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La comunicación en Cataluña
impresiones de un investigador brasileño
José Marques de Melo |
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A partir de una larga experiencia investigadora
personal, se abordan las transformaciones de la cultura y la comunicación
en Cataluña, sus realizaciones, sus problemas y desafíos.
Mi interés por la Península Ibérica viene desde principios
de los años 70, cuando empecé los estudios de posgrado.
Mi tesis doctoral, después publicada como libro, está en
gran parte dedicada a la comprensión de los mecanismos socioculturales
que determinaron la doble estrategia de los colonizadores portugueses
en Brasil. Si, por una parte, impulsaron el desarrollo de la prensa en
sus colonias de Oriente -Japón, China, India-, por otra fueron
los responsables del retraso con que la prensa funciona en Brasil (1).
Seguí investigando el entorno cultural ibérico cuando presenté
en la Universidad de Sao Paulo mi tesis de madurez académica, que
intenta comprender la influencia de los géneros periodísticos
cultivados en Portugal y en España en este siglo, dentro del proceso
de mestizaje que caracteriza nuestras culturas. Tuve la oportunidad de
constatar que los géneros periodísticos brasileños
alcanzaron completa autonomía con relación a las prácticas
discursivas del periodismo portugués; en cambio, el periodismo
hispanoamericano sigue más de cerca las tradiciones del código
lingüístico vigente en España. Esto, no obstante a
las corrientes periodísticas que circulan unidireccionalmente desde
Estados Unidos (2).
Más recientemente, he tenido oportunidad de dedicarme al estudio
de la coyuntura histórica vivida por España después
de la muerte de Franco. Permanecí un año en Madrid, becado
por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas brasileño
estudiando el papel que desempeñaron los medios de comunicación
en la transición política y en la consolidación democrática.
Esta preocupación académica se explica por la similitud
existente entre las experiencias brasileña y española superando
el autoritarismo y buscando construir sistemas políticos abiertos
y pluralistas, en el marco de la economía de mercado. El resultado
de mis observaciones fue divulgado a través de dos libros destinados
al público brasileño -Espanha: Sociedade e Comunicaçao
de Massa (l989) y Comunicaçao Comparada: Brasil/Espanha (l990)-,
además de algunos artículos o comunicaciones científicas
dirigidas a la comunidad internacional de investigadores de la comunicación.
Pero el estudio global de la realidad española quedó, en
cierto sentido, incompleto, pues no pude profundizar en el análisis
de las implicaciones comunicológicas del singular federalismo posfranquista
y de las tensiones producidas por la coexistencia entre una estructura
informativa centralizada por el Estado y las emergentes redes comunicacionales
de las autonomías históricas. Cuando regresé al Brasil
a finales de l988, nuestro Parlamento había aprobado una nueva
Constitución con unos avances en política nacional de comunicación,
como era la exigencia de regionalización de la radio y la televisión.
Eso reflejaba, indudablemente, la fuerza reivindicativa de las culturas
peculiares a nuestra formación socio-cultural, aunque todas ellas
estén unificadas por el uso de la lengua portuguesa. Allí
me planteaban qué lecciones de la transición política
española podrían ayudar a la revitalización de las
culturas regionales, a partir del entorno comunicacional masivo. Pero
yo no tenía, evidentemente, una respuesta, pues mis observaciones
no habían avanzado hasta el nivel de las autonomías. Mi
comprensión quedaba incompleta por falta de vivencia cotidiana
en una sociedad concreta. Además, era insuficiente la bibliografía
universitaria disponible. Por ello, la oportunidad que he tenido de vivir
en Cataluña durante cuatro meses, a cargo de la Cátedra
Unesco de Comunicación en la Universidad Autónoma de Barcelona,
en el curso l99l-l992, supuso la superación de aquella laguna.
Profundicé mis lecturas sobre la experiencia catalana de construcción
de un espacio propio de comunicación masiva y, al mismo tiempo,
he tenido la posibilidad de observar personalmente esta experiencia.
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RECUPERACIÓN DE LA IDENTIDAD
La impresión general que me ha quedado ha sido la de avances significativos
en la recuperación de la identidad cultural catalana, hecho sin
duda protagonizado también por el sistema de comunicación
social. El indicio más evidente es el fortalecimiento de la lengua
catalana, que ocupa espacios cada vez más grandes en la vida de
la sociedad. Los catalanes tienen a su disposición más y
mejores productos culturales en su propia lengua, lo que permite ampliar
la difusión de los valores peculiares de su nacionalidad, sobre
todo para las nuevas generaciones. No puede olvidarse la prohibición
a que estuvo sometido el catalán, durante el franquismo, cuando
no se permitía que fuera usado en las escuelas y en los medios
de comunicación.
