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CENTRAL |
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De la vida a la sociedad, de la
sociedad a la cultura.
De las Ciencias de la Naturaleza a la Teoría de la Comunicación.
José Luis Piñuel Raigada/Juan
Antonio Gaitán Moya |
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Una teoría de la Comunicación
debe partir de los datos de las Ciencias de la Naturaleza sobre los seres
vivos y su adaptación al entorno, e integrar también los
conocimientos aportados por el pensamiento social.
1. EL MARCO DE LA TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN
La comunicación se ha constituido en objeto científico
de estudio en este siglo. Como hemos desarrollado ya en otro lugar (1),
en poco más de cincuenta años la teoría de la comunicación
ha tratado de ser explicada desde diferentes perspectivas: ha sido una
teoría física (Shannon), una teoría social con base
en la Lengua (Saussure) o con base en la Antropología cognitiva
(Lévi-Strauss), una teoría psicológica con base en
la Percepción (Moles) o en la Interacción (Bateson, Watzlawick,
Goffman); o se han estudiado los efectos sociales y psicológicos
de su aplicación institucional en el campo de la Comunicación
de Masas (Lasswell, Lazarsfeld, Merton, Berelson, Hovland); o se han abordado
su estudio desde una perspectiva crítica, como manifestación
aberrante de la industria de la cultura liberal burguesa (Horkheimer,
Adorno, Marcuse, Habermas) (2). El breve estudio que nos ocupa ha de remitir
epistemológicamente a una teoría de la comunicación
cuyos presupuestos teóricos no se desentiendan de los datos que
sobre los seres vivos y su adaptación al entorno producen o han
producido las CC. de la Naturaleza, pues de lo contrario la ciencia de
la comunicación no podría aspirar a un estatuto epistemológico
que la justificase como una ciencia más entre el conjunto de las
ciencias.
Existe un modelo teórico que cumple estos requisitos; ha sido formulado
por Manuel Martín Serrano (3) y desarrollado epistemológicamente
por José Luis Piñuel (4). En las siguientes líneas
explicitaremos los presupuestos conceptuales de este modelo, procedentes
de las CC. de la Naturaleza y del pensamiento social.
1.1. Bases biológicas y psicológicas
de la comunicación
1.1.1. Filogénesis y ontogénesis de
la comunicación
Para comprender mejor el concepto de Comunicación
es preciso reparar en cómo se ha producido y se produce la evolución
de los seres vivos, puesto que los seres vivos que actúan, interactúan
y se comunican en el medio, son un producto evolutivo.
Puede decirse que la evolución orgánica es una consecuencia
de la interafectación de procesos de reproducción y de procesos
de evolución. Los cambios genéticos se producen por una
serie de circunstancias que tienen repercusión en el conjunto de
caracteres hereditarios (genotipo), y por tanto en los caracteres heredados
en su interacción con el medio (fenotipo).
Entre ellas, la selección natural es el factor fundamental por
el que se producen los cambios genéticos, y por tanto la evolución
biológica. La selección natural es el factor que viene marcado
por la eficacia biológica de adaptación de los organismos
a un medio específico, y en consecuencia por el éxito reproductor
de los más aptos en ese medio. Junto con la reproducción
de los organismos más aptos, lo cual procura una herencia selectiva,
la eficacia biológica está asociada a muchas clases diferentes
de factores, entre los que destacan la capacidad de procrear descendencia,
la capacidad para adaptarse a medios diferentes, o de defender o conquistar
diferentes hábitats, o la capacidad para especializarse en determinadas
conductas adaptativas cuando los recursos energéticos del medio
son abundantes, o de diversificar las conductas cuando son escasos. De
cualquier modo, la evolución orgánica ha sido posible merced
a la relación entre el organismo y el medio: la adaptación
de los seres vivos (factores bióticos) ante un medio cambiante
de acontecimientos y transformaciones físico-químicas (factores
bióticos).
Lo que implica relaciones entre los seres vivos para la consecución
de alimentos, para la conservación del territorio, para la reproducción,
relaciones de competencia o de colaboración, y al tiempo implica
relaciones de los seres vivos con las condiciones materiales de su entorno
(p.e., temperatura, presión atmosférica, naturaleza del
suelo, composición del agua, del aire, de la luz).
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La relación dialéctica entre
organismo y medio ha permitido adaptarse al primero a los cambios o circunstancias
del segundo, modificándose y evolucionando con juntamente. En esta
relación, la acción sobre el medio es uno de los procesos
adaptativos más naturales, programados en la carga genética
o adquiridos por la experiencia.
La complejificación progresiva de las conductas de los seres vivos,
lo que implica una mayor gama de variantes hereditarias (5), es el exponente
de la complejidad creciente de su acción sobre el medio. Si recorremos
la escala biológica de los seres vivos desde los más simples
a los más complejos, podemos fijarnos en que la acumulación,
combinación progresiva y transformación gradual en la evolución
de las especies (filogénesis) (6) se encuentra en íntima
relación con la adquisición de una capacidad de respuesta
o de intervención de los organismos respecto al medio. De las acciones
innatas que podemos reconocer en todos los organismos, pero que son específicas
de los más simples (p.e., tropismos, kinesias, taxias, reflejos,
instintos) a las acciones adquiridas, propias de los seres vivos más
complejos (p.e., habituación, sensibilización, condicionamiento,
lenguaje, pensamiento, comunicación) se produce un tránsito
evolutivo en el que cobra radical relevancia la capacidad del individuo
para controlar su conducta, distanciándose de las perturbaciones
del medio.
Así por ejemplo, cuando interpone entre él y el medio las
acciones, de modo que pueda anticiparlas o demorarlas ante los estímulos
en su beneficio adaptativo. La mayor eficacia adaptativa de los comportamientos
que involucran acciones adquiridas, sobre los que implican acciones innatas,
es discutible organismo a organismo, pero lo es menos si indagamos en
la evolución de cada una de las especies a las que estos organismos
pertenecen. Sin embargo, el desarrollo de comportamientos adquiridos no
atrofia necesariamente los innatos. Incluso, algunos etólogos (K.
Lorenz, B.F. Tinbergen o Eibl-Eibesfeldt) consideran que la capacidad
para desarrollar comportamientos adquiridos por la experiencia individual
de los organismos posee un caracter genético.
Es decir, están contenidos potencialmente en el genoma como capacidades
(competencia) a redescubrir (actuación) por los sujetos en el curso
fenotípico de su biografía particular. Esto explicaría,
para ellos, la uniformidad de conductas entre los individuos de la misma
especie, aún en medios naturales distintos, y/o en el caso humano,
en culturas distintas.
La acción de los organismos vivos cabe definirla
como "la secuencia estratégica de actos que tiene por objeto
alcanzar una equilibración con el medio" (7). Esta equilibración
no puede sino ser inestable, si se advierte que organismo y medio son
sistemas abiertos al cambio y productores de cambio. Si nos referimos
al equilibrio funcional entre los seres vivos y su entorno (homeostasis),
aludimos a la regulación de procesos fisiológicos: la asimilación,
como proceso selectivo de estímulos, y la acomodación, como
proceso que adecúa la acción cognitivo-motriz del sujeto,
compensando e integrando las perturbaciones de los estímulos. Estos
procesos se autorregulan mediante patrones de asimilación y acomodación,
conformando pautas de conducta.
