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Algo debe de estar ocurriendo cuando ciertos sectores de
la sociedad se sienten crispados tanto por las posturas intolerantes
de sus oponentes como por los intentos de diálogo y
debate.
Si el ceño adusto de José María Aznar
encorajinaba a sus adversarios, la sonrisa azul de José
Luis Rodríguez Zapatero pone de los nervios a los suyos.
El caso es que no hay modo de que pase una semana sin que
surjan las insidias, se disfracen las evidentes persecuciones,
se jaleen los exabruptos de los asistentes a una manifestación
contra la violencia o se les denigre hasta el hartazgo.
Tal parece que esté surgiendo en sectores encontrados
de la ciudadanía un sentimiento de hallarse dolorosamente
hartos de situaciones en las que como en una coctelera
se mezclan razones ideológicas, religiosas, personales
y sociales con actitudes hormonales que fomentan la intolerancia
y la intransigencia en un proceso semejante a como se genera
y alimenta los sentimientos de rencor y odio.
Como en Portugal y Grecia, en España no existe una
ultraderecha claramente delimitada. Los sociólogos
y los politólogos achacan esta ausencia al hecho de
que los tres países constituyen el furgón de
cola de la Unión Europea anterior a la ampliación,
aunque el evidente incremento del nivel de vida, el asentamiento
masivo de la emigración, la precariedad del empleo
joven y el entrecruzamiento de mensajes de corte integrista
pueden estar creando las condiciones para el anidamiento del
huevo de la serpiente.
Con esta expresión se ha querido señalar el
hecho de que las serpientes no precisan calentar sus nidos
para que eclosionen sus huevos sino que basta con el calor
del humus ambiente para que se forme el serpentario. La metáfora
se ha aplicado a cada proceso en el que la extrema derecha
ha enseñado sus poderes, casos de Haider, en Austria
o Le Pen, en Francia, pero también en Holanda, Bélgica,
Italia o Dinamarca y más recientemente con los brotes
antisemitas de Rusia.
Algunas señales indican que en España puede
estarse incubando el serpentario y será labor de todos
evitar que el proceso de incubación llegue a su término
y que la normalidad regrese sin imposiciones a la vida pública.
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