"Todos piensan que cuando los síntomas
están controlados pueden terminar el tratamiento", dijo uno
de los investigadores, el doctor David Kupfer, quien agregó
que ,al parecer, la gente que necesita los medicamentos para
mejorar también los necesita para mantenerse bien.
Los investigadores basaron su estudio
en una revisión minuciosa que resultó de combinar los datos
de 31 estudios realizados durante los últimos 30 años. De
su análisis se obtuvo que los pacientes que siguieron tomando
sus antidepresivos presentaron la mitad de probabilidad de
padecer recaídas depresivas que quienes dejaron de tomarlos.
En total, los estudios se realizaron
a 4.410 pacientes que estuvieron en observación durante un
año, extendiendo el plazo, en algunos casos, a tres años.
Todos ellos eran personas que habían tenido buen resultado
con terapia antidepresiva de corto plazo y luego les asignaron
al azar una continuación del tratamiento con fármacos o placebo.
Además, se examinó una vasta gama de
antidepresivos. Sólo el 18% de los que mantuvieron los fármacos
tuvieron recaídas durante el período estudiado, en comparación
con el 41% de los que terminaron con su tratamiento.
Los resultados fueron consistentes
independientemente de los antidepresivos utilizados y por
ello Kupfer, director de Psiquiatría en el Centro Médico de
la universidad de Pittsburg, considera que “hay que pensar
en esto como una enfermedad crónica recurrente y tratarla
del mismo modo que se encara la hipertensión o el asma crónica”.
Las cifras de la Organización Mundial
de la Salud (OMS) indican que la depresión es la cuarta causa
mayor de agobio por enfermedad y pronostican que, en poco
tiempo, será la segunda causa principal de inhabilitación
en el mundo, sólo superada por las patología cardiacas. Claro
que esto será así sino se progresa en la prevención, el diagnóstico
y el tratamiento de la depresión. De acuerdo con los cálculos
de la OMS, hay 340 millones de personas en el mundo que la
padecen.