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La información del HLA.
Aplicaciones a múltiples campos científicos.
Angel Martín Municio
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Las proteínas
que identifican y diferencian a las especies se originan en la información
del DNA. En particular, el conocimiento del HLA se aplica hoy a los estudios
epidemiológicos y la medicina preventiva, a la paleontología,
la antropología o el estudio de las migraciones.
La extraordinaria variación de actividades fisiológicas
que muestran los seres vivos y, además, la especificidad propia
de cada especie, se deben principalmente a la presencia de las proteínas.
Proteínas, por tanto que son capaces de exhibir actividades catalíticas,
de transporte y almacenamiento, de soporte mecánico, como factores
de crecimiento y diferenciación como receptores de membrana, de
anticuerpos, de adhesión y de coordinación de movimientos.
Proteínas que, de otro lado, revelan la especificidad como consecuencia
de la ordenación de sus unidades constituyentes que, en número
de veinte, se alternan de manera constante en cada especie. Secuencia
conocida como estructura primaria.
Este lenguaje de los aminoácidos se mantiene constante a través
de las sucesivas generaciones de la misma especie y es distinto, a su
vez, en las diferentes especies de seres vivos. La semejanza de este lenguaje
o, lo que es lo mismo, la analogía de estructuras primarias da
cuenta del grado de aproximación entre las diferentes especies;
entre el hombre y el chimpancé, entre el perro y el caballo, etc.
La interpretación de estos hechos, la constancia por un lado y
el grado de semejanza por otro, se funda en el mismo hecho biológico
fundamental: la especificidad estructural de las proteínas tiene
su origen en la información propia y constante en cada especie
y distinta entre las especies. Información que no es sino el DNA
y, en particular, la secuencia que se establece al ordenarse las unidades
constituyentes que, en número de cuatro, se alternan de forma constante
en cada especie.
Este contenido informativo del DNA -y no su materia- es la causa de la
especificidad mencionada que exhiben las proteínas. DNA presente
en los genes de cada especie, que se expresa como proteínas específicas
y ello se realiza a través de dos fenómenos principales:
la transcripción de la información -paso de DNA a mRNA-
y la traducción de la información -paso de la información
del mRNA a la información de las proteínas-. Fenómenos
que se resumen en la figura 1.
El DNA, con su clásica estructura en doble hélice, cumple
en el núcleo de las células su doble función:
- La de servir de información a la especificidad de las proteínas.
- La de duplicarse durante el ciclo celular. Tras la interfase ocurre
la división celular o mitosis, en cuya iniciación el DNA
experimenta un curso de transformaciones que conduce a su condensación
bajo la forma de cromosomas.

Los cromosomas difieren en el tamaño,
la posición del centrómero y la presencia de regiones o
bandas capaces de tinciones especiales. Los cromosomas, en esta fase,
se hacen visibles al microscopio y su composición fotográfica
da lugar al denominado cariotipo. El número de cromosomas es característico
de cada especie, algunos de cuyos ejemplos aparecen en la tabla 1.
En la figura 2 se esquematiza la forma de un cromosoma, con el centrómero
y los brazos cortos (p) y largos (q), en los que se alinean los genes.
De la expresión de los genes (DNA) resulta la gran cantidad de
proteínas específicas propias de cada especie.
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En la tabla 2 se ha seleccionado una serie de localizaciones
génicas en los cromosomas correspondientes; a la vez se mencionan
las proteínas expresadas a expensas de los genes seleccionados.
Dentro de estas localizaciones recogidas en la tabla 2, figura en el brazo
corto del cromosoma 6 una situación de interés excepcional:
la del llamado complejo principal de histocompatibilidad. Las propiedades
principales de este complejo se refieren al polimorfismo, la codominancia
y la transmisión conjunta.
Con estos antecedentes, ya se puede vislumbrar el interés biológico
de este conjunto de genes. Interés que vamos a verlo extrapolado
en cuanto a su participación en estudios geográficos, históricos,
lingüisticos, antropológicos y epidemiológicos.
Poco antes de la II Guerra Mundial, en 1938, un genetista americano, Peter
Gorer, demostró que los rechazos de los injertos de piel entre
Ratones de cepas diferentes eran debidos a diferencias entre donadores
y receptores a nivel de unas proteínas expresadas en el seno de
las membranas celulares. Proteínas que fueron bautizadas como antígenos
H-2; de la inicial H, de histocompatibilidad. Enseguida se constata que
la aceptación o el rechazo de un transplante se encuentra bajo
la dependencia de un proceso de naturaleza inmunológica, genéticamente
determinado. Veinte años más tarde, el inmunólogo
francés Dausset descubriría sobre la superficie de los linfocitos
humanos unas moléculas homólogas que se denominaron antígenos
HLA (Antígenos de los Leucocitos Humanos).
