| Universidad y Empresa,
Empresa y Universidad conforman un binomio institucional que
debe caminar de manera conjunta, con paso acompasado y firme,
más allá de lo meramente protocolario. Cuando
en un área geográfica hay un dinamismo económico
pujante, con total seguridad tendremos detrás, o delante,
o al lado, o como quieran ustedes, una universidad fuerte, diversa
y rica, tanto en alumnado como en profesorado. Son numerosos
los ejemplos tanto en España como fuera, donde nos encontramos
que en zonas altamente desarrolladas, o que se encuentran en
pleno proceso de crecimiento hay un vínculo estrecho
entre ambas instituciones.
La Universidad debe
ser ante todo y por encima de todo un ente vivo, es en la
Universidad donde deben germinar parte de los proyectos que
más adelante se convertirán en realidades empresariales,
es en la Universidad donde se debe fomentar la cooperación,
potenciar la iniciativa y canalizarla, es la Universidad la
que tiene que dar a conocer otras experiencias, más
o menos positivas, porque de todo se aprende. ¿Cómo
puede ser que en un plan de estudios universitario, sea cual
sea la titulación, no se recoja el autoempleo o la
creación de empresas como una asignatura más,
como una salida profesional más?
Actualmente la especialización
se ha convertido en un elemento realmente clave para cualquier
empresa, una herramienta estratégica que le permite
competir con extraordinarias garantías en un mercado
que muestra casi siempre su cara más competitiva. Sobra
decir que la Universidad también requiere de esa especialización,
tendiendo a ser, como su propia etimología nos indica,
una foto en movimiento del universo que nos rodea.
Es necesario profundizar
en acuerdos que tengan como objetivo el desarrollo de ideas.
Resulta obvio que los recursos son imprescindibles, y León
cuenta con ellos, en cantidad y calidad, pero la riqueza se
crea poniéndolos en valor y, ¡por favor!, no
sólo al amparo de subvenciones, procedentes de unas
ubres cada vez más secas. Y es que en ocasiones se
piensa más en la leche, es decir en el dinero que se
va a recibir, que en sus derivados, sus beneficios. Otro capítulo
merecería los organismos surgidos a raíz de
estos fondos, que nos conducen a un nuevo fenómeno,
la sobreinformación, ahora todo se estudia, desayunamos
estadísticas, comemos estadísticas y cenamos
también estadísticas. A los datos se les dan
tantas vueltas, que muchas veces las conclusiones, que se
desprenden de su análisis, llegan a ser hasta contradictorias,
o incluso más complejas que las premisas de partida.
Copiar e innovar pueden
ser dos caminos a seguir, por un lado copiar de aquellos modelos
aplicados con éxito en otros lugares. En sociedades
como la anglosajona las empresas buscan el cobijo de las universidades,
se sitúan en la fuente del conocimiento. Tampoco tenemos
que ir lejos, en España ejemplos como el de Almería
con el mármol, Castellón con la cerámica,
etcétera, nos aleccionan sobre cómo Empresa
y Universidad aúnan esfuerzos en pro de un sector,
de un beneficio común, que al final redunda en beneficio
propio, aprovechando sinergias y conocimientos, pariendo sociedades
y grupos de trabajo cuyo fin puede ser mismamente la promoción
o distribución de unos productos o materiales. El otro
camino es situarse en la vanguardia de la innovación,
innovar es avanzar en todas y cada una de las áreas
de la empresa, desde el proceso fabril, pasando por el diseño
de los productos y alcanzando a la propia gestión.
Un ejemplo en este
sentido sería aprovechar la sólida posición
que León acumula en el ámbito de las Ciencias
Experimentales y de la Salud, donde si existe una continuidad
empresarial con cierto peso, esto constituye una clara posición
de ventaja competitiva.
Y es que en ocasiones
nos obsesionamos con la falta de inversiones sin advertir,
que un euro invertido en León no tiene por qué
generar la misma riqueza que un euro invertido en Valladolid,
Madrid, Zamora o Zaragoza, donde las condiciones de su entorno
son distintas. Por eso se hace más que imprescindible
crear un caldo de cultivo idóneo que permita dar a
esta tierra los frutos que encierra.
León no es
una provincia con tradición empresarial, pero eso no
significa que no se pueda generar. La universidad como forjadora
del conocimiento debe contribuir al mismo, corrigiendo el
desfase entre lo que ella ofrece y lo que el mercado demanda.
El propio profesorado debería tener un contacto más
cercano con la empresa.
Para crear una cultura de empresa,
nuestro primer reto es vencernos a nosotros mismos, porque
a día de hoy León es sencilla y lamentablemente
víctima de su propio victimismo.
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