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Videotex e ibertex.
Experiencias y realizaciones.
César Fernández Beobide/Amador
González Obiol |
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Una larga experiencia durante quince años
permite aquilatar las virtudes y problemas prácticos del videotex
y sus múltiples aplicaciones. Se confirma así un medio en
franca expansión.
Con ocasión de los estudios desarrollados por Fundesco a petición
de varias empresas, hemos tenido la ocasión de participar en la
puesta en común de ideas sobre la telemática y su futuro,
junto con varios profesionales y expertos en distintas áreas de
telecomunicaciones y tecnologías de la información. Los
debates mantenidos, los estudios e informes preparados por los expertos
de Fundesco y las consultas realizadas a organismos, empresas,asociaciones
de usuarios y expertos externos a los grupos de estudio, aseguran, a nuestro
juicio, que las conclusiones obtenidas responden al sentir del estamento
social español que se encuentra actualmente influyendo en la producción
de bienes y servicios de esta naturaleza.
Aunque el concepto de telemática se refiere a un mundo de aplicaciones
amplio y de fronteras borrosas, pues caben en él algunas tan distintas
como el intercambio electrónico dedatos (o EDI, según suele
llamarse), el facsímil, el correo electrónico, el acceso
a bases de datos, la transferencia electrónica de fondos, el teletex
y ,en general, muchos de los servicios y productos que tengan que ver
conjuntamente con las telecomunicaciones y la informática (tecnologías
que, por cierto, son cada vez mas indistinguibles), nuestra experiencia
en este campo se centra principalmente en el videotex, que además
es probablemente su mejor ejemplo, por lo que en él pretendemos
basar estas reflexiones.
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EL VIDEOTEX: ALGO DE HISTORIA
La historia del videotex ha sido ya relatada varias
veces, algunas de ellas en estas mismas páginas. Sin ánimo
de ser exhaustivos y con la intención de que sirva de marco a estas
reflexiones, recordamos a continuación algunas de sus facetas.
El comienzo en el Reino Unido
Los primeros desarrollos se hicieron en la segunda
mitad de la década de los 70 (¡hace unos 15 años!)
en el Reino Unido, con el propósito de socializar la informática,
que por aquellos años era demasiado costosa para introducirse en
el hogar.
La idea consistió en aprovechar para ello dos recursos que ya existían
en muchas casas: el teléfono y el televisor. Un pequeño
adaptador, cuyo precio sería bajo para una fabricación que
se prometía masiva, servía para transmitir vía telefónica
el código de la página de información deseada y para
convertir los datos recibidos por el mismo conducto a fin de presentarlos
en la pantalla del televisor.
Aunque el servicio ha evolucionado bastante, reforzándose los aspectos
de interactividad y sustituyéndose el conjunto adaptador/televisor
por terminales especializados o bien por dispositivos y programas para
ordenadores personales, los estándares actuales más difundidos
arrastran todavía en alguna medida las virtudes y los problemas
de esta concepción inicial.
La British Telecom abrió el servicio en 1979, y el procedimiento
para su introducción fue consecuente con un estilo liberal de economía:
después de algunos moderados esfuerzos inversores iniciales, se
dejó a la demanda establecer sus necesidades. El resultado ha sido
el de un crecimiento lento y limitado. Doce años después
de la apertura, el parque de terminales y aplicaciones bajo videotex (Prestel,
como se llama allí) no debe sobrepasar los 200.000 y hay unos 1.000
proveedores de información.
El gran salto francés
En Francia se dio un paso trascendental para estos
servicios cuando, en enero de 1978, se hizo público un informe
que había encargado dos años antes Giscard d'Estaign al
Inspector General Simón Nora. En él se consagraba el concepto
de telemática y se manifestaba el convencimiento de que su difusión
había de ser un factor estratégico de primer orden para
el progreso de un país.
Francia venía siendo beligerante en el terreno informático,
probablemente como complemento necesario a su programa de armamento atómico.
El Plan Calcul de De Gaulle había generado una industria capaz,
pero con resultados comerciales escasos fuera de sus fronteras. El excedente
técnico, el informe Nora y la cultura francesa del momento, habituada
a grandes proyectos públicos que servían de arrastre a la
economía, pueden explicar la singularidad y alcance de la solución
que se adoptó para promover la penetración social del videotex
en Francia.
A finales de 1978, el Gobierno anunció el lanzamiento de unas pruebas,
que comenzaron en 1980. Cuatro años después estaban ya definidos
y asumidos a los más altos niveles políticos los componentes
de la estrategia de introducción de videotex. Se creaba un videotex
francés y una red de gran capacidad potencial, extendida por todo
el territorio. Se diseñaba y fabricaba un terminal especial para
el nuevo servicio, muy sencillo y barato (el Minitel). La PTT planificaba
pedidos de cientos de miles de miniteles anuales a las industrias francesas,
que iría instalando gratuitamente a los usuarios del teléfono
a partir de entonces.
Se ponía en marcha un sistema de uso del servicio (kiosco) con
una tarifa baja e independiente de la distancia, que no precisaba de abono
y que se facturaba junto con el teléfono, trasladando parte de
los ingresos a los proveedores de la información, con lo que la
PTT se encargaba del delicado papel de cobrador del servicio. Y, además
de todo esto, se proponía una aplicación que servía
de modelo y motor: la guía telefónica en videotex (L'annuaire
électronique), con un potencial de gran volumen de consultas.