Las moléculas HLA intervienen igualmente en los fenómenos
de rechazo de injertos, de forma que para el éxito de un injerto
o transplante de cualquier órgano o tejido, es deseable que donador
y receptor posean las moléculas HLA lo más parecidas posibles.
A propósito de las cuales se han ido estableciendo las siguientes
características:
- La existencia en este sistema HLA de un extraordinario
polimorfismo genético.
- Las moléculas HLA se encuentran bajo la dependencia de genes
que pueden presentarse bajo formas diferentes o alelos, según los
individuos considerados.
- Cada individuo expresa, al menos, seis tipos de estas moléculas,
repartidas en dos grupos; las moléculas dichas de clase I (A,B,C)
y las de clase II (DP,DR,DQ).
- Las variantes descritas hasta hace un año de cada uno de estos
tipos de moléculas son, respectivamente: 23, 49, 8, 6, 3 y 25.
Fenómeno conocido como polimorfismo, que puede dar lugar a cientos
de millones de combinaciones polimórficas.
Los antígenos HLA ilustran como ningún
otro marcador biológico la unicidad y la diversidad de los individuos.
De otra manera, la probabilidad de identidad para todos los alelos entre
dos individuos no relacionados es prácticamente nula; de aquí
también la gran dificultad de encontrar un donador y un receptor
del todo compatibles para el transplante de órganos.

La figura 2 recoge algunos datos acerca de la localización del
complejo principal de histocompatibilidad.
Además de esta participación génica en cuanto a la
definición de la individualidad del hombre, los antígenos
HLA toman parte en algunos fenómenos de importancia tales como:
- La naturaleza y la intensidad de la respuesta inmune, en particulas
la vinculada a los linfocitos T citotóxicos.
- Su correlación con el riesgo de padecimiento de ciertas enfermedades,
sobre todo con aquellas de origen autoinmune.
La conexión DNA-proteínas y la funcionalidad
de éstas se esquematiza en la figura 3.
Veamos algunos detalles adicionales sobre las
propiedades de este complejo.
En el hombre, los alelos A, B y C se expresan en todas las células
del organismo bajo la forma de las llamadas proteínas de clase
I (figura 3). Los alelos de la clase D no se expresan más que en
ciertos tipos de células como macrófagos, espermatozoides,
células epidérmicas, linfocitos E. Y ambos,antígenos
de las clases I y II se expresan en las membranas celulares.
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Por lo que se refiere a la complejidad del sistema, es obvio que ha tenido
que darse sobre estos genes una presión particular para hacerlos
diferentes y para mantener las diferencias. Dado que estas estructuras
juegan un papel en el reconocimiento de sí mismo y que derivan
de genes primitivos codificadores de moléculas de la superficie
celular, se puede concebir la necesidad de esta diversidad cuando los
seres vivos pasaran del estado unicelular o de una especie de conjunto
de células idénticas al estado de organismo multicelular
organizado cuyos tejidos hubieran de coexistir, e incluso cooperar. El
mantenimiento de este polimorfismo es, indudablemente, una ventaja selectiva,
a la que habrán de contribuir las funciones inmunes atribuidas
a este complejo en el curso de la evolución.
El hecho de que los loci génicos A, B y C estén presentes
en la superficie de prácticamente todas las células del
organismo, sugiere una función biológica muy general. por
el contrario, los productos de los loci D están muy restringidos
a la superficie de ciertas células, ya mencionadas, esencialmente
apoyada de competencia inmunológica. Circunstancia fundamental
por lo que se refiere a la función de estos productos.
Los diferentes loci del complejo HLA se encuentran íntimamente
ligados sobre el brazo corto del cromosoma 6. Hay, sin embargo, suficiente
distancia entre ellos para que tengan lugar recombinaciones relativamente
frecuentes entre ellos. Esta situación especial parece ser virtualmente
única en la especie humana. Además, va acompañada
de un fenómeno particular como es la asociación gamética
preferencial entre alelos de los varios loci del complejo. Se dice en
este caso que entre estos alelos se da un desequilibrio de ligamiento.
O de otra manera, la magnitud de la desviación de las frecuencias
génicas de los genes ligados respecto de lo esperado a partir de
las frecuencias alélicas en la población, constituye el
desequilibrio o asociación no al azar de los genes. Fenómeno
que ha dado lugar a múltiples especulaciones: ¿Es una mera
reminiscencia de combinaciones ancestrales, cuando, hace miles de años,
las poblaciones estaban aisladas y que se manifestaron o incrementaron
por las migraciones humanas?; ¿sería este desequilibrio
una asociación preferencial seleccionada en virtud de las ventajas
biológicas que ofreciese en un entorno determinado? Cabe también
preguntarse si este desequilibrio de ligamiento es específico del
complejo de histocompatibilidad o si, por el contrario, es un hecho más
general con existencia en otras localizaciones del genoma.