Los seres vivos desarrollan conductas autónomas en su relación
con el medio; sin embargo es común a la mayor parte de las especias
más complejas la integración en poblaciones, o al menos
una relación esporádica con ellas, donde desarrollan conductas
heterónomas, también pautadas. Las acciones intercambiadas,
consensual o conflictivamente, por más de un organismo, es lo que
conocemos por interacción. En la interacción se acoplan
las acciones de distintos sujetos, y en cada caso, sus respectivas asimilaciones
y acomodaciones, tanto si pertenecen a la misma especia (interacciones
intraespecíficas) como si pertenecen a distinta especie (interacciones
interespecíficas). Las interacciones intraespecíficas conforman
la base de las poblaciones, constituyendo grupos familiares (p.e. cisnes,
patos, leones, etc.), grupos estatales (hormigas, abejas, termes, etc.),
grupos coloniales (corales, pólipos, medusas, etc.).
En cualquiera de estos grupos las interacciones aumentan con el número
de miembros, surgiendo relaciones de competencia (por la consecución
de alimento, por la reproducción, por la ocupación del mejor
lugar en el hábitat) o de cooperación (para la consecución
de alimento, para la defensa, para la reproducción, para la división
del trabajo, etc.). No menos importantes adaptativamente son las interacciones
interespecíficas, generalmente de defensa y ataque, por la subsistencia
en la cadena trófica, pero también de otros tipos (parasitismo,
comensalismo, mutualismo, simbiosis, inquilinismo, etc.). El aumento de
las interacciones supone un incremento real de la energía intercambiada,
es decir una mayor dinamicidad en los circuitos recurrentes de energía
en el ecosistema, y una mayor capacidad de renovación de la tasa
de energía-materia, por su mayor disponibilidad.
Las propiedades extensivas de la vida (biomasa) y las propiedades intensivas
(renovación de la biomasa) se aceleran, a medida que se incrementan
los procesos de síntesis (información) y de descomposición
(entropía), por el aumento de las interacciones (8).
Las conductas heterónomas que cabe reconocer en las interacciones
de distintos individuos pueden diferenciarse en procesos de coactuación
y procesos de comunicación. Esta diferenciación resulta
de máximo interés (9) si reparamos en que las interacciones
interespecíficas o intraespecíficas que hemos mencionado
pueden comprender el intercambio de acciones ejecutivas (coactuación)
o el intercambio de acciones expresivas (comunicación). La capacidad
de articulación de comportamientos autónomos o heterónomos,
como la de desplegar eventualmente acciones ejecutivas o expresivas, sustituibles
en el curso de una tarea o intercambio interactivo, aseguran una opción
de ahorro energético por la diferenciación adaptativa de
la conducta que suponen.
La capacidad para generar señales mediante acciones expresivas
entra a formar parte de las pautas de conducta de la mayor parte de los
organismos superiores (mamíferos), pero también entre organismos
que tradicionalmente ocupan un lugar inferior en la escala biológica
(p.e. insectos). El desarrollo de pautas de trabajo expresivo sobre una
materia, de modo que ésta se energice para generar señales,
nos hace reparar en el elemento material de cualquier intercambio: la
substancia expresiva. El movimiento del propio cuerpo, la secreción
de efluvios u olores (p.e. feromonas), la emisión de sonidos, es
posible si antes ha habido un trabajo expresivo sobre una materia orgánica
o inorgánica. Este trabajo puede en efecto realizarse sobre materias
que se hallan fuera del organismo, que despliega la conducta expresiva,
así como sobre cosas del medio entorno (p.e. micción sobre
el tronco de un árbol para demarcar un territorio), de modo que
las señales generadas recorran espacios mayores (p.e., si son transportadas)
o dejen huellas ubicuas de la presencia y de las intenciones de un mismo
organismo. La modulación energética de señales transmitidas
al medio, es lo que conocemos como configuración expresiva, o forma
perceptiva que adquieren las energías físicas para el sujeto
Ego o para el sujeto Alter, emisor y receptor de las señales. La
adopción de una forma expresiva es lo que permite, tanto a Ego
como a Alter, representarse o interpretar algo que está ausente,
o presente, (la referencia), y que ha sido sustituido por la expresión.
Tanto Ego como Alter realizan trabajos expresivos de codificación
o descodificación de las señales en la interacción,
y esto es posible si ambos participan de un código de señales
adecuado a la tarea comunicativa.
Una señal, como modulación energética, no es diferenciada
de otras por ser vivo alguno si éste no desarrolla una actividad
analítica (perceptual y/o cognitiva). Esta actividad discrimina
las señales como simples estímulos que forman parte del
entorno, de las señales como expresiones comunicativas,es decir,
atribuyendo o reconociendo un alter con relación a los perceptos/datos
que las señales soportan. En definitiva, la codificación
y la descodificación de las expresiones constituye un trabajo regulado
mediante una actividad percepto-cognitiva que podemos denominar regulación
representativa.
Efectivamente, los procesos de comunicación se ven afectados por
regulaciones que proveen los códigos expresivos. Estos códigos
se constituyen por la actividad percepto-cognitiva de los sujetos en los
procesos de comunicación (10), en la medida que la comunicación
forma parte del acervo de conductas interactivas que es capaz de realizar
un ser vivo discrimando objetivos de su actuación sobre el entorno
junto a otros partenaires. De la articulación de las diversas cadenas
de conducta con los diversos códigos para el tratamiento de las
señales, depende el sentido de la interacción, de cualquier
interacción, y por su manera de compartirlos, los partenaires de
la interacción adquieren y reproducen la identidad propia, la recíproca
y la identidad de las cosas y aconteceres..., objeto de la referencia.
Las reglas de representación o códigos implicados en una
interacción expresiva en la que se intercambian datos a propósito
de una referencia, conforman una arquitectura informacional. Se denomina
así a la arquitectura codificante, según la cual no pueden
existir procesamientos perceptivos sin previos procesamientos de orden
efectuados por los analizadores sensoriales; así como no puede
haber procesamientos de orden efectuados por los analizadores sensoriales;
así como no puede haber procesamientos informativos de 'referencias'
sin previos procesamientos cognitivo-perceptuales.
Esta arquitectura informacional pone en relación distintos sistemas
de códigos, que permiten codificar y descodificar las formas expresivas
con arreglo a determinadas formas representativas. Por ejemplo, la representación
regula los niveles de asignación de significado a las expresiones
en sí mismas, así como en su relación con otras,
cuando las articula en un enunciado, al cual, a su vez, es asignable un
significado, por sí mismo, o en relación a otros enunciados,
cuando los articula en un discurso, etc. En un proceso de comunicación,
la forma de las expresiones y la forma en que son representadas/bles,
se estructura en diferentes niveles. La actividad cognitiva provee de
códigos de significación para cada uno de esos niveles,
y de códigos de sentido para contextualizar el significado de los
niveles subordinados. Este carácter relacional de la actividad
cognitiva en los procesos de comunicación, permite (que se sepa,
no sólo en la especie humana) los acuerdos metacomunicacionales,
por encima de la literalidad con que pueden ser entendidas las expresiones,
y, en fin, permitiría calificar la misma interacción en
curso como comunicativa o ejecutiva (11).
