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Manuel Tapia
Confiesa que lleva con deportividad
la etiqueta de intelectual del fútbol que hace tiempo
le colgaron y que desde los despachos también disfruta
de este deporte intelectual y emocionalmente. Jorge Valdano,
director general deportivo del Real Madrid, ha publicado recientemente
'El miedo escénico y otras hierbas' (Aguilar), libro
que recopila sus mejores artículos periodísticos
y narrativos de los últimos años. En
una entrevista con CAMPUS DIARIO, el ex futbolista argentino
subraya que no hay universidad ni libro que sirva para enseñar
a jugar al fútbol y que el barrio es la mejor cantera
para futuros ases del balón. "El fútbol",
asegura Valdano, "tiene algo de lucha por la vida y eso
se aprende mejor en la calle que en cualquier universidad".
¿Nada como la universidad de la calle, del barrio, para
graduarse en el mundo del fútbol?
El fútbol tiene algo de lucha por la
vida y eso se aprende mejor en la calle que en cualquier universidad.
¿Se imagina el fútbol como licenciatura
universitaria?
No hay universidad ni libro que enseñe
a jugar al fútbol. Sin embargo, entendido el fútbol como fenómeno
social, como parte importante de la industria del ocio, o
como "deshollinador" psicológico, tiene contenido suficiente
para llevarlo a la universidad.
Usted confiesa en su último
libro que, con el tiempo, el fútbol se le ha ido contaminando
de seriedad. Visto desde los despachos ¿cómo es el fútbol?
¿qué encantos tiene?
Jugar es volver a la infancia, sentirse
libre, pero cuando uno lleva el juego al profesionalismo hay
demasiados intereses como para que el fútbol no se contamine
"de seriedad". Desde el despacho no se disfruta en cuerpo
y alma (como cuando se juega), pero sí intelectual y emocionalmente.
Cuando culminó el largo y complicado
fichaje de Ronaldo usted afirmó que el tramo final de las
negociaciones fue como superar un Máster en Economía. ¿Imprimen
carácter las 'aulas' del Real Madrid? ¿Quedó probada la excelencia
académica merengue en el fichaje del crack brasileño?
No. Fue una negociación interesante
porque había muchas partes involucradas, muchos intereses
encontrados, muchas situaciones cambiantes y muchos periodistas
mirando y opinando.
También habla en el libro de que
se hizo entrenador para estar lo más cerca posible del campo.
¿Por qué duro tan poco tiempo en el banquillo? ¿Por qué cambió
las canchas por los despachos?
Desde el banquillo veía el campo de
cerca, pero no me daban permiso para entrar. Fue interesante
porque me permitió completar mi aprendizaje como hombre de
fútbol. Desde mi actual situación tengo menos contacto con
el juego, pero más influencia sobre el club. Este lugar le
da sentido a todas mis actividades anteriores: jugador, comentarista,
entrenador, aficionado...
¿Cómo
hace ahora para quitarse de encima a tanto adulador?
Desprecio a los aduladores y a esta
hora los descubro antes de que abran la boca. Me gustan los
colaboradores inteligentes y críticos.
¿Está cansado de que le consideren
un intelectual del fútbol?
Me tocó ese papel y lo llevo con deportividad.
A mí, para insultarme, me han llamado intelectual, poeta,
filósofo... No me puedo quejar. Ni elogiándome me han tratado
tan bien. En todo caso, en broma o en serio, lo de intelectual
es una exageración, y hay que reconocer que los periodistas
se sienten cómodos exagerando.
Haga balance del Centenario del
Real Madrid. ¿Puede que tanto fasto y homenaje haya contribuido
a acrecentar el sentimiento antimadridista?
Se tiende a confundir las acciones
llevadas a cabo por el Real Madrid con las acciones llevadas
a cabo por las empresas periodísticas: las monedas de Marca,
la enciclopedia de As, la colección de periódicos de
El Mundo... Todo esto ha acrecentado, en contra de
nuestra voluntad, la sensación de protagonismo.
¿Qué es ser madridista?
Sentirse identificado con una serie
de valores que en lo institucional está personificado
en la figura legendaria de Santiago Bernabéu: disciplina,
sobriedad, señorío, honradez... Y en lo deportivo en la figura,
también emblemática, de Alfredo Di Stéfano: espíritu de lucha,
sentido colectivo, resistencia a la derrota. En fin, un conjunto
de creencias que están en la memoria colectiva y que hacen
al Real Madrid distinto a todos: Ni mejor ni peor. Distinto.
¿Le sirven sus colaboraciones en
Prensa para plantear reflexiones y críticas que difícilmente
podría formular desde su puesto de directivo?
No compatibilizo mi condición de directivo
con colaboraciones periodísticas. Desde que soy Director General
Deportivo no he escrito ni una sola línea.
Sus artículos periodísticos destilan
un gran amor por el fútbol y muestran una visión romántica
de este deporte. ¿Sobrevivirá el fútbol al mercantilismo?
El fútbol tiene algo de mala hierba,
sobrevive a todo. A mí me gusta que al fútbol no se
lo mutile. Creo que un campo de fútbol es un buen lugar para
demostrar inteligencia táctica, pero también imaginación,
responsabilidad, valentía, espíritu aventurero... Eso no es
romanticismo, sino el deseo de alcanzar un modo de plenitud
jugando. Por eso no soporto a los entrenadores que limitan
desde la pizarra las infinitas posibilidades del fútbol.
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