| Leo en los titulares del
diario El Mundo del pasado 2 de junio: Vallejo anuncia
que no habrá "caficalaciones para todos" en
la investigación. No sé si realmente son palabras
textuales del Consejero de Innovación, Ciencia y Empresa
andaluz, pero me preocupan. No porque no haya "café
para todos", que no sería justo, sino porque nunca
ha habido "café para todos" en el reparto de
fondos de la Secretaría General de Universidades e Investigación
cuando dependía de la Consejería de Educación
y Ciencia y esto podría indicar, espero que no, que el
Consejero no esté bien informado.
En efecto, el poco dinero que ha dedicado
la Junta de Andalucía a la Investigación (menos
que la media de las otras comunidades) se ha distribuido con
unos baremos con los que estar o no de acuerdo, pero que nunca
han dado como resultado un reparto por igual entre los distintos
grupos de investigación, sino que bien o mal, han atendido
a criterios de calidad científica, producción
y captación de recursos externos, lo que ha dado lugar
a subvenciones que oscilan entre cero y varios millones. Por
tanto, no sé a qué viene ahora ese anuncio.
No sé si ustedes también, pero
en los últimos años, yo tengo la sensación
de que la Universidad es tratada como decía aquella
copla "como la falsa moneda, que de mano en mano va y
ninguno se la queda". Hace cuatro años, al Gobierno
Central, entonces en manos del Partido Popular, se le ocurrió
la idea de repartir la Universidad en dos Ministerios: el
de Educación, Ciencia y Deporte por un lado, y el de
Ciencia y Tecriología por otro. No me importan los
cambios, pero me preocupan si no se realizan con suficiente
conocimiento de causa y si son sólo el resultado de
una idea feliz de una mañana luminosa, sin que dicha
idea vaya acompañada de la necesaria maduración
y del estudio de sus consecuencias a corto, medio y largo
plazo. Y para mí, aquello fue un error. Tuvimos una
ministra, Ana Virulés, que sólo hablaba de telefonía
móvil y luego unos ministros "de paso" a
los que, como aquella, nunca les oí hablar de política
científica.
Ahora llega el partido socialista, deshace
aquél encuerto y devuelve toda las actividades universitarias
al Ministerio de Educación. Pero lo preocupante es
que, a nivel andaluz, las competencias de la Secretaría
General de Universidades e Investigación y de la Dirección
General de Universidades, pasan a una nueva Consejería
denominada Innovación, Ciencia y Empresa, dirigida
por el antiguo Consejero de Sanidad. Mi pregunta es ¿está
bien ubicada ahí la Universidad? Ojalá que la
respuesta sea afirmativa, pero de momento me sigo preguntando
si la Universidad no es algo más que innovación,
Ciencia y Empresa. Y tanto vaivén me preocupa. Es cierto
que hay una desconexión entre universidad y sociedad
y que eso hay que corregirlo.
Es cierto que hay que priorizar líneas
de investigación. Pero si ello pasa por disminuir la
escasa partida económica destinada a la investigación
básica, creo que el camino no es el adecuado y para
llegar a la meta no sólo hace falta correr, sino fijar
previamente el rumbo porque podemos correr el riesgo de ir
en dirección equivocada. Como decía Louis Pasteur,
"1as ciencias aplicadas no existen, sólo las aplicaciones
de la ciencia". Hagamos ciencia en la Universidad y ya
la aplicará quién corresponda. A los universitarios
se les debe exigir una buena docencia, una buena investigación
y, en su caso, una buena gestión a pesar de las trabas
que supone una burocracia excesiva. Pero ¿es tarea
de los universitarios resolver los problemas de la industria,
buscar empresas, etc? Si es así, esto habría
que organizarlo de otra forma. Hablando en términos
futbolísticos, no se puede sacar un córner,
rematar de cabeza y aplaudir el gol desde la grada al mismo
tiempo. Abrir rnuchos frentes puede suponer no atender bien
a ninguno.
Queremos y necesitamos oír hablar
de temas como si se va a poner remedio a que España,
y por tanto Andalucía, sea el últime de los
países estudiados por la OCDE en porcentaje de gastos
del PIB en investigación básica (0,15%), si
va a continuar la precariedad de nuestros becarios universitarios,
si se va a definir la carrera científica con una política
de recursos humanos adecuada y un largo etcétera.
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