El resultado de esta decidida estrategia ha sido impresionante. Unos 5,6
millones de terminales instalados (más que en todo el resto del
mundo), 15.000 servicios, 100 millones de horas de conexión y 1.500
millones de consultas anuales (cifras de diciembre de 1990), indican que
algunas de las afirmaciones del informe Nora sobre las necesidades de
información en la sociedad eran ciertas. Además, el videotex
ha dado un respiro a la industria electrónica francesa y ha promovido
la creación de un nuevo sector económico: el de la industria
de la información. Y, desde un punto de vista estrictamente económico,
los ingresos para la France Telecom superaron a los gastos desde 1989,
aunque, considerando las cuantiosas inversiones realizadas, el proyecto
se mantendrá en números rojos hasta 1995.
Parece claro que el videotex ha producido ya un cambio de costumbres en
la sociedad francesa con respecto al acceso y uso de la información.
Si este cambio es permanente y, sobre todo, si sitúa a esta sociedad
en una posición privilegiada para el futuro, es algo que aún
no se puede saber. Pero, por lo pronto, Francia está comenzando
a dedicar un importante esfuerzo al desarrollo de una red mundial (Minitelnet)
basada en el servicio francés. Y, si en la competencia intra y
extraeuropea que se avecina vencen los estándares más utilizados,
es evidente la ventaja del sistema francés.
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El videotex en el mundo
En otros países, la introducción y
los resultados han sido más próximos al modelo británico
que al francés, aunque el servicio videotex puede ya considerarse
consolidado en bastantes de los más avanzados. Alemania, Italia,
Holanda, Suiza, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Noruega, Canadá,
Sudáfrica, Japón, etc. son algunos ejemplos. Un caso de
referencia obligada es el de Estados Unidos, donde la prohibición
legal del suministro de servicios informáticos a las compañías
de teléfonos ha sido un freno real para la expansión de
la telemática, pero donde hay también algunas iniciativas,
como la de la compañía Prodigy, participada por IBM y SEARS,
que ha creado un sistema propio de videotex, fuera de las normas europeas,
que se basa en la tecnología de los ordenadores personales y cuenta
actualmente con cerca de un millón de abonados.
España
En nuestro país, las primeras experiencias
son casi coetáneas con las francesas. El videotex se usó,
con norma Prestel, en los mundiales de 1982 y en las elecciones autonómicas
de 1983. A partir de los dudosos resultados de estas pruebas se produjeron
algunos replanteamientos que llevaron a adoptar la norma más avanzada
de las promovidas por la Comunidad Europea: la CEPT1, derivada de la BTX
alemana, y a utilizar la red de conmutación de paquetes Iberpac
como vehículo de transporte de los datos.
Los planes y la presentación pública del nuevo videotex
español, al que se denominó IBERTEX, datan de finales de
1986. En cuanto a la orientación comercial, después de varias
dudas se adoptó el esquema del kiosco francés: los usuarios
se conectan sin necesidad de un abono especial y los servicios se facturan
con el teléfono, encargándose Telefónica de abonar
a los centros distribuidores de información según el tiempo
de conexión que han generado.
Durante los tres últimos años hemos asistido a un especial
esfuerzo por parte de Telefónica para aumentar la capacidad y fiabilidad
de la red de centros de acceso y promover el interés de los posibles
usuarios, proveedores de información y fabricantes de terminales.
Igualmente, otras compañías han realizado inversiones técnicas,
comerciales y publicitarias y se han recibido y aplicado subvenciones
comunitarias. El resultado actual es el de un servicio que aún
pasa por dificultades, pero que cuenta ya con unos 200.000 terminales
que producen cerca de 100.000 horas mensuales de uso, y con 300 centros
de suministradores de servicios. Aunque estos datos están aún
muy lejos de los franceses, que indican una situación 30 veces
mayor en terminales, 50 veces en centros de servicio y 100 veces en horas
al mes, muestran una clara tendencia a ganar posiciones y han superado
a los de otros países europeos con más tradición
telemática.
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LAS OPINIONES DE LOS EXPERTOS Y LAS LECCIONES
DE LA HISTORIA
Las opiniones sobre el videotex que se recogen entre
los técnicos y profesionales españoles conocedores del área
de telecomunicaciones son contradictorias, pues, si bien muchos suelen
considerar el gran potencial que el servicio tiene, también acostumbran
a poner de manifiesto dificultades teóricas que frenarían
su difusión, o incluso, según algunos, plantearían
serias dudas sobre su viabilidad. A continuación tratamos de resumir
y comentar los principales de estos problemas.
Dificultades técnicas
Según algunos, el videotex es lento, la información
que se obtiene por su medio es estática, y ha quedado atrasado
en relación a los avances que se dan en la tecnología informática,
manifestados sobre todo en los ordenadores personales.
Aunque el problema de la velocidad tiene algún fundamento en lo
que se refiere a la transmisión de datos, pues las normas videotex
fijan para el terminal de usuario una velocidad de envío de 75
baudios y de recepción de 1.200, hay que tener en cuenta que esa
lentitud es más teórica que real en la mayor parte de las
aplicaciones actuales, principalmente orientadas a textos y números,
pues el tiempo de comunicaciones representa un pequeño porcentaje
del total del que el usuario pasa delante del terminal.
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Además, nada impide que los estándares
videotex se adapten a las mayores velocidades que la técnica haga
posibles, lo que, por otra parte, es necesario para que el servicio adquiera
un contenido gráfico de mayor calidad y pueda evolucionar en el
futuro hacia la integración de imagen en movimiento y sonido. De
hecho, hay países, como Suiza, que ya han adoptado normas que permiten
velocidades de envío y recepción a 2.400 baudios,y Francia
va a abrir este mismo año experimentalmente un servicio de acceso
a 4.800 y 9.600 baudios.