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Desde el punto de vista de la evolución de
los individuos (ontogénesis) cabe destacar procesos de adquisición
de conductas comunicativas que, en el caso humano, se producen fundamentalmente
mediante el aprendizaje de un lenguaje articulado-vocal específico,
que se articula con el desarrollo de otros lenguajes (gestuales, icónicos,
etc.). Si consideramos la génesis individual de las estructuras
de la conducta, observamos que los seres humanos se hallan menos provistos
que otros seres vivos de estructuras heredadas de acción, por lo
que el aprendizaje social, y no sólo la maduración fisiológica,
resultan imprescindibles para la adaptación en su medio cultural.
Para estudiar el lenguaje y la comunicación resulta pertinente
reparar en la ontogénesis, porque cualquier explicación
que se haga sobre la comunicación y sobre el lenguaje ha de entender
a éstos como procesos y no como fenómenos estáticos,
sometidos al factor tiempo. Como no existe un momento en el que se adquieran
las capacidades lingüísticas y comunicativas, deben ser analizadas
desde los llamados estadios de formación (12). Cualquier período
de formación deriva de las condiciones anteriores de formación;
esto nos ha obligado a acudir a la biología, y en concreto a la
filogénesis, y a partir de ahora a intentar reconstruir, siquiera
someramente, los estadios de formación en la ontogénesis.
En la ontogénesis, la competencia comunicacional depende de diversos
factores interrelacionados. Entre ellos, destacan los factores biológicos
de desarrollo orgánico (neurológicos, hormonales, cerebrales,
etc.), y los factores psicológicos de desarrollo madurativo y de
la personalidad (psicomotores, emocionales, perceptivos, o cognitivos
de la memoria o la inteligencia, etc.). Estos factores no pueden ser separados
de otros derivados de la condición social de la especie humana.
Así factores de socialización (p.e., familiares, escolares,
etc., según distintos ámbitos de extracción sociales);
factores antropológicos de desarrollo en ámbitos culturales
y económicos (p.e., según zonas geográficas de diversa
civilización); factores lingüísticos ambientales de
adquisición y desarrollo de la producción y la comprensión
lingüística (sintaxis, semántica, pragmática).
En lo que se refiere a la ontogénesis, el desarrollo del sujeto
biológico humano depende de la adquisición de las pautas
de acción, de operación y de comunicación para relacionarse
con el medio social y los individuos sociales que conforman su entorno.
La sociedad humana presiona al niño a la interacción social,
regulada por patrones de operación y comunicación necesarios
para su integración social. Resumiendo, a partir de los dos años
puede decirse que el niño ha alcanzado una noción de la
conservación de los objetos de su entorno, de modo que puede establecer
relaciones progresivamente diferenciadas de sujeto a objeto, comenzando
a representárselo en su ausencia. Antes (aprox. a los dieciocho
meses), se manifiestan las primeras producciones verbales con cierta estructuración,
las llamadas holofrases.
Las holofrases son palabras que expresan frases y que se refieren a situaciones
u objetos, y que poseen significación sólo en función
del contexto. Desde este momento puede apreciarse una primitiva conducta
de comunicación, aún precaria, pero suficiente para iniciar
intercambios informativos sobre referentes reales o imaginarios. Se observa
en el niño una progresión en el desarrollo de actos ilocutivos
(actitudes, intenciones, expectación, creencias, sentido) sobre
la producción y comprensión de expresiones, que se materializa
en formas representativas y expresivas de carácter constructivo,
y ya no sólo replicativo o imitativo. Así, respuestas sobre
información solicitada, preguntas solicitando información,
actos conversacionales simples con regulación de los turnos de
palabra, actitudes performativas que completan los actos expresivos, aplicación
de diversos códigos lingüísticos, etc.
Sumariamente, se puede decir que, interrelacionado con el proceso de adquisición
de estructuras cognitivas cada vez más complejas, el desarrollo
de las capacidades simbólicas y comunicativas comprende el tránsito
del lenguaje egocéntrico (repetición o ecolalia, monólogos
solitarios o en colectividad) al lenguaje socializado. Este tránsito
supone la relación entre las funciones del pensamiento y, en concreto,
de la formación de conceptos, con el desarrollo del lenguaje. La
capacidad para asimilar los recursos lingüísticos (comprensión)
y acomodarlos a la acción expresiva (producción), por ejemplo
en el dominio de la sintaxis, se vincula a la capacidad por asimilar y
acomodar las operaciones lógicas, por ejemplo en el dominio de
las relaciones lógicas. El proceso es fundamentalmente imitativo,
y sigue los siguientes pasos:
1. Imitación sensoriomotriz, que permite la
repetición de actos ejecutivos.
2. Imitación diferida, con la evocación contextual de significantes
que se traducen en actos, expresivos y/o ejecutivos pautados.
3. Imitación interiorizada, que significa la consolidación
de la función simbólica y la operacionalidad de procesos
cognitivos, por ejemplo, para establecer planes de acción expresiva
y/o ejecutiva. Se produce cuando hay una diferenciación y coordinación
de los significantes (forma de expresión) y los significados (forma
de representación de la referencia).
1.2. Bases sociológicas en el estudio de
la comunicación
1.2.1. Acción social e interacciones sociales
Inevitablemente, el estudio de la comunicación
en el medio social se halla relacionada con los conceptos de acción
e interacción que tienen su arranque en la biología. La
acción social puede ser entendida desde la perspectiva positiva
de E. Durkheim (13) como el conjunto de maneras de obrar, pensar y sentir,
externas al individuo y dotadas de un poder coercitivo, en cuya virtud
se imponen a él. O puede ser entendida desde la perspectiva subjetivista
de M. Weber (14) en la medida en que los sujetos vinculen a ella un significado
subjetivo, referido a la conducta propia y de los otros, orientándose
así cada una en su desarrollo.
Desde una perspectiva marxista no se descartan en el estudio de la acción
y de la interacción sociales la óptica positiva o subjetiva,
integrándolas en el concepto más holístico de praxis
social. Se reconoce en ello la perspectiva dialéctica de K. Marx,
en la que todo conocimiento humano individual, inserto en el conocimiento
social, está basado en las relaciones sociales de producción
y transformación de la realidad, que han sido fijadas por los propios
hombres en un proceso de desarrollo real y material de las condiciones
históricas dadas.
Prácticamente, toda la actividad humana, en tanto que vida social,
se constituye en actividad social, una actividad social que se caracteriza
por perseguir objetivos sociales. Las motivaciones y las orientaciones
de la acción se entienden en el marco de las formaciones sociales
donde se desarrollan históricamente los esquemas relacionales,
conformando redes interactivas (individuales o grupales) entre los agentes
sociales. Estos pueden anticipar o reaccionar así ante las acciones
de otros agentes (15). Esta visión, claramente sistémica,
debida a T. Parsons, señala cómo la acción social
no consiste tan sólo en respuestas particulares ante estímulos
situacionales particulares, sino que el agente envuelve la relación
de un verdadero sistema de expectativas relativas a la configuración
social en que se encuentra.
