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La
pantalla de un ordenador personal se mantiene a una distancia
del lector inadecuada para una lectura duradera. La lectura,
una vez que prescindimos de los oídos, y la hicimos silenciosa,
necesita tanto de los ojos como de las manos. Las palabras
las contienen las manos y las beben los ojos: se necesita,
por tanto, proximidad a ellos para que no se viertan, es decir,
que la lectura no se distraiga.
Todos sentimos que la lectura distante resiste poco
texto, y que si éste se presenta extenso, nosotros lo fracturamos.
La lectura de un texto que no esté en nuestras manos nos fatiga,
y seguirlo con atención y sin fracturas exige mucha mayor
voluntad y esfuerzo.
Con un libro entre las manos, las posturas del cuerpo
y las posiciones del libro con respecto a los ojos son variadísimas,
y el cambio por ellas mientras se lee desentumece y alivia.
Un paso muy influyente que va a tener la lectura en
pantalla será debido al avance tecnológico: al desarrollo
y difusión de pantallas ligeras, de muy buena calidad, específicas
para la lectura de libros o generales para acceso a cualquier
tipo de información, con capacidad para ser autónomas y cargar
gran cantidad de texto (un número de libros) o dependientes
de una unidad central, pero de la que se pueden alejar, sin
cables, unos metros (las hay ya que alcanzan cien metros).
[Si quieren conocer algunos modelos de estas tabletas
pueden experimentar el funcionamiento de cybook
o leer información de la tabletPC.
Las agendas electrónicas o PocketPC son ya una muestra bien
difundida de pantallas para tener entre las manos.]
Por tanto, este avance tecnológico va a facilitar la
lectura. De todos modos, además de esta sustancial ayuda a
la lectura, la concepción de otras formas de escribir en pantalla
que no reproduzcan lo que venimos haciendo sobre el papel
puede hacer más cómoda la lectura y, también, conseguir capacidades
expresivas nuevas que el papel y la página no permiten. Una
de las primeras comprobaciones que agradecería al lector que
realizara en Los estilitas… es si, a pesar de leer
el libro en una pantalla de un ordenador personal, la forma
de tratar el texto suaviza el cansancio que provoca la lectura
en pantalla y, además, estimula la atención y, por tanto,
no hay que hacer un esfuerzo mayor que sobre el papel para
mantener la continuidad de la lectura.
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