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ENRIQUE BUSTAMANTE
Profesor de Comunicación Audiovisual
y coordinador de la revista TELOS


"Se impone una visión cada vez más interdisciplinar y humanística de las tecnologías"

Enrique Bustamante Luis Zaragoza

Fundación Telefónica ha relanzado la revista TELOS. CUADERNOS DE COMUNICACIÓN, TECNOLOGÍA Y SOCIEDAD. Una revista que fue pionera, hace 17 años, en el análisis e investigación sobre la convergencia de los medios de comunicación, las nuevas tecnologías y las redes informáticas. Hoy, TELOS reaparece en edición impresa y digital (en la dirección www.campusred.net/telos). Su coordinador, Enrique Bustamante, profesor de Comunicación Audiovisual de la Universidad Complutense de Madrid (Facultad de Ciencias de la Información) nos habla de la trayectoria de la revista y de los retos que afronta en esta nueva etapa.

¿Qué es la revista TELOS?

TELOS surgió en 1985 con un carácter bastante pionero en Europa. Era pionera porque se planteaba como elemento central estudiar la convergencia multimedia. En 1985, la convergencia multimedia era la telemática, el videotext, el teletexto, la videoconferencia... Pero ya dedicamos números a la televisión por satélite en España o a la televisión por cable. La revista cumplió un papel importante en varios puntos, y nuestros objetivos iniciales son hoy todavía más importantes que hace 17 años.

¿Cuáles eran esos objetivos?

Primero, vincular la investigación y la experiencia del mundo de la comunicación y la cultura con el mundo de la tecnología y la economía, es decir, plantearnos una visión realista, pero al mismo tiempo humanista, de las nuevas tecnologías de la comunicación, y romper el bloqueo o las barreras habituales que hay entre tecnólogos, economístas y científicos sociales. Una versión de eso era vincular también la idea creativa, artística, a todo el campo de las nuevas tecnologías, y de ahí la importancia que siempre ha tenido en TELOS el dibujo, el diseño, la aportación de artistas gráficos... De hecho, TELOS llegó a acumular una obra de más de 300 cuadros de prácticamente casi todos los pintores importantes españoles de las últimas vanguardias, y se llegó a reunir una colección impresionante de Saura, Gordillo, Tapies, el equipo Crónica, etcétera. Otro objetivo clave era vincular el mundo español, y la experiencia española europea, con la experiencia latinoamericana. Dedicamos varios números monográficos a la investigación en América Latina en una época en la que incluso había muy poca conexión entre las experiencias de Chile, por ejemplo, y las de Perú, México o Brasil. El tercer elemento era plantearnos una visión realista de las tecnologías de la comunicación. Una visión que fuera experimental, que tuviera en cuenta a los profesionales de la comunicación, que no sólo diera la visión de los investigadores en los laboratorios, y que se mantuviera distante tanto de una visión utópica y profética como de una visión de rechazo sistemático de las tecnologías. Queríamos dar una visión muy realista, que analizara las ventajas y desventajas de las nuevas tecnologías, y en este campo había secciones de experiencias -donde se estudiaban las experiencias más avanzadas de Estados Unidos, Canadá, Europa, América Latina...-, porque el intercambio de experiencias era un elemento clave.

¿Hasta qué punto siguen hoy vigentes esos objetivos iniciales?

Esos retos u objetivos se mantienen hoy mucho más importantes que nunca. Entonces decíamos que la comunicación y la cultura eran una parte importante de la sociedad de la información; ahora vemos que es la parte más importante, incluso en términos de crecimiento económico, de empleo y de identidad cultural. Hoy más que nunca es necesaria la coordinación con América Latina y Europa, porque en estos años hemos aprendido que ningún país va a poder ser autónomo ni sobrevivir sólo con su industria o con su sector cultural o comunicativo si no somos capaces de coordinarnos, de cooperar, de exportar... Por tanto, el mundo de América Latina es hoy para TELOS mucho más importante. De hecho, tenemos una red de editores asociados y corresponsales que cubre toda América Latina. Queremos dedicar mucha atención a las noticias de Brasil integrando también el mercado brasileño, y, por tanto, trabajando también en portugués. Y en general concebimos el espacio iberoamericano como un espacio vital de futuro para la cultura y la comunicación españolas. Al mismo tiempo, tenemos una red muy seria de investigadores en Europa que alimente la revista con experiencias e ivnestigaciones. Tenemos también corresponsales en Estados Unidos, Canadá, Australia..., antenas que nos avisen de temas que surjan y de experiencias. Y el núcleo central siempre es la convergencia multimedia y sus repercusiones en el campo económico, cultural, social, político y democrático.

¿Con qué colaboradores principales cuenta la revista?