El concepto de interacción social organizada parece, a la altura
de este discurso, el que mejor define la relación social. Entendemos
la relación social como constitutiva de las interacciones no estáticas
que ocurren en sociedad. Aunque, las interacciones sociales en forma de
relaciones terminan por fijarse ritualmente en esquemas de conducta social.
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Los interaccionistas simbólicos, sin embargo, observan una progresión
constitutiva en la implantación de lo social a partir de la relación
mínima establecida sujeto a sujeto. Para la corriente interaccionista
simbólica, que parte de G. H. Mead, el más importante de
todos los elementos y fuerzas del vínculo social es la interacción
simbólica (16). La introducción paulatina de significados
sobre las acciones, van alineando la acción propia y las de los
demás en el universo de conocimiento social. Los actos sociales
se realizan mediante símbolos compartidos, siendo la forma más
explícita de éstos el lenguaje. Mediante el lenguaje, el
sujeto social es capaz de desarrollar su mente, su sentido del yo, la
conciencia de la identidad, y de asumir roles sociales. La cultura y el
aprendizaje humanos se realizan mediante la comunicación, o interacción
simbólico, por la que se adquiere el propio sentido del ser, carácter
e identidad.
El yo reflejado o yo espejo (Ch. H. Cooley) es la constitución
de un yo a partir de la interacción con los demás. Esta
constitución hace del yo un ser objetivo y subjetivo (G. H. Mead),
este último es capaz de considerar al objetivo (Mi o Me), abriendo
paso a la conciencia. Para Mead, vamos adquiriendo nuestro sentido del
yo de un modo simétrico a nuestro sentido de la existencia del
otro. Así, cada uno de nosotros llega a ser consciente de una especie
de otro generalizado, a saber, la sociedad en general.
Por otra parte, cada situación de interacción
se define de acuerdo al bagage simbólico que poseemos y que proyectamos
in situ, definiendo la situación. La interacción simbólica
resulta ser un medio por el cual se realiza la socialización, que
acompaña toda la vida del ser social. En definitiva, los procesos
individuales y sociales devienen repertorios articulables de interacciones
sociales cargadas paulatinamente de más significados, según
se amplían y diversifican las experiencias. Así, el sentido
del yo y el sentido del otro generalizado, a través de este tipo
de interacciones simbólicas, se van manteniendo y reforzando.
En la medida en que se produce una ordenación típica de
las interaciones sociales, asistimos a critalizaciones grupales en el
seno social. Los grupos sociales, como unidades heterogéneas cuyos
componentes son individuos que se relacionan entre sí, de acuerdo
a una regulación grupal, pueden ser entendidos como sistemas. De
un lado, a los individuos se les adscribe, o adquieren, una posición
grupal-social normativizada y definida, -que podemos denominar status-.
De otro lado, la interacción intragrupal de los individuos busca
la satisfacción de necesidades, por las que se agrupan, desarrollando
actividades normativizadas, -que podemos denominar funciones o roles-(17).
Finalmente, la interacción intragrupal se regula por normas o principios
que pautan la conducta esperada de los individuos en situaciones específicas.
En los grupos, para preservar su orden y pervivencia, se hace uso de reglas
de interacción acatadas (conformidad) por los individuos, o impuestas
(coerción) sobre ellos, si éstos las transgreden o ignoran.
La necesidad de institucionalizar estas reglas de interacción aumenta
en la medida que los grupos adquieren, con el paso del tiempo, predominancia
y/o prerrogativas sociales sobre otros grupos, o se incrementa el número
de interacciones en su seno. De modo que se tiende a unas estructuras
de relaciones más estables y rígidas, las instituciones,
con una mayor capacidad de control social. El control social proporciona
la disposición para reestablecer el equilibrio del sistema cuando
sobrevienen perturbaciones o desórdenes disfuncionales (v.g. entropía
social) (18). En cuyo caso, las autoridades o las instituciones provistas
de autoridad, encarnadas en alguna de las posiciones adscritas o adquiridas
de alguno de los miembros representativos de la sociedad, se imponen para
restituir el orden quebrantado de la norma. Las autoridades sociales,
o los líderes sociales, elegidos o no por la base social, son ejemplos
de la estratificación jerárquica por la que se tiende a
distribuir la riqueza, el poder, la dignidad y el prestigio entre los
hombres y los grupos en la escala social, y en las posiciones sociales.
La caracterización que realiza R. Merton (19) sobre las funciones
sociales, proporciona elementos conceptuales para una consideración
global de la dinámica de la sociedad. Así ocurre, porque
permite elucidar la estructura social en tanto que vinculada al concepto
de acción social funcional o disfuncional. Es decir, las funciones
(consecuencias objetivas de las acciones sociales) se constituyen en marcos
de referencia de la acción social y justifican los fines de esa
acción. Ahora bien, estos fines se establecen desde la estructura
social, en la que se selecciona lo funcional o disfuncional. De modo que
la estructura social procura la legitimación de la acción
social si ésta, siquiera latentemente, resulta funcional a aquélla
(20).
El concepto de estructura social funcional cabría definirlo como
el conjunto relativamente estable de relaciones sociales ordenando (por
el recurso a la rolificación) una dinámica de acciones sociales.
Si nos referimos a las acciones sociales como ordenadas hacia ciertos
fines, encontramos uno de los aspectos más identificatorios de
los procesos sociales. O lo que es lo mismo, al hablar de los procesos
sociales nos estamos refiriendo a la dinámica con que se producen
las interacciones sociales orientadas hacia metas comunes. Los vínculos
que cohesionan a los individuos entre sí y con relación
a los grupos a que pertenecen, dependen en gran parte del proyecto vital
en el que se reconocen los participantes. Los procesos sociales se producen
de acuerdo al flujo cooperativo o conflictivo de las interacciones intra
e intergrupales (21). La estructura social, sin embargo, desde la perspectiva
marxista, se define dinámicamente por las contradicciones internas
en el marco de las relaciones de producción y de las fuerzas de
producción, dentro del modo de producción capitalista. Lo
que nos indica que el concepto de estructura social hay que remitirlo
no sólo a los grupos sociales sino fundamentalmente a las clases
sociales (22).
1.3. La reproducción social y la cultura
Para Marx, "cualquiera que sea la forma social
del proceso de producción, éste tiene que ser necesariamente
un proceso contínuo, o recorrer periódica y repetidamente
las mismas fases. Ninguna sociedad puede dejar de consumir, ni puede,
por tanto, dejar de producir. Por consiguiente, todo proceso de producción
considerado en sus constantes vínculos y en el flujo ininterrumpido
de su renovación, es al mismo tiempo un proceso de reproducción"
(23).
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La reproducción de un modo de producción
determinado, o de la formación social en que resulta dominante,
se explica en términos económicos, pero también en
términos ideológicos y jurídico-políticos,
y, según nuestra propuesta, en cada caso recurriendo al análisis
de los procesos en que se implican las instituciones de comunicación.
Así, desde el punto de vista económico, puede decirse que
a la reproducción social contribuye la constante producción
de valores simbólicos; y este tipo de producción social
se verifica fundamentalmente en los procesos de comunicación social.
