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EDICIÓN Nº 1000

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y realizado por SERVIMEDIA, S.A.



ANDRÉS GARCÍA BENOT
Profesor titular de Derecho Internacional Privado de la Universidad Pablo de Olavide


Mi reino por un móvil

Nos invaden las estadísticas. Algunas, incluso, pueden tener su utilidad, como las dos que los medios han publicado días atrás, las cuales, relacionadas entre sí, nos permitirán una reflexión sorprendente. Practiquemos un acto de fe, ignoremos la sugerencia de Winston Churchill ("las únicas estadísticas en las que creo son aquellas que he manipulado previamente") y démoslas por auténticas.

Primera estadística. Al inicio del curso escolar se ha de afrontar, entre otros gastos, el de las matrículas para los distintos estudios; en el caso específico de los universitarios, un reciente estudio titulado 'Los españoles y la Universidad', elaborado por la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA), informa de que para un 49,7 por ciento de los encuestados el precio de la matrícula para un curso universitario en un centro público es excesivo, cifra que en algunas regiones alcanza el 53,2 por ciento.

Si usted es de los que ignora cuánto se paga por un curso académico en una Universidad pública le conviene saber que en España el precio oscila entre 500 euros (por ejemplo, Licenciatura en Derecho) y 800 euros ( por ejemplo, Licenciatura en Medicina). Una Universidad, por cierto, cuyo grado de calidad el 67,4 por ciento de los mismos encuestados considera que se ha incrementado en la última década, hasta el punto de poderse afirmar con orgullo y seguridad que el nivel del sistema público universitario español resulta equiparable, o incluso superior, al de los restantes socios de la Unión Europea.

Para que tenga usted elementos de comparación a fin de considerar caras o no dichas matrículas, en una Universidad privada española se viene a abonar por curso académico siete veces más que en una pública: según otro informe, elaborado por la Federación de Usuarios-Consumidores Independientes, los gastos medios obligatorios en un centro privado ascienden a 5.650 euros anuales.

Si fijamos la vista en el exterior (ejercicio altamente recomendable que, unido a la lectura, cura el nacionalismo), las diferencias son galácticas: por seguir las clases del ex presidente Aznar, entre otros, los alumnos de la Universidad de Georgetown tienen que pagar 24.000 euros por año. En la Europa comunitaria, los gobernantes han advertido que precios simbólicos como los fijados en nuestro Reino para acceder al sistema universitario público no pueden sostener una mínima estructura de calidad para la formación de las generaciones presentes y futuras, sistema que, además, ha de afrontar a medio plazo el reto de la incorporación al Espacio Europeo de Enseñanza Superior; de ahí que el Viejo Continente esté siendo bañado por una ola generalizada de subida de precios académicos: por aportar dos muestras, en el Reino Unido el Gobierno laborista se descolgó hace unos meses con una polémica subida de las tasas de 1.505 euros a 4.200; en Bélgica, el coste medio de matrícula de 750 euros al año ha sido elevado hasta los 6.000 en centros del prestigio de la Universidad Católica de Lovaina. Segunda estadística.

Otro estudio concierne al gasto medio por consumo de móvil: según un estudio de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones, a finales de 2003 el 74,1 por ciento de los hogares españoles disponía de teléfono celular, siendo el consumo medio mensual por aparato de 19,6 euros (cifra discreta si se compara con estudios como el de Motorola, que estimaba ya en 2001 que el gasto medio mensual por español oscilaba entre los 36 y los 42 euros). Partiendo de un ejemplo corriente, una familia formada por los progenitores y dos hijos en edad universitaria consumiría, aproximadamente, 80 euros de móvil al mes, casi 1.000 al año.

Un análisis de conjunto de ambas estadísticas nos llevaría a concluir que uno de cada dos padres (o madres) de familia españoles, en cuyo seno se gasta al año un millar de euros en facturas de móvil, estima caro pagar la mitad de esa cifra para que su hijo estudie Derecho o Humanidades durante un año académico en una Universidad pública española de calidad. Si usted fuera uno de ellos, ya puede ir avergonzándose; si no lo fuese, es probable que se le haya escapado la expresión que profirió el Conde de Romanones cuando conoció que el resultado de la votación de su ingreso en la Real Academia de la Lengua fue de cero sufragios cuando todos los académicos le habían prometido su apoyo previo: "¡Jo, qué tropa!". Con esta tropa, desde luego, el shakespeariano Ricardo III hubiera cambiado su reino no por un caballo, sino por un móvil.

Europa Sur




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