No tiene, en cambio, ningún soporte, a nuestro juicio, la crítica
de la falta de dinamismo en la información que presenta. Esta idea
nace probablemente de las aplicaciones iniciales, montadas sobre bases
de información compuestas por páginas preformateadas que
se iban presentando al usuario mediante menús jerarquizados, al
estilo de las que actualmente componen el servicio de Teletexto que se
suministra por las cadenas de televisión.
La realidad actual del videotex es bastante distinta, pues si bien existen
aplicaciones de este estilo, también hay muchas en las que el usuario
interacciona de forma mucho más viva con el sistema, por ejemplo
indicando con precisión cuál es la información que
busca, suministrando mediante su terminal los datos necesarios para comprar
determinado producto o realizar una transacción bancaria, e incluso
dialogando en directo con otros usuarios conectados en un momento dado
a la red. En este sentido, el videotex ya no es, principalmente, un sistema
general de acceso a bases de información, sino que se ha transformado
en el medio más sencillo y barato de soportar aplicaciones informáticas
interactivas orientadas al gran público.
En cuanto al uso de la tecnología de ordenadores personales, es
cierto que la norma videotex actual no la considera, pues se ha concebido
en un momento en que las memorias y los procesadores tenían unos
precios elevados y no se podía sospechar la enorme difusión
que podrían tener en el futuro. Sin embargo, y situados en el momento
actual, el ordenador personal, dotado de un pequeño dispositivo
y un programa que le permite comunicarse con el mundo videotex, tiene
gran aceptación como terminal para el hogar, e incluso permite
algunas funciones no asequibles a los terminales especializados, tales
como la memorización de sesiones para realizar análisis
o tratamientos posteriores.
Y, una vez más, tampoco en este punto han de considerarse inamovibles
las normas actuales. El servicio americano Prodigy, que antes citábamos,
es el ejemplo de un sistema esencialmente similar al videotex pero que
utiliza en toda su amplitud la tecnología de los ordenadores personales,
es decir, la posibilidad de contar, al otro lado de la red, con un terminal
rápido, capaz, y con unas posibilidades gráficas bastante
notables.
Dificultades de aceptación por los usuarios
Aparte de los problemas técnicos y económicos,
el uso masivo del videotex supone que se han superado algunos frenos socioculturales
que, para bastantes expertos, son muy importantes.
Por una parte, aunque cada vez más claramente se establecen sus
posibilidades como medio general de comunicación, en los primeros
contactos los usuarios perciben que el servicio parece orientado a satisfacer
una demanda que no es evidente para todos: la de información seleccionada.
Cuando una persona ve la televisión u oye la radio, y también,
en cierta medida, cuando lee un libro, se sitúa en una actitud
relativamente pasiva, siendo el medio quien establece la información
que presenta y su orden. En estos casos, el ciudadano toma, de vez en
cuando, la decisión de continuar o no, en función del interés
que le reporta lo que le llega. En cambio, el videotex le impone una actitud
mucho más activa. Generalmente es él quien toma la iniciativa,
buscando en el servicio la información que desea. Esta forma de
actuar es más parecida a la que se tiene cuando se busca en una
enciclopedia o, poniendo un ejemplo querido para nosotros, cuando se intenta
localizar un proveedor en las Páginas Amarillas. Y es claro que
las conductas activas son más exigentes e incómodas que
las pasivas.
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Además, pone inmediatamente de manifiesto
que esa información tiene un precio. En este sentido, el usuario
tiende a pensar que generalmente está consiguiendo información
gratuita, o a coste muy bajo, a través de los medios habituales.
Se olvida, por ejemplo, del coste, real o de oportunidad, del tiempo que
dedica a buscarla, así como del que se deriva de una información
insuficiente o no adecuada.
Por otra parte, aunque su uso es muy sencillo, implica la puesta en práctica
de algunas habilidades que, en las generaciones actuales con capacidad
de compra, no se encuentran aún completamente extendidas: el manejo
de un teclado y de un mínimo lenguaje (símbolos, reglas,
significados) teleinformático. Es bastante importante el freno
que pueden representar estos aspectos incluso para personas sometidas,
en su trabajo cotidiano, a la influencia de las tecnologías de
la información. Resulta sorprendente, por ejemplo, el elevado porcentaje
de técnicos y profesionales de todas clases que aún no han
manejado nunca directamente un terminal o un ordenador personal.
Todos estos son, sin duda, problemas socioculturales importantes, pero
es claro que tienden a disminuir con el paso del tiempo. Algunos lectores,
como nosotros mismos, habrán constatado cómo sus hijos,
incluso los de pocos años, utilizan muchas veces un teclado o realizan
pequeñas operaciones de programación en la calculadora,
el televisor, el vídeo, los juegos electrónicos, o incluso
en un ordenador personal, y todo ello de una forma bastante más
natural que sus padres. Y de nuevo el caso francés ha demostrado,
de forma contundente, que estos frenos pueden superarse por grandes sectores
de una sociedad moderna, abriendo un hueco en el que la oferta de servicios
telemáticos encuentre su mercado. Aunque quizás más
lento de lo que se preveía en los años 70, la evolución
hacia la sociedad telemática es incontestable.