Lo que acontece en las sociedades de capitalismo monopolista es que se
invierte la tendencia a la pérdida de valor de cambio de la producción
(relación: Oferta > Demanda), cuando también es deficitario
el valor de uso (relación: Provisión > Necesidad), que
ocasiona grandes stoks; entonces, la atribución de valores simbólicos
(relación: Acción < Representación) a productos
con escaso valor de cambio (negentropía del valor), se produce
por una mediación que incrementa el valor de uso de las mercancias
(relación: Provisión < Necesidad), y consiguientemente
su valor de cambio (relación: Oferta < Demanda). El resultado
es el ajuste en el proceso económico entre Producción y
Consumo. En última instancia, el valor de cambio es el que indica
siempre la pertinencia del recurso a la producción social de valores
simbólicos para que se articule el ajuste. Es decir, el sistema
de comunicación se pone al servicio de la reproducción social
del sistema general de producción. De ahí, que se realice
una constante renovación de las representaciones colectivas (en
términos de valores simbólicos), reciclándose como
necesidades (valores de uso), en el mercado (de los valores de cambio)
(24).
Desde el punto de vista ideológico (25) la reproducción
social se verifica fundamentalmente a partir de los procesos de la socialización
y de la transmisión cultural (26). Según P. Berger y T.
Luckmann (27) la socialización, como modo de reproducción
social, trata de la integración de imágenes o contenidos
culturalmente significativos y específicos en una visión
del mundo y de la sociedad. Las instituciones encargadas de la transmisión
de significados tienen por misión obtener una respuesta social
de reconocimiento sobre la legitimidad del status quo. Los individuos
sociales deben interiorizar o integrar ese significado en el proceso educativo.
Toda transmisión de significados entraña procedimientos
de control y no sólo de legitimación. Así, las instancias
reproductoras han de incorporar las concepciones desviadas dentro del
universo simbólico o modelo de mundo vigente. Esto implica una
traducción en términos de ese universo propio, de las concepciones
en principio disfuncionales, y al fin, funcionales. El resultado es la
reafirmación de ese universo. Toda la realidad, nos dicen Berger
y Luckmann, queda abarcada por el alcance conceptual del universo simbólico
vigente. Por ejemplo, al desempeñar roles, los individuos participan
en el mundo social. Al interiorizar dichos roles, ese mismo mundo cobra
realidad subjetiva para ellos. El desempeño de roles significa
la afectación normativa sobre los comportamientos individuales,
porque todo comportamiento institucionalizado involucra roles y éstos
comparten así el carácter controlador de la institución.
Estos mismos autores nos indican los cuatro niveles de legitimación
social del proceso de socialización, imprescindibles en toda reproducción
social ideológica, en toda construcción social de la identidad,
en definitiva:
1. Incipiente. Constituido por las primeras objetivaciones
lingüísticas de la experiencia humana (por ejemplo la transmisión
de vocabulario de parentesco legitima la estructura de parentesco).
2. De proposiciones teóricas rudimentarias. Constituidos por los
refranes, dichos, sentencias, leyendas, cuentos populares.
3. De teorías explícitas. Constituido por cuerpos de conocimientos
(saberes) diferenciados, que acaban en especializaciones profesionales,
etc.
4. De universos simbólicos. Constituidos por los modelos de mundo
en los que se adecúa el orden institucional a la biografía
individual; donde encuentra límites la interacción social;
por los que se ordena la historia y se ubican los acontecimientos colectivos
en una unidad coherente (pasado-presente-futuro); y, significativamente,
a los individuos en ellos.
Por último, el sentido profundo de la evolución
de una estructura social reside también en las implicaciones de
esta evolución sobre la estructura del poder. Como señala
Ives Barel, el capitalismo clásico era un régimen donde
el dominio económico proporcionaba inmediatamente el dominio político.
En la etapa actual, donde la acumulación del capital no tiene precedentes,
al dinamismo de la reproducción económica corresponde una
intervención de los mecanismos públicos, políticos,
intelectuales. Si, como indica Ives Barel (28), instancias de socialización
como la escuela, la familia, la iglesia, los partidos políticos
y los sindicatos, están en crisis, no es menos cierto que los medios
de comunicación de masas les sustituyen eficazmente en esta tarea.
Para este autor (29), las nuevas formas de reproducción económica
tienden a sustituir las formas clásicas de acumulación material
de medios de producción, por la acumulación simbólica
de conocimiento, de modo que se asiste a la emergencia de un sistema sociocultural
de socialización y transmisión cultural nuevo, el sistema
científico y técnico. Prueba de este nuevo orden es la mitificación
de que es objeto todo aquello relacionado de algún modo con la
ciencia y con la tecnología. En palabras de Habermas, el fenómeno
ideológico se ha legitimado al convertirse en ciencia y en técnica,de
modo que superestructuras e infraestructuras se han unificado en un modelo
nuevo de dominación.
A este nuevo modelo contribuye de modo relevante la pérdida de
monopolio estatal de la función reproductiva de la comunicación
pública (30) que, de la mano de las nuevas tecnologías en
el campo de la información, ha dado paso a la transnacionalización
de la producción y la transmisión de comunicación
propiciada por las multinacionales del sector.
Es decir, los crecientes requerimientos del poder económico, hacen
cada vez más necesaria la concentración del poder de decisión
o influencia, en manos que favorezcan los intereses económicos
en juego. Que es como decir, que la comunicación y la información
se han convertido en la nueva palanca del poder.
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2. UN MODELO TEÓRICO DE LA COMUNICACIÓN
QUE DA CUENTA DE ESTE MARCO
2.1. El análisis sistemático
Toda comunicación puede entenderse como
un sistema. En toda comunicación pueden reconocerse un conjunto
de elementos que guardan relaciones entre sí. Además, toda
comunicación puede analizarse mediante un constructo teórico-analítico,
o totalidad morfoestática y morfogenética, que representa
un conjunto de fenómenos con características estables, pero
en los que se generan transformaciones o cambios, de acuerdo a una dinámica
impelida endógena o exógenamente. Un sistema de comunicación
posee unos elementos diferenciados que se definen por su pertenencia al
sistema de comunicación, por su funcionalidad comunicativa en el
sistema, por su posición estructural en el sistema y, finalmente
por sus relaciones con otros elementos del sistema.
Las relaciones o conexión que los elementos de un sistema mantienen
entre sí, es un requisito del análisis sistémico,
porque en todo sistema existe una coherencia interna proporcionada por
la organización de sus elementos. Por ejemplo, una modificación
de un elemento puede ocasionar cambios en el resto de los elementos del
sistema (imagínese un cambio en los instrumentos tecnológicos
de la comunicación de masas, afectando a los códigos, expresiones,
incluso a la índole de los actores en cualquier proceso comunicativo;
repárese por ejemplo en los cambios experimentados desde la invención
de la imprenta a la invención de la televisión). Cuando
así ocurre, las relaciones se denominan solidarias. Pero pueden
ser causales (un cambio en un componente produce cambios en otros, pero
no a la inversa), o pueden ser específicas o eventuales (los cambios
que experimentan unos u otros componentes afectan, o no, y no siempre,
a unos u otros componentes). Así, de los sitemas cabe destacar
las características de totalidad, mayor que la suma de sus partes;
retroalimentación o circularidad de la información; de equifinalidad
(orientación teleológica desde la diversidad componente);
y simetría y complementariedad (de componentes y relaciones como
partes del todo sistémico).