La decisión gubernamental de reconocer el catalán como la
lengua oficial de la comunidad autónoma y las consecuentes medidas
adoptadas para su empleo privilegiado en la Administración pública
y en las instituciones educativas, representa una aportación decisiva
para restablecer su normalización. Naturalmente, la cuestión
de su vigencia como lengua hegemónica en una sociedad caracterizada
por el bilingüismo y, además, receptora de contingentes hispanohablantes
en las últimas décadas, presupone una incógnita que
dependerá básicamente del comportamiento cultural de las
futuras generaciones. La juventud que hoy tiene su formación predominantemente
en catalán, que también puede emplearlo para consumir los
mensajes informativos y culturales que posibilitan su interrelación
con el medio ambiente, vive en un mundo cada vez más transnacionalizado,
con la particularidad de integrarse en una comunidad más amplia:
la Europa comunitaria. Por eso, algunos estudiosos de la identidad catalana
temen el riesgo de la latinización de su idioma, por ser una lengua
revivida por el Estado pero, tal vez, con poca vigencia en la dinámica
de la sociedad civil. No es el caso en el presente, pues cualquier visitante
percibe claramente la naturalidad y efectividad con que los catalanes
se comunican entre sí en su propia lengua y el orgullo que tienen
de su nacionalidad.
El futuro del catalán como lengua de comunicación y cultura
está asentado en las directrices que el Estado español,
por una parte, y la Comunidad Europea, por otra, adopten respecto de la
preservación de las culturas nacionales que siguen vivas en sus
territorios y cómo las integrarán en los entornos estatal
y continental. A este respecto, Umberto Eco es bastante optimista, pues
prevé una Europa políglota y hecha de confederaciones étnicas
(3).
La experiencia catalana apunta en esta dirección. La construcción
de un espacio de comunicación pública en lengua nacional
ofrece a los ciudadanos la oportunidad de hacer un ejercicio cotidiano
de pertenencia a su identidad. Aunque tengan la posibilidad de seguir
empleando la segunda lengua -en este caso, el castellano- para sus relaciones
externas, resulta decisivo que los actos fundamentales de la vida comunitaria
sean realizados en el idioma nativo.
Si en el comienzo de la transición democrática el catalán
estaba ausente de los medios masivos, esto ha evolucionado positivamente.
Ya en la primera mitad de los años 80, un l7 por ciento de los
libros editados en Barcelona y un l0 por ciento de la prensa diaria eran
en catalán, así como un tercio de la emisiones televisivas.
En el caso de la prensa, los cambios no parecen ser muy expresivos. La
mayoría de la prensa diaria sigue predominantemente en castellano:
solamente dos diarios barceloneses se editan en catalán, pero con
tiradas muy reducidas. Pero en el caso de la prensa comarcal, la situación
es distinta: un 90 por ciento de los títulos emplea el catalán.
Hay indicios esperanzadores de catalanización de la prensa en las
ciudades intermedias; ese es el caso de Gerona, cuyos dos diarios usan
exclusivamente el catalán.
También la radiotelevisión catalana se amplió bastante
en tiempos recientes. Después de la ola de las televisiones locales,
en los 80, el funcionamiento del canal autonómico TV-3 y, más
tarde, el de su homólogo cultural -Canal 33- han permitido a los
catalanes tener alternativas concretas para divertirse e informarse. La
estrategia de las televisiones autonómicas para competir con las
redes estatales -predominantemente en castellano, pero con algunos espacios
dedicados a la difusión en catalán- fue la de buscar una
mayor calidad técnica y estética. Esto se ha concretado
a través de producciones propias que reproducen el código
televisivo hegemónico en el mercado internacional, sin olvidar
los referentes culturales a que corresponden las expectativas de la audiencia.
