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Nuevas tendencias de la programación
televisiva.
España: nuevos modelos de programación.
Emilio Prado/Amparo Huertas/Juan José
Perona |
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El establecimiento del sistema mixto de televisión
en España ha supuesto nuevos modelos de programación en
las diferentes cadenas. Se trata de un proceso que ejemplifica la dinámica
de la competencia.
El argumento más manejado por los promotores de la pri- vatización
era el aumento del pluralismo que tal medida su- pondría. Pese
a ello, la priva- tización de la televisión en España,
como en otros países precedentemente, tuvo como primera consecuencia
el enseñoramiento de los géneros espectaculares del conjunto
de la oferta. Hasta tal punto que en 1991 la oferta programática
está dominada por un solo género: la ficción, que
representa el 43,7 por ciento del tiempo de emisión.
Los datos que manejaremos en este trabajo proceden de Euromonitor, un
observatorio de la televisión en Europa, que nos permite seguir
la evolución desde su implantación en 1989, de forma que
disponemos de datos desde un año antes de la entrada en funcionamiento
de las televisiones privadas. Esto nos permite observar las principales
transformaciones registradas en el establecimiento del sistema mixto de
televisión. El panorama que tomamos en consideración es
el de la televisión que se puede recibir en una ciudad como Barcelona,
y, por tanto, los datos del conjunto de la oferta incluyen los de TV3,
cuya programación, aun no siendo idéntica en el caso de
todas las autonómicas, resulta indicativa de la oferta en las comunidades
que disponen de canales públicos propios. Pueden producirse también
ligeras oscilaciones en la composición de la parrilla de La 2,
debido a las desconexiones para Cataluña.
Se trata, evidentemente, de un proceso dinámico en el que la última
palabra no está dicha, pero que ejemplifica, sin duda, la dinámica
de la competencia en lo que a programación y, por tanto, oferta
televisiva se refiere. Las transformaciones, aun siendo espectaculares,
quedan matizadas por el hecho de que las televisiones públicas
articularon algunas de sus estrategias competitivas, ante la inminencia
de la privatización, antes de la entrada en funcionamiento de las
estaciones privadas, con consecuencias progresivas en la composición
de sus parrillas.
PREDOMINIO DE LA
FICCIÓN
Desde la perspectiva del espectador, el fenómeno
de proporciones más llamativas es la multiplicación de la
oferta del macrogénero ficción. Esta duplicó su peso
relativo en el conjunto de las emisiones del 89 al 91, marcando así
el primer efecto de la privatización (cuadro 1). Un comportamiento
similar se registra en el caso de los espacios infantiles, que doblan
también su peso en la programación, revelándose como
una de las armas estratégicas de la competencia. Si tomamos en
consideración que la mayor parte del tiempo dedicado a los niños
incluye espacios de ficción a ellos dirigidos, concluiremos que
la televisión en España, tras la privatización, está
conformada en más de un 50 por ciento por emisiones de ficción.


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La simple observación del cuadro 1 nos revela
el fuerte empobrecimiento genérico de nuestra televisión;
siendo así que casi tres cuartas partes del tiempo de emisión
se reparte entre tres géneros: ficción, información
e infantiles. El resto de géneros apenas si supera la participación
del 5 por ciento y en ningún caso llega al 10 por ciento.
Buena parte del fenómeno ficción se explica por la amplia
proporción de este macrogénero en las parrillas privadas,
pero se produce también un efecto de arrastre sobre las públicas
(cuadros 2, 3 y 4), si bien las estrategias puestas en marcha varían
según las cadenas y los años.
TVE-1, en primera instancia, responde con una programación en la
que el macrogénero información es predominante; siendo este
género el 32,8 por ciento de su oferta en 1990, frente a un 17,6
por ciento de ficción. En este terreno la baza de TVE parece basarse
más en la calidad que en la cantidad. De hecho se reunían
dos factores que permitían esta estrategia: una hábil política
de compra de derechos, inmediatamente anterior al inicio de las emisiones
privadas, y una amplia política de producción y coproducción
cinematográfica y de series.
Pero esa diferencia de más de 15 puntos a favor de la información,
que daba carácter a la programación de TVE-1, cambió
radicalmente en 1991, año en que la ficción ya supera a
la información en casi 7 puntos y medio; situándose la primera
en un 37,7 por ciento y la segunda en un 25,4 por ciento. Por un momento
los hechos parecían desmentir los pronósticos críticos
del efecto que la privatización iba a tener sobre la televisión
pública, pero la evolución registrada entre el 90 y el 91
restituyó el acierto de las previsiones, y el peso de la ficción
en TVE-1 es casi parejo al de las privadas, que configuran su parrilla
con un 2 por ciento más de ficción en el caso de Antena
3 y con un 6 por ciento más que TVE-1 en el caso de Tele 5.