Como sistema, la comunicación podría ser un sistema cerrado
(v.g. sistemas físicos, por ejemplo en el modelo matemático-informacional
de Shannon y Weaber), semiabierto (como los sistemas biológicos
y cibernéticos) o un sistema abierto. Como sistema cerrado, no
se tendrían encuenta sus relaciones con el entorno; como sistema
abierto, se tendrían en cuenta los posibles efectos del entorno
sobre el sistema y viceversa.
Aunque podría hablarse de un sistema de comunicación relativamente
abierto o relativamente cerrado, en el que las influencias o constricciones
(en términos de inputs-outpus del sistema) se hallen delimitadas
por el status organizativo del propio sistema. Si el objeto de estudio
es la comunicación, nos encontramos indudablemente ante un sistema
abierto al cambio histórico. El sistema de comunicación
está abierto a entornos diversos: podemos reconocer un entorno
natural y un entorno social. Estos entornos, a su vez, se pueden organizar
como sistemas, con sus elementos y relaciones específicos, y con
su apertura al cambio histórico. Las relaciones entre los sistemas
ecológicos, sociales y comunicacionales se presentan, de este modo,
como una dimensión interpenetrada de la historia. Cualquier análisis
de alguno de estos sistemas implicados en la evolución histórica,
podría comprenderse como el análisis de uno de los componentes
(por ejemplo la comunicación como subsistema) en relación
con otros componentes del sistema histórico (por ejemplo la naturaleza
o la sociedad como subsistemas).
La propuesta de un modelo de la comunicación que adopte una metodología
sistémica de análisis, permite la utilización de
una concepción dialéctica en la historia, en la medida que
ésta se construye por la interafectación de agentes materiales
y humanos, que se ven reconstruidos, a su vez, en la dinámica histórica.
En esta dinámica, las dimensiones sociales y cognitivas de los
sujetos en los procesos de interacción comunicativa han de ser
tenidas en cuenta a la hora de formular un modelo dialéctico de
la comunicación. La propuesta inicial de este modelo aparece formulada
inicialmente por Manuel Martín Serrano (31). En esta originaria
formulación el modelo comprendía un Sistema de Comunicación
(SC) abierto a las mutuas afectaciones del Sistema Social (SS) y del Sistema
de Referencia (SR), que movilizan como componentes interrelacionados un
sistema envolvente más general, el llamado sistea UMWELT (SU):
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Para Manuel Martín Serrano, cada uno de
los sistemas mencionados posee componentes diferenciados. En concreto el
Sistema de Comunicación se organiza a partir de los siguientes elementoS
(32):
En el modelo dialéctico propuesto, cuyo objeto es la representación
de la comunicación humana, el concepto de sistema debe entenderse
como sistema finalizado. En la medida en que interviene el hombre, éste
proporciona valor humano a su relación con el mundo, y en tanto que
esa proyección de valor se renueva o cambia históricamente.
Para M. Martín Serrano, la comunicación humana presenta las
características que identifican a los sistemas finalizados:
a) Las relaciones entre los componentes están
organizadas.
b) Los componentes de la comunicación son heterogéneos y
asumen funciones diferenciadas en el proceso comunicativo.
c) La comunicación humana persigue algún fin, luego implica
propositividad.
d) Los procesos de comunicación son estudiables en el interior
del Sistema como intercambio de información.
Como hemos expuesto en otro lugar (33), observamos
que tanto el Sistema Ecológico (o sistema de objetos, aquí
sistema de referencia) como el Sistema Social y el Sistema de Comunicación,
abiertos a sus influencias recíprocas, se hallan a su vez abiertos
a otro sistema más general que los convierte en subsistemas con
relación a él: el Umwelt Histórico. Si mantenemos
la idea de que las interafectaciones de los subsistemas aludidos no suponen
su descomposición como tales sistemas, sino que continúan
existiendo, conservando los componentes y las relaciones que los caracterizan
como sistemas, podemos comprender la significación epistemológica
del Sistema Umwelt, Sistema Referencial o simplemente Sistema Histórico.
En concreto, las relaciones externas entre los componentes de los distintos
subsistemas toman sentido con respecto al sistema general, y pueden a
su vez dar cuenta de las relaciones internas que se producen en cada uno
de ellos.
2.2 Sistemas del modelo
En la línea del desarrollo precedente:
el Sistema Umwelt se especifica con la pertenencia a él de tres
subsistemas: Sistema Ecológico, Sistema de Comunicación
y Sistema Social, cuyos elementos serían según se especifica
en el cuadro:
En el Sistema Ecológico, los actores pueden ser sujetos de un proceso
de interacciones adaptativas con el entorno. En el Sistema de Comunicación,
pueden ser emisores-receptores de un proceso de interacciones comunicativas
o de intercambio de datos. En el Sistema Social, pueden ser agentes de un
proceso de interacciones socioeconómicas.
En el Sistema Ecológico, los instrumentos son medios orgánicos,
inorgánicos o tecnológicos, herramientas o útiles inorgánicos
de los que se sirven los Actores para interactuar con el entorno. En el
Sistema de Comunicación, pueden ser medios para la producción,
transmisión y recepción de señales. En el Sistema Social,
pueden ser medios de producción, distribución y consumo de
mercancías.
En el Sistema Ecológico, las entidades en proceso de transformación
son objetos (observables o referibles) que pueden servir de metas u objetivos
para la satisfacción de necesidades o la relajación de tensiones
de los Actores en la interacción con su entorno. En el Sistema de
Comunicación, son expresiones, (materias expresivas y configuraciones
expresivas) que pueden servir para la transmisión de información
entre los Actores. En el Sistema Social son bienes o servicios que pueden
servir para producir beneficios económico-sociales a los que aspire
una interacción social.
En el Sistema Ecológico, las reglas reductoras de aleatoriedad son
las regulaciones represntativas de las operaciones que articulan la conducta
ecológica de los Actores (nociones o lógicas). En el Sistema
de Comunicación, son las regulaciones representativas, (pautas expresivas
y códigos de significación) que rigen el proceso comunicativo
y la propia conducta comunicativa de los Actores. En el Sistema Social,
son las normas o valores que regulan la rolificación social y los
status sociales, que pautan las interacciones sociales y la conducta social
de los Actores en la interacción.
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2.3. El modelo dialéctico de la Comunicación
Se advierte:
Que los actores de la comunicación (emisores
y receptores) son también:
-individuos, con sus particulares capacidades físicas y psíquicas,
dependiendo de sus condicionamientos biológicos, su experiencia
vital y el hábitat donde viven;
- agentes sociales, que asumen determinados status y desempeñan
determinados roles en situaciones sociales concretas y en procesos de
producción social específicos.
Que los medios o instrumentos de trabajo comunicativo
para la producción, transmisión y recepción de señales,
son también:
- medios biológicos, órganos corporales
(aparato fonador, respiratorio, digestivo, sistema nervioso, etc.) o medios
tecnológicos para ampliar las capacidades corporales (gafas, audífonos,
etc.), o además, para desempeñar funciones estrictamente
comunicativas (desde un tam-tam hasta un satélite de comunicación);
- medios económicos adquiribles y contratables con precios de mercado,
medios materiales (por ejemplo medios de producción) o medios humanos
(por ejemplo fuerza de trabajo).