Se trata, pues, de que el complejo HLA es el segmento del genoma humano
mejor conocido y un excelente ejemplo de la relación de un producto
con la secuencia del correspondiente gen.
Y ya se puede valorar el polimorfismo HLA y su desequilibrio de ligamiento
como herramientas de gran utilidad en estudios antropológicos y
epidemiológicos. A los primeros permite caracterizar poblaciones,
discernir su origen y dibujar su historia genética. A los segundos
comparar las fórmulas HLA con la susceptibilidad particular de
poblaciones o grupos de poblaciones a ciertas enfermedades. y, quizá,
en el futuro, reconstruir las grandes epidemias del pasado mediante la
observación de las selecciones que operaron.
En la figura 4 aparece la disposición en las membranas celulares
de los productos de la expresión de los genes del complejo.
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Los antígenos de la clase I constan de una larga cadena (a) con
tres dominios principales, que interacciona con una molécula de
ß2microglobulina. La cadena tiene su carboxilo terminal hacia la
parte interior de la célula y el grupo amino terminal hacia la
parte externa. Los antígenos de clase II poseen dos cadenas polipeptídicas,
y ß, cada una de ellas con dos dominios, que atraviesan la bicapa
lipídica de la membrana y situan los grupos carboxilo en el interior
de la célula. El dominio III de la cadena y la cadena ß2
de microglobulina exhiben notables semejanzas con las estructuras de las
inmunoglobulinas; lo que sugiere la posibilidad de un gen ancestral común.
Por el contrario, las cadenas y ß de los antígenos de la
clase II no muestran semejanza alguna con los productos de la clase I
ni con las inmunoglobulinas. Todo parece como si los productos del complejo
HLA fueran bipolares; es decir, derivados de dos genes muy distintos cuya
función y origen se retrotraen muy lejanamente en la evolución
de las especies.
El estudio de las estructuras polipeptídicas de ambas clases de
productos, I y II, está permitiendo deducir datos acerca de las
funciones específicas de cada una de las regiones de las moléculas.
Estas proteínas de las clases I y II desempeñan papeles
distintos pero ambos fundamentales en la puesta en marcha de la comunicación
inmunitaria; es el proceso conocido como el procesamiento de los antígenos.
Según sea la naturaleza de los antígenos, así será
el mecanismo de su procesamiento y así será la participación
de las proteínas HLA, bien de la clase I o de la clase II.
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Las proteínas de la clase I participan en el procesamiento de los
antígenos citoplásmicos que se degradan en el seno del retículo
endoplásmico por acción de un tipo singular de proteosomas
celulares. Estos proteosomas están constituidos por el complejo
LMP (low molecular mass polypeptide) que posee múltiples sitios
catalíticos, de forma que al actuar sobre el sustrato celular produce
simultáneamente un cierto número de péptidos (figura
5) con nueve aminoacidos.
Los péptidos así formados se transportan al lúmen
del retículo endoplásmico a través de un heterodímero
transportador, producto de expresión de los genes Tap-1 y Tap-2.
En el lúmen, los péptidos interaccionan con las moléculas
de clase I y gracias a un cambio conformacional se posibilita estas moleculas
a la superficie celular.
La dicotomía funcional entre las moléculas de clase I y
las de la clase II se refleja también en la ruta intracelular seguida
por ellas y por el antígeno. Así,las proteínas de
la clase II tienen que ver con el procesamiento de los antígenos
bacterianos y otras proteínas extracelulares.
Como ha quedado mencionado, la unidad funcional de las moléculas
de la clase II consiste en un heterodímero ß. Durante la
biosíntesis del heterodímero, éste permanece ligado
a una tercera cadena, , cuya misión es la de proteger al dímero
de su unión a péptidos indeseados durante su permanencia
y migración en el retículo endoplásmico.
La cadena y se libera en el retículo trans-Golgi. Mientras tanto,
los antígenos exteriores a las células se internan a través
de etapas del tipo de gránulos recubiertos, endosomas primitivos
y tardíos, hasta alcanzar los compartimientos MIIC en las células
B. Los antígenos de esta manera aegradados interaccionan con las
moléculas de clase II y los complejos clase II ( ß)-péptido
se transportan a la superficie celular (figura 6).