El efecto de arrastre del peso de la ficción en la configuración
de la oferta de la televisión pública se produce también
en el caso de TV3 y lo hace de forma progresiva. Este macrogénero
representaba el 18,4 por ciento de la oferta programática del canal
autonómico en 1989 y pasó, de forma escalonada, al 32,05
por ciento en 1991 (cuadro 5). Pero en el caso de esta cadena el incremento
del peso de la ficción no se produce a costa de la información,
y este género caracteriza fuertemente a la televisión autonómica
catalana en la que representa un 27 por ciento de su tiempo de emisión
en 1991; proporción a la que se llega desde el 13,5 por ciento
que suponía en 1989 (cuadro 6), época en la que la Pick-hour
de audiencia coincidía con la emisión de informativos. En
la estrategia competitiva de esta emisora los informativos juegan un rol
importante y a ellos debe una buena parte de su éxito de audiencias.
También la TVE-2, ahora La 2, registra un incremento del género
de ficción tras la aparición de las cadenas privadas (cuadro
5), con un ritmo de incremento de un 15,5 por ciento de este género
en 1989, a un 32,4 por ciento en 1991. Pero pese a esta lógica
regular en este macrogénero, lo cierto es que esta cadena es la
que mayores transformaciones ha sufrido en busca de una política
editorial que, en líneas generales, tiende a configurarla como
una cadena con programación alternativa, según su propio
eslogan: "para una inmensa minoría". Cuando aparecen
las televisiones privadas el segundo canal de TVE pugnaba por configurarse
como una cadena casi especializada, y la programación deportiva
representaba prácticamente la mitad de su oferta. En 1990 el peso
de los deportes había descendido al 28,9 por ciento y en 1991 al
16,5 por ciento, en favor de un mayor equilibrio genérico. Aun
así, en 1991, La 2 seguía siendo la cadena con mayor peso
de los deportes en su programación y emite casi la mitad de los
programas de este género que se difunden en España; tendencia
que se incrementa ligeramente en 1992.
Resulta evidente que eso que hemos llamado el fenómeno ficción
se agota en sí mismo. Si consideramos que en una semana media,
y sólo tomando las emisiones comprendidas entre las siete horas
de la mañana y la una de la madrugada, las televisiones españolas
consumen casi 310 horas de ficción, resulta que devoran casi 17.000
horas de este género por año, excluidas las ficciones explícitamente
dirigidas al público infantil.
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La primera consecuencia resultante de este sobredimensionamiento
de la ficción en las parrillas españolas es la práctica
imposibilidad de renovación del parque de programas disponibles.
Por otra parte, la lógica escasez no afecta sólo al cine,
sino al conjunto del género y las parrillas se pueblan de series
rancias, que ya han merecido el sobrenombre de descoloridas por su aspecto
plástico, o de reposiciones casi dentro de la misma temporada.
Empiezan además a reemitirse series que tuvieron su notoriedad
en un pasado más o menos remoto en otras emisoras, con los efectos
de confusión de identidad de cadena que de ello se derivan.
NUEVA DISTRIBUCIÓN
HORARIA
Una de las razones del incremento espectacular de
la ficción debe buscarse en la prolongación de la jornada
de emisión. De tal forma que éste es un recurso fácil
para rellenar horas de programación en horas con audiencia potenciales
más bajas (cuadro 7) y reducir costes por este procedimiento. Así,
en todas las cadenas, sin excepción, la mayor proporción
de este género se encuentra situada en las parrillas de day-time,
que situamos entre las 7 y las 20.30 horas.
Según nos muestran los datos de 1991, TVE-1 programaba el 68,2
por ciento de su ficción en esta franja horaria, La 2 el 59,8 por
ciento, TV3 el 74,8 por ciento, Antena 3 el 60,5 por ciento, Tele 5 el
78 por ciento y Canal + el 68,3 por ciento. El resto de la ficción
se programa en el período de night-time; es decir, entre las 22.30
y la 1 de la madrugada. Pero también en esta franja se cumple la
lógica que estamos comentando; es decir, la inclusión de
la mayor proporción de ficción en el período de menor
audiencia potencial.

