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| UN PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD
DE BARCELONA ES UNO DE LOS MAYORES EXPERTOS DE EUROPA |
Los insectos atrapados en ámbar, una ventana abierta al pasado
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Los
insectos son organismos difíciles de hallar en el registro
fósil. Sólo se conservan en condiciones excepcionales
y por ello los yacimientos con insectos fósiles son
poco abundantes respecto a otros grupos faunísticos.
Para los científicos, estudiar los insectos atrapados
en ámbar es una ventana abierta al pasado para conocer
la evolución, la biodiversidad y la biogeografía de
los ecosistemas en hábitats ya desaparecidos.
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Los yacimientos de insectos fósiles en ámbar en Francia son
tratados ahora en la revista Geología Acta, en el monográfico
‘The ambers of France. Geology and state of the art of their
palaeoentomological content’.
Es una compilación de artículos que presenta especies nuevas
(las más antiguas del mundo) en el registro fósil mundial
del período Cretácico y Cenozoico, reforzando la hipótesis
de un origen mucho más antiguo de lo pensado para algunos
grupos de insectos actuales.
Es un volumen coordinado por Xavier Delclòs del Departamento
de Estratigrafía, Paleontología y Geociencias Marinas de la
Universidad de Barcelona; y André Nel del Museo Nacional de
Historia Natural de París.
En el caso del ámbar, que es una resina fósil de origen vegetal
producida por coníferas y ciertas angiospermas, el cuerpo
del insecto queda recubierto y se deseca. Se forma una inclusión
fósil deshidratada, en tres dimensiones, ideal para preservar
el insecto en condiciones únicas para el estudio de sus estructuras
anatómicas, incluso las partes más blandas. El color, no obstante,
raramente se preserva en insectos fósiles en ámbar.
Uno de los yacimientos más ricos se encuentra en Le Quesnoy
(Oise), donde se han encontrado más de 20.000 insectos en
piezas de ámbar (associado a abundantes restos de vegetales,
artrópodos y fauna de vertebrados).
Son especies nuevas de insectos, que conforman una entomofauna
única del Eoceno (52 millones de años) del oeste de Europa,
en algunos casos muy próxima filogenéticamente a especies
actuales.
Durante el Cretácico y el Cenozoico, los insectos estaban
muy diversificados y como en la actualidad, dominaban los
paleoambientes continentales. Era también el momento de expansión
de la fauna moderna y la dispersión de las plantas angiosperams,
y todo indica que las relaciones ecológicas entre insectos
y vegetales serían muy similares a las actuales.
Muchos de los insectos atrapados en ámbar en Archingeay, en
el sudoeste de Francia, vivían en la superfície del suelo.
La resina, excepcionalmente fluída, resbalaba por las ramas
y el tronco de los árboles hasta atrapar los insectos en contacto
con el suelo.
De esta manera se ha preservado en el tiempo un perfil ecológico
que es único en todo el planeta: el de los artrópodos que
cubrían el suelo en el bosque subtropical en el Cretácico
inferior (98 millones de años). Son fósiles de gran interés
científico, que sugieren nuevas hipótesis sobre distribución
de la fauna y relaciones filogenéticas, con importantes implicaciones
sobre el conocimiento biogeográfico y paleoclimático (cambio
climático, etc) del oeste del continente europeo.
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Para los científicos, estudiar los insectos
atrapados en ámbar es una ventana abierta al pasado para conocer
la evolución, la biodiversidad y la biogeografía de los ecosistemas
en hábitats ya desaparecidos.
En el caso del ámbar el cuerpo del insecto queda recubierto y se
deseca. Ideal para preservarlo en condiciones únicas para el estudio
de sus estructuras anatómicas, incluso las partes más blandas.
Uno de los yacimientos más ricos se encuentra en Le Quesnoy (Oise),
donde se han encontrado más de 20.000 insectos en piezas de ámbar
(associado a abundantes restos de vegetales, artrópodos y fauna
de vertebrados).
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