De esta manera, son los machos de
la ballena rorcual (Balaneopthera physalus), la segunda más
grande del mundo tras la ballena azul, los que emiten el sonido
más poderoso de toda la naturaleza, los cantos graves,
de acuerdo con el estudio que ha sido publicado en la revista
'Nature'.
Estas vocalizaciones de baja frecuencia son las que representan,
de acuerdo con Donald Croll, oceanógrafo de la Universidad
de California en Santa Cruz, los sonidos más intensos
generados por un organismo vivo, y transmiten el mensaje de
apareamiento a las hembras de rorcual a través del
agua.
El equipo de Croll ha combinado técnicas especiales
de acústica y de análisis molecular para determinar
quienes originaban estos cantos, cuya frecuencia de graves
oscila entre los 15 y 30 megaherzios y que a veces alcanzan
intensidades de entre 184 y 186 decibelios.
Esta intensidad de sonido es incluso mayor que las que se
aprecia si se acercara el oído humano a la tobera de
los motores a reacción de los grandes aviones en los
aeropuertos, (160 decibelios), el ruido que producen los martillos
neumáticos (130 decibelios), o los conciertos de rock
(140 decibelios).
Hasta ahora, se sabía que los rorcuales, cuyos adultos
llegan a alcanzar los 25 metros de longitud, producían
estos sonidos tan graves que pueden ser detectados en todos
los océanos, pero se desconocía si eran los
machos o las hembras quienes los generaban.
El equipo de Croll utilizó un complejo equipo de acústica
que incorporaba hidrófonos a lo largo de una línea
de 120 metros de longitud para estudiar en detalle estos cantos.
Los expertos colocaron los instrumentos en la bahía
de Loreto, en el Golfo de California, México, y con
ellos lograron asociar cada canto a una ballena rorcual en
concreto, de forma que las vocalizaciones funcionaban como
carnés de identidad para diferenciar un individuo de
otro.
El siguiente paso resultó más complejo, ya que
se realizaron biopsias de cada ballena a lo largo de un viaje
de rastreo para estimar con seguridad cuál era el sexo
al que pertenecían. Croll descubrió que los
machos eran sólo los que cantaban, y explica en 'Nature'
que la dicotomía sexual de este comportamiento apunta
a que se trata de llamadas de apareamiento.
Al igual que la ballena azul, el descubrimiento explicaría
la razón por la que los rorcuales no se reúnen
en áreas específicas para el apareamiento, como
ocurre con otras ballenas emparentadas. Los sonidos tan graves
son los que viajan con más efectividad a distancias
largas y también en aguas profundas.
Croll añade que el hallazgo aumenta la preocupación
por la contaminación acústica que los humanos
producen en las aguas. Los sonidos emitidos por los sonares
alcanzan los 190 decibelios y son cada vez más frecuentes
desde los años sesenta. Esta contaminación puede
afectar seriamente a las comunicaciones de los rorcuales para
aparearse, y por tanto, también a la supervivencia
a largo plazo de este magnífico mamífero.