Que las expresiones, son sus substancias expresivas
(papeles, tintas, etc.) y configuraciones de señales (acústicas,
visuales, etc.), son también:
- objetos de la experiencia, observables y/o referibles,
con valor ecológico.
- bienes o servicios, con valor económico, político, social.
Y que las pautas expresivas y los códigos de significación,
que producen sentido y contribuyen a reproducir referencias, son también:
- nociones conceptuales, recursos lógicos
o destrezas psicomotrices dominadas por los sujetos.
- normas y valores sociales que pautan las situaciones en que se da la
comunicación.

3. CONCLUSIÓN: DE LA VIDA A LA SOCIEDAD
Y DE LA SOCIEDADA LA CULTURA
Como habíamos señalado, el ser vivo
cuenta con una competencia adaptativa en la medida que es capaz de controlar
sus acciones, interponiéndolas oportunamente entre él y
el medio, y es capaz de anticipar los cambios de éste. La progresiva
autonomía, independencia y distanciamiento del sujeto humano respecto
de la influencia de su medio, viene dada por la capacidad de control,
cada vez menos implicado con relaciones sensoriales, que el ser humano
ha sido capaz de desarrollar sobre sí mismo, sobre el hábitat
donde vive, y sobre la relación que cabe mantener con él.
La mediación entre el cambio del acontecer y la conciencia que
el sujeto, que permanece, se hace de ese cambio puede establecerse no
sólo por la actividad escrutadora del sujeto en cuestión,
sino también por el concurso de otros sujetos reconocibles que
le proveen de información acerca de ese cambio. La actividad mediadora
conoce aquí su origen: la mediación se produce por la intervención
de procesos de intercambio de información entre Actores de la Comunicación.
De modo que aquél intercambio sirve para mediar entre el acontecer
y los hombres. El intercambio informativo, si se produce en entornos sociales,
proporciona un sentido social a la mediación: los agentes sociales
-sean grupos u organizaciones- que procuran información sobre el
acontecer, se institucionalizan para la producción social de mediaciones:
son los medios de comunicación social. Los medios de comunicación
social se convierten en instituciones especializadas, no solamente de
información acerca del acontecer social, sino sobre todo de transmisión
de significados sociales, reproductivos. Toda transmisión de significados
institucionales entraña procedimientos de control y legitimación
de esas instituciones (34) y las actividades mediadoras implicadas en
esta transmisión poseen una explicación reductible a términos
de integración y consenso cognitivo-social (35).
La mediación comunicativa se convierte en mediación social
si se reconoce la función reproductora que desempeña el
Sistema de Comunicación acerca del Sistema Social, pero no sólo
de este, sino también a través de él, del Sistema
Ecológico; éste último comprende a los sujetos y
a su entorno: a los sujetos según las formas que tienen de conocerlo
y transformarlo; al entorno, según las formas que éste presenta
por efecto de los cambios históricos que lo han venido transformando.
La reproducción que promueven los productos comunicativos se sitúa
a nivel superestructural respecto a ambos sistemas. Las representaciones
sociales vehiculadas a través de las instituciones comunicativas
integran la diversidad y la conflictividad del acontecer de referencia
por el recurso a una práctica comunicativa, que media estructural
y cognitivamente. Integrar el cambio o el conflicto, tanto respecto a
la sociedad como al mundo físico, dentro de unos marcos cognitivos
de estabilidad normativa (construcción del consenso), parece ser
la premisa para acceder a la reproducción del Umwelt Cultural.
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(1) Cfr. Piñuel, J.L.: La Expresión.
Una introducción a la Filosofía de la Comunicación.
Madrid, 1989. Edit. Visor. pp.125, 126.
(2) Para un análisis sistemático de los modelos de comunicación,
diferenciando "entre modelos destinados a una intervención
práctica sobre algún sistema de comunicación específico
(Sistemas de carácter social, como la comunicación de masas;
interpersonal; político, como las elecciones, etc.), y modelos
destinados a una explicación teórica, o metodológica
de los fenómenos comunicativos: Teoría o método,
en principio aplicable a cualquier clase de sistemas de comunicación
concreto, o bien a un amplio repertorio de sistemas específicos"
Cfr. Martín Serrano, M.; Piñuel Raigada, J.L.; Gracia Sanz,
J.; y Arias Fernández, M.A.: Epistemología de la Comunicación
y Análisis de la Referencia. Madrid, 1981. pp.: 101-137.
(3) Cfr. Martín Serrano, M.: "Bases para una epistemología
general de las Ciencias Sociales" en R.E.I.S. Madrid, Julio-Septiembre,
1978. Y también en "Propuesta de un modelo dialéctico
para el estudio de los sitemas de comunicación", art. en Op.
cit. Martín Serrano y otros (1981). pp.: 139-151.
(4) Cfr. especialmente, Piñuel Raigada, J.L.: La Expresión,
Op. cit. (1989) y también diversas aplicaciones del Modelo, en
-Producción, Publicidad y Consumo. Madrid, 1983. Edit. Fundamentos;
- El terrorismo en la transición española. Madrid, 1986.
Edit. Fundamentos; - El consumo cultural. Madrid, 1987. Edit. Fundamentos.
(5) Esto no quiere decir que, como señalara Lamark, los caracteres
adquiridos se heredan de generación en generación. Actualmente
los neodarwinistas aceptan la transformación del genotipo a lo
largo de períodos extensos de la evolución, que comprenden
gran número de generaciones, o que puntualmente se producen pequeñas
mutaciones que, combinadas con el factor de la selección natural,
modifican progresivamente los caracteres de la especie originaria.
(6) Por ejemplo, desarrollando estructuras orgánicas (homeorresis)
como garras, plumas, pelo, etc.
(7) Cfr. Piñuel Raigada, J.L.: La Expresión. op.cit.
(8) Cfr. Margalef, R.: Ecología. Ed. Omega, Barcelona. 1974.
(9) Cfr. Martín Serrano, M. y otros, Epistemología de la
Comunicación y Análisis de la Referencia Op.cit..
(10) En el caso de la comunicación humana, estos procesos no se
regulan solamente en virtud de códigos expresivos (p.e., categorías
perceptivas, cognitivas o lógicas). Pero sea cual sea el nivel
de desarrollo filogenético u ontogenético del sistema nervioso
cerebroespinal, el recurso a distintos códigos es un requisito
universal para hacer adaptativa la integración de la comunicación
en el universo de las conductas posibles de cualquier ser vivo.
(11) En algunos procesos comunicativos en que ciertos animales intercambian
señales de cortejo sexual, algunas de éstas secuencias de
señales no cumplen otra función que la de fijar el establecimiento
de la conexión entre emisor y receptor, y la disponibilidad de
ambos para seguir comunicando.
(12) Cfr. Piaget, J. Psicología y Epistemología, Barcelona.
Edit. Ariel. 1978
(13) Cfr. Durkheim, E.: las reglas del método sociológico.
Madrid, Akal, 1978.
(14) Cfr. Weber, M.: La acción social. Barcelona, Península,
1984.
(15) Cfr. Parsons, T.: El sistema social. Madrid. Revista de occidente.
