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FERNANDO RUEDA
Profesor de Periodismo de Investigación en la Universidad San Pablo-CEU y autor del libro 'Operaciones secretas'


“Los servicios secretos no pueden ser herramientas en manos de los presidentes”

Jordi Bascuñana

Fernando Rueda, profesor de Periodismo de Investigación en la Universidad San Pablo-CEU y jefe de redacción del semanario Tiempo, es uno de los mayores expertos en España en el mundo del espionaje y los servicios de información. Acaba de publicar ‘Operaciones secretas’ (La Esfera de los Libros), su tercer libro dedicado a esta materia, donde denuncia que estos grupos de élite no deberían ser controlados por los presidentes de gobierno, ya que en muchas ocasiones actúan de forma ilegal. En una entrevista con CAMPUS DIARIO afirma además que, “excepto en lo del ligue, los espías de verdad son como los de las películas”.

En su libro denuncia que los servicios de inteligencia se extralimitan en sus acciones, ¿es esta libertad la raíz de su eficacia?

Sí, pero el problema radica en que muchas veces estas acciones son ilegítimas. Los servicios secretos tienen su razón de ser en el hecho de que deben afrontar misiones que no pueden llevar a cabo las fuerzas de seguridad del Estado, pero para llevar a cabo estas acciones debería articularse algún sistema de control mejor que los existentes hasta ahora. No puede ser que, tal como explico en el libro, un presidente tan prestigioso como Mitterrand pusiera micrófonos en el Palacio del Eliseo y no pasara nada. No pueden ser herramientas en manos de los presidentes. Es evidente que la mayoría de acciones que realizan están al margen de la legalidad, pero eso es lógico si están controlados de una forma racional.

¿Es, por tanto, correcto afirmar que el mundo del espionaje se rige por los principios de Maquiavelo?

Evidentemente. Se trata de conocer lo que va a hacer el enemigo o incluso el amigo, y todo vale. Siempre ha sido así y no puede ser de otra manera.

¿Sigue siendo el trabajo de los espías tan crucial como era durante el periodo de la Guerra Fría?

Cuando cayó el telón se dijo que se iban a reducir los servicios secretos, pero la verdad es que nadie lo ha hecho. Han seguido creciendo tanto en personal como en dinero. Han cambiado las amenazas. Ahora se centran en el narcotráfico, los delitos económicos, etcétera.

¿Qué hubiera pasado en la II Guerra Mundial si las potencias implicadas no hubieran contado con el espionaje?

Se piensa que la guerra la resuelve la gente que está pegando tiros cuando la realidad es que quienes determinan las batallas son siempre los espías. Durante la II Guerra Mundial todas las acciones se desarrollaron lejos de los centros de mando y las instrucciones debían mandarse por radio. En todo momento quien tenía la capacidad de controlar las transmisiones de información era quien dominaba el combate. El declive alemán comenzó cuando los ingleses descifraron sus mensajes y a partir de ese momento la guerra cambió. Hay un principio elemental: quien tiene la información tiene el poder.

Actualmente, ¿qué países cuentan con servicios de inteligencia más avanzados?

Estados Unidos sigue teniendo aún los servicios secretos más poderosos. Por detrás encontramos el Mossad, los servicios secretos israelíes, que siempre han tenido los espías mejor preparados para la infiltración. Por su parte los estadounidenses han sido siempre los reyes de la tecnología y de las operaciones sucias.

En obras anteriores analizó el funcionamiento del CESID, ¿qué dificultades encontró?

Hay una cosa clara: escribir sobre el CESID es introducirse en secretos de Estado. La verdad es que cuando hice mi primer libro me podían haber acusado de multitud de delitos contra la Ley de Secretos Oficiales y no lo hicieron. Su trabajo es que no se sepa nada de ellos y mi función como periodista es contar todo aquello que el ciudadano tiene derecho a conocer. Por todo ello es lógico que no encuentre ningún tipo de ayuda.

Están muy lejos los espías de verdad de los que aparecen en las películas?

Excepto en lo del ligue y en lo de los medios que tienen a su disposición, el resto es exactamente igual. Un espía es una persona que tiene que infiltrarse, que tiene que tratar con narcotraficantes y asesinos para obtener información. Si le quitas todo el adorno de los coches y los hoteles de cinco estrellas la vida de un espía es como la que aparece en las películas.

¿Dónde buscan los servicios secretos a los nuevos espías?

Muchas veces los que llegan a convertirse en espías son gente joven, que un día en la Universidad ven en un panel un anuncio donde se dice que el Ministerio de Defensa busca analistas de información. Normalmente intentan captar licenciados en Geografía e Historia, Políticas, Derecho o Económicas. Les hacen una serie de pruebas y sólo cuando ya las han superado y han investigado sus vidas para saber si son aconsejables para formar parte de un servicio secreto se les dice que, si quieren pueden, trabajar como espías. La mayoría de la gente del CESID entra de esta manera, pero la élite procede de los cuerpos especiales de la Guardia Civil.

¿Ha cambiado mucho el trabajo de los servicios secretos con las nuevas tecnologías?

No, en lo esencial nada. Lo que pasa es que ahora también ponen carteles en las facultades de Informática.

Es correcto afirmar, dos años después de todo aquello, que la CIA no actuó con eficacia para evitar los acontecimientos del 11-S?

Es evidente que se equivocó. No hizo bien su trabajo. Los medios electrónicos no lo son todo. La CIA debía haber metido topos en todos los grupos árabes y no lo hizo. Pero, una vez visto que tenían bastante información, me resulta difícil comprender como no hicieron nada para evitarlo.

¿Pudo haber exceso de confianza?

No lo sé. La verdad es que empiezo a pensar que pudo haber intereses ocultos que no quisieron que esa información que se tenía fuera tomada en serio. Había muchas pistas y no se siguieron.

EL QUIOSCO
Acuerdo entre la UPV e Ibermática para fomentar
el uso de las tecnologías


La Universidad del País Vasco e Ibermática firmaron la semana pasada un acuerdo de colaboración para desarrollar iniciativas orientadas a fomentar el uso de las nuevas tecnologías en los ámbitos de la formación, la docencia y la investigación. El acuerdo fue suscrito en Leioa por el rector de la UPV/EHU, Manuel Montero, y el presidente de Ibermática, José Luis Larrea, y con la firma del mismo se pretende estrechar los lazos de colaboración existentes entre ambas organizaciones.
DEIA




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