La base de TELOS fue siempre el Consejo de Redacción. Tenemos un Consejo de Redacción de más de veinte personas, donde hay una representación de todas las especialidades que confluyen en nuestro campo de estudio. Hay ingenieros de telecomunicaciones, catedráticos de informática, economistas, sociólogos, comunicólogos... Prácticamente está todo el abanico tanto disciplinar como de opiniones o de perspectivas ideológicas. Ese Consejo es fundamental, porque es quien valora y garantiza la calidad de cada artículo, de forma que ningún artículo es publicado si no tiene una criba de calidad de los miembros del Consejo y de los editores asociados a nivel internacional. En cuanto a los colaboradores, cuando suspendió la edición en 1997, TELOS tenía en torno a 1500 colaboradores de todo el mundo. Tenemos una reserva de colaboradores donde están los investigadores más conocidos y más importantes de todo el mundo desarrollado. Trabajamos mucho con profesionales de la comunicación, con periodistas de muchos países. Hay una plantilla de lujo, tanto de colaboradores como de editores asociados.

¿Qué supone esta segunda etapa de TELOS en relación con la primera?

Primero, habría que destacar que hoy el papel de TELOS es mucho más importante que en 1985, porque hemos comprobado que la sociedad de la información no es una entelequia, sino que está viniendo -y de forma acelerada- a todos los campos de la vida. En segundo lugar, la cooperación con América Latina no es ya una cuestión sentimental, sino vital. La única forma de que sobreviva la cultura y la comunicación española es conectándose estrechamente con América Latina. Si no, en una era digital, de segmentación de los mercados, el mercado español se revela absolutamente insuficiente para poder sobrevivir en todos los mercados -libros, cine, discos, prensa-. En tercer lugar, TELOS fue pionera en su tiempo, pero de alguna forma se adelantó a las posibilidades de su época -por ejemplo, comprobamos que el matrimonio entre ingenieros de telecomunicaciones, sociólogos, economistas... era difícil en aquellos años, porque eran mundos muy separados-. Eso hoy es más fácil de hacer, más posible y más importante que nunca, porque, si no trabajamos conjuntamente, será imposible realmente que las nuevas tecnologías en un país como España puedan prosperar y desarrollar mercados, y al mismo tiempo será imposible que pensemos en tecnologías que realmente satisfagan a los usuarios. Por tanto, se impone una visión cada vez más interdisciplinar y al mismo tiempo cada vez más humanística de las tecnologías al servicio de la sociedad, y no al revés.

¿Cuál es el futuro de los medios de comunicación, teniendo en cuenta esa convergencia con las nuevas tecnologías y las redes informáticas de la que nos ha hablado?

Estamos en un proceso complejo y vamos a ir a un mundo cada vez más complejo, que no se ajusta a simplificaciones ni a polarizaciones de viejo/nuevo. Habrá cada vez más un terreno de coexistencia durante muchos años. Es inimaginable que desaparezca la prensa en papel, o el libro en papel, o la televisión abierta generalista, pero al mismo tiempo eso irá coexistiendo con un mundo cada vez más vinculado a fragmentación de audiencias, segmentación de contenidos, contenidos especializados... Las redaciones digitales de las televisiones son ya un pequeño botón de muestra de lo que empieza a llegar: redacciones que simultáneamente trabajan en un mensaje en distintas versiones y lenguajes para la televisión abierta, para la de pago, para canales temáticos, para internet, para radio..., y donde ya prácticamente no hay un periodista especializado en cada soporte y cada medio, sino equipos que trabajan en todos los soportes. El mundo analógico no va a desaparecer de ninguna forma en muchos años, pero, si no estamos atentos a las enormes potencialidades que ofrece el mundo digital, si mantenemos una postura a la defensiva permanentemente, perderemos seguramente la posibilidades de esa nueva era.

Por lo tanto, ¿cómo cree que cambiarán tanto la preparación como la práctica de los periodistas en este nuevo panorama?

Hay ya experiencias y estudios que permiten saber por dónde van a ir las cosas. Quizá en España hemos prestado demasiado poca atención a ese campo. En el Reino Unido ha habido una comisión real que ha trabajado a nivel nacional durante varios años y que hace seis meses dio un informe que analiza el trabajo de todos los profesionales de la comunicación y de la cultura en todos los campos y plantea que es necesaria una formación nueva que esté a caballo entre la explotación máxima de la creatividad y el conocimiento de las tecnologías y las herramientas necesarias para la era digital. Eso en España todavía está muy en mantillas, y es una labor importante también de TELOS la de contribuir a diseñar esas nuevas necesidades de formación. El informe británico dice claramente que la era digital trae enormes potencialidades para cada país en el plano económico, pero, si no hay una formación adecuada a esas nuevas necesidades, posiblemente fallemos y perdamos buena parte de esas posibilidades.

