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JordiBascuñana
El estilo sarcástico y agudo de Manuel Vázquez Montalbán
(Barcelona, 1939) le ha convertido en uno de los escritores
con más éxito de España. Este amante
de la buena mesa y seguidor impenitente del Barça ha
destacado también como ensayista y comentarista político,
y en 1975 publicó una antología de la canción
popular española. El próximo 21 de marzo, 'Erec y Enide'
(Areté-Mondadori), su última obra, llegará a las librerías.
En una entrevista con CAMPUS DIARIO, el padre del conocido
detective Pepe Carvalho nos presenta su nuevo trabajo y habla
de la universidad actual y de la que conoció en su época de
estudiante.
¿Qué
destacaría de su nuevo libro 'Erec y Enide'?
Aparentemente
resulta un título bastante enigmático. Se trata del nombre
de la primera novela de materia artúrica escrita por Chrétien
De Troyes, un autor del siglo XII. Las coincidencias con esta
obra, además del título, son que el protagonista, un viejo
y emérito profesor, pronuncia la conferencia de su jubilación
sobre este tema. A partir de ahí se desarrolla, por una parte,
el debate cultural y personal del catedrático y, de otro lado,
su entorno vital, en el cual se produce una historia que es
como Erec y Enide: un ahijado suyo está viviendo esa historia
en una selva centroamericana.
Y
a grandes rasgos, ¿de qué trata la historia de Erec
y Enide?
Es
la historia de un caballero muy joven de la corte del Rey
Arturo, que se enamora de una muchacha, Enide. Se casa con
ella y durante un periodo deja de combatir. Por ello, los
demás caballeros se ríen de él diciendo que el amor le ha
vencido. Entonces se inventa una historia según la cual ella
ha de caminar siempre delante de él, expuesta a toda clase
de asechanzas, y él ha de defenderla y sacarla del apuro cada
vez que se presente el peligro. La novela está llena
de valores medievales, todos ellos relacionados con el amor
cortés. En mi relato, dos jóvenes de una ONG que trabajan
en la selva se encuentran con una serie de adversidades que
les llevan a actuar como en Erec y Enide y a combatir con
los mismos enemigos trasladados al siglo XX.
¿La
figura del catedrático que aparece en su novela está basada
en algún referente real?
No.
Se trata de un catedrático de unos setenta años, discípulo
de Riquer (uno de los mayores expertos en Literatura en el
mundo) y un poco su heredero en cuestión medieval, pero que
no tiene que ver con ningún catedrático conocido. Sus características
sociales, culturales y políticas son muy peculiares. Se trata
de un trepador que, gracias a una gran habilidad, llega a
convertirse en un auténtico personaje de la cultura.
Teniendo
en cuenta que estuvo en la universidad a finales de los cincuenta
y principios de los sesenta, ¿podría comparar la universidad
actual con la que usted conoció?
No
tienen nada que ver. En mi tiempo, todos los universitarios
que había en Barcelona estábamos en el mismo edificio. La
primera Facultad externa que se creó fue la de Derecho en
la Diagonal. Esto da idea de la pequeñez cuantitativa de la
universidad en esos tiempos. Además, otro factor diferenciador
es que yo viví los años de comienzo de la protesta universitaria,
de las organizaciones clandestinas... y eso provocaba un constante
estado de inquietud y de sitio policial y de cargas y de salidas,
conspiraciones, juicios militares (todavía entonces no había
orden público), cárceles, etcétera. Es un periodo que
no se parece en nada al actual.
¿Qué
opina de la polémica generada por la LOU, la Ley de
Calidad, las movilizaciones estudiantiles...?
Es
evidente que los problemas cambian según las épocas. En aquel
momento era un problema de contradicción de primer plano,
de lucha por las libertades, de combatir el franquismo (no
solamente en el plano político, sino también en el cultural).
Ahora es distinto. El enemigo no está tan claro, no está tan
bien delimitado y las tensiones son otras. Se ha generado
un nuevo tipo de dialéctica y de oposición. Nos encontramos
ahora con un proyecto de educación que no se corresponde muchas
veces con lo que demanda la realidad y en este contexto es
inevitable que haya conflictos.
¿Está escribiendo algún episodio nuevo de Carvalho?
Sí,
estoy escribiendo algo ahora. De vez en cuando me tomo vacaciones
del personaje y él se las toma de mí. Ya he publicado unas
cuantas novelas entre la saga de los Carvalho y esta es una
más.
¿Piensa
matarlo -literariamente hablando- algún día?
No,
yo no mato a nadie. Lo que voy a hacer es reconvertirlo en
otra cosa o dejarlo que se diluya. No puedo matarlo ya que
más tarde o más temprano te ves obligado a rescatarlo. Ya
ha ocurrido con otros héroes similares. Ahora está dando una
vuelta al mundo con su ayudante y sobre eso estoy escribiendo.
Existe
un escritor italiano llamado Camilleri que escribe novelas
policiacas en las que el protagonista se llama Montalbano.
¿Le enorgullece que la trascendencia de las historias de Pepe
Carvalho haya llegado hasta estos extremos?
Ni
me enorgullece ni me desorgullece. Él ya declaró que se trata
de un homenaje a mi persona. No tanto a la serie de Carvalho
como a 'El Pianista', una novela que a él le gustó mucho y
que le ayudó a resolver una serie de problemas técnicos. Soy
amigo suyo y es una persona encantadora. De joven fue un poeta
muy prometedor, luego se dedicó a enseñar teatro y a trabajar
en televisión y volvió ya tarde a la novela. Tiene ahora unos
ochenta años y hace unos diez que es el primero en todas las
listas de ventas en Italia. Además, es una persona muy afable,
muy culta y de gran nivel humano. Incluso pensamos en publicar
juntos un libro de conversaciones entre Carvalho y Montalbano.
Tenemos ya unos sesenta folios y espero que próximamente tengamos
tiempo de darle un empujón a este bonito proyecto.
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