Los datos ilustran perfectamente esta apreciación. Si tomamos en
consideración la distribución del total de la ficción
en la franja de night-time, veremos que la proporción mayoritaria
de la misma se incluye fuera del primer prime-time, que abarca de las
20.30 a las 22.30 horas. Así, en TVE-1, del total de este género
que se emite en la franja nocturna, sólo el 32 por ciento se incluye
en el primer prime-time, en La 2 se incluye el 39,5 por ciento, en TV3
el 34,5 por ciento, en Antena 3 el 41,2 por ciento, en Tele 5 el 40,9
por ciento y en Canal + el 39,4 por ciento.

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Pese al peso de la ficción demostrado por
los datos en la oferta televisiva española, la distribución
horaria que venimos señalando hace que no se perciba claramente
su dimensionamiento, al adquirir proporciones de menor concentración
en los períodos de máxima audiencia potencial.
Veamos, pues, las apuestas genéricas de las diferentes cadenas
en el período horario de máxima competitividad; es decir,
en el que hemos denominado night-time, que para la mayoría de los
espectadores es la franja que mayor influencia tiene en la formación
de la imagen de la cadena.
Se observa una clara diferenciación entre las cadenas públicas
y privadas. Las primeras demuestran una alta valoración de la información
en su estrategia competitiva, ya que componen su oferta en una tercera
parte con programas de este género, mientras que las privadas lo
hacen en una proporción muy inferior. Más precisamente,
en 1991 TVE-1 tiene una proporción de informativos del 30,3 por
ciento, La 2 un 24,4 y TV3 un 28,3 por ciento. Por su parte, entre las
privadas, Antena 3 es la que mayor apuesta relativa hace por los informativos,
que suponen un 22,7 por ciento de su oferta, aun así muy por debajo
de las públicas. Las otras otorgan un valor estratégico
residual al género informativo, ya que supone sólo un 11,9
por ciento de su oferta para Tele 5 y un 10,6 para Canal +. El dato es
más significativo es Tele 5, puesto que hasta el reciente estreno
de la edición del mediodía de su informativo diario, era
la única cadena que comparecía ante el público con
un solo informativo al día.
Si apuramos más, la imagen de cadena que se deriva del primer prime-time
muestra las estrategias de cada estación y algunas tendencias generales.
Así, vemos (cuadro 8) como hay una lógica que lleva a las
cadenas a componer sus parrillas de prime-time pivotando sobre un número
muy reducido de géneros; ocupando la proporción más
significativa con dos o tres, sobre un repertorio de 11 por nosotros considerados.
Destacan, por los extremos, Antena 3, como la menos variada, ya que consagra
un 88,7 por ciento a dos géneros (ficción e información);
y TV3, que es la que hace una mayor apuesta por la diversificación.
Aun así, se pone de manifiesto una elevada concentración
en dos géneros que en todos los casos suponen más de la
mitad del tiempo de emisión. Estos dos géneros son ficción
e información en todos los casos; salvo en el de Tele 5, que son
la ficción y los concursos.
Fuera de los dos pilares básicos (ficción e información),
cada cadena colorea su oferta en base a otro género. Los deportes,
con un 10,7 por ciento en el caso de las públicas TV3 y La 2, un
género insignificante en el prime-time de las privadas, incluido
Canal +, en el que este género tiene un valor estratégico,
pero en otras franjas horaria. TVE-1 se connota por la presencia de concursos,
género que alcanza el 25 por ciento.
Canal + se diferencia por la oferta de programas destinados al público
juvenil, en una proporción del 14,7 por ciento, lo que es más
destacable si tenemos en cuenta que este sector de la población
es el gran olvidado de la oferta televisiva en España, alcanzando
sólo el 2,6 por ciento del total de la oferta de programas. En
Antena 3, como ya se ha señalado, el único género
que tiene un valor connotativo, fuera del de la ficción y la información,
es el de concursos, pero con un reducido peso del 7,1 por ciento.
Tele 5 es la más singular en la composición del prime-time,
ya que además de pivotar en la ficción (39,9) y los concursos
(34,7) introduce en esta franja horaria, de forma excepcional en el panorama
televisivo español, un significativo 14,5 por ciento de programas
del género infantil; siendo ésta una nota extraordinariamente
caracterizadora. A ello hay que añadir que es también la
única cadena que reserva una parte de su parrilla en esta franja
al género show, en una proporción significativa del 8,1
por ciento.
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OFERTA TELEVISIVA
Como ya hemos señalado, uno de los fenómenos
destacados en la programación televisiva española, tras
la privatización, es la presencia del macrogénero infantil.