Dificultades de introducción
El videotex es un servicio en el que se manifiestan
muy claramente fenómenos interdependientes de realimentación
positiva. Para que se encuentre firmemente implantado han de coexistir:
1) un gran número de usuarios habituales, 2) servicios variados,
interesantes y de calidad a disposición de estos usuarios, lo que,
a su vez, implica la existencia de empresas rentables que los proporcionen,
3) terminales de características y precios compatibles con una
gran difusión, 4) una red de comunicaciones extendida, capaz, de
gran fiabilidad y con unos precios que permitan usos importantes, de varias
horas al mes por terminal.
Y, aunque en forma positiva estos cuatro factores se refuerzan entre sí,
multiplicándose los efectos de sus crecimientos, a la inversa,
las dificultades en cualquiera de ellos afectan a los demás, frenando
su desarrollo. Coloquialmente es corriente la referencia al círculo
vicioso del videotex: no hay usuarios por la escasez de servicios, que
no se crean a causa de la falta de usuarios que los rentabilicen.
El problema de la introducción del videotex es, en consecuencia,
el de cómo desencadenar el proceso multiplicador, ya que, por el
simple juego del mercado, resulta muy difícil que se interesen
simultáneamente usuarios, suministradores de servicios, suministradores
de terminales y explotador de la red.
La historia es clara en este punto: la solución francesa ha sido
ejemplarmente efectiva, aunque es verdad que ha exigido unos recursos
elevados: la Administración, a través de la PTT, tomó
los compromisos y realizó las inversiones necesarias. Por el contrario,
el modelo inglés, en el que se ha dejado a la iniciativa privada
la ruptura del círculo vicioso, no ha creado las condiciones necesarias
para un desarrollo rápido.
La opinión de muchos expertos es que resulta muy difícil
que vuelvan a concurrir en un país las condiciones que en Francia
condujeron a una apuesta tan fuerte por parte de alguno de los agentes
involucrados. Y, desde luego, no parecen darse en España. Esto,
en un principio, parecería condenar al servicio a un lento progreso,
quizás, según algunos, incluso más lento de lo que
pudieran evolucionar otros medios de comunicación que compitiesen
con él.
Sin embargo, tampoco las condiciones de la sociedad son las mismas que
cuando se creó el servicio en el Reino Unido o cuando el gobierno
francés decidió manipular el mercado potencial del nuevo
servicio. En primer lugar, ahora existe la referencia francesa, que ha
contribuido a demostrar que algunos de los problemas teóricos son
menos importantes de lo que parecían y que la telemática
puede tener un amplio respaldo social. Otros aspectos importantes, que
nos separan de aquellos momentos, son la difusión imparable de
los ordenadores personales, incluso en el sector doméstico, y los
avances en la tecnología de las telecomunicaciones, donde se están
abaratando relativamente los componentes de coste relacionados con la
distancia y la velocidad de transmisión.
Podríamos preguntarnos si basta con esto y ya no son necesarios
apoyos para cebar la bomba y arrancar una dinámica de crecimiento
para el videotex. Nuestro punto de vista, y el que se observa entre muchos
expertos, es negativo. En nuestra opinión son necesarias aún
acciones de incentivación,si se pretende que en un país
alcance, en pocos años, una penetración significativa, aunque
ha disminuido, con toda seguridad, la cantidad de recursos que se precisan
para ello. Pero también parece evidente que, una vez comenzado
el proceso de crecimiento, los resultados pueden ser interesantes para
los que tomen iniciativas en el nuevo campo que se abre.
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EL PROYECTO DE LAS PÁGINAS AMARILLAS ELECTRÓNICAS
Reflexiones parecidas a estas nos condujeron, en
CETESA, a la puesta en marcha de un proyecto para desarrollar una guía
electrónica basada en las Páginas Amarillas.
En primer lugar hay que decir que CETESA es una filial de Telefónica
de España, quien posee el 100 por ciento de su capital y le ha
asignado la misión de gestionar las Páginas Amarillas y
otros productos relacionados con las Guías Telefónicas,
por lo que en esta compañía veníamos siguiendo la
evolución de productos similares en otros países.
Aunque las primeras ideas sobre la creación del servicio datan
de 1986, el proyecto se fue estudiando durante 1987, se terminó
de elaborar en el primer trimestre de 1988 y se aprobó por el Consejo
de Administración en el mes de abril de ese mismo año.
En ese momento, en España había unos pocos miles de terminales
videotex, de los que una parte importante había sido instalada
por un banco que utilizaba el estándar del Minitel francés.
Ninguna aplicación existente podía servir, en nuestro país,
para valorar el posible mercado, y una idea fundamental del proyecto era
que el servicio que se pretendía crear serviría de ejemplo
y motor para impulsar a otros agentes económicos, al igual que
había ocurrido en Francia con su Anuario Electrónico. Queda,
con ello, claro el grado de riesgo y compromiso que el proyecto representaba,
teniendo en cuenta, además, la magnitud de los fondos necesarios,
que, en los períodos más críticos, se valoraba en
cifras de algunos miles de millones de pesetas.
Pero, por otra parte, el momento era propicio, pues Telefónica
planeaba esfuerzos importantes para mejorar la red Ibertex, varias entidades
habían manifestado interés por el desarrollo de servicios
en el nuevo medio y algunas de las compañías que gestionaban
las Páginas Amarillas en otros países europeos tenían
proyectos en marcha o sistemas ya operacionales.
No merece la pena detenerse en las vicisitudes del proyecto. Basta con
decir que, durante los meses siguientes, hasta octubre de 1988, se realizaron
las especificaciones. El primer prototipo estuvo disponible en mayo de
1989 y el servicio se abrió al público en octubre del mismo
año, 18 meses después del arranque.