Así, pues, los antígenos intracelulares y extracelulares
ofrecen oportunidades distintas al sistema inmune, tanto por lo que se
refiere a su reconocimiento como a su adecuada respuesta; oportunidades
diferentes aunque posean mecanismos que gozan de un cierto paralelismo.
Los péptidos derivados de los antígenos intracelulares se
presentan por lo general a las células T CD8+ por las moléculas
de clase I que se expresan virtualmente en todas las células; en
tanto que los péptidos derivados de antígenos extracelulares
se presentan por lo general a las células T CD4+ por las moléculas
clase II presentes en células especializadas. Los detalles de estos
mecanismos de la comunicación celular son objeto en la actualidad
de intensos estudios.
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Además del conjunto de circunstancias que subrayan el interés
de los antígenos de histocompatibilidad, se da la condición
ya mencionada de que ciertas enfermedades con características autoinmunes
están asociadas a los antígenos HLA. Estas asociaciones
son diferentes en las distintas poblaciones y su utilidad diagnóstica
y epidemiológica exige, por tanto, definir dichas asociaciones
en cada población. La tabla 3 reune algunos datos de este tipo
de asociaciones.
Los antígenos HLA capacitan a las células del sistema inmune
para llevar a cabo el reconocimiento de las proteínas extrañas
invasoras del organismo. Las células T llevarán a cabo tal
reconocimiento solamente cuando estén interaccionando con los antígenos
HLA. Los genes HLA de la clase I gobiernan la actuación de las
células T citotóxicas ("killer") y los genes de
la clase II gobiernan la de las células T auxiliares ("helper"),
inductoras de la producción de anticuerpos específicos por
otras células del sistema inmune.
Las células T portadoras de receptores ß reconocen los péptidos
antigénicos unidos a las proteínas de las clases I y II,
codificadas en el complejo principal de histocompatibilidad. La estructura
cristalográfica de estas proteínas ha mostrado la existencia
de localizaciones a través de las que pueden unirse peptidos adecuados.
Tras su síntesis, las proteínas de las clases I y II han
adquirido una estructura terciaria parcial que se completa y logra la
maduración conformacional por medio de la interacción con
los péptidos.
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Los antígenos intracelulares y extracelulares incitan diferentes
respuestas del sistema inmune, tanto en términos de reconocimiento
como de la respuesta apropiada. y, así, han evolucionado sistemas
paralelos para llevar a cabo estas misiones. Los péptidos derivados
de los antígenos intracelulares se presentan generalmente a las
células T CD8+ por las moléculas de la clase I que se expresan
virtualmente sobre todas las células; mientras que los péptidos
derivados de los antígenos extracelulares son presentados a las
células T CD4+ por las moléculas de la clase II, presentes
tan sólo en células especializadas en la presentación
de antígenos.
Aunque las proteínas clase I y clase II derivan del mismo conjunto
de genes de región variable TCR, los procesos utilizados para originar
los péptidos son diferentes. Las moléculas clase II obtienen
sus péptidos predominantemente de fuentes extracelulares mediante
endocitosis, con la degradación subsiguiente en lisosomas o endosomas
en medio ácido; por consiguiente, el procesado de los antígenos
clase II es sensible a la inhibición tanto por agentes lisosomotrópicos
-cloroquina y cloruro amónico que elevan el pH de estos compartimientos-
como por los inhibidores proteásicos endosomales. Las moléculas
clase I derivan sus péptidos de fuentes intracelulares y el proceso
no es bloqueado por los anteriores agentes. Sin embargo, el procesamiento
antigénico de la clase I, pero no la clase II, se inhibe por brefeldina
A que bloquea el movimiento de las proteínas de membrana de ER
al Golgi; y, en segundo lugar, por el producto del gen E3/19K adenoviral
que se une específicamente a las moléculas de la clase I
y las retiene en el retículo endoplásmico.
Varias líneas de evidencia apoyan la hipótesis de la influencia
de los genes del complejo MHC sobre la susceptibilidad a diversas enfermedades
con características autoinmunes.
1. La frecuencia de ciertos alelos/haplotipos HLA
en grupos de pacientes no relacionados.
2. La cosegregación de alelos HLA y enfermedad dentro de familias.
3. Los datos de modelos experimentales autoinmunes.
Entre otras, la diabetes dependiente de insulina
y la esclerosis múltiple están bajo dependencia poligénica.
La identificación de genes susceptibles adicionales está
siendo objeto de un estudio permanente en la actualidad, si bien pocos
genes distintos de los de la clase I y II han podido ligarse a la herencia
de alguna enfermedad particular. Una excepción la constituye el
lupus eritematoso sistémico que, además de su asociación
a HLA-DR3, está asociado con ciertas formas alélicas de
los genes del sistema de complemento.
