JIMÉNEZ-AIBAR ASEGURA QUE NO ES UNA SOCIEDAD
TAN HOMOGÉNEA COMO PARECE
El
investigador de la Universidad de Navarra Iván Jiménez-Aybar
ha afirmado que existen asociaciones islámicas "en el 85 por
ciento de las provincias españolas", lo que refleja "un crecimiento
realmente espectacular" del Islam en España durante los últimos
diez años.
Este es uno de los datos que recoge este especialista en su
último libro ‘El Islam en España. Aspectos institucionales
de su estatuto jurídico’, la primera obra que trata de manera
monográfica la integración jurídica y social del Islam.
Una nota de prensa de la Universidad precisa que el autor
destaca también en su obra no sólo este "crecimiento espectacular"
como fenómeno común a distintos estados de la Unión Europea,
sino también el hecho de que "el mundo islámico se nos presenta
habitualmente como un conjunto absolutamente homogéneo basado
sobre todo en una religión y en una cultura comunes, cuando
existen tantos Islam como países musulmanes".
Añade, asimismo, que "no faltan sectores inmovilistas, pero
también hay una vital corriente reformista que está impulsando
profundos cambios en las legislaciones y en los modos de vivir
de varios países islámicos".
No obstante, este investigador recalca que "aún queda mucho
por hacer hasta que podamos asociar los conceptos de Islam,
por un lado, y los de democracia, libertad y garantía de los
derechos humanos, por otro”.
En cuanto a la consideración que el Islam hace a la mujer,
Jiménez-Aybar destaca que "lo que entiende por dignidad de
la mujer e igualdad de sexos no tiene cabida dentro del conjunto
de valores, principios y derechos que conforman nuestro ordenamiento
jurídico y nuestras reglas de convivencia".
Sin embargo, las reformas que están llevando a cabo algunos
países musulmanes como Túnez, Argelia o Marruecos con respecto
a la poligamia o el repudio "hacen entrever un importante
paso adelante y, especialmente, un tímido cambio de mentalidad",
agrega.
Por otro lado, el especialista insiste en que los musulmanes,
especialmente los que residen en Europa, "deben ser capaces
de demostrar que Islam e identidad europea no son conceptos
antagónicos, sino compatibles" y, para ello, "deberán soltar
amarras con sus países de origen y dejar de someterse al control
que éstos ejercen en la práctica y organización de su culto".