La oferta de este tipo de programas se dobla en sólo un año,
debido al debut de las privadas, para luego estabilizarse en 1991, año
en el que estos espacios suponen el 12,1 por ciento de la oferta televisiva
en España.

La apuesta por la programación dirigida a los niños caracteriza
esencialmente a las cadenas privadas abiertas (cuadro 9); así,
entre Antena 3 y Tele 5 emiten más horas semanales de este género
que las tres públicas y Canal + en su conjunto. Pero como se puede
observar en el cuadro evolutivo hay un fenómeno de arrastre sobre
las públicas TVE-2 y TV3, que incrementan el tiempo dedicado a
este público aun manteniéndose a una gran distancia porcentual
de las dos privadas. TVE-1 es la única que reduce el peso de la
programación infantil en su parrilla, tendencia que se quiebra
en 1992, registrando un incremento de 4,6 puntos respecto al año
precedente.
Entre las privadas abiertas hay una inversión en la apuesta; mientras
Antena 3 debuta con un mayor porcentaje de programación infantil
en 1990, al año siguiente registra un ligero retroceso, mientras
Tele 5 se convierte en líder de oferta de programación infantil.
Esta cadena, además, utiliza estratégicamente este género
de forma original, tanto en la colocación por franjas horarias,
ya hemos mencionado una importante presencia en prime-time, como en la
contraprogramación, incluso con géneros fuertes como son
los informativos diarios de otras cadenas.
Así, podemos decir que se trata de un macrogénero 100 por
ciento day-time, acorde con los hábitos de su público objetivo,
salvo en el caso de Tele 5. De todas formas, entre 1990 y 1991 se observa
un cambio significativo. En el primer año, la mayor concentración
de programas infantiles se registra entre las 18 y las 20.30, es decir,
tras el regreso de la escuela, con un 46,1 por ciento del total. En el
segundo, se desplaza el liderazgo y el 51,9 por ciento del total de estos
programas se emite entre las 7 y las 13.30 horas. En alguna medida, este
fenómeno delata una progresiva adaptación de los espectadores
al uso de la televisión en unas franjas horarias nuevas, que surgen
como efecto del aumento de las horas de emisión por la competencia.
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En cualquier caso, además del aumento
de la oferta de programas para el público infantil, otros indicadores
dan cuenta de la importancia de este fenómeno programático;
como son: el incremento progresivo de las horas diarias que los niños
pasan delante de la pantalla, la notoriedad de los personajes de las series
de dibujos y la relevancia de los fenómenos de comercialización
de productos para el consumo infantil ligados a la imagen de estos nuevos
héroes.
Otro fenómeno que conviene destacar en la evolución de la
programación televisiva en España tras la privatización
es el notable retroceso de los programas deportivos. Y la reducción
de la presencia de este macrogénero en la oferta global no es sólo
efecto de la ausencia casi absoluta del mismo en las privadas abiertas,
sino también como consecuencia de una reducción de un peso
específico en las cadenas públicas (cuadro 10), lo que favorece,
sin duda, la estrategia de Canal +, el canal de pago, que utiliza este
género como uno de los motores de su subscripción, aunque
en mucha menor medida que la ficción, pero con un significativo
7,1 por ciento. Naturalmente, este fenómeno se explica en parte
por las especiales características del mercado de los espectáculos
deportivos y su complicado entramado de derechos y exclusividades, que
ha puesto muy difícil el acceso a los mismos por parte de las televisiones
privadas.
No cabe duda que el macrogénero información es un pilar
básico sobre el que se articulan las estrategias programáticas
en televisión. Este tipo de programas tiene una gran influencia
en la fijación de la imagen de cadena, y de ahí que éste
sea el territorio de todo tipo de ensayos en nuestro panorama televisivo.
Es un territorio que registra permanentes cambios de estrategia tras la
privatización y que no da muestras todavía de haber llegado
a una situación de equilibrio.
La única lógica permanente (cuadro 6) sería una mayor
valorización de la información en las parrillas públicas
que en las privadas. Pero al margen de esta consideración cada
cadena sigue lógicas diferentes.
TVE-1, que antes de la privatización componía su programación
casi en un 30 por ciento en base a los informativos, en el primer año
de competencia con las privadas aumenta el peso de los mismos hasta una
tercera parte de su programación, y se registran incrementos también
en las otras dos cadenas públicas. Pero, en 1991, la primera cadena
estatal baja el peso específico de este género, representando
una cuarta parte de su oferta. Aun así, TVE-1 se sitúa 7
puntos y medio por encima de la cadena privada que más informativos
incluye en su parrilla: Antena 3, con un 17,9 por ciento.