Tras su clonación en 1984, el receptor de las células T
(TCR) y sus genes, y ß, se han constituido en candidatos a incidir
sobre la susceptibilidad de enfermedades asociadas a HLA. El primer requisito,
el polimorfismo alélico, parece demostrarse en los análisis
del polimorfismo de la longitud de los fragmentos de restricción
(RFLPs). Algunos de estos esquemas alélicos se han asociado con
distintas enfermedades-HLA; sin embargo, no existen aún datos consistentes
que permitan atribuir las enfermedades autoinmunes a la herencia génica
TCR.
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1. VIRUS, CANCER Y HLA
En los últimos años está ganando
terreno la participación de los productos del complejo NHC en las
relaciones ya establecidas entre infección viral y modificación
de los genes supresores de tumores. Entre las relaciones descritas se
encuentran:
- La asociación entre el antígeno HLA-DR1
y la susceptibilidad a un carcinoma raro de tiroides.
- La conexión entre el antígeno HLA-DQw3 y el carcinoma
cervical de células escamosas.
- La regresión y la conversión maligna de los papilomas
virales de conejo se ha encontrado llevarse a cabo bajo control genético;
la primera en relación con el fragmento DR EcoRI y la segunda asociada
al fragmento DQ PvuII.
Otro tipo de relación recientemente descrita
se refiere a las implicaciones de los marcadores génicos del MHC
en la selección sexual en ratones. No deja de ser sugestiva a este
respecto la hipótesis de tal discriminación por el olor
de la orina, a su vez, relacionado con alelos MHC.
2. MIGRACIONES
En lo que respecta a la biología humana, el
Rasgo genético fundamental de las migraciones es su capacidad de
transferencia de genes desde una localización geográfica
a otra. No hace falta insistir en toda la gran variedad de factores que
aparecen involucrados, ya sea en las causas o en los efectos de las migraciones.
y, como simple mención, no hay que olvidar las implicaciones sociales
y económicas de estos movimientos, así como la gran variedad
de su naturaleza: internacional o interna; local, urbana o Rural, etc.
Desde el punto de vista biológico se acostumbra a distinguir las
migraciones al azar de las que tienen lugar de forma selectiva. Distinción
de gran importancia para interpretar las diferencias existentes entre
las características biológicas de la población donadora
de la migración y las de la población migrante algún
tiempo después de su inserción en la población receptora.
Desde un punto de vista estrictamente biológico, las migraciones
pueden originar cambios en las frecuencias génicas de la población,
si la migración ha ido asociada a un flujo génico.
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3. FLUJO GÉNICO
Diseminación o migración efectiva de genes por efecto
del entrecruzamiento. Como consecuencia de él, ciertas variantes
genéticas pueden introducirse de una población a otra.
4. DERIVA GÉNICA
VCambios en la frecuencia alélica que resultan
del muestreo al azar, de tamaño limitado, de los gametos en sucesivas
generaciones.
FRECUENCIA ALELICA
Proporción de alelos de un determinado tipo en una población.
GAMETOS
Células sexuales haploides que poseen un sólo juego
de cromosomas.
ALELOS
Formas particulares de un gen.
En lo que respecta a la biología humana se
dan varias posibilidades de líneas de estudio. En cuanto las migraciones
humanas constituyen un mecanismo que inserta DNA de un pul génico
en otro, está claro que la migración marital, al igual que
la pre- o post-marital, puede alterar la composición del patrimonio
génico de la población receptora. Este tipo de aproximación
experimental biológica a la migración como fenómeno
transportador de genes, lleva consigo la dificultad de la determinación
del genotipo de los individuos no migrantes, de los receptores y de la
población resultante, con relación a ciertas características
de interés.
5. MIGRACIONES HUMANAS
1. Mecanismo que inserta DNA de un pulgénico
en otro.
2. Mecanismo que inserta una clase similar de individuos en ambientes
diversos.
3. Mecanismo capaz de producir una interacción entre las influencias
genéticas y las ambientales.
En segundo lugar, la comparación de los genotipos
de los emigrantes -población resultante de su inserción
en la población receptora- con los de aquellos no-emigrantes, puede
suministrar datos estadísticos acerca de la influencia de los factores
que difieren entre los entornos de los lugares donantes de la migración
y los entornos de los lugares receptores de los inmigrantes. Los problemas
de esta clase de estudios radican en la determinación de los factores
que, dentro de un complejo sistema de variables, son los responsables
de las diferencias biológicas encontradas.
