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PILAR GARCÍA MOUTON
Doctora en Filología Románica y profesora de Investigación del CSIC


"Las mujeres están entrenadas desde
pequeñas para hablar de sus sentimientos"

Pilar García Mouton Manuel Tapia

¿Es un tópico afirmar que los hombres son poco comunicativos y que las mujeres son mucho más expresivas al hablar? ¿Utilizan ambos sexos por igual todos los recursos léxicos? Las respuestas a estas preguntas las podemos encontrar en 'Así hablan las mujeres? (La Esfera de los Libros), de Pilar García Mouton.

Esta doctora en Filología Románica y profesora de Investigación del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) recoge en la obra numerosos ejemplos prácticos en los que analiza, con rigor pero también con humor, las curiosidades y peculiaridades del uso femenino del lenguaje.

En una entrevista con CAMPUS DIARIO, García Mouton destaca que las
mujeres "están entrenadas desde pequeñas para hablar de sus problemas, de sus sentimientos", mientras que a los hombres no se les enseña a hacerlo, "más bien se les reprime en ese sentido".


Apunta Álex Grijelmo en el prólogo del libro un interesante dilema: "¿Deben las mujeres alterar su lenguaje propio para parecerse a los hombres y recibir atributos reservados a ellos, o es mejor que mantengan su verbalidad emotiva y que esto deje de suponer algún día una percepción de inferioridad? Mójese. ¿Qué prefiere usted?

Yo creo que las mujeres no tienen por qué copiar la forma de hablar
de los hombres, pero les puede venir bien reflexionar sobre su forma
de hablar y saber acentuar o atenuar sus rasgos más femeninos según las circunstancias.

En su libro, usted recoge pasajes de una entrevista radiofónica que le
hicieron hace algún tiempo a Ana Botella. ¿Tienen las mujeres que
participan en la política una forma especial de hablar, o en eso no se diferencian de sus compañeros de escaño?

Sería bueno que las mujeres que hacen política aprovecharan los
rasgos positivos del lenguaje femenino. Desgraciadamente, en general
sus asesores no han sabido ver hasta ahora lo positivo de su lenguaje
y las hacen adoptar un discurso duro, pretendidamente enérgico, casi
un calco del de los políticos varones.

Vicente Verdú dice que las mujeres, al hablar, te aburren con los
detalles y tienes que esperar al final para saber la noticia. Gustavo
Martín Garzo, por el contrario, confiesa que le encanta esa forma femenina de contar. ¿A quién da usted la razón?

Sí, eso escribió Vicente Verdú en una ocasión, escuchando a la
mujer, en negativo, desde los esquemas del discurso masculino, mucho más directo. Sin embargo, el discurso femenino tiene ventajas, si se considera desde un enfoque positivo, como en el caso de Martín Garzo, por su expresividad y su facilidad para la narración. Todo depende de cómo se escuche a la mujer. Lo que sí es cierto es que los hombres no suelen saber narrar de esa manera y por eso les sorprende -y a veces les incomoda- esa forma de hablar de las mujeres.

¿Por qué a los hombres, en general, les atemoriza hablar de sus
sentimientos y emociones?


Pienso que no es un problema de miedo, sino de educación. Las
mujeres están "entrenadas" desde pequeñas para hablar de sus
problemas, de sus sentimientos; a los hombres no se les enseña a
hacerlo, más bien se les reprime en ese sentido. Decía Rojas Marcos
que nunca han aprendido a hablar de esas cosas con su padre, ni con
sus hermanos, y luego les cuesta hacerlo.

También señala en su libro que el hombre puede instalarse perfectamente en el silencio sin que tenga ningún problema. ¿Es un problema genético, de incapacidad o simplemente es una cuestión de comodidad?

Desde pequeños a los hombres se les educa para hablar en público,
pero no especialmente para hacerlo en privado. A las niñas, en
cambio, se las educa para que no hablen demasiado en público, pero se les permite hablar en privado. Eso hace que de mayores los hombres hablen más fuera de casa y menos dentro de ella, mientras que las mujeres suelen hablar más y más a gusto en un ambiente conocido o familiar. Para los hombres no hablar en la intimidad puede ser un signo de comodidad y un estado satisfactorio; pero, si una mujer no habla en la intimidad, lo más probable es que esté molesta o enfadada.

La sociedad quiere que la mujer hable con suavidad y expresividad. Es una afirmación suya. ¿Conoce a muchos hombres que hablen así?

Pues sí que conozco a algunos, aunque nunca pueden llegar a utilizar
todos los recursos de los que disponen las mujeres en ese sentido,
porque se les podría acusar de afeminados. De todas maneras, la
sociedad está cambiando y hoy están de moda los hombres "femeninos" y se empiezan a valorar en el hombre esas cualidades.

¿En qué ámbitos existe una mayor igualdad o equilibrio respecto al
lenguaje que utilizan hombres y mujeres?

Quizá en el mundo laboral o profesional. Lo cierto es que, aunque
cada vez se eduquen de forma más parecida, siempre hay ligeros rasgos que los diferencian, porque el lenguaje es, en cierto modo, como el vestido.

¿Quién maneja mejor los eufemismos, el hombre o la mujer?

La mujer ha sido educada durante siglos en el uso del eufemismo y
sabe recurrir a giros o sugerir antes que nombrar algo desagradable.
De todas formas, al ser el eufemismo una característica del lenguaje
más educado, más cortés, también los hombres muy educados saben
sacarle partido.

¿Dónde habría llegado María Moliner si hubiera sido un hombre?

Sin duda, a la Real Academia Española. De todas formas, María
Moliner se ganó el respeto de una sociedad poco dada entonces a
reconocer los méritos de una mujer en una obra como la suya.

Cite algún ejemplo clamoroso de lenguaje sexista difícil de desterrar
y que haya calado en la sociedad.

Por ejemplo, la costumbre de llamar a las mujeres por su nombre
propio y en diminutivo en ambientes profesionales, donde a los
hombres se les suele llamar por el nombre o por el apellido. Esa
forma diminutiva, bajo una apariencia afectuosa, contribuiría a
mantener a la mujer en un estado preadulto de por vida.

 

 


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