1976. ó, del mismo autor, La estructura de la acción social.
Madrid. Guadarrama. 1968.
(16) A partir de aquí, y en lo que atañe a esta corriente,
sigo a Nisbet, R.A.: Introducción a la sociología. El vínculo
social. Barcelona. Vicens Vives. 1975. pp.: 55-61.
(17) Las condiciones de la interacción social derivadas de la asunción
de roles y estatus pueden resumirse en privilegios; responsabilidades;
expectativas/referencias; reciprocidad social; contradicción entre
diversos roles/status; normatividad en el desempeño de obligaciones:
comportamientos exigidos, prohibidos, permitidos; legitimación
profesional o personal: autoapreciación: logros/aspiraciones, éxito/fracaso;
y sanción social: premio/castigo, etc.
(18) Por entropía social cabe entender la tendencia de los sistemas
sociales a perder organización, cuando, como señala R. Nisbet,
se generan fuerzas opuestas a las normas roles y autoridades que constituyen
el orden social. Así, son distinguibles: la anomía: o conflicto
de normas socialmente aceptados en un individuo; la alienación:
o extrañamiento acerca de los roles, status y normas del orden
social; la desviación: u oposición consciente o inconsciente
a esos roles, status y normas.
(19) Cfr. Merton, R.K.: Teoría y estructura sociales. México.
F.C.E., 1964.
(20) R. Merton establece un paradigma en el que la estructura cultural
constituye el sistema de fines influyentes en la conducta, mientras que
la estructura social constituye el sistema de medios institucionalizados.
La conformidad se produciría si se afirman fines y medios; la innovación,
si se afirman fines y se niegan medios; el ritualismo, si se niegan fines
y se afirman medios; la retirada o abandono, si se niegan fines y medios;
la rebelión, si negándose fines y medios, se propone la
afirmación de otros fines y medios. (op.cit. 1964).
(21) R. A. Nisbet (op.cit. 1975) distingue cinco tipos de interacción
"de intercambio, cooperación, conformismo, coerción
y conflicto".
(22) Para Giner, S. Sociología, Barcelona, Ed. Nexos, 1988, pág.
123, resulta necesario un diverso conjunto de rasgos para abarcar las
dimensiones religiosas, económicas, ideológicas, psicológicas,
políticas y culturales que constituyen las clases sociales: "En
efecto, las clases son colectivadas: a)legalmente abiertas, pero en la
realidad extrajurídica semicerradas; b) antagónicas entre
sí; c) solidarias para sus miembros; d) semiorganizadas, faltas
de organización formal; e) semiconscientes de su propia unidad
y existencia, salvo en momentos de crisis, o para ciertos grupos reducidos;
f) características hasta fines del siglo XX de la sociedad occidental
moderna; y g) unidas por lazos económicos y ocupacionales por su
posición dentro del sistema de producción, consumo, poder
político y acceso a la educación".
(23) Cfr. Marx, K.: El Capital. México. F.C.E., 1966, vol, I, p.
476.
(24) Cfr. Piñuel Raigada, J.L. Producción, Publicidad y
Consumo. Op.cit. Vol.II.
(25) Seguimos aquí la noción de ideología elaborada
por Marx y Engels como el conjunto de representaciones falsas que el hombre
hace de sí mismo y de la historia como expresión cultural
de una clase, y que ayuda a perpetuar un orden social.
(26) Entendemos por socialización el proceso de aprendizaje social
que representa el medio por el cual los individuos adquieren los conocimientos,
las capacidades y las disposiciones que les conducen a participar de modo
diverso en los grupos sociales y en la sociedad. La enculturización,
desde el punto de vista de la reproducción social, consiste en
la conservación y transmisión de los modelos culturales
socializados en el tiempo y a través de sucesivas generaciones.
(27) Berger, P. y Luckmann, T.: La construcción social de la realidad.
B.Aires. Amorrortu. 1983.
(28) Barel, I.: La reproducción sociale. Systèmes vivants,
invariance et changement. París. Anthropos. 1973
(29) Ibídem. pp. 506-7.
(30) Cfr. Martín Serrano, M.: "Los cambios acontecidos en
las funciones de la comunicación y en el valor de la información"
Art.en REIS, monográfico: El cambio social y la transformación
en la comunicación. nº 57, Enero-Marzo, 992. p.18.
(31) Cfr. Martín Serrano, M.: "Bases para una epistemología
general de las Ciencias Sociales". Artículo en R.E.I.S, nº
3. Madrid. 1978. Julio-Septiembre.
(32) Cfr. Martín Serrano, M. y otros. op.cit.: El ACTOR es el "ser
vivo que interactúa con otro u otros seres vivos, de su misma especie
o de especies diferentes, recurriendo a la información" (p.13).
Desde un punto de vista funcional, los actores pueden servirse de la comunicación,
produciendo o consumiendo información, o servir a la comunicación,
cuando facilitan la relación comunicativa entre otros actores.
La EXPRESION es "aquella modificación (o modificaciones) que
sufre la materia de la substancia expresiva como consecuencia del trabajo
de Ego, gracias a la cual (o a las cuales) se le confiere a la propia
substancia expresiva, o se le transfiere a otra materia, un uso relevante
en la interacción comunicativa. Las expresiones aparecen en la
materia de la substancia expresiva como un cambio de lugar, un cambio
de forma, una huella o traza" (p. 15). Siendo el trabajo expresivo
"las clases de operaciones que lleva a cabo Ego con la materia de
la substancia expresiva, cuando modifica su estado" (p.15). Y siendo
la substancia expresiva "la materia que el Actor (Ego) debe alterar
de forma temporal o permanente para que la comunicación con el
Actor (Alter) sea posible". Los INSTRUMENTOS son el "conjunto
de órganos biológicos o tecnológicos que aseguran
el acoplamiento entre el trabajo expresivo de Ego y el trabajo perceptivo
de Alter" (p.19). Las REPRESENTACIONES son "la pauta expresiva
mediante la cual Ego asocia un repertorio de expresiones a la designación
de un objeto de referencia y la pauta perceptiva mediante la cual Alter
asocia un repertorio de comportamientos que están coordinados por
las representaciones" (p.22).
(34) Cfr. P. Berger y T. Luckmann op.cit. 1983
(35) Cfr. Martín Serrano, M.: La Producción social de comunicación.
Madrid, 1986. Alianza Universidad. Este autor, dice al respecto: "El
proceso social de producción de comunicación se realiza
en última instancia para intercalar un repertorio de datos entre
el cambio del entorno y la conciencia del cambio. Este esfuerzo tiene
una justificación institucional: la comunidad trata de conseguir
con el recurso a la mediación comunicativa un cierto consenso en
las representaciones del mundo que elaboran los distintos miembros del
grupo. La razón por la cual todas las sociedades necesitan sujetos
(como el chamán) o instituciones (como las empresas informativas)
especializados en la producción y reproducción de representaciones
colectivas es la siguiente: las leyes que rigen la transformación
histórica de la realidad circundante (leyes físicas, económicas,
sociológicas, entre otras) no tienen su réplica mecánica
en las leyes que rigen la transformación de las representaciones
(leyes perceptivas, afectivas, motivacionales, cognitivas, entre otras)".
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