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CARACTERÍSTICAS DEL SERVICIO Y DE SU PLAN
DE INTRODUCCIÓN
La nueva aplicación Ibertex, a la que
se denominó Páginas Amarillas Electrónicas (PAE),
se concibió como un servicio público para proporcionar información
comercial sobre empresas y profesionales de cualquier lugar de España,
así como sobre los servicios y productos que suministran. Se pretendía
que sirviese a sus usuarios primariamente para localizar proveedores,
y, de forma subsidiaria, para buscar clientes o realizar estudios sectoriales.
Estas funciones no eran nuevas en nuestro caso, pues generalizaban las
de las tradicionales Páginas Amarillas.
Pronto descubrimos que, con las posibilidades del medio telemático,
el producto tendría diferencias notables con su homónimo
de papel. Por una parte,sus datos estarían permanentemente actualizados,
sería accesible desde toda España (y más adelante,
a través de la interconexión de redes, en todo el mundo),
y la búsqueda sobre él resultaría mucho más
selectiva, ya que se contaba con la potencia de un ordenador para encontrar
la información deseada. Por otra, las características de
la información proporcionada por los suministradores para ser cargada
en la base de datos eran bastante diferentes de las de un anuncio sobre
papel, pudiendo consistir en decenas o incluso cientos de páginas
de información y en gran número de conceptos clave por los
que esta información sería encontrada y presentada a los
usuarios.
Entendimos, por el contrario, que convenía mantener algunos de
los aspectos que habían contribuido al éxito de las Páginas
Amarillas en todo el mundo. Así, la información contenida
sería de dos tipos: la básica, compuesta por nombre, dirección,
teléfono y actividad, para las empresas y profesionales que en
cada momento se encuentren en el fichero de abonados al servicio telefónico,
y la ampliada, todo lo extensa que fuese necesario, consistente en un
logotipo, datos de empresa, catálogo de productos y direcciones
y procedimientos de contacto.
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La información ampliada se incluiría
en la base a partir de los datos suministrados por las empresas o profesionales
que contratasen el servicio con nuestra fuerza de ventas, con lo que,
desde el punto de vista del negocio, también se configuraba similar
al de las Páginas Amarillas: una red de vendedores extendida por
todo el país se encargaría de ofrecer a empresas y profesionales
la posibilidad de situar su información en la base. Los impactos
publicitarios de tal información sobre los usuarios del servicio,
que accederían a él en busca de proveedores, tendrían
un considerable valor, que haría posible un precio suficiente para
hacer económicamente viable el proyecto. Consecuentemente, además,
no se cobraría a los usuarios por la consulta a PAE, a fin de incentivar
la utilización del servicio, lo que, en Ibertex, suponía
colocar el centro servidor en el kiosco 031, cuya tarifa de uso es la
más baja de las previstas, y sirve para pagar exclusivamente el
coste de la comunicación.
El diálogo del sistema con el usuario era un aspecto nuevo para
nosotros, y fue objeto de considerable atención. El equipo técnico
llegó a la conclusión de que habría dos campos básicos
de consulta, de los que al menos uno debería de cumplimentarse.
En el primero de ellos, el usuario podría indicar la actividad,
el producto, el servicio o la marca que deseaba, y en el otro, el nombre
de la empresa. Ambos campos admitirían varias palabras, que el
mecanismo de búsqueda emplearía en forma conjunta.
De esta manera, por ejemplo, si un usuario indicaba en el primer campo
Interruptores automáticos y dejaba en blanco el segundo, se pretendía
que el sistema encontrase la lista de empresas en alguno de cuyos productos
figurasen estas palabras, y si dejaba sin rellenar el primero, pero en
el segundo hacía constar General de Electricidad, debería
de localizar todas las empresas en cuyo nombre figurasen, al menos, estas
palabras. Y naturalmente, el usuario podría cumplimentar los dos
campos, en cuyo caso habría que encontrar la lista de empresas
que cumpliesen ambas condiciones simultáneamente.
Además, se decidió unir a estos campos de consulta, otros
de tipo geográfico, a fin de que el usuario pudiera delimitar la
búsqueda, restringiéndola a las empresas o profesionales
de una autonomía, una provincia, una localidad o un distrito postal.
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La respuesta del sistema se planteó en tres
niveles para hacerla más útil. Una vez localizadas las entidades
que cumplieran las condiciones, se deseaba, en primer lugar, un dato numérico,
del estilo de Se han encontrado xx empresas. En segundo lugar, se presentaría
una lista, que podría ser bastante larga, con los nombres de las
entidades encontradas. El orden de esta lista era importante, al influir
sobre el posible comprador, por lo que se decidió dar en ella preferencia
y notoriedad a los anunciantes, presentando más abajo al resto
de empresas encontradas. Además, dentro de ambas categorías,
se eligió una ordenación al azar, para no primar a ninguna
entidad en particular. Y finalmente, había que proporcionar un
tercer nivel de respuesta, activado por el usuario al seleccionar una
empresa concreta de la lista. En este caso, el sistema presentaría
la información, básica o ampliada, disponible para esa entidad,
que resultase relevante en relación con la información solicitada.
Con estas especificaciones y el alcance que se pretendía, el sistema
presentaba algunas características técnicas interesantes.
