos de Alain Gras
y de Victor Scardigli sobre las tecnologías de la aeronáutica
(Brasil, Francia, Suecia) muestran a su vez lo peligroso que sería
normalizar la cultura técnica, con el riesgo de engendrar discordias,
conflictos, violencia. Al concepto universal de modernidad conviene oponer
el de modernizaciones, de modo que se tengan en cuenta la evolución
y las identidades específicas. El caso de Chile, inventor y exportador
de programas informáticos concebidos para países del Sur
(América Latina, Africa) es muy ilustrativo a ese respecto. La
modernización integra los valores de la modernidad en una larga
tradición cultural.
Traducción: Antonio Fernández Lera
|