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Para
exponer en pocas palabras mi concepción de la hipertextualidad
recurro con mucha frecuencia a la papiroflexia. Imaginemos
una página en blanco sobre la que escribimos hasta llenarla
con un texto. Si a continuación comenzamos a plegarla, las
palabras van desapareciendo bajo los pliegues… a la vez que
emerge una figura de papel, una papirola. Y si ahora abrimos
los pliegues, las palabras van apareciendo. El texto está
contenido bajo los múltiples dobleces que han construido la
pajarita: basta ir abriendo los pliegues para que broten las
palabras.
Si lo que se pliega ya no es el papel sino el texto,
obtenemos un hipertexto. El hipertexto es un texto plegado.
Sólo en el soporte digital es posible plegar el texto y mantener
intacto su soporte. Es una propiedad que no se puede dejar
de aprovechar en la escritura digital, pues abre muchas posibilidades
a la construcción del texto y a la lectura.
¿Cómo percibirá el lector que el libro de Los estilitas…
es un texto plegado? Verá que todo el texto está distribuido
en bucles. Cada bucle está formado por un número variable
de pantallas (recordemos que ya no tenemos páginas). Una pantalla
es el espacio de tiempo en que el lector mantiene las palabras
sostenidas ante sus ojos, es decir, entre un clic que hace
aparecer las palabras y el siguiente clic que da paso a otras.
Una sucesión de pantallas termina cerrándose; por tanto, se
vuelve a la primera.
El lector se encontrará que comienza a leer el libro
dentro de un primer bucle; si lo sigue hasta el final llegará
a la pantalla que leyó al principio: el bucle se ha cerrado,
y puede releerlo. ¿Qué ha leído, entonces, del libro? Pues
el libro. Una versión del libro equivalente a unas cuantas
páginas sobre papel; pero en ella le he contado de una determinada
forma Los estilitas… ¿De qué forma? A través de la
metáfora de la ciudad de Moriana. Describo en este bucle inicial
el paisaje de esta ciudad imaginaria que es la expresión metafórica
de la sociedad tecnológica que está emergiendo. Con una metáfora
consigo contener el libro en un bucle. La metáfora, Moriana,
es la figura resultante de haber plegado el texto, como una
papirola es el resultado de plegar una hoja de papel.
Ahora queda al lector desplegar la metáfora. ¿Cómo están
insinuados los pliegues en el texto? De una forma muy discreta:
un asterisco acompaña a una palabra; tocando la palabra, se
abre un pliegue, se puede recorrer otro bucle. Verá el lector
que el bucle inicial tiene algunas palabras con asterisco.
Cuando toque una de ellas entrará en otro bucle, y tras recorrerlo
lo devolverá al punto de partida, al punto en que decidió
tocar una palabra con asterisco, es decir, al bucle inicial.
De este segundo bucle pueden salir otros bucles y de éstos,
otros.
¿Y qué transición nota el lector cuando despliega un
bucle, cuando pasa, por tanto, de un bucle a otro? ¿Acaso
un salto parecido al que se percibe cuando por medio de un
enlace o link se pasa de una página web a otra? No,
se da una transición sin solución de continuidad: las primeras
palabras del nuevo bucle encajan con la marcada con asterisco
del otro bucle.
El
plegado de un texto supone una cuidadosa tarea de previsión
y elaboración del texto, es un recurso que cada autor explotará
de muy diferentes maneras y con resultados desiguales según
la habilidad y el acierto; del mismo modo que la posibilidad
de plegar un texto se aplicará de manera diferente si es para
una narración, un ensayo, un libro de texto… Pero siempre
será un reto a la creatividad, a la capacidad de saber aprovechar
esta nueva forma de trabajar con las palabras en la pantalla.
Observará también el lector desde el primer momento
que el libro no tiene prótesis: es decir, que no aparecen
en la pantalla flechas o cualquier otro tipo de iconos para
ayudar a moverse por el libro. Bastará con saber que la pantalla
está dividida en tres bandas verticales invisibles, y que
si toca la banda derecha avanza en la lectura; en la izquierda,
retrocede; y en la central: cerrar el libro, ir al índice,
tomar notas al margen (¿cómo puede haber márgenes si no hay
páginas? Lo descubrirá el lector), o entrar en el foro en
donde autor y lectores comentan el libro.
La
organización en bucles o pliegues es la que hace posible la
lectura del libro sin necesidad de estas prótesis y que el
lector, sin más que tocar los lados de la pantalla o las palabras
marcadas con asterisco, llegue a todos los rincones de Los
estilitas…
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