Más
de 1.500 investigadores españoles han suscrito un documento,
denominado ‘Manifiesto por la Ciencia’, en el que denuncian
la preocupante situación de los científicos españoles, provocada
por la “indefinición política" en esta materia, y demandan
que la ciencia se convierta en una "cuestión de Estado".
En el documento, que sigue abierto a más firmas, los investigadores,
además de subrayar la disminución real de recursos dedicados
a I+D, denuncian "la falta de ideas en cuanto a la planificación
de la investigación, la inexistencia de un criterio para investigar
en temas candentes y la gestión ineficiente y opaca con que
el Ministerio de Ciencia y Tecnología administra los escasos
recursos".
El manifiesto ofrece como ejemplos "de esta inoperancia los
plazos para adjudicación de becas y proyectos, el sistemático
recorte en las dotaciones de los proyectos de investigación
y el absurdo retraso en su percepción, la ineficacia de nuestras
administraciones en la elaboración del VI Programa Marco de
la UE y el futuro indeterminado de los investigadores del
Programa Ramón y Cajal".
Los científicos también resaltan que "parte de los presupuestos
destinados a I+D se financian con fondos Feder (de la UE),
que se extinguirán a partir de 2006". "Estos presupuestos
inhabilitan a la ciencia española para competir en el espacio
de investigación europeo", afirman.
El ‘Manifiesto por la ciencia’ (www.icmm.csic.es/manifiesto/)
empezó a fraguarse en enero en el claustro del Instituto de
Ciencia de Materiales del Consejo Superior de Investigaciones
Científicas (CSIC) y se concibe "como un diagnóstico de la
situación de la investigación en España, lo que el científico
está viviendo, lo que pasa día a día en el desarrollo de su
labor", comenta Pedro Serena, investigador de dicho instituto.
"Este documento es fruto de la situación de frustración que
se ha generado, porque la idea de la creación del Ministerio
de Ciencia y Tecnología creó muchas expectativas que se han
venido abajo", explica Serena
Los firmantes demandan el tratamiento de la ciencia como una
"cuestión de Estado”, lo que debería comportar "el consenso
parlamentario necesario para organizar y llevar a cabo la
política científica a medio y largo plazo, sin las ambigüedades
propias de los vaivenes políticos".