"España puede estar incubando
la serpiente de la extrema derecha"
Manuel María Meseguer*
Algo debe de estar ocurriendo cuando ciertos
sectores de la sociedad se sienten crispados tanto por las posturas
intolerantes de sus oponentes como por los intentos de diálogo
y debate.
Si el ceño adusto de José María
Aznar encorajinaba a sus adversarios, la sonrisa azul de José
Luis Rodríguez Zapatero pone de los nervios a los suyos.
El caso es que no hay modo de que pase una semana sin que surjan
las insidias, se disfracen las evidentes persecuciones, se jaleen
los exabruptos de los asistentes a una manifestación contra
la violencia o se les denigre hasta el hartazgo.
Tal parece que esté surgiendo en sectores
encontrados de la ciudadanía un sentimiento de hallarse
dolorosamente hartos de situaciones en las que como
en una coctelera se mezclan razones ideológicas, religiosas,
personales y sociales con actitudes hormonales que fomentan la
intolerancia y la intransigencia en un proceso semejante a como
se genera y alimenta los sentimientos de rencor y odio.
Como en Portugal y Grecia, en España no existe una ultraderecha
claramente delimitada. Los sociólogos y los politólogos
achacan esta ausencia al hecho de que los tres países constituyen
el furgón de cola de la Unión Europea anterior a
la ampliación, aunque el evidente incremento del nivel
de vida, el asentamiento masivo de la emigración, la precariedad
del empleo joven y el entrecruzamiento de mensajes de corte integrista
pueden estar creando las condiciones para el anidamiento del huevo
de la serpiente.