La base de datos tendría un volumen considerable: cerca de dos
millones de entidades con información básica, y decenas
de miles con información ampliada. Los accesos serían numerosos:
de decenas a cientos de miles por día, con un número de
sesiones en paralelo que podría llegar a varios cientos. La actualización
de la información básica sería, al menos, mensual,
y la de la ampliada, semanal. El sistema debería de estar disponible
casi las 24 horas del día, durante todos los días del año.
La base de datos sería de tipo documental, pues las selecciones
deberían de hacerse por combinaciones de palabras claves. Y, además,
las páginas videotex en que se presentaría la información
deberían de componerse de forma dinámica, pues su contenido
dependería de la consulta realizada.
Todo ello configuraba un gran ordenador y un software robusto. La solución
que adoptamos, evidentemente discutible, como ocurre en cualquier compromiso
técnico, fue la de servirse del mainframe que se utilizaba para
la gestión de la compañía, y de un software ya probado,
cuya adaptación a nuestras necesidades sería realizada por
un equipo dirigido por técnicos propios, en el que participarían,
además, varias compañías consultoras.
En cuanto a la orientación del negocio, se realizaron encuestas
y estudios que condujeron a definir una estrategia de introducción
que trataría de romper el círculo vicioso, consiguiendo
al tiempo clientes y usuarios. Para ello se definió una oferta
de lanzamiento hacia empresas y profesionales, que permitía al
cliente conseguir, durante la campaña, un importante descuento
y un terminal videotex gratuito.
La creación de la compañía filial PMT (Promotora
de Mercados Telemáticos), con una fuerza comercial especializada,
que en el plazo de un año debería de alcanzar casi el centenar
de vendedores, una sofisticada campaña de selección, valoración
y contacto con empresas potencialmente interesadas y una publicidad de
apoyo, componían el panorama en el que el negocio debería
desarrollarse.
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ALGUNAS LECCIONES DE LA EXPERIENCIA
En octubre de 1989 se presentó el servicio
conjuntamente en Madrid y Barcelona, quedando abierto desde ese momento,
por lo que actualmente lleva ya casi dos años en funcionamiento.
Este es ya un plazo suficiente para poder exponer, con cierta perspectiva,
algunas de las experiencias obtenidas.
Globalmente, algunos aspectos han cumplido las previsiones iniciales.
Los plazos del proyecto fueron los que se habían establecido. El
sistema informático, tanto en el lado hardware como en el software,
se ha comportado muy satisfactoriamente, absorbiendo una creciente carga
y manteniendo un nivel de disponibilidad y unos tiempos de respuesta adecuados.
Y el negocio, medido por los importes de las ventas conseguidas, también
sigue la marcha planeada. Estos factores, unidos a una evolución
favorable en el número de terminales instalados y en el uso del
sistema, dicen bastante sobre la consolidación del servicio, y
con él, de la del Ibertex.
Otros aspectos, en cambio, resultaron más complejos o problemáticos
de lo que en un principio suponíamos. Cabe destacar, por ejemplo,
que hubo que preparar un sistema potente, que incluyó el desarrollo
de un procesador de textos especializado, para ayudar a la validación
y preparación de las informaciones suministradas por las empresas
para su inclusión en la base.
También está resultando costosa la informatización
del sistema de gestión que rodea a PAE, cuyos fines son verificar
los datos de los contratos con los clientes, facturarlos, apoyar las acciones
de venta, gestionar la selección y asignación de clientes
potenciales, etc. De hecho, las dedicaciones necesarias para estas aplicaciones
están demostrándose numéricamente superiores a las
destinadas al sistema que actualiza y consulta a la base de datos.
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Igualmente, conviene poner de manifiesto el peso
que en PAE tienen algunos aspectos del lenguaje que, si bien eran conocidos
desde el comienzo, habíamos estimado menos importantes de lo que
realmente han resultado.
Poco después del arranque del proyecto se puso en marcha un grupo
de expertos en lingüística, cuyo fin era preparar un tesauro
de productos y servicios adaptado a las características de la base
documental sobre la que iba a realizarse el desarrollo. La necesidad de
este elemento era evidente,pues había que crear un sistema que
permitiese una consulta más inteligente que la que se derivaría
de la simple localización a través de palabras clave.
Así, en el ejemplo anterior, en el que un usuario preguntaba por
Interruptores automáticos y obtenía una relación
de empresas suministradoras, es claro que las mismas empresas, más
posiblemente otras, deberían de encontrarse si la consulta del
usuario hubiese sido Componentes eléctricos, o,simplemente, Electricidad,
pues estos conceptos, en el mundo industrial, engloban al primero. A la
jerarquía conceptual que se acaba de ver hay que añadir
el problema de sinonimias gramaticales, producidas por el empleo de singulares/plurales
y de partículas (nuestro usuario podría igualmente haber
preguntado por Componente para electricidad), o sinonimias conceptuales
(Material eléctrico). El trabajo de este grupo ha ido dando lugar
a un diccionario jerarquizado, que se va completando con los casos que
se presentan, y que, en parte, ha sido puesto a disposición de
los usuarios, incluyéndolo en una base de datos y desarrollando
la aplicación de consulta adecuada.
Relacionados con estos aspectos lingüísticos y con los mecanismos
de acceso, se producen los problemas de ruidos y de silencios. Un ruido
es, en este caso, la localización de una empresa que no corresponde
a la consulta planteada, y un silencio se produce cuando el sistema es
incapaz de localizar una empresa existente en la base y que cumple la
condición que el usuario cree haber planteado. Ninguno de ambos
problemas puede eliminarse totalmente, pues, en realidad, nos encontramos
ante un caso que se incluye en el más general de la interpretación
automática del lenguaje humano, que la técnica es aún
incapaz de resolver. Pero, actualmente, han disminuido sustancialmente
en relación a los que se presentaban en la primera versión
de PAE, que producía algunos ruidos y silencios bastante evidentes.