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Por su parte, La 2 estabiliza su oferta en
1991 respecto al año precedente y, en cambio, TV3 prosigue su incremento
hasta situarse como líder en la oferta de este tipo de programas,
que representan un 27 por ciento de su oferta; sobrepasando ligeramente
a TVE-1, a la que le arrebata el liderazgo en el tiempo de emisión
consagrado a los informativos.
Entre las privadas, sólo Antena 3 apuesta por los informativos
y compone su parrilla el año de su debut con un 15,4 por ciento
de informativos, que incrementa en 1991 para situarse en un 17,9 por ciento.
Por su parte, Canal + también otorga un cierto valor a la información
en su oferta y alcanza en 1991 el 10,6 por ciento de su oferta. Este género
es mayoritariamente ofrecido por la cadena de pago en sus ventanas descodificadas,
y, por tanto, además de otorgarle un valor en la configuración
de su imagen pública, es utilizado como reclamo para el abono.
Un caso aparte es Tele 5, cadena que concentra desde su nacimiento todos
sus esfuerzos en un solo informativo al día, situado, además,
alrededor de la medianoche; pero, en conjunto, este género tiene
un valor estratégico residual en la apuesta programática
de la cadena y supone un irrelevante 3,7 por ciento de su oferta en 1991.
El informativo diario de esta cadena privada adopta un formato peculiar,
otorgando un elevado peso específico a la opinión y el comentario,
y consigue un relativo éxito de audiencia en su franja horaria.
Los últimos acontecimientos demuestran un cambio de estrategia,
al incluir recientemente, en el verano de 1992, una nueva edición
de su informativo a las 14.55 horas.
Pero, al margen del peso específico de los informativos en las
parrillas de la televisión en España, se registran otros
cambios cualitativos, que se resumirían en unas tendencias a la
difuminación de la barrera entre la opinión y la información,
a la sustitución del análisis por la opinión, y a
un incremento de las fórmulas espectacularizantes.
Para finalizar, señalemos otras transformaciones registradas en
otras variables de las políticas programáticas. En primer
lugar, un cambio en los hábitos de periodicidad; registrándose
un aumento de la oferta de programas con frecuencia diaria, incluso en
prime-time. Este fenómeno afecta a todo tipo de géneros,
incluidos aquellos de ficción que tradicionalmente se emitían
una vez por semana. Se registra un cierto efecto serializante, que caracteriza
la actual etapa televisiva en busca de la fidelidad de la audiencia, que
se diluye ante la multiplicación de la oferta.
En segundo lugar, el incremento en la duración de los programas;
con la aparición de amplios bloques de programación bajo
un solo indicativo, que incluyen todo tipo de espacios personalizados
con la presencia de conductores/as estrella, que imprimen carácter
al programa y son el único nexo de unión real entre los
contenidos dispares.
En tercer lugar, se registra una espectacularización creciente
de la oferta, que se une a una tendencia a la desaparición de las
fronteras entre géneros,en base a una combinación de la
ficción, el espectáculo y la información en diferentes
proporciones, cuyo exponente más representativo serían los
infoshow, pero que se materializa también en otros programas.
En cuarto lugar, la importación de estrellas de nuevo cuño
para ejercer de nuevos sacerdotes de la pantalla, procedentes del ámbito
de la farándula o autogenerados por el medio. Su estereotipo los
conforma como facilitadores, individuos banales, sin mucha cultura, lloran,
ríen, se emocionan, quieren representar al individuo medio, y ofrecen
al espectador la posibilidad de llevarle de la mano.
En último lugar, señalemos las transformaciones en las estrategias
publicitarias surgidas de la privatización. El primer efecto palpable
es el aumento de la frecuencia de interrupción de los programas
y el aumento del tiempo de emisión de publicidad, que no se corresponde
con el aumento de la inversión publicitaria en el medio. El segundo
efecto es la aparición de nuevas formas de publicidad, que se concretan
en un aumento notable del patrocinio externo al programa y, principalmente,
interno en el programa. En tercer lugar, la masiva inclusión de
promociones directas e indirectas insertas en el cuerpo de los programas
sin solución de continuidad y presentadas por el propio conductor
del programa. Todo ello contribuye a borrar la clásica frontera
entre la publicidad y los programas.
En definitiva, como señalábamos al principio, todo se vuelve
espectáculo. Pero el mapa no está terminado y las transformaciones
del panorama televisivo español no han hecho más que empezar.
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