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JUAN JOSÉ RUIZ
Catedrático de Química Física


¿Investigación básica versus aplicada?

Leo en los titulares del diario El Mundo del pasado 2 de junio: Vallejo anuncia que no habrá "caficalaciones para todos" en la investigación. No sé si realmente son palabras textuales del Consejero de Innovación, Ciencia y Empresa andaluz, pero me preocupan. No porque no haya "café para todos", que no sería justo, sino porque nunca ha habido "café para todos" en el reparto de fondos de la Secretaría General de Universidades e Investigación cuando dependía de la Consejería de Educación y Ciencia y esto podría indicar, espero que no, que el Consejero no esté bien informado.

En efecto, el poco dinero que ha dedicado la Junta de Andalucía a la Investigación (menos que la media de las otras comunidades) se ha distribuido con unos baremos con los que estar o no de acuerdo, pero que nunca han dado como resultado un reparto por igual entre los distintos grupos de investigación, sino que bien o mal, han atendido a criterios de calidad científica, producción y captación de recursos externos, lo que ha dado lugar a subvenciones que oscilan entre cero y varios millones. Por tanto, no sé a qué viene ahora ese anuncio.

No sé si ustedes también, pero en los últimos años, yo tengo la sensación de que la Universidad es tratada como decía aquella copla "como la falsa moneda, que de mano en mano va y ninguno se la queda". Hace cuatro años, al Gobierno Central, entonces en manos del Partido Popular, se le ocurrió la idea de repartir la Universidad en dos Ministerios: el de Educación, Ciencia y Deporte por un lado, y el de Ciencia y Tecriología por otro. No me importan los cambios, pero me preocupan si no se realizan con suficiente conocimiento de causa y si son sólo el resultado de una idea feliz de una mañana luminosa, sin que dicha idea vaya acompañada de la necesaria maduración y del estudio de sus consecuencias a corto, medio y largo plazo. Y para mí, aquello fue un error. Tuvimos una ministra, Ana Virulés, que sólo hablaba de telefonía móvil y luego unos ministros "de paso" a los que, como aquella, nunca les oí hablar de política científica.

Ahora llega el partido socialista, deshace aquél encuerto y devuelve toda las actividades universitarias al Ministerio de Educación. Pero lo preocupante es que, a nivel andaluz, las competencias de la Secretaría General de Universidades e Investigación y de la Dirección General de Universidades, pasan a una nueva Consejería denominada Innovación, Ciencia y Empresa, dirigida por el antiguo Consejero de Sanidad. Mi pregunta es ¿está bien ubicada ahí la Universidad? Ojalá que la respuesta sea afirmativa, pero de momento me sigo preguntando si la Universidad no es algo más que innovación, Ciencia y Empresa. Y tanto vaivén me preocupa. Es cierto que hay una desconexión entre universidad y sociedad y que eso hay que corregirlo.

Es cierto que hay que priorizar líneas de investigación. Pero si ello pasa por disminuir la escasa partida económica destinada a la investigación básica, creo que el camino no es el adecuado y para llegar a la meta no sólo hace falta correr, sino fijar previamente el rumbo porque podemos correr el riesgo de ir en dirección equivocada. Como decía Louis Pasteur, "1as ciencias aplicadas no existen, sólo las aplicaciones de la ciencia". Hagamos ciencia en la Universidad y ya la aplicará quién corresponda. A los universitarios se les debe exigir una buena docencia, una buena investigación y, en su caso, una buena gestión a pesar de las trabas que supone una burocracia excesiva. Pero ¿es tarea de los universitarios resolver los problemas de la industria, buscar empresas, etc? Si es así, esto habría que organizarlo de otra forma. Hablando en términos futbolísticos, no se puede sacar un córner, rematar de cabeza y aplaudir el gol desde la grada al mismo tiempo. Abrir rnuchos frentes puede suponer no atender bien a ninguno.

Queremos y necesitamos oír hablar de temas como si se va a poner remedio a que España, y por tanto Andalucía, sea el últime de los países estudiados por la OCDE en porcentaje de gastos del PIB en investigación básica (0,15%), si va a continuar la precariedad de nuestros becarios universitarios, si se va a definir la carrera científica con una política de recursos humanos adecuada y un largo etcétera.

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