Así, por ejemplo, cuando un usuario preguntaba por Alimentación,
aparecían, junto con las empresas del sector al que parecía
referirse, algunas de electrónica. La razón de este ruido,
sin duda sorprendente para el usuario,era que estas empresas suministraban
Fuentes de alimentación, y como el sistema buscaba a través
de palabras clave, las localizaba y presentaba por aparecer en su producto
la palabra consultada. Este es uno de los casos que ha podido ser resuelto
en las últimas versiones del sistema.
Finalmente, también hay que destacar, como fuente de problemas,
la inestabilidad que se ha manifestado en la red Ibertex durante los casi
dos años que las PAE llevan en funcionamiento. La sustitución
de números de acceso de siete cifras por otros de tres (los actuales
031, 032, 033 y 036), algún cambio en el número de acceso
(NRI) de nuestro centro de servicios, impuesto por necesidades de desarrollo
de la red, las dificultades habidas en zonas importantes durante un tiempo
para acceder al kiosco 033, algunas caídas y saturaciones de los
centros de acceso, y la falta de conocimientos sobre Ibertex en los teléfonos
de información de Telefónica, han sido algunos de estos
problemas sufridos. Pero también es verdad que podríamos
haber previsto dificultades como estas en un servicio que se encuentra
en pleno desarrollo, y que, por basarse en tecnologías informáticas
y precisar de la colaboración de terceros (suministradores de información
y de terminales), plantea situaciones nuevas para Telefónica. De
hecho, estos problemas parecen estar remitiendo en los últimos
meses.
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SIGUEN LOS DESARROLLOS
Casi exactamente un año después de
la puesta en marcha de las PAE, en octubre de 1990, se abría al
público un nuevo servicio Ibertex de Cetesa: las Páginas
Azules Electrónicas (PAZ).
Esta vez se trataba de complementar, con el soporte telemático,
la estrategia de relanzamiento de las Páginas Azules, guía
telefónica ordenada por calles que nuestra empresa se disponía
a volver a repartir masivamente en las siete ciudades en las que se editaba.
De nuevo, en este caso, el soporte permitió redefinir el producto,
dándole un alcance nacional y no restringiéndolo al acceso
por calle y número, como ocurre en su homónimo de papel,
sino permitiendo también la búsqueda por el nombre. Con
ello, el usuario de Ibertex podría, a partir de ese momento,obtener
información referente a cualquier abonado telefónico, incluso
de una forma más potente y completa que la disponible en el Anuario
Electrónico francés, que tanto éxito había
conseguido.
La base de datos de las PAZ se ha organizado por provincias, y, en cada
una, contiene todos los abonados telefónicos que figuran en su
guía (en total,unos 12 millones), con su nombre, dos apellidos,
calle, número, código postal y localidad. El acceso puede
hacerse por cualquiera de los dos apellidos o por la calle, y limitarla
más, indicando el nombre, el número de la calle, el código
postal, la localidad, o cualquier combinación de estos datos. Así,
el usuario podría, por ejemplo, encontrar las direcciones y teléfonos
que tiene un abonado en una provincia, los vecinos de una determinada
calle o las personas domiciliadas en cierta localidad con un determinado
apellido. Se comprenden, con estos ejemplos, algunas utilizaciones que
pueden darse a la base.
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En este caso, la decisión, para soportar
económicamente el servicio, fue la de combinar los posibles ingresos
publicitarios, de menor potencial global que en las PAE, con los que proporcionaría
el servicio de consulta, por lo que las PAZ se situaron en el kiosco 033,
que carga al usuario una tarifa que,en un 60 por ciento, se dedica a retribuir
al proveedor de la información.
A pesar de las dificultades citadas anteriormente en relación con
este kiosco, que no estaba operativo en todas las provincias al abrir
el servicio, y del freno que, sin duda, representa su tarifa más
elevada, la respuesta que se está encontrando entre los usuarios,
medida en horas de conexión, es muy positiva.
Otro servicio relacionado con las PAE, que está actualmente en
fase de desarrollo, es el de buzones electrónicos para los anunciantes
que los deseen,en los que los usuarios podrán dejar mensajes, por
ejemplo para demandar más información sobre el producto
deseado, o, en el futuro, para cerrar un pedido.
Finalmente, cabe también referirse al desarrollo, basado en la
misma tecnología, que se está llevando a cabo bajo el nombre
de PROMETEO, a fin de crear un servicio turístico de información
y reservas, a bajo coste, dirigido a las agencias de viaje y en colaboración
con una de sus asociaciones. Su orientación es la de unas Páginas
Amarillas Electrónicas sectoriales, con abundante información
ampliada para la mayor parte de los ofertantes de servicios (hoteles,
mayoristas turísticos, etc.). Su apertura se realizará en
el último trimestre de este año, y, en una primera fase,
colocará 2.500 terminales en las agencias asociadas.
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ALGUNAS CONCLUSIONES
La ya larga historia del videotex y nuestras primeras
experiencias con este medio nos permiten extraer algunas conclusiones
que, como hemos podido constatar en las reuniones mantenidas para los
estudios de Fundesco a los que nos referíamos al comienzo, no coinciden
con las de todos los expertos.