En tercer término, para el estudio de las características
genéticas de las migraciones es necesario confinar la atención
a rasgos auténticamente hereditarios, como lo son los grupos sanguíneos,
las proteínas séricas y los antígenos de los linfocitos
humanos HLA. De otro lado, en el estudio de los efectos ambientales hay
que seleccionar variables de naturaleza antropométrica o fisiológica.
El área principal de interacción entre las variables génicas
y las ambientales se encuentra en relación con las enfermedades
humanas de etiología mixta. Algunos de los ejemplos más
importantes de esta interacción son las talasemias, la anemia falciforme
y la deficiencia de glucosa 6-P deshidrogenasa. El caso de la anemia falciforme
es de singular facilidad en el estudio de tales interacciones por la influencia
que sobre los portadores de las células patológicas ejerce
el que los emigrantes procedan de localizaciones geográficas con
ambiente de malaria o no lo sean.
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Así pues, el rasgo genético fundamental
de las migraciones es su capacidad de transferencia de genes de una localización
geográfica a otra. Los emigrantes portan sus genes al territorio
habitado por una población receptora; genes que se entremezclan
con el pul génico de la población huésped. Con ello
se produce simultáneamente: a) un incremento de la variabilidad
genética dentro de cada una de ambas poblaciones, emigrante y receptora;
b) una reducción de las diferencias genéticas que pudieran
existir entre ellas. Dada la existencia de estos dos tipos de poblaciones,
se da: a) un incremento de la variabilidad intrapoblacional y b) una disminución
de la variabilidad interpoblacional. La forma con arreglo a la cual se
produce el acercamiento génico de ambas poblaciones se estudia
mediante diferentes tipos de análisis estadístico.
TALASEMIA
Anomalía patológica hereditaria caracterizada por una
deficiencia en la producción de alguna de las cadenas, ( -talasemia)
o ß (ß-talasemia), de la hemoglobina.
ANEMIA FALCIFORME
Alteración patológica hereditaria caracterizada por la mutación
Glu->Val en la posición 6 de la cadena ß en la hemoglobina
adulta. La desoxigenación de esta hemoglobina da lugar a la formación
de geles y las consiguientes anomalías circulatorias.
GLUCOSA 6-P DESHIDROGENASA
Enzima que cataliza la oxidación directa de la glucosa y su
conexión con la vía de las pentosas. La deficiencia de esta
actividad en los eritrocitos provoca un tipo de anemia hemolítica
que se exalta con la ingestión de ciertos medicamentos -antimaláricos
del tipo de la primaquina, acetanilida, sulfanilamidas, nitrofurantoína-
en los individuos sensibles. Alteración patológica hereditaria
que afecta preferentemente a los individuos de la raza negra.
HEMOGLOBINA
Proteína transportadora de oxígeno en los eritrocitos.
posee una estructura cuaternaria tetramérica, del tipo 2 ß2.
Lo más importante es que las migraciones son el vehículo
de uno de los mecanismos mayoritarios de evolución. Evolución
definida como cambio en la frecuencia génica de una población.
Así pues, los efectos genéticos de la migración lo
serán sobre el pul génico de la población receptora
y sobre el pul génico de la población de origen. Efectos
genéticos que dependerán de la magnitud y de la naturaleza
de las migraciones.
Uno de los ejemplos más clásicos de esta influencia es el
de la población caribeña de Centroamérica. A comienzos
del siglo XVII el pul génico de las Antillas menores estaba formado
exclusivamente por genes amerindios. Entre 1517 y 1646 se añadió
a este pul génico el componente africano, procedente de los esclavos
y de los fugados o cautivos de los territorios limítrofes. Tras
una serie de vicisitudes, una parte de la población, conocida como
la de los negros del Caribe, se instaló en las Honduras británicas,
Guatemala y Nicaragua, A partir de ello tuvo lugar una dispersión
rápida a lo largo de unos mil kilómetros de la costa de
América Central, con la subsiguiente entrada de genes europeos.
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De esta manera, en la población resultante
se ha podido detectar la contribución africana por la presencia
de marcadores tales como el gen Su del sistema de grupos sanguíneos
MNS, el haplotipo Gmz, a; b en los alotipos de inmunoglobulinas o el de
la hemoglobina S. La presencia europea por la presencia del haplotipo
Gmf;b del sistema Gm. La contribución de las comunidades indígenas
se ha atestiguado por la presencia de los genes del grupo sanguíneo
Diego y de la albúmina México. Con el uso de estos marcadores
se ha llegado a la obtención de los siguientes valores como contribución
relativa al acervo génico actual: africana, 60-80 por ciento; europea,
hasta 16 por ciento; amerindia, 17-40 por ciento. Ejemplo de cómo
los genes de una población inmigrante han llegado a predominar
sobre los da la población receptora. Este mismo ejemplo de la población
caribeña negra sirve para ilustrar cómo los genes portados
por los emigrantes han alterado la eficacia selectiva de la población
original de la región.