Y respecto a los ciudadanos, ¿comparte la opinión de que los nuevos medios de comunicación supondrán un agravamiento de las desigualdades sociales debido a las desigualdades económicas?

Dependerá de lo que cada sociedad sea capaz de realizar y del modelo de que cada sociedad sea capaz de dotarse. En Europa hay una tradición mucho más de servicio público, más igualitaria, que, si conseguimos mantener en las nuevas redes, puede evitar las grandes diferencias entre los ricos de información y los pobres de información que se ve en todas partes. Esto significa que debemo smantener nuestra sensibilidad social, que debemos pensar en la demanda de los usuarios y no sólo en la oferta, que debemos mantener equilibrios con una concepción de servicio público -no sólo en la radio en la televisión, sino también en internet, por ejemplo, con portales públicos importantes-, que debemos prestar mucha atención a la aplicación de las nuevas tecnologías a la educación -no sólo en cuanto a conexiones a internet, sino también por lo que se refiere a la creación De contenidos multimedia y educativos adecuados-... Y eso no está reñido con el mercado. Hoy se ha descubierto que el mercado de la educación multimedia es un mercado impresionante para los próximos años. Si un país es capaz de generar recursos, usuarios y contenidos en ese campo estará en nmy buena posición para aprovecharlo incluso a nivel internacional. Si no es capaz de generarlo a nivel interno, probablemente se limitará a importar masivamente los contenidos ajenos. La economía y la cultura cada vez están más unidas, y es más difícil separarlas.

¿Cree que se mantendrá por mucho tiempo la gratuidad de contenidos que todavía funciona en la mayoría de páginas de Internet?

La crisis de la nueva economía está poniendo las cosas en su sitio. Crear cultura o información de calidad siempre es muy caro. Hace falta pagar bien a los autores, hace falta que los creadores estén remunerados para que puedan vivir, y eso no tiene vuelta de hoja. Por tanto, muchos contenidos tenderán necesariamente a ser de pago para poder pagar a los autores. Pero todavía en la red hay una mayoría de contenidos gratuitos y hay espacio para diferentes modelos de cultura y de comunicación en la red, unos de pago, otros gratuitos con publicidad o por servicio público, seguramente muchos mixtos -con algo de publicidad y tarifas más baratas-, etcétera.

¿Hasta qué punto cree que será real la capacidad de elección de los ciudadanos, es decir, hasta qué punto será efectiva en el futuro la interactividad de la que tanto se habla hoy?

La historia de las tecnologías nos enseña que las promesas de interactividad total no siempre han tenido éxito, en parte porque el usuario tiene también sus dosis de comodidad o de facilidad de uso, o porque no está deseoso de trabajar permanentemente para elegir, por ejemplo, un canal entre cien. Debemos ser muy realistas e ir paso a paso consiguiendo una toma de conciencia creciente de los ciudadanos. En muchos casos vamos a fórmulas mixtas, en las que alguien se puede suscribir a un tipo de contenidos, pero después le llegarán automáticamente. Lo que está claro es que el usuario ganará en capacidad de elección y en capacidad de selección de oferta en muchos campos. Un ejemplo es el libro o el disco. Ahora en una librería tenemos isempre un abanico de ofertas bastante pequeño y los libros de hace dos años ya no se encuentran. Eso en la red se solucionará, porquepodremos tener una oferta prácticamente indefinida, no habrá ni libros ni discos descatalogados. Pero al mismo tiempo hace falta que esa variedad de ofertas sea realmente accesible a los ciudadanos. Que sea accesible a bajos precios para todos o que sea accesible por sistemas de servicio público o que tenga capacidad de competir en el mercado de cara al usuario, y eso implica también promoción y apoyos. Porque lo que hemos aprendido en el mundo de internet es que pasa como en el mundo real: los ricos pesan más y se hacen más ricos, y los pobres no termian de salir de la pobreza.

¿Cómo afectará esa convergencia a la política y a las relaciones internacionales?

Cómo va a afectar a la política es evidente, porque la convergencia mediática y comunicativa permite nuevas formas de participación, de ifnormación de los ciudadanos, de libertad de fuentes informativas -aunque en ocasiones haya problemas con esas fuentes-, de participación -no de voto, porque creo que eso no es muy correcto pensarlo, pero sí de participación ciudadana en las decisiones públicas-, etcétera. Ahí se abre un campo muy importante siempre que sea compatible con los sistemas de participación democrática tradicionales. A nivel internacional, hoy ya hasta una pequeña empresa tiene que pensar en un mercado internacional y en un lector internacional. A gran escala, la convergencia de la que hablamos va a afectar a las relaciones entre países, a las posibilidades de ese espacio iberoamericano que llevamos soñando tantos años pero que nunca se ha realizado mucho.

 


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