La televisión mezcla productos importados de distintas procedencias
-de las series norteamericanas y las telenovelas latinoamericanas, a los
documentales y películas europeas-, doblados al catalán,
adicionando los productos genuinos, que tuvieron el cuidado de no alejarse
mucho de los modelos vigentes en la televisión española,
pues los antiguos canales estatales y los nuevos canales privados siguen
intentando cautivar a los telespectadores. Si todavía no hay un
patrón propio de codificación televisiva, es evidente que
la calidad de los programas de la televisión autonómica
catalana supera la de las españolas. Eso explica, seguramente,
el mayor éxito publicitario de los canales catalanes, que no obstante
su vinculación a una estructura estatal buscan mayor competitividad,
acercándose a la dinámica de la economía de mercado.
Aquí radica uno de los desafíos del espacio catalán
de comunicación masiva: su dependencia del Estado. Es indudable
que si no fuera por la acción decidida de la Generalitat, Cataluña
no habría experimentado una ampliación significativa de
sus propios medios de comunicación. Pero una incógnita que
persiste en este panorama es el poco entusiasmo del empresariado catalán
para invertir en productos culturales nativos; son pocos los que se arriesgan
a estimular el crecimiento del mercado catalán y por eso buscan
el subsidio estatal. ¿Hasta cuándo el aparato estatal soportará
ese respaldo a la industria de bienes simbólicos?
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EL PAPEL DE LA INVESTIGACIÓN
Este problema preocupa a los investigadores catalanes de la comunicación,
pero no existe un verdadero consenso. Algunos defienden la tesis de ampliación
de los espacios públicos, en el viejo estilo europeo. Otros presentan
puntos de vista más equilibrados, proponiendo sistemas mixtos,
caracterizados por un descenso de la presencia estatal como garantía
del pluralismo informativo. También están los que abogan
por el liberalismo total,dejando los medios en manos de empresas privadas,
al estilo norteamericano.
El debate entre los investigadores representa un factor importante en
la vida cultural catalana. Todo el proceso de reconstrucción del
sistema nacional de comunicación masiva ha tenido una participación
crítica y creativa de la comunidad académica. Las investigaciones
respaldadas, por ejemplo, por la Universidad, buscaron al principio describir
la realidad catalana de los medios masivos, explicando sus desafíos
y sus contradicciones; después, estuvieron orientadas a definir
políticas comunicativas y culturales, con el evidente propósito
de influir en las decisiones gubernamentales sobre la materia.
Revisando el marco teórico de esas investigaciones, parece evidente
el aprendizaje que significó para los catalanes el contacto con
la escuela latinoamericana de investigadores y sus aportaciones sobre
las políticas nacionales de comunicación (PNC). Tal vez
se podría decir que la sociedad catalana aprovechó mejor
el planteamiento de las PNC que los propios países de América
Latina. De cualquier modo, aquella utopía sigue vigente allí
en la dinámica de la participación ciudadana en la sedimentación
de nuestras democracias.
Aunque la investigación científica de la comunicación
tenga raíces en el período franquista, su consolidación
académica se dio durante la transición democrática.
La creación de la Facultad de Ciencias de la Información
de la Universidad Autónoma de Barcelona, en l97l, anticipó
un espacio que después de la muerte de Franco favorecería
la consolidación de la emergente escuela catalana. No se trata,
como bien dice Gifreu, de una corriente que se propone hacer innovaciones
teóricas o metodológicas; su principal característica
es el espíritu o la actitud de un grupo de investigadores comprometidos
con la restauración de los valores lingüísticos y culturales
de Cataluña (4).
Esta es una lección que puede ser muy útil para los investigadores
de las distintas regiones brasileñas o países latinoamericanos,
no siempre atentos a los problemas de sus comunidades y sí fascinados
por el entorno nacional o internacional de sus fenómenos comunicativos.
El entusiasmo de los catalanes por la contribución al rescate de
su identidad cultural ha sido un factor determinante para potenciar los
recursos disponibles para la investigación, creando una serie de
conocimientos indispensables para las decisiones del poder público.
Es verdad que esta acción intelectual ha sido correspondida por
el Estado, proporcionando condiciones para el desarrollo de la investigación
científica. La función principal del Centre d'Investigació
de la Comunicació, creado por la Generalitat de Cataluña
en l987, ha supuesto un estímulo a la producción de materiales
de investigación, encargados a profesores reconocidos de la Universidad,
para establecer una especie de atlas comunicativo que mantiene actualizado
el conocimiento sobre las industrias culturales catalanas. Además
de eso, este centro realiza una labor documental de alto nivel, preparando
el camino para que las nuevas generaciones de investigadores puedan seguir
avanzando en la producción científica.
Otra institución expresiva en nuestro ámbito científico
es la Societat Catalana de Comunicació, que funciona como sección
del Institut d'Estudis Catalans, que tiene el status de academia de ciencias.
Allí están reunidos no solamente los investigadores universitarios,
sino también aquellos que en su labor profesional realizan trabajos
sistemáticos de análisis comunicativo. Los encuentros anuales
de sus miembros representan una oportunidad para compartir los resultados
de las reflexiones hechas o de las observaciones registradas cuando se
dedican a investigaciones de campo.
Pero el espacio de mayor proyección en la vida catalana de la comunicación
es la Facultad de Ciencias de la Información. Allí se están
educando a los futuros agentes culturales, en cuyas manos estarán
depositados los desafíos enfrentados por la generación que
se dedicó a la construcción de un sistema catalán
de comunicación. Se trata de un centro universitario que está
en sintonía con las tendencias internacionales de la especialidad,
sin perder la perspectiva de su misión nacional. Asimismo, la generalización
del uso del catalán en las clases indica una opción cultural
muy clara.
Se nota una preocupación creciente por superar los desvíos
del teoricismo que caracterizó los primeros años de la institución,
buscándose un mayor equilibrio entre teoría y práctica,
entre conocimientos básicos y aplicados. El gran reto de esta Facultad
es compatibilizar cantidad y calidad; prisionera de las normas masificadoras
de la Universidad española, encuentra bastante dificultad para
preparar comunicadores más competentes por el número excesivo
de estudiantes en sus grupos de estudio.
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EVOLUCIÓN POSITIVA
En términos globales, la experiencia catalana de comunicación
es bastante positiva.
Se ha conseguido en poco tiempo rescatar la identidad cultural que adormecía
en la resistencia de capas populares de la población, a las cuales
se ha sumado el contingente migratorio proveniente de otras regiones o
nacionalidades que conforman el Estado español. Un aspecto que
llama la atención es la defensa a ultranza del nacionalismo catalán
hecha por los hijos de los inmigrantes, plenamente asimilados por la cultura
local. Pero también siguen las dificultades para la normalización
de la vida cultural catalana, como consecuencia de las tensiones que existen
con la cultura española y la coexistencia con las culturas europeas
que se integran en el marco comunitario.
Por eso mismo, emerge una tendencia en la producción comunicativa
de los medios masivos y en la propia investigación científica
para evitar el aislamiento de Cataluña y lograr establecer mecanismos
de mayor cooperación internacional. El hecho de que Cataluña
haya recibido en 1988 a la comunidad de los investigadores de la comunicación
de todo el mundo, en el l6º congreso de AIERI-IAMCR, significó
una disposición para el diálogo internacional como condición
misma de su supervivencia en cuanto cultura minoritaria, dentro de un
panorama caracterizado por una veloz transnacionalización.
Esta misma cuestión vuelve a preocupar a los catalanes en l990,
cuando el Centre d'Investigació de la Comunicació invitó
a destacados investigadores europeos y norteamericanos para analizar la
identidad cultural y las relaciones interculturales. En las conclusiones
del simposio internacional se puso énfasis en el hecho de que las
preguntas eran más importantes que las respuestas obtenidas, pues
el movimiento bidireccional particularismo-universalismo aportaba cambios
importantes en el ámbito sociopolítico y cultural (5).
La tentativa de buscar nuevas respuestas impulsa a los catalanes a intensificar
ese debate internacional. En esta línea de acción, Cataluña
recibirá en l993 a un grupo de investigadores de América
Latina, España y Portugal para pensar conjuntamente los problemas
de la revolución tecnológica que convierte a los medios
masivos en aparatos hegemónicos de socialización de valores
culturales en las sociedades modernas. La cuestión que centrará
la reflexión de los investigadores ibéricos y latinoamericanos
será evidentemente la preservación de la identidad cultural
en el mundo de hoy, profundamente afectado por una cultura de matriz transnacional.
Sin duda, los ibéricos en general y los catalanes en particular
tendrán mucho que decirse sobre sus experiencias de mestizaje,
un trazo cultural que empieza a ser reconocido sin los prejuicios del
pasado.
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(3) Entrevista a Umberto Eco en El País, 19 de diciembre de 1991.
(4) Josep Gifreu: Mass Communications Research in Catalunya, Bellaterra,
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(5) Varios autores: Comunicació, Identidad Cultural i Relacions
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