Se trata, como es bien conocido, de una región infestada por el
mosquito Anopheles, portador de los parásitos de la malaria, principalmente
Plasmodium vivax y Plasmodium falciparum. Y en el pul génico africano
han evolucionado una serie de variantes génicas que otorgan al
individuo protección frente a estas especies productoras de la
enfermedad. Entre los sistemas que otorgan esta ventaja se encuentran
los genotipos de hemoglobinas AS y AC y el homocigótico FyFy del
sistema de grupos sanguíneos de Duffy. Estos genotipos no se encontraban
entre las poblaciones indígenas ocupantes primitivas del territorio,
ni tampoco en las de los europeos. Este tipo de transferencia génica
ha significado, pues, un cierto éxito evolutivo en la colonización
de estas zonas por los negros africanos.
HOMOCIGÓTICO
Individuo que posee alelos idénticos en segmentos cromosómicos
homólogos.
HETEROCIGÓTICO
Individuo que posee alelos diferentes en segmentos cromosómicos
homólogos.
GRUPO SANGUÍNEO
Cada uno de los tipos que resultan de la clasificación de la
sangre de un individuo haciendo uso de los antígenos presentes
en la superficie de los eritrocitos.
INMUNOGLOBULINA
Cada una de las proteínas que ejercen la función de
anticuerpos. Constan de dos cadenas pesadas unidas entre sí por
puentes disulfuro; cada una de las cuales se une, a su vez, de igual manera
a una cadena ligera. Según la naturaleza de las cadenas pesadas
resultan cinco tipos de inmunoglobulinas: A,D,E,G y M.
6. MIGRACIONES Y SALUD
Un aspecto muy importante de las migraciones se refiere
a su relación con la diseminación de enfermedades y al cambio
en los esquemas de susceptibilidad a las enfermedades. Tampoco es necesario
acudir a los esquemas tradicionales de los movimientos de poblaciones;
incluso en nuestro siglo las poblaciones se mueven por un gran número
de razones. Entre ellas, las siguientes:
- Las migraciones temporales de los trabajadores agrícolas.
- La migración laboral más permanente, tanto intra- como
inter-nacional. Son ejemplos, los movimientos de las poblaciones de las
islas del pacífico hacia Australia y Nueva Zelanda; de América
del Sur y Central hacia el Norte del Continente; de los habitantes del
Norte de Africa, Yemen, Turquía, India, Pakistan, etc. hacia el
occidente europeo.
- Las persecuciones políticas y religiosas de nuestros días.
- El turismo de corta duración.
Sin entrar en detalles particulares de cada uno de
estos movimientos de poblaciones, puede concluirse la existencia de fenómenos
tales como:
- La propagación de enfermedades comunicables
y a través de insectos vectores.
Bien conocida es la aportación española a la difusión
de enfermedades en el Nuevo Mundo, en poblaciones que, carentes de resistencia
natural, fueron diezmadas por las oleadas de epidemias. A la inversa,
los hábitos de los amerindios contribuyeron a la extensión
del cáncer de pulmón.
Son clásicas asimismo a este respecto las epidemias de cólera,
viruela, tifus, fiebre amarilla, meningitos, poliomielitis, tracoma, etc.
difundidas por portadores. A su lado, la difusión de la malaria
ha sido el ejemplo más típico de la propagación de
enfermedades por insectos vectores; aunque la eliminación masiva
de los mosquitos por DDT en algunas zonas del mundo ha conseguido detener
en cierta medida esta propagación.
- Las enfermedades gastrointestinales tienen como causa fundamental las
nuevas conductas alimentarias, abundantes en grasas e hidratos de carbono
y responsables de manifestaciones patológicas del tipo de diverticulitis,
hernias de hiato, cálculos biliares, etc.
- La arterosclerosis y las enfermedades cardiovasculares ha permitido
las observaciones siguientes: a) su presentación en Japón
es la cuarta parte de la que muestra la población japonesa en los
Estados Unidos; b) las lesiones vasculares intracraneales en Japón
son 2-3 veces superiores al número de las de los japoneses en Estados
Unidos.
Otras veces, sin embargo, los emigrantes portan consigo los riesgos que
padecen en sus propios países. Así, la elevada incidencia
de las alteraciones isquémicas en Israel es llevada consigo por
los judios emigrantes a Europa y Estados Unidos y repercute, incluso,
en los nacidos en el lugar de destino.
