¿POR QUÉ HACEMOS JUGUETES?
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Por Ana Jiménez
Los
juguetes siempre han existido, los niños prehistóricos tenían sus juguetes,
nuestros abuelos y bisabuelos también y nosotros seguimos jugando con ellos.
Algunos, muy antiguos, se conservan y se pueden ver en los museos.
Pero no siempre han sido iguales; unos sirven para jugar a las mismas cosas aunque sean algo diferentes como las pelotas, muñecas, caballos, etc. pero otros no existían hasta que no se inventaron los. de verdad, como los coches, los trenes, las naves espaciales, etc. .. (la nueva realidad se transforma en nuevo juego).
Los juguetes los podemos conocer en los escaparates, mirándolos cómo son y cómo funcionan en las tiendas o jugando con ellos en casa de nuestros amigos.
Además podemos jugar con cosas que con nuestra imaginación convertimos en lo que queremos como si fuera magia y también podemos hacernos muchos juguetes con materiales que siempre tenemos en casa o en la escuela, por ejemplo una muñeca, un robot, un molinillo, etc.
Nuestros juguetes son amigos maravillosos que nos ayudan a conocer el mundo y también a entender cosas de los mayores. Cuando somos muy pequeños un sonajero nos llama la atención porque suena muy bien y porque cuando lo tiramos, papá nos lo devuelve sonriendo y diciéndonos cosas bonitas; cuando somos un poco mayores damos de comer a las muñecas como papá lo hace con nosotros. Así entendemos todo lo que pasa a nuestro alrededor. Cuando somos más mayores todavía, jugamos con un monopatín y, nos damos cuenta de cómo podemos dominarlo si controlamos todos nuestros movimientos. Vamos cambiando los juguetes cuando crecemos.
Pero a veces tenemos juguetes muy complicados que no nos sirven para jugar y los abandonamos por aburridos. Otros son tan delicados que se rompen enseguida. Otros no nos apetecen porque tenemos que jugar solos y lo que nos gusta es jugar con nuestros amigos. Tenemos que aprender a elegirlos bien para poder jugar de verdad.
El mundo infantil aparece asociado en todas las culturas a los juguetes y algunos de ellos permanecen a través de la historia con idéntico arquetipo. Acompañan al niño en su desarrollo, especialmente en la etapa del descubrimiento de los objetos.
Son fuente privilegiada de exploración, le ofrecen información de sus propiedades, el sonajero suena, la pelota rueda, el osito es suave... Progresivamente, el juguete se convertirá en un soporte para sus primeras representaciones, el teléfono sirve para llamar a mamá cuando no está, el caballo para montarse, la muñeca para acunarla, etc..; de esta manera el niño llega a atribuir a cualquier objeto una determinada función. En este proceso de transformación de los objetos existe una clara selección, una escoba será un caballo, un palo una pistola, un bolo una muñeca y estas sustituciones las realiza, recogiendo aspectos de la realidad y atribuyéndoles significados del mundo que les rodea.
El juguete aparece así cumpliendo un papel privilegiado de transmisor de la realidad social. A través de él puede establecer sus primeras comunicaciones, emociones y afectos; y le permite más tarde hacer el proceso de elaboración de situaciones que no entiende o necesita reafirmar a través del juego motriz, simbólico, tecnológico o fantástico.
Las preferencias del niño están determinadas, por un lado por su momento evolutivo y por otro, por aquellos juguetes que le ofrecen los adultos. La publicidad en la actualidad influye en los intereses de los niños y en la selección que los adultos realizan, que pueden llegar a elegir estos objetos ignorando muchas veces las cualidades y la versatilidad de los mismos. El juguete refleja la visión que tiene el adulto del niño al diseñarlo, elaborarlo y comprarlo.
Muchas veces aparecen asociados a las diferencias de sexo y marcan los estereotipos que la sociedad tiene sobre los hombres y las mujeres. Otras reflejan la hostilidad disfrazada con tintes fantásticos, como la transformación de la clásica pistola por las armas tecnológicamente más avanzadas.
La escuela debe hacer una selección de los juguetes que acompañarán al niño tantas horas, sin limitarse a los juguetes llamados educativos. El profesor, tomando un papel activo, puede provocar el interés en los niños para que hagan un análisis en esta selección. Las pautas para elegirlos pueden ser: juguetes para jugar solos o con amigos, juguetes que más utilizan y con los que más juegan, juguetes para jugar a algo concreto que ellos conocen, etc.
La
diversidad de modelos provoca en el niño una fuente indiscriminada de estímulos,
que pierde su interés al obtener el juguete. En muchas ocasiones el conocimiento
que tienen se limita al producto final, privándose de la posibilidad de
elaboración que encerraría en sí unos maravillosos momentos de juego, como la
construcción de una casa de muñecas, unos recortables, una cometa.
La propuesta que la escuela puede realizar consiste en convertir este proceso de construcción de juguetes en motivo de juego. El profesor, conocedor del niño, puede ir creando y generando nuevos juguetes que le ayuden a comprender dos esferas de la realidad: el mundo de los objetos y el mundo simbólico.
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