Las efemérides periodísticas
-en especial si son cumpleaños o cumplenúmeros
redondos- suelen constituir una rara ocasión para cultivar
autocomplacencias un tanto suntuosas o para mirarse impunemente
el ombligo, además de mostrarlo al respetable algo más
de lo debido.
CampusDiario, que empezó como al desgaire,
acaba de cumplir 1.000 días, con sus noches -alguna
de ella más bien aciaga, pues es sabido que las máquinas
se constipan de madrugada- y podríamos decir que ha
entrado ya en un periodo de inquieta preadolescencia. No creemos
que sea un gran mérito nuestro, pero sí conviene
hacerlo notar en un paisaje editorial que arroja unos índices
de mortalidad infantil de publicaciones -impresas o digitales-
realmente alarmantes.
Dicho esto, nos gustaría abandonar
por un momento la rodera de la complacencia y aprovechar el
fausto motivo para hacer un mínimo y necesario ejercicio
de autocrítica y formular, aunque sin solemnidad, algunos
buenos propósitos.
En este tiempo, la realidad de cada campusdiario
se ha quedado muy por debajo de nuestras expectativas y seguramente
también de las de nuestros lectores y usuarios, lo
que sin duda es mucho peor. El molde tecnológico en
el que se asienta el periódico es modesto -pese al
esfuerzo de quienes lo concibieron- y esto nos ha obligado
a ir adaptando nuestras ambiciones iniciales -de interactividad,
personalización, comunidad virtual, etcétera-
a criterios más convencionales.
Como la mayoría de las publicaciones
digitales que hoy pueblan Internet, incluidas las señeras,
no hemos conseguido todavía incorporar al discurso
periodístico universitario de manera plena las facilidades
de participación y de nuevos lenguajes que permite
ya la tecnología de la Red. También en el plano
informativo puede que nos hayamos quedado un poco alicortos
por falta de medios. Pese a la impecable labor -que agradezco
aquí públicamente- de los magníficos
profesionales que ha puesto a nuestra disposición Servimedia
y que se ha traducido en muchos cientos de reportajes y entrevistas,
en miles de noticias y en columnas de opinión, nos
queda la percepción nada confortable de que no hemos
acabado de ahondar en la actualidad universitaria, de que
algunos de los temas se nos han ido casi vivos -como se dice
en la trastienda- y hemos tenido que dejar debates muy importantes
más o menos intactos.
Hoy es momento de cambio y no sólo
de vestir el muñeco. Coincidiendo con los mil días,
estamos preparando un nuevo diario, radicalmente transformado,
que estará en el aire en unas semanas. Del periódico
digital estático intentaremos pasar, gracias a una
tecnología, en este caso sí, muy puntera y a
un riguroso trabajo de investigación por parte de un
grupo de periodistas y expertos, a un modelo de publicación
personalizada y participativa. Pretendemos convertir la redacción
de CampusDiario en un proceso de colaboración real
de periodistas, escritores, profesores y estudiantes, más
allá del núcleo actual de redacción,
que aun así reforzaremos. Vamos a integrar en la elaboración
del periódico un sistema experto -Autonomy- que proporcionará
a los redactores -periodistas y usuarios- herramientas muy
sofisticadas, pero de uso muy simple, para la gestión
de la información. Podrán disponer de opciones
de búsquedas avanzadas, de agentes personales, de recomendaciones
muy certeras de contenidos, noticias o documentación,
pero sobre todo de la posibilidad de crear comunidades informativas
virtuales, vinculando de manera automática a especialistas
que trabajan en los mismos temas relevantes con lectores interesados.
Pero quizá lo más importante,
lo que esperamos que acerque más CampusDiario al ideal
de periódico interactivo del futuro, son las facilidades
de relación entre redactores y lectores, que se amplían
de manera sustancial gracias al uso de varios sistemas avanzados
de comunicación y retroalimentación. Por poner
un ejemplo de algo que está de moda: el periódico
dispondrá de un sistema de weblogs para hacer posible
y muy fácil la participación cualificada de
columnistas o usuarios de a pie.
No pretendemos dar lecciones de nada, ni
inventar paradigmas que muy probablemente están ya
inventados, pero nos gustaría creer que este medio
puede servir al menos como banco de pruebas para estudiantes
y profesores en el uso avanzado de Internet.
Falta pasar las buenas intenciones de las
musas al teatro y en ello estamos. Según reza en su
cabecera, CampusDiario es el primer periódico digital
universitario en España. Suponemos que es poco. CampusDiario
tiene el propósito -ya veremos si fundado- de ser el
primero en todo. O cuando menos de intentarlo.
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