- Es bien conocida la relación de la enfermedad cancerosa con el
elevado nivel de contaminación de aire, agua y alimentos, consecuencia
del progreso industrial y tecnológico. Entre otros productos contaminantes
se encuentran los boliclorobencenos, las dioxinas, el formaldehido, el
asbesto, los insecticidas y plaguicidas, el plomo de las gasolinas, los
aditivos de alimentos, etc.
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Por lo que se refiere al padecimiento de esta enfermedad por las poblaciones
emigrantes se dan dos circunstancias principales: a) Entre los emigrantes
la frecuencia es intermedia entre la de los sedentes y la de la población
huésped. b) Los factores económico-sociales se encuentran
asociados a la localización y frecuencia del cáncer: la
frecuencia se eleva en aquellas localizaciones asociadas al mayor estándar
socioeconómico, tales como pulmón,vesícula y colorectal;
en tanto que disminuye la frecuencia en las localizaciones asociadas a
un inferior estándar socioeconómico, tales como los cánceres
de estómago y de cervix.
Si la migración supone una elevación del estándar
socioeconómico, habrá que suponer el incremento de la enfermedad
vinculada a la mejor calidad de vida.
Es un hecho, además, por lo general admitido,
que las migraciones ejercen sobre sus componentes un cambio en los esquemas
de susceptibilidad a las enfermedades. En cualquier caso, los movimientos
de población desde el campo a la ciudad representan una modificación
drástica en el entorno físico, cultural y social. Y muchos
estudios recientes prueban que los emigrantes de zonas rurales a urbanas
exhiben mayores riesgos de padecimiento de enfermedades que las propias
poblaciones urbanas. Así, muestran mayor riesgo de enfermedades
infecciosas -tuberculosis, por ejemplo- hipertensión y alteraciones
coronarias, diabetes y gota.
Sin embargo, por otro lado, tambien parece demostrado que, al menos desde
la década de los años 50, los emigrantes urbanos exhiben
menor mortalidad a todas las edades que los sedentes rurales. Naturalmente
que sobre todo ello ejerce una influencia notable el contexto socioeconómico
entre las partes en que la migración actúa.
No tiene nada de extraño, pues, que los programas
modernos de salud pública, los tratamientos médicos, el
mayor nivel de educación y escolarización de los jóvenes
e, incluso, la misma adaptación a las enfermedades de la urbanización,
logren un mejor estado sanitario en los medios urbanos frente a la situación
rural con mayores tasas de morbilidad y mortalidad.
Son muy numerosos los estudios realizados en esta
dirección. Durante los primeros años de la década
de los años 60 se realizó un amplio estudio comparado de
la presión sanguínea en las mujeres zulues de Africa del
Sur, en zonas urbanas y rurales. Las mujeres urbanas tenían un
comportamiento hipertensivo superior al de las que seguían habitando
las zonas rurales. Sin embargo, las residentes durante largo tiempo en
las zonas urbanas veían disminuir este parámetro frente
a las que aún residían en dichas zonas durante corto tiempo.
Los autores del estudio epidemiológico han relacionado este comportamiento
con el estrés emocional de la emigración. También
hay que señalar que los individuos más susceptibles a la
hipertensión son aquellos que no se logran integrar en la vida
urbana y conservan sus hábitos y prácticas culturales rurales.
En las migraciones internas de los Estados Unïdos de América
del Norte se citan datos epidemiológicos que demuestran una mayor
prevalencia en las zonas urbanas de enfermedades cardiovasculares, frente
a su presencia en las zonas rurales. En este mismo sentido, cuando la
población rural de Carolina del Norte fue masivamente urbanizada
por la influencia de la industria -el famoso Triangle park-, las enfermedades
cardiovasculares de la población sedente se elevaron de manera
extraordinaria ante el cambio en el comportamiento de vida.
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Estos planteamientos conceptuales de índole
general referidos a las migraciones y las relaciones encontradas entre
migración y salud, destacan el interés epidemiológico
de estos fenómenos sociales. Interés e importancia que aumentan
de forma extraordinaria con la asociación establecida entre el
riesgo de padecimiento de enfermedades autoinmunes y la posesión
de ciertos marcadores polimórficos, propios del complejo MHC. Resulta
obvio, pués, que de la naturaleza de las asociaciones y de los
estudios poblacionales amplios acerca de la presencia de estos marcadores,
se han de deducir datos fundamentales a los aspectos científicos
y sociales de la medicina preventiva. Los rasgos biológicos de
la diversidad de los individuos, que se han utilizado en los estudios
genéticos de las poblaciones, aparecen en la tabla 4.
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