La primera es que el videotex no sólo está vivo, con cerca
de 10 millones de usuarios en todo el mundo, sino que se encuentra en
franca expansión. Pasados ya los primeros fervores misioneros,
en la segunda parte de los 80 se fue generalizando la opinión de
que el servicio tenía demasiados frenos y nunca llegaría
a asentarse. La posición de los últimos años, en
muchos de los países, es bastante más optimista, y las empresas
de telecomunicaciones, los medios de comunicación y muchas compañías
grandes y pequeñas tienen planes para su utilización. Además,
en el interior de la CE, puede que asistamos en los próximos años
a una real competencia por el dominio de su mercado, en el que Francia
aspira a jugar un papel predominante.
En segundo lugar, resulta bastante claro que ya no se usa exclusivamente
para buscar páginas estáticas de información en pequeñas
bases. Por el contrario, el videotex se afianza, cada vez en mayor medida,
como un procedimiento barato y popular de intercomunicación a disposición
de los sistemas informáticos que pretendan conseguir penetración
social. Es, por ejemplo, un medio ideal para soportar el correo electrónico,
los servicios bancarios en el hogar y la telecompra informatizada.
Pero también es claro que la tecnología actual ha sobrepasado
con creces los rígidos estándares europeos. Resulta urgente,
en nuestra opinión, elaborar otros más actualizados, que
permitan velocidades de transmisión superiores y se encaminen hacia
la integración de imagen y sonido.
Otro punto muy evidente es la importancia que, para el usuario, tiene
el coste de entrada al servicio, es decir, del precio del terminal. El
caso francés es límite, ya que este precio se ha reducido
a cero, y ya se ha visto el efecto conseguido. En realidad, en cualquiera
de los países en los que el servicio se está implantando,
lo que espera el usuario es que alguien, bien sea la administración,
su compañía de teléfonos, un banco, el proveedor
de su ordenador personal, un comercio del que sea cliente habitual, su
empresa, u otros, le proporcione casi gratuitamente el acceso al nuevo
medio. Y parece que vamos en camino de que esto ocurra realmente, pues
los costes, tanto de los terminales especializados como de las tarjetas
para ordenador, son bajos si el pedido es de suficiente volumen.
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También resulta clara la importancia de la
simplificación del uso. Los sistemas kiosco, que no precisan de
un abono especial ni de la identificación del usuario, y que pueden
facturarse con el teléfono, son una solución ideal ya adoptada
en España. Pero es igualmente importante llegar a una normalización
de teclados y funciones que oculten al usuario los absurdos de los comandos
normalizados (¿no lo es exigir que alguien tenga que teclear *029#19
para enviar los datos que acaba de introducir en su pantalla?), así
como contar con una buena guía de servicios videotex, actualizada
y fácil de usar, y con unos teléfonos de ayuda, a disposición
de las consultas de los usuarios, muchos de los cuales tendrán,
necesariamente, unos conocimientos muy elementales de las tecnologías
que se supone han de manejar. Todos estos puntos son básicos para
que el videotex se perciba como un servicio integrado, y no como una serie
de aportaciones individuales más o menos afortunadas.
En el mismo apartado de facilidad de uso habría que situar la disponibilidad
y estabilidad de la red. El usuario asocia el servicio a la informática,
que tiene una fiabilidad bastante elevada. Por ello le resulta difícilmente
asimilable una falta de servicio a causa de una parada del centro de acceso
o de una saturación de la red. Es muy importante cuidar de estos
aspectos desde el comienzo, para no defraudar las expectativas de los
usuarios en las primeras veces que tratan de entrar a la red.
Tampoco puede olvidarse el aspecto internacional. La interconexión
de las diversas redes es una necesidad inherente al medio. Si el videotex
ha de soportar el acceso a información, el correo, los servicios
bancarios y las compras desde el domicilio, en un mundo cada vez más
interdependiente y competitivo, es imprescindible que elimine las fronteras
técnicas y administrativas que ahora le limitan. Un modelo no muy
lejano a los administradores de estas redes es el del servicio telefónico
internacional. Y, naturalmente, tampoco el precio de estas comunicaciones
informáticas internacionales ha de resultar excesivo para los habitantes
de la gran aldea mundial.
Y, finalmente, es necesario comunicar a empresas, profesionales y particulares
que el servicio existe. En nuestro país se encuentran aún
muy pocas personas que sepan lo que es Ibertex, qué puede encontrar
allí y cómo puede hacerlo. En un mundo movido por la publicidad,
la comunicación al mercado ha de seguir procedimientos bien conocidos
que, naturalmente, tienen un coste. Es este un punto en el que actualmente
se precisa de actuaciones decididas para impulsar el proceso de crecimiento,
ya que contamos con los terminales y la red suficientes para alcanzar
un nivel de uso al menos tres veces superior al actual.
Y una última consideración. Parece indudable que el videotex,
probablemente cambiado con relación a los modelos actuales, pero
coherente con los principios de la telemática que le hicieron nacer,
es decir, sirviendo de medio barato de comunicaciones para socializar
la informática, se irá imponiendo en todos los países.
De las actitudes e inversiones de las administraciones, las compañías
de teléfonos, los empresarios y los usuarios de cada comunidad,
dependerá inicialmente la velocidad local del proceso, pero también,
más adelante, la mayor o menor participación en el conjunto
que sus miembros obtendrán para sus economías, e incluso,
quizás, para sus culturas.
La interconexión internacional de las
distintas redes es una necesidad inherente al medio videotex.
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