Fue en un pub de la localidad británica
de Cambridge, 'The Eagles', donde hace ahora unos cincuenta
años, dos científicos de un laboratorio cercano anunciaron
haber descubierto el secreto de la vida. Se llamaban
Francis Crick y James Watson y lo que habían conseguido
era revelar la estructura del ADN.
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Este descubrimiento, que causó una verdadera revolución en
el mundo de la biología, fue anunciado en 1953, pero había
empezado unos años atrás. En 1951, Watson, que entonces tenía
23 años, había decidido abandonar su trabajo en un laboratorio
danés para instalarse en Cambridge, Gran Bretaña. Allí se
encontró con Crick, un físico de 35 años que estudiaba la
estructura de las proteínas y que aceptó compartir la aventura
de determinar la estructura del ADN antes que Linus Pauling,
del Instituto de Tecnología de California, EEUU.
En aquel momento no existían potentes ordenadores
para calcular y visualizar la estructura de grandes moléculas
como la del ácido desoxirribonucleico. A principios de los
50, la tecnología disponible era la difracción de rayos X,
algo así como una radiografía, y la imaginación.
Con estos dos componentes en la mano, Watson
y Crick se lanzaron a la tarea. Ya se sabía que el ADN estaba
constituido por cuatro especies moleculares más simples, las
bases nitrogenadas. A falta de medios más sofisticados, los
jóvenes científicos tomaron trozos de cartón, de metal y varillas
y comenzaron a probar las mil y una maneras de dar forma al
ácido nucleico.
Paralelamente, en otro centro de investigación,
el King's College en Londres, una mujer consagraba su trabajo
a radiografiar la deseada molécula. Una de las fotografías
obtenidas por Rosalind Franklin fue la que proporcionó la
prueba definitiva de que el material genético forma una doble
hélice.
Sin embargo, la importante aportación de
Franklin ha quedado empañada y sin reconocimiento debido a
una truculenta historia de 'robos' y descalificaciones. Los
datos generados por esta científica llegaron a manos de Watson
y Crick sin el conocimiento de su autora.
Además, su nombre no llegó a figurar entre
los firmantes de la publicación que recibió el premio Nobel.
A pesar de que los dos investigadores aseguran que Rosalind
nunca expresó resentimiento ni se sintió robada, muchos opinan
que este episodio simboliza los ataques y abusos que las mujeres
de ciencia tienen que sufrir por parte de sus compañeros masculinos.
Con un cierto toque de película de intriga
y no sin dificultades en sus relaciones personales, Watson
y Crick no se equivocaron cuando anunciaron en el pub que
habían encontrado el secreto de la vida. Ambos aseguran que
eran conscientes de la trascendencia de su descubrimiento,
aunque no podían prever que la secuenciación del genoma de
diferentes especies se hiciera tan rápido. Finalmente, los
resultados de su trabajo fueron presentados a la comunidad
científica en Nature el